Concierto de Navidad

Biblioteca-Nacional

pesar de que quizá se podrían contar por miles las veces que he entrado en la Biblioteca Nacional (antes y después de obtener el carnet), siempre siento una emoción especial cuando subo las cada vez más altas escaleras de la impresionante fachada y paso entre las estatuas del rey sabio y del santo erudito (ambas de Alcoverro), cuando entro por las puertas «custodiadas» por grandes maestros de nuestra lengua y nuestra literatura: Nebrija (estatua obra de Nogué), Luis Vives (Carbonell), Lope de Vega (Fuxá) y Cervantes (Vancell) después de rendir tributo, también, a otros 11 grandes escritores (entre los cientos, miles, que podrían estar) como son el padre Mariana, fray Luis de León, Quevedo, Calderón, Garcilaso, Diego Hurtado de Mendoza, Arias Montano, Santa Teresa de Jesús, Tirso de Molina, Nicolás Antonio y Antonio Agustín. Y una vez dentro, me gusta pararme ante la estatua de don Marcelino Menéndez Pelayo, uno de nuestros más grandes (y peor conocidos) intelectuales, que dirigió brillantemente la Biblioteca desde 1898 hasta su muerte en 1912… ¡Estoy en el templo más grande que hay de la cultura española! Todo el tesoro de nuestra lengua, de nuestra literatura, de nuestro pensamiento. Aquí está la mayor y mejor representación de cuanto se ha escrito en español, aquí están los saberes, los pensamientos, las fantasías, los sueños… de nuestros antepasados y nuestros contemporáneos más dignos de ser conocidos y estudiados. Más de treinta millones de «documentos», no solo de libros sino también de cartas, mapas, grabados, fotografías, partituras (y ahora ya de soportes electrónicos e informáticos), bien organizados y correctamente custodiados para ser ofrecidos en las mejores condiciones a la ciudadanía de ahora ¡y la de los siglos venideros!, mediante el servicio de consulta, las visitas guiadas, las exposiciones y actos públicos, con las publicaciones correspondientes… Admiración y gratitud, orgullo y alegría. El gozo vivificante de la Cultura.
Pero la Biblioteca no solo ofrece su tesoro a los visitantes sino que,
desde hace años, se esfuerza por abrirse a la sociedad, adaptarse a los nuevos tiempos en los que la comunicación fluye en todas las direcciones, las instituciones se hacen cada vez más transparentes y la vida social adquiere nuevos perfiles, nuevas oportunidades, nuevos eventos.
Uno de los mejores ejemplos de esto que digo es la Coral de la Biblioteca, dirigida por el maestro Román Clemente y que con sus 50 miembros nos deleita en varias ocasiones durante el año en la magnífica sala de la Biblioteca o, como en esta ocasión, en la sala de Cámara del Auditorio Nacional,
anteayer repleta de un público feliz y con un programa y una interpretación a la altura de las corales profesionales de nuestro país. Villancicos de Boccherini, de Matías Veana, de Juan Antonio Castellano, una jácara a cinco de José de San Juan y, como final impresionante, la zarzuela en un acto de Mariano Pina y Francisco Asenjo Barbieri Los Carboneros, estrenada en 1877 y no repuesta en los años siguientes. Espectacular representación que aprovechó, con la ayuda de tres miembros de la Asociación Polibea, todos los registros que facilita la obra y el escenario del auditorio. Éxito total. Y dos amables bises: «Oh, santa noche», de Adolphe Adam y Placide Cappeau, y la popular «Blanca Navidad» de Jess Cate y Kike Santander.
Es bueno que la Biblioteca salga a la calle, en este caso a través de sus magníficos embajadores de la Coral,
que llegue a un público no específicamente fotobibliotecario y que pueda interesar en la valoración y aprovechamiento de la Biblioteca. Agradezcamos a todos sus miembros representados por su directora Ana Santos Aramburo y a la Fundación de Amigos de BNE, que nos ayuden a disfrutar de la cultura y de la buena música.

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Ciudad Universitaria (II)

gaudeamusNo es más hondo el poeta en su oscuro subsuelo
encerrado. Su canto asciende a más profundo
cuando, abierto en el aire, ya es de todos los hombres.
Rafael Alberti

Creo que fue a principios de los años 60 del siglo pasado cuando paseé, por primera vez, por la Ciudad Universitaria de Madrid, por su Paraninfo y por los terrenos descuidados que, sobre todo al oeste, la flanqueaban. Había visitado muchas veces, a finales de los 40, la Dehesa de la Villa, por razones «laborales» (los niños pobres de las afueras de la capital nos ganábamos algunas pesetas como aguadores en los días de fiesta, recorriendo el parque, ofreciendo, «por la voluntad», la rica agua madrileña refrescada en botijo). Ese hermoso parque, entonces mucho más grande y menos oprimido que hoy por carreteras y urbanizaciones, linda con la Ciudad Universitaria, pero no recuerdo que entonces me hubiera acercado hasta el magnífico conjunto universitario.
A mediado de los 60, aun no siendo estudiante de la Complutense, asistí a algunas protestas y asambleas estudiantiles que se hacían, fundamentalmente en Derecho y en Filosofía y Letras, contra la Dictadura, que ya para entonces había aflojado la represión, de forma que los «grises» que se encargaban de mantenerlas dentro de un cauce «normal» no eran demasiado brutales. Y después, a principios de los 70, volví habitualmente durante dos cursos y medio a la Facultad de Derecho pero como «mal estudiante» porque «había que hacer la revolución», es decir, más asambleas, panfletos, carteles, carreras delante de los grises… y poco estudio. Y en los años posteriores, ya sin dictadura, he vuelto a muchos actos académicos, también a algunas protestas (la famosa campaña del NO a la OTAN) e incluso como profesor de un máster en Edición que organizó la complutense en colaboración con el Gremio de Editores…
Y siempre que voy por allí, algunas veces por el mero placer de pasear, recuerdo algunos de los momentos más emotivos de mi «vida universitaria»: alguna intervención  audaz en las manipuladas asambleas, la vez que protegí a una muchacha del policía airado, el forcejeo con «otro galán» para conquistar a la joven compañera de clase, la participación en alguna mesa redonda de especial valor…
Anteayer fue una de esas ocasiones especialmente emocionantes. Se trataba de asistir a la lectura de la tesis doctoral de Marina Casado Hernández «Oscuridad y exilio interior en la obra de Rafael Alberti», dirigida por el profesor José Ignacio Díez Fernández. En este caso en una de las salas de Filología D, ubicada en la parte ampliada al oeste, edificio luminoso que, aunque rompe las reglas arquitectónicas de las facultades fundadoras de la Ciudad Universitaria, lo hace con armonía. Por invitación de Marina, tuve el privilegio de integrarme en la asistencia discreta de una docena de familiares y amigos que queríamos apoyar psicológicamente a la doctoranda.
En la presentación de su tesis, la autora nos dio a todos una clase de oratoria, de dominio del tema y de defensa ponderada y sencilla pero extraordinariamente inteligente de su trabajo. Los cinco doctores miembros del tribunal (D. Gaspar Garrote, D.ª Dolores Romero, D. Eduardo Pérez-Rasilla, D. Jesús Ponce y D. Juan Matas) demostraron que habían leído detenidamente la tesis, la valoraron con amable rigor e hicieron preguntas y observaciones de gran interés y que dieron lugar a que, en su defensa, la doctoranda volviera a lucir sus evidentes cualidades oratorias y su capacidad para enfrentarse, con tanta humildad como firmeza, a la situación. Resultado final: «Sobresaliente cum laude»
Todo el acto me pareció de una calidad universitaria excelente. Soy de los que creen que nuestra Universidad necesita una gran regeneración, una lucha decidida contra el amiguismo, el nepotismo, la mediocridad,  la corrupción intelectual y otras diversas corrupciones; por ello, me pareció muy estimulante que el acto al que asistí demostrara que hay una gran parte de la universidad española (y en este caso de mi querida Complu)  que, manteniendo su lealtad al espíritu universitario (Quid Ultra Faciam? : ¿Qué más debo hacer?, como otra gran universidad de Madrid, la Autónoma, recoge en su lema), desarrolla un buen hacer universitario, es decir, un trabajo modesto pero profundo en pro de la Cultura, en pro de la Educación, en pro del conocimiento, mucho más que en pro de la carrera personal, de las ambiciones políticas; un trabajo, en definitiva, en pro de un país más culto y, por ello, más fotomarinaavanzado, más justo y convivencial, más limpio, más bello.
Una buena ocasión para reconciliarse con las gentes de la Universidad y con la Universidad misma, con esa actividad del ser humano que, aunque no ha conseguido erradicar todavía la brutalidad inicial de la especie, sí ayuda a que sigamos pensando que podemos conseguirlo.

(En la foto, de izquierda a derecha:  Ignacio Díez, Gaspar Garrote, Marina Casado, Dolores Romero, Eduardo Pérez-Rasilla, Jesús Ponce y Juan Matas)
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Día de la Constitución

 12313781_1703339309896009_2370558935283358884_nLa Libertad dijo un día a la Ley: «Tú me estorbas.»
La Ley respondió : «Yo te guardo.» Pitágoras.

Ayer se celebró en casi toda España el Día de la Constitución, fiesta nacional que, como es natural, produce numerosos actos, declaraciones –institucionales, partidarias o personales–, corrillos y anécdotas, etc. Fijémonos en una concreta: En un mitin de ERC, Gabriel Rufián, nacido en 1982, aseguró que la nuestra es una constitución realizada por fascistas y algún periodista veterano se preguntaba esta mañana «¿De dónde sale este “individuo”?» Hasta donde yo sé, este «individuo» sale de lo más profundo y peligroso de la corrupción intelectual que señorea España desde hace unos años y que es causa y efecto de las demás corrupciones: la económica, la institucional, la política… Este Rufián, y otros muchos «Rufianes» que participan en tertulias de  radios y televisiones donde se muestran especialmente provocadores, salen del «procés» de independencia de Cataluña que se ha convertido en el primer problema de España, que se nutre de y condiciona los otros y que, si no se resuelve adecuadamente, lo seguirá haciendo, seguirá carcomiendo toda la vida nacional durante años y años.
Sociedad Civil Catalana, organización que viene luchando de forma abnegada e inteligente durante años por la defensa de los ciudadanos catalanes frente al acoso de la Generalitat para que renuncien a ser españoles o acepten ser ciudadanos de segunda categoría, ha celebrado con numerosos actos en Cataluña y, por supuesto también en Madrid, el Día de la Constitución, mostrando un vídeo donde se advierte, a los periodistas en concreto y la ciudadanía en general, de la corrupción lingüística mediante la cual los secesionistas han conseguido generalizar un lenguaje fundamentalmente falso y puesto al servicio de su causa: https://www.youtube.com/watch?v=s-ds5JfabpM. Como consecuencia de ello, la mayoría de los medios ha aceptado la Cataluña de los secesionistas, que en el mejor de los casos sería la mitad de la población, como toda Cataluña y ha presentado infinidad de actos y actitudes de los nacionalistas como batallas democráticas, legales,  lo que no eran más que actos de un golpe de Estado (como dijo Alfonso Guerra) «a cámara lenta». Uno de los elementos de esta corrupción intelectual es que, para mucha gente, Cataluña aparece (por el arte de birlibirloque, que tan eficazmente manejan los secesionistas) como un territorio ocupado por un Estado invasor que oprime a una población diferente de la de la metrópoli y homogénea, es decir, una colonia. La cual, por tanto, puede y debe ejercer el derecho de autodeterminación, (como la organización de Naciones Unidas reconoce a las colonias).
Pero esa idea de la colonia oprimida con una población homogénea y diferente a la del Estado opresor (absolutamente falsa y peligrosamente antidemocrática) ha sido asumida, cínicamente, no solo por tipos como Rufián y toda la estructura que ha creado la Generalitat catalana a partir del pujolismo sino también por no pocos políticos de «Madrit». Unos y otros, pensando en sus personales ambiciones, en sus intereses de partido mucho antes que en los intereses de la población a la que dicen representar.
Por eso, algunos líderes y partidos políticos difunden su original idea de que, ¡por supuesto!, habría que aceptar un referéndum de autodeterminación aunque, ¡por supuesto!, pidiendo a los oprimidos de la «colonia» (a la que se la identifica como una nación diferente a la española) que se quedaran dentro del «Estado» (se sobreentiende, en un régimen especial que reconociera no pocos privilegios). Aunque para ello deba cambiarse la Constitución o se pueda jugar con interpretaciones más o menos torticeras de la vigente) y se rompa el principio fundamental de defender una nación de ciudadanos libres e iguales.
Muchos pensarían que esta política errática y estúpida de haber manejado todo el problema del separatismo catalán según las categorías que imponía este, de haber jugado la partida en el campo acotado y las reglas establecidas por el gobierno catalán y las organizaciones afines, de haber asumido la idea de que Cataluña es, en una otra medida, una colonia o, al menos, una nación diferente a la española, pertenece  a la izquierda, pero si analizamos en detalle la política del Partido Popular (nuestra derecha más representativa) habremos de concluir que el propio Gobierno central, con Mariano Rajoy al frente y siguiendo la estela de anteriores presidentes, por estupidez o por complicidad con la corrupción, ha caído en esa trampa y se ha dedicado a alternar la renuncia a la autoridad del Estado en cuestiones vitales, (símbolos nacionales, educación, bilingüismo, etc.) con concesiones permanentes, especialmente la concesión de importantes sumas de dinero para impedir la quiebra absoluta de la Generalitat, que arrastra una deuda descomunal como consecuencia de una gestión sesgada hacia la financiación del «procés». Hay que reconocer que, después de muchos titubeos, el Gobierno nacional parece haber dado un giro a su estrategia y haber puesto mayor rigor y coherencia en sus posicionamientos… pero mientras eso no se traduzca en actos concretos de claro enfrentamiento con el secesionismo, mientras no se pase de las palabras a los hechos, mientras se limite a la apelación a los tribunales y considere que aplicar, con todas sus consecuencias, los artículos correspondientes de nuestra Constitución para esta situación, podría ser «una barbaridad» (Rajoy dixit), y todo parece indicar que nada de eso se hará antes de las Elecciones, mientras eso no suceda, tenemos todo el derecho a recelar y a reclamar por todos los medios una política más clara y contundente contra el separatismo.
De toda esta miseria política y social, intelectual, que tanto daño ha hecho a la población en general y muy especialmente a los que se han negado a seguir los delirios nacionalistas, nacen estos personajes como Rufián, como nacen los grupos mafiosos que han robado a mansalva del erario público, como nacen los medios de comunicación que han estado recibiendo cuantiosas subvenciones para mantener la agit-prop a favor del separatismo… como nace esa situación de zozobra, inquietud, miedo, etc., de una gran parte de la población catalana y española que no sabe si su Estado le garantizará la integridad territorial y la soberanía nacional a corto o medio plazo.
Pero seamos positivos, optimistas. Como afortunadamente, y a pesar de todo, vivimos en un régimen democrático, con todos los defectos que pueda tener y todos los vicios que se han ido apoderando de infinidad de instituciones, los ciudadanos pueden intervenir para afrontar los problemas políticos y sociales, aunque para ello hayan de pasar diversos filtros y protegerse de mentiras, asechanzas y manipulaciones. De forma que estas elecciones del 20 de diciembre pueden servir para que el problema más importante que tiene nuestro país en estos momentos, que es el secesionismo, se encauce por las vías de la legalidad, que se basa, por supuesto, en un Estado fuerte, capaz de hacer cumplir las leyes en todo el territorio nacional y, sobre todo, pueden conseguir que el lenguaje recupere su significado correcto, que se llame «al pan pan y al vino, vino», de tal forma que, como Cataluña no es un territorio dependiente sino parte indisoluble del territorio nacional, no puede independizarse sin atropellar al todo; como no es una franquicia o un electrodoméstico conectados a una central, no puede desconectarse, y como tiene el mayor autogobierno posible en las competencias que corresponden a las comunidades autónomas, no puede reclamar del Estado más competencias importantes ni más privilegios y no puede desacatar al Estado cuando este ejerce, legal y legítimamente, su Autoridad.
Por supuesto, todo ello con esta Constitución, que fue realizada no por fascistas sino por ciudadanos que ya eran o aprendían a ser demócratas y que, a pesar de serios errores como haber establecido una diferencia entre nacionalidades y regiones,  acepta su modificación por los medios legales establecidos democráticamente. Modérense, por tanto, los repartidores de referendos y aténganse a la legalidad vigente; aprendan con Pitágoras que la Ley es la garantía de la Libertad y, en vez de buscar el voto fácil deramo-claveles-colores secesionistas y revolucionarios de salón, o  el voto del miedo, que cumple parecido papel, busquen el voto de los ciudadanos más conscientes, proponiendo soluciones reales  a los problemas reales… Y si quieren encontrar fascistas, búsquenlos entre los que quieren trocear España y destruir siglos de historia, entre los que quieren «un sol poble», una sociedad uniformada, nacida del odio y la manipulación: ahí encontrarán muchos más fascistas que los que pudiera haber entre los que hicieron la Constitución y los que la aprobaron por una aplastante mayoría (por cierto, por una aplastante mayoría especialmente en Cataluña).

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40 años

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Leí hace 40 años, en francés, una biografía de Lenin de la que solo recuerdo la conclusión, una frase breve pero rotunda, que me impresionó entonces, a pesar de (o quizá por) su sencillez y que he retenido en mi memoria: «On cherche l’homme, on trouve l’Histoire» (Se busca al hombre, se encuentra la Historia). Así es con los hombres importantes… pero también con cualquier hombre, con cualquier persona a la que nos acerquemos, directamente o a través de referencias y documentos. Nadie es reconocible, nadie puede ser comprendido fuera de un contexto, fuera de la historia. Y cuando tenemos en cuenta esa historia, sea la «gran» historia de países, épocas, etc., sea la «pequeña» historia de una familia o de un lugar concretos, aprendemos que el reduccionismo nos puede llevar al error: no podemos encerrar una biografía en un «tuit», en un párrafo ingenioso de un artículo periodístico, en una espinela.

Creo que todo esto viene a cuento hoy, cuando se cumplen 40 años de la muerte de Francisco Franco Bahamonde, que dirigió a las fuerzas armadas sublevadas contra la Segunda República, que consiguió la victoria en una terrible guerra civil, manteniéndose durante 36 años como Jefe del Estado, hasta su muerte natural. Hay una amplia bibliografía y miles de artículos sobre Franco pero en mi modesta opinión aquellos libros o artículos que se limitan a acotar al individuo y definirlo con meras etiquetasi no nos ayudan a comprender una etapa de la historia de España que tanto ha influido en la que estamos viviendo ahora y que, en muchos aspectos, aún no ha sido superada totalmente… aunque la edición de hoy de EL ESPAÑOL lo afirme de forma rotundaii

Por supuesto que me parece estúpido reivindicar el franquismo (como ideología o sistema político) a estas alturas, tan estúpido como sostener que sigue vigente entre nosotros, en importantes sectores de la sociedad. Franco y su régimen murieron hace 40 años. Pero aquella etapa de nuestra historia no puede despacharse de forma simplista.

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iUn ejemplo: un artículo publicado ayer en El Mundo: http://www.elmundo.es/opinion/2015/11/19/564ceb6a22601d9f538b45d9.html

iihttp://www.elespanol.com/edicion/20151120/80631937_14.html

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Poesía y tiempo

cartelbarcelonaComo todas las grandes obras de la humanidad, como todas las artes con las que el hombre ha intentado entender, definir, aprehender el mundo, la Poesía viene de los orígenes de la humanidad y acompañará al ser humano hasta el fin de la especie. Sí, la belleza condensada, la palabra hecha metáfora, hecha música (ritmo y  rima), viene del principio y nos acompañará hasta el final. Por eso, la Poesía, a pesar de que siempre parece estar en crisis, no muere ni morirá jamás mientras viva el hombre.
Pero este caminar juntos, entrelazados, de la Poesía y el Hombre como especie, también lo es con el hombre como individuo. Desde su nacimiento, incluso antes, en el vientre materno, el individuo está acompañado de ese hermoso lenguaje binario de los latidos del corazón que luego se traduce en el ritmo de la poesía popular, de las métricas más sencillas (y tantas veces más hermosas). El feto percibe el pulso del corazón materno y después con ese mismo ritmo escuchará las nanas y los cantos de la madre y el padre, las retahílas… y, más tarde lo utilizará en juegos y canciones de corro; aprendiendo así a aprehender la compleja pero bella realidad en la que vive.
Por eso la Poesía merece nuestro máximo respeto y nuestro más entusiasma homenaje. A la Poesía a y los poetas que la buscan y la encuentran, que viven en ella y para ella… A los poetas y a cuantos, desde una posición secundaria pero imprescindible, le dan forma a la obra poética y la difunden. Por eso nos reunimos ayer, en la acogedora Casa del Lector, un grupo de personas, convocadas por Amelia Romero y coordinadas por Marina Casado, para rendir nuestro homenaje a la emblemática colección El Bardo, que fundaran José Batlló y Amelia Romero, en sus «más de 50 años» de vida. Prácticamente todos los grandes poetas contemporáneos de España han publicado en El Bardo, desde Vicente Aleixandre hasta  Concha Zardoya (algunos de ellos como Ana María Moix, Carlos Álvarez, Antonio Carvajal o Manuel Vázquez Montalbán, por primera vez). Y la colección sigue buscando, y encontrando, nuevos poetas, aumentado así su rico elenco.
El acto de Madrid, modesto pero entrañable, era continuación de las jornadas que se habían celebrado en la Universidad de Barcelona, el pasado año, al celebrarse el cincuentenario de la colección. Y resultó además un homenaje emocionado a Carlos Sahagún, que falleció a finales de agosto pasado y cuya viuda nos acompañó en el acto, y a Carlos Bousoño, fallecido hace unos días, como nos recordó el excelente poeta Javier Lostalé, que también recitó un bello poema de Antonio Carvajal. Marina, para el recital, quiso rodearse de un grupo de jóvenes poetas (véase el pie de foto) que prestaron su voz a poemas de, además de los tres anteriormente citados,  Ana María Moix, Pere Ginferrer, Carlos Bousoño, Vicente Aleixandre, Félix Grande, Ángel GonzálezFélix de Azúa, Gabriel Celaya (recordé vívidamente anoche la bella mirada del poeta, cuando conversábamos sobre Gabriel Celaya para niños, que editamos hace ya bastantes años), Miguel Labordeta y Gloria Fuertes.
Y después del acto, todos los que habíamos intervenido, nos fuimos a continuar la fiesta, a tomar unas cervezas y seguir recitando los propios poemas de los declamadores: las voces jóvenes e ilusionadas del grupo que reúne Marina, se hacían oír por entre el murmullo del local donde estábamos, recordándonos que, como dije al principio, la Poesía nos acompaña desde la cuna a la tumba (¡y antes y después de esas dos estaciones de tránsito!)  en el duelo y en la fiesta, en la intimidad y en el bullicio.

todos1En la foto: arriba, Alberto Guirao, Eric B. Schanabrier, Alberto Guerra Obispo, José María G. de la Torre, Javier Lostalé; abajo: Paula Bozalongo, María Agra-Fagúndez, Conchy Gtz Blesa, Andrea T. Buergo, Marina Casado, Debbie Alcaide, Marisa Marazuela (Viuda de Sahagún) y Amelia Romero.
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Mi Miguel Hernández en 12 poemas

AMP01040(Como homenaje a Miguel Hernández, en el centésimo quinto aniversario de su nacimiento, resumo aquí mis charlas para profesores y la comunicación que presenté en el III Congreso Internacional Miguel Hernández.)

Mi Miguel Hernández es ―partiendo de toda su prodigiosa obra (más de mil poemas, diversas prosas, decenas de trabajos periodísticos, seis obras de teatro… todo ello realizado en poco más de una decena de años) y de su biografía (incluyendo las controversias sobre el grado de modestia de su familia, su formación autodidacta, su compromiso político, su vida amorosa, etc.)― sobre todo un amigo al que puedo recurrir en todo momento; un amigo, endurecido por la vida y amante apasionado de la vida, al que veo saltando entre la Naturaleza de la que extrae la poesía y a la que devuelve su poesía, pero también saltando entre las mesas escolares, entre niños de toda edad y condición, entre adultos que no han perdido su infancia ni su juventud, entre una sociedad que siente, piensa y actúa, de la que obtiene la poesía y a la que devuelve su poesía. Sus versos, que vienen de la historia, de la sociedad, de la naturaleza, vuelven a la naturaleza, a la sociedad más bellos aún y, por eso, se enraizan en la historia, se incrustan en la historia para que las futuras generaciones los disfruten. Un amigo inserto en la sociedad, comprometido con su mejora, dispuesto a luchar para un mundo más justo. Un amigo al que amar y seguir en su ejemplo. Un amigo al que honrar en cada ocasión posible. Un amigo presente, cuya obra y testimonio personal tiene hoy tanta vigencia como hace ochenta años.
He aquí, pues, mi síntesis, estructurada (de forma subjetiva y sugestiva) en doce valores fundamentales de Miguel, en correspondencia con doce de sus poemas (considerando como tal, para este propósito, el «Romancillo de mayo», extraído de su obra de teatro El labrador de más aire). No hace falta decir que las breves notas que acompañan a esta numeración no tienen otro objeto que justificar mi elección puesto que ni me considero un experto en la magna obra hernandiana ni pretendo con este texto otro objetivo que manifestar mi homenaje. Mi propuesta, por tanto, tiene un carácter meramente subjetivo (se podrían poner otros muchos poemas para destacar los valores hernandianos) y sugestivo (pretendo, sobre todo, incitar a la lectura de la hermosa obra hernandiana). Para quien quiera disfrutar de los poemas completos, ponemos en su título el enlace a nuestro archivo.
«Niño» – Amor a la infancia y a la juventud
Aunque se me pueda acusar de exagerado, desde que conocí este poema sostengo que no hay nada más hermoso en la poesía española sobre la infancia y la capacidad que ella tiene de alcanzar todos los horizontes. Ese niño que es «ala, rueda, torre.  / Pie. Pluma. Espuma. Rayo.» … que puede cabalgar y dominar nuestro planeta, que puede ser el universo mismo, que puede ser el universo «que gira esperanzado.», es una llama encendida para la esperanza de la sociedad.
Por cierto, desde la primera edición de Miguel Hernández para niños, que dio nombre e inauguró nuestra colección más popular, Alba y Mayo, hemos conservado el título y respetado el verso. «creador del alba y mayo». Aunque algunos expertos sostienen que se trata de errata (entienden que debería ser creador de alba y mayo), en nuestra edición de Recuerdos de la viuda de Miguel Hernández, incluimos la postal que el poeta mandó a su mujer, cuyo anverso es un dibujo (que no parece estar realizado por Miguel Hernández) de un niño cabalgando un mundo y el reverso, el poema manuscrito, quizá por algún compañero de prisión de Miguel, pero con una dedicatoria a su hijo del propio Miguel Hernández (lo que demostraría que había leído el texto) donde se lee claramente creador del alba y mayo. A reserva de lo que decidan los filólogos yo creo que no es imposible que Miguel quisiera hacer un solo sustantivo con las dos palabras, alba y mayo, para mejor significar el nacimiento y la plenitud de la infancia.
«El silbo de la llaga perfecta» – Pasión amorosa
No conozco ningún poema que refleje más intensamente la pasión del varón por el sexo femenino. La cruda belleza de estos versos nos muestran un Hernández extremadamente sensual, pletórico de deseo, pero al tiempo profundamente humano. No es un animal el que desea penetrar en la hembra, sino un hombre buscando el amor: «Ábreme, amor, la puerta / de la llaga perfecta.»
«El alma de la huerta» – Amor a la Naturaleza
Es claro que Miguel tiene muchos poemas que cantan a su tierra y por tanto a la naturaleza pero he elegido éste, publicado en Actualidad en julio de 1930, para destacar que incluso a esa edad tan temprana (19 años) ya combinaba Hernández el dominio del lenguaje poético con sus pasiones. Porque el amor a la Naturaleza es también amor al hombre que se integra en ella y reprobación de los poderosos que impiden que esta integración sea armónica. «Barraca que fuiste en tiempos mejores / de fe, de virtudes, de amores, / de paz y alegrías alcázar dorado; / y musa creadora de mil trovadores, / de excelsos cantores, / que bajo la parra que prende a tus pajas dosel encantado / la vida han pasado/ cantando tus gracias con ansias febriles de ser ruiseñores».
«El niño yuntero» – Amor a la libertad y la justicia
Uno de los más conocidos poemas de Hernández y donde la denuncia de la injusticia se hace más intensa. El amor a la libertad y la justicia está en cada uno de los versos de este emocionante poema pero, a pesar de esa fuerza reivindicativa, Hernández no cae en el rencor y en la petición de venganza: inteligentemente hace una llamada a los «que antes de ser hombres son / y han sido niños yunteros».
Llamada que hoy valdría para los que, habiendo sido superexplotados han alcanzado un nivel de vida relativamente acomodado y se olvidan de los que se encuentran en la misma situación que ellos se vieron hace tiempo.
«Romancillo de mayo» – Vitalismo
Este «poema» es un monólogo del personaje Quintín, (el labrador pícaro) en El labrador de más aire, musicado por Juan Manuel Serrat en su primer disco sobre el poeta (omitiendo algunos versos). Aunque otros muchos poemas nos hablan del vitalismo de Miguel, quizá en ningún otro como en este monólogo de Quintín hay una sensualidad, un ardor, una fusión con la naturaleza, una comunión con todo lo que bulle, una alegría tan grande como en este caso. «Campea Mayo amoroso; / el amor ronda majadas, / ronda establos y pastores, / ronda puertas, ronda camas, / ronda mozas en el baile / y en el aire ronda faldas…»
«Las manos» – Honradez
Magnífico canto al trabajo como garantía de honradez. Se dice que Miguel Hernández nunca superó su origen cristiano… pero lo que parece claro es que lo mejor del cristianismo que había adquirido en su breve paso por el colegio de los jesuitas, se había incorporado a su personalidad. «La mano es la herramienta del alma, su mensaje, / y el cuerpo tiene en ella su rama combatiente. / Alzad, moved las manos en un gran oleaje, / hombres de mi simiente.»
«El sudor» – Trabajo y cultura
Serge Salaün, Ramón Gaya, Gil Albert, y tantos otros ponderaron este poema (uno más de los que Hernández hizo apremiado por el tiempo y hostigado por la contienda) como uno de los poemas hernandianos donde se aprecia la prodigiosa capacidad versificadora de nuestro poeta. La vigencia de este poema hoy, sobre todo para la juventud más o menos acomodada que generalmente relaciona el sudor (físico o simbólico) con el deporte o la «marcha», me parece innegable. «Entregad al trabajo, compañeros, las frentes: / que el sudor, con su espada de sabrosos cristales, / con sus lentos diluvios, os hará transparentes, / venturosos, iguales.»
«Elegía» – Amistad, generosidad
Sabido es que este poema deslumbró a los poetas ya consagrados en España que señoreaban el mundo poético en Madrid, quienes se rindieron al nuevo valor que venía del Levante español, entre ellos Juan Ramón Jiménez y Vicente Aleixandre, que luego serían premios Nobel. Hay que destacar cómo este poema demuestra que la amistad sincera y generosa neutraliza las diferencias políticas. Porque cuando Miguel le dice a Sijé «con quien tanto quería» (no «a quien tanto quería», error que popularizó Joan Manuel Serrat) es absolutamente sincero, pero no olvida que la vida que los unió, las dificultades de la infancia y la adolescencia en un pueblo de la España profunda, también los ha separado y hasta enfrentado. Pero como con el amigo es siempre imprescindible dialogar antes que pelear, el poeta termina enfatizando este diálogo para cerrar su hermoso poema: «A las aladas almas de las rosas / del almendro de nata te requiero, / que tenemos que hablar de muchas cosas, / compañero del alma, compañero.»
«Madre España» – Patriotismo
Lamentablemente, este poema no es muy popular ni se incluye en muchas de las antologías de Hernández. Sin embargo, yo considero que, además de ser uno de sus poemas más hermosos, tiene plena actualidad en este convulso país que nos ha tocado vivir  y por ello debería ser divulgado por todas las fuerzas democráticas y progresistas de nuestro país. Desde sus primeros versos explica y canta la indisoluble unidad que hay entre el hombre y su patria: «Abrazado a tu cuerpo como el tronco a su tierra, / con todas las raíces y todos los corajes, / ¿quien me separará, me arrancará de ti, / madre?» y sufre por la terrible tragedia que la parte en dos: «España, piedra estoica que se abrió en dos pedazos». Su patriotismo es firme, superior a cualquier resultado que tenga la guerra fratricida: «no me separarán de tus altas entrañas», y se proyecta a los suyos más allá de la muerte: «Además de morir por ti, pido una cosa: / que la mujer y el hijo que tengo, cuando pasen, / vayan hasta el rincón que habite de tu vientre,»
«Vientos del pueblo» – Autenticidad y Rebeldía
Miguel Hernández se compromete, hasta la muerte, con la causa que él considera fundamentalmente justa por la que lucha, y denuncia vehementemente a los que, con cobardía y egoísmo, se olvidan de esa causa. Llama a los españoles a su causa, citándolos por sus gentilicios regionales: «Asturianos de braveza, / vascos de piedra blindada,» unificándolos a todos ellos en la lucha contra el enemigo común: «yugos os quieren poner / gentes de la hierba mala, / yugos que habéis de dejar / rotos sobre sus espaldas.»
«Canción del esposo soldado» – Paz
Por encima de las resonancias clasicistas, que los estudiosos han rastreado en este poema y la pasión amorosa, a mí me parece que el valor que da Miguel a la paz, se revela aquí con toda su fuerza. En un ambiente de guerra, el soldado-poeta busca la paz en el futuro. «Para el hijo será la paz que estoy forjando.» Y con ello homenajea a las madres y a sus niños (quizá las mayores víctimas de nuestra terrible Guerra Civil) y, por encima del incierto resultado (incluso con una premonición de derrota) sigue forjando la paz.
«Eterna sombra» – Capacidad crítica y de resistencia.
Este último poema del ciclo de su impresionante Cancionero y romancero de ausencias de9788479604417_04_l Hernández, «una cantata de dolor» como la definió Leopoldo de Luis, es también, en mi modesta opinión, una autocrítica profunda, un reconocimiento de que las derrotas («Yo que creí que la luz era mía, / precipitado en la sombre me veo.») igual que las victorias, se gestan y se viven en el interior de cada uno. Por ello cada uno de nosotros, por muy perdedores que seamos en la batalla contra la injusticia, en la batalla por la Libertad, en la batalla por la Vida, tenemos derecho a reclamar, con Miguel, «Dejadme la esperanza», y a seguir resistiendo, porque, como él nos enseñó, «[…] hay un rayo de sol en la lucha / que siempre deja la sombra vencida.»

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«Recuperar el orgullo de nuestra conciencia nacional» (II)

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Tomo de nuevo la acertada frase del Jefe del Estado, en su acertado discurso de 24-12-2014, para mi entrada de hoy. El llamamiento de Felipe VI tiene plena vigencia en este día, cuando tres presidentes de comunidad autonóma (que, constitucionalmente, son la máxima representación del Estado en su territorio y de ello les viene su legitimidad y su legalidad para gobernar en esa comunidad) y otros pequeños demagogos se dedican a despreciar a la nación española y a ridiculizar el Día Nacional de España.
No recuerdo los detalles
ni la fecha de uno de los actos que Ediciones de la Torre celebró en el Ateneo bajo la presidencia de José Prat García, pero sí recuerdo bien la magnífica impresión que me hizo don José cuando fui a buscarlo a su domicilio para llevarlo al acto: socialista de los clásicos (ilustrado, moderado, educado y amable) se había presentado, a la vuelta del exilio, a las elecciones como dirigente del PSOE (Sector Histórico) pero, tras el resultado de las urnas, se había integrado en el PSOE «oficial» (devenido a tal mediante maniobras internas y externas). No sabía yo entonces, o no la había valorado correctamente, la postura de don José, como senador por Madrid, en relación con la Ley 18/1987, de 7 de octubre que había establecido en su artículo único «Se declara Fiesta Nacional de España, a todos los efectos, el día 12 de octubre.» El Sr. Prat había declarado, en su calidad de senador, que cualquier país que tuviera en su historia la hazaña de haber encontrado todo un continente y haberlo incorporado al mundo que ya sentía la necesidad de una globalización civilizatoria (por muchas sombras que acompañen a las inmensas luces que iluminan la gesta) se sentiría especialmente orgulloso y no dudaría en señalar la fecha del descubrimiento como Día Nacional. ¡Cierto! A pesar de los errores, a pesar de las leyendas negras y a pesar de tantas guerras cainitas que hemos tenido en España, bien podemos sentirnos orgullosos de nuestro 12 de octubre, como debemos sentirnos orgullosos de haber puesto en pie, hace más de cinco siglos, uno de los primeros estados de Europa, de haber expandido por todo el mundo una lengua riquísima que hablan 500 millones de personas, de haber establecido una de las primeras constituciones modernas (la Pepa de 1812) y de haber mantenido una diversidad en la unidad que solo la acción concertada de grandes corruptos, de estúpidos racistas y xenófobos y de pequeños ignorantes y demagogos pone en peligro (aunque no nos engañemos: se trata de una exigua minoría, por mucho que se aprovechen hábilmente de tibios y confusos, frente a una inmensa mayoría de españoles, que no permitirán que se destruya una labor de siglos que ha conseguido, a trancas y barrancas y con no pocos errores y tragedias, uno de los países del mundo más agradables para vivir).
Tal como recogí en mi crónica del acto de Libres e Iguales del Ateneo, del 22 de septiembre ppdo., uno de los intervinientes, Federico Jiménez Losantos, aseguró
: «el problema fundamental de España […] es la traición de la izquierda a la idea nacional». Es verdad esa traición, y ello constituye una de las tragedias de nuestra historia moderna, de nuestra Transición, pero no es menos cierto que la derecha, con un Ejecutivo débil, con o sin mayoría absoluta, y embarrancado en la corrupción, no ha sabido adaptar la idea nacional a una situación democrática y ha oscilado entre una concepción vulgar de patria y una indolencia suicida frente a los ataques de los separatistas.
Por eso hizo muy bien el Jefe Estado en llamar a la gente del común a sentir «orgullo nacional», en convocar al buen pueblo, al verdadero pueblo, a defender, contra viento y marea, nuestra nación, la nación de todos, diversos pero unidos. Celebremos, pues, el Día Nacional de España como se merece: al lado de nuestras legítimas autoridades (aunque no nos gusten del todo), descarga (1)pensando en las generaciones que nos precedieron en nuestra tierra y en las venideras que han de disfrutarla, con orgullosa alegría, con optimismo frente al inmediato futuro, a pesar de los nubarrones que, como ahora en Madrid, se ciernen sobre nosotros.

 

 

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Dulce noviembre

admin-ajax (1)(Para E., tras el Monte de El Pardo)

Noviembre dulce (Pat O’Connor, 2001). Con Keanu Reeves y Charlice Theron como protagonistas, esta «comedia/drama» es una réplica de la película de 1968, con dirección de Robert Ellis Miller sobre un argumento de Paul Yurick y Kurt Voeler (datos extraídos de Filmaffinity). Dirección e interpretación controvertidas… Pero la película incita a la reflexión sobre el eterno tema de la búsqueda de pareja, en esta ocasión en un contexto típicamente norteamericano… con la sombra de la soledad y la muerte prematura, siempre acechantes.
En esta historia, el ejecutivo que dedica toda su energía, al trabajo, al triunfo social, que se encuentra con la (bellísima) chica que ha huido justamente de ese ambiente y que se dedica, de forma aparentemente anárquica y caprichosa, a gozar de cada momento (un hombre para cada mes, por eso Nelson Moss será noviembre y solo noviembre en la vida de Sara), a apurar toda la pasión que nos brinda el «carpe diem», en un juego, en el juego, que resulta la vida… Pero tras ello, como la Vida descubrió el amor para poder renovarse permanentemente, vienen todos los problemas de lo individual y lo colectivo, de la eterna (diabólica) dialéctica del amor (el yo y el transformado en nosotros) y, al final, todo puede quedar encerrado en un mes, en un instante, o puede proyectarse hacia la eternidad. La magia de las 24 imágenes por segundo, pero también un árbol o un bosque, una bellota caída en el suelo, una juvenil sonrisa capturada, un mohín de coquetería, unaadmin-ajax hoja de parra o de plátano que te transporta al dúo de Adán y Eva (de la hermosa Creación de Haydn) todo te habla de la realidad pero también de los sueños, todo te lleva a ver a la multitud que se agita cada día pero también a ese hombre y a esa mujer que se buscan esforzadamente para lucha contra la soledad, contra la muerte.

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Por la responsabilidad civil

libres-e-iguales-ateneo-1(Para  CAT, V, FPB, AM, MC, ES, EM, JPM y CR)

Me había propuesto hacer un texto con mi opinión sobre las elecciones en Cataluña del domingo pasado, siguiendo la notita que publiqué en Facebook la misma noche del día 27, pero creo que puedo dejarlo pendiente puesto que mucho mejor que leer mis reflexiones es que mis lectores amigos gasten su tiempo o fijen su atención en el acto que se produjo el día 22 de septiembre en el casi bicentenario y famosísimo Ateneo de Madrid (la Docta Casa), que me parece de una importancia capital y que, sin embargo, ha tenido muy escaso eco. Me parece mentira que la reunión de  más de 20 intelectuales, ex dirigentes políticos, comunicadores y analistas de primera categoría en España (desde el primero que intervino, Vargas Llosa, al que cerró el acto, Fernando Savater, un verdadero lujo), con  el Salón de Actos abarrotado y mucha gente en las escaleras y en la puerta del edificio,  no haya merecido casi atención de los medios más populares, no haya producido sesudos editoriales de los grandes rotativos ni, lo que es todavía más significativo, reacciones claras y bien divulgadas de los grandes partidos (ni de los emergentes) nacionales.
Un lujo, como decía, porque, hasta donde llegan mis noticias, no se ha producido en los últimos meses en ninguna otra parte en España un acto político similar. Y no solo porque la sola presencia de los intervinientes significaba un compromiso y un refrendo al manifiesto que se leyó después sino porque a pesar de que fueron todas breves intervenciones (el acto duró un poco menos de dos horas), la riqueza de autoridades oportunamente citadas (Lope, Kant, Julián Marías, Cervantes, Hannah Arendt, Tarradellas, etc.), la cantidad de ideas, conceptos y categorías, la definición matizada de lo que está pasando… todas esas intervenciones (con un lenguaje claro y bello en la mayoría de los casos) contienen elementos de reflexión para la ciudadanía (que cada vez es más numerosa) que quiere entender el drama que se está viviendo en Cataluña. El famoso prusés  es un proceso, un camino, en el mejor de los casos a la división entre catalanes y españoles y en el peor a un golpe de Estado (que no otra cosa sería una declaración unilateral de independencia). Hay que agradecer a la gente de LIBRES E IGUALES, que coordina con gran discreción y eficacia Cayetana Álvarez de Toledo,  y que reúne a personas de distintos orígenes y sensibilidades políticas, pero todas ellas con un claro compromiso con la libertad y el patriotismo, hay que agradecerles, digo, ese esfuerzo que han hecho de reunir personas, testimonios e ideas que nos pueden ayudar a todos y muy especialmente a esa mitad de catalanes que hoy sufren una verdadera dictadura de la sinrazón y de la mentira, del acoso social, etc., que no otra cosa es el nacionalismo fanático.
Abrió el acto Mario Vargas Llosa que, con su verbo inigualable, nos explicó cómo hay ficciones benignas (que añaden algo valioso a la realidad y nos producen placer y saber) y ficciones malignas, que se nos presentan disfrazadas de verdades, de «lecturas objetivas y casi científicas de la realidad» pero que buscan realmente despertar fanatismos; entre ellas, «ninguna ha creado tanta violencia, tanto odio y tanto encono como el nacionalismo» para concluir definiendo claramente el problema: el triunfo del independentismo en Cataluña sería un drama porque España y Europa sufrirían pero, sobre todo, sería «una verdadera catástrofe para Cataluña».
José María Fidalgo recordó a las autoridades nacionales la obligación que tienen de hacer frente a la ilegalidad que desde la Generalidad señorea la vida política social cultural, etc. de Cataluña. Félix de Azúa advirtió a todos de que no puede salir gratis un desafío al Estado y que parece que esto, aunque tarde, han empezado a comprenderlo sectores significativos de Cataluña. Mercedes Fuertes enfatizó la irracionalidad de todo este proceso y se apoyó en Lope de Vega para decirnos «no hay deseos cuerdos con esperanzas locas». Joaquín Leguina aseguró que la diferencia entre barbarie y democracia no es otra que el imperio de la ley y declaró taxativamente que «no se puede dialogar con los energúmenos.» Andres Trapiello, utilizando datos recientes de la propia Generalitat, destacó que solo el 31% de la población de la Cataluña actual tiene como lengua materna el catalán frente al 51% que tiene el español como lengua materna. Frente a esta realidad, el hecho de que la enseñanza se haga en catalán al ciento por ciento en la mayor parte de los tramos educativos convierte a Cataluña en un caso único entre los países y comunidades bilingües del mundo.
Teodoro León Gross recordó que siempre, ante el desafío de la sinrazón, hay que encontrar la respuesta ilustrada, buscando con tesón a esa persona «que puede actuar como un ciudadano emancipado de los mitos. ¡Sapere aude!». Carlos Herrera, con su típico gracejo, vaticinó que los independentistas ganarán las elecciones holgadamente y, con ello, lo que va a ganar realmente es «una forma de vida, el permanente derecho a amenazar para obtener prebendas»: por eso reclamó que, durante el proceso intermedio desde la iniciación de la independencia hasta la hipotética proclamación definitiva, se actúe con mucha inteligencia. Francisco Vázquez defendió ardorosamente a los millones de catalanes discriminados por no haberse plegado a la dictadura nacionalista e hizo una encendida defensa de la unidad de siglos en España.
Arcadi Espada, en un breve texto de gran ingenio, explicó que a quien hay que liberar realmente es a esa «pequeña xenófoba»  que sería la encarnación del nacionalismo catalán. Gabriel Tortella explicó la «paradoja catalana» de que siendo fundamentalmente serios, racionales, pragmáticos (el famoso seny), a los catalanes, de vez en cuando, les entra la rausa (rabia) y se dedican a meterse en guerras, conducidos por iluminados, que terminan siempre trágicamente para ellos. Así su posicionamiento en la guerra del s. XVII entre Francia y España, así en el apoyo a la dinastía de los Austrias en 1714, en las guerras carlistas, en la proclamación estúpida y trágica de la república catalana por Lluís Companys. Andrés Gonzalez recordó que con la crisis ha habido un renacimiento de los fascismos, de los anticapitalismos, de los grupos antisistema y, lamentablemente, del nacionalismo más sectario.
Albert Boadella (que utilizó su magnífico arte teatral para facilitar la salida de Vargas Llosa antes de terminar el acto) parodió las grandes diferencias que hay entre catalanes y no catalanes, que los propios catalanes llevan siglos buscándolas y que se han descubierto gracias a «españoles muy relevantes» como Luis María Anson, Miguel Herrero y Rodríguez de Miñón, Felipe González, José Manuel García Margallo y Pedro Sánchez (y tantos otros) que son los que han encontrado esas notables diferencias que ni los propios catalanes, se entiende los normales, fueron capaces de encontrar. Por eso hay que citar a Francesc Pujols, cuando dijo «Llegará un día en que por el solo hecho de ser catalán podremos ir por el mundo paseándonos con los gastos pagados.» Santiago González utilizó la conocida frase de Shakespeare para asegurar que «algo huele  a podrido en Vilafranca» y recordar a los arquetipos como Gerard Pique, que apoya el independentismo pero le interesa jugar en la selección de fútbol española, o al Conde de Godó, que presume de ser grande de España pero pone toda su capacidad empresarial y mediática al servicio de los separatistas. Ya dijo Jon Juaristi que los separatistas catalanes, en el fondo, no quieren dejar de ser españoles sino ser españoles de primera. Por otra parte hay que destacar la ancestral  mentalidad rupturista de muchos catalanes y por ello rompieron el carácter lúdico, festivo y unitario de la Diada y han roto la familia y la convivencia entre los propios catalanes: «la ruptura es su razón de ser».
Federico Jiménez Losantos, viejo resistente antiseparatista (Terra Lliure le pegó un tiro por denunciar el separatismo), dijo que hay que luchar cada día por la libertad; recordó que el propio Tarradellas nos previno contra la «dictadura blanca» del siniestro Jordi Pujol; reclamó que se haga un censo de los exiliados de Cataluña en estas décadas e hizo un elogio de y reclamó solidaridad con los millones de ciudadanos catalanes que se han quedado allí maltratados por la dictadura pujolista. Se remitió a la lucha que se inició hace 35 años y aseguró que la clave de todo esto que está pasando, «el problema fundamental de España […]  es la traición de la izquierda a la idea nacional». Elogió la aparición y la actividad de Ciudadanos y advirtió de que la falta de libertad que hay en Cataluña en este momento se está extendiendo a Valencia Baleares, País Vasco, Navarra, Galicia y Canarias. Carmen Iglesias, de dulce y suave firmeza, citó a Hannah Arendt, para rearmarse contra el «delirio contagioso y racional del nacionalismo», contra las fronteras. Nicolás Redondo Terreros se apoyó en el Quijote (la llegada del caballero y su escudero a Barcelona) para explicarnos que en aquel tiempo no había más hecho diferenciales en Cataluña que los que pudiera haber en el resto de España y que todos ellos se regían por las mismas leyes políticas. Concluyó diciendo que lo que está en juego no es elección, entidad, autonomía, etc.; lo que está en juego es la libertad.
Santiago Trancón nos recuerdó, igual que hizo Federico Jiménez Losantos, que esta situación de hoy ya empezó hace 35 años y que entonces hubo el llamado «Manifiesto de los 2.300», que también fue desoído por el gobierno central y que un cúmulo de «mentiras, traiciones, chantajes y amenazas de unos y otros», sobre todo de los partidos mayoritarios,  han entregado «el poder a una minoría arrogante, ambiciosa y corrupta que actúa como una dictadura muy parecida a las nazis y los fascistas del primer tercio del siglo pasado». Francisco Sosa Wagner exhibió el pasaporte español para vaticinar que, en el caso de seguir adelante la deriva nacionalista, los ciudadanos de Cataluña necesitarán un pasaporte para trasladarse a otros lugares de España. Fernando Savater  insistió mucho en el carácter autonómico de las elecciones y que, por tanto, los ganadores, saquen los votos y escaños que saquen, no pueden argüir ninguna legitimidad para cualquier declaración que vaya más allá de sus atribuciones constitucionales; si así lo hicieran «sería una agresión a todos los españoles»; por eso llama a la responsabilidad: «las personas  libres nunca preguntan qué va a pasar, preguntan qué vamos a hacer.»
Para terminar, Cayetana Álvarez de Toledo leyó, fuera de escenario, el breve pero rotundo manifiesto (que también se proyectó en la pantalla), que comienza advirtiendo a los abstencionistas de que el día 28 no podrían decir «yo no sabía» que la intención de los que han pedido el sí para sus pretensiones políticas era la liquidación de los derechos de ciudadanía de todos los españoles, la salida de la UE, la ruina económica para una generación…
20 voces cualificadas, 20 razones, 20 emociones, componiendo una bella coral que forma parte de lo más sereno de España, del patriotismo constitucional, del compromiso con la Democracia y el respeto a la Ley; una llamada responsable a una ciudadanía compuesta por personas libres e iguales.
El vídeo con todas las intervenciones, incluyendo el saludo inicial del presidente del Ateneo Enrique Tierno Pérez-Relaño y el texto de la declaración, puede verse aquí.

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Cataluña hoy: sí se puede

ETA2Nicolás Redondo Terreros, uno de los pocos (ex) dirigentes del PSOE que (cuando estaba en vigor la política socialista de pactar con la ETA, en medio de una gran controversia), rehuía la «equidistancia», repetía una y otra vez que, al menos, sería bueno que cada responsable político manifestara claramente si su estrategia para acabar con la barbarie terrorista consistía en derrotar, por todos los medios legales y con todas las consecuencias políticas, a la banda criminal o en pactar una salida de la violencia; siempre aclaraba: yo soy partidario de una derrota clara y rotunda pero aceptaría discutir con los que proponen la salida negociada siempre que se explicara eso claramente a la población. Sabemos que nadie le hizo caso y que al final el desenlace es una chapuza donde la derrota no es clara y rotunda, donde la negociación fue (¿sigue siendo?) clandestina y donde los derrotados «militarmente» salen muy reforzados políticamente, como demuestra la situación actual en muchos ayuntamientos del País Vasco y en el propio gobierno de Navarra, con el consiguiente escándalo de las víctimas del terrorismo y de mucha más gente. Se demuestra así una vez más que, en las batallas fundamentales, en las contradicciones antagónicas, para buscar la derrota del enemigo, hay que arriesgarse: se gana o se pierde con todas las consecuencias, políticas y personales, pero si se gana, la situación es completamente diferente: las respectivas posiciones quedan claras, los dirigentes vencedores consolidan su posición y los derrotados son apartados de la vida política; el final de la contienda produce una situación clara; en una salida «negociada», en cambio, el riesgo de que las cosas no queden claras y que no se resuelvan los graves problemas que se negocian es mucho mayor y se produce la paradoja, muchas veces, de que los negociadores de una y otra parte salen triunfantes.. pero la población sobre la que se negoció queda más débil: ¿hace falta citar el caso del tercer rescate a Grecia?
El nacionalismo catalán tiene una historia y una evolución muy diferente al vasco, aunque siempre ha tenido unas relaciones fraternales con él y, menos, con el gallego (la famosa «Galeusca», con la curiosa paradoja de que el idioma común en el que se entendían las tres fuerzas antiespañolas no podía ser otro que el español). Una historia diferente (que no viene al caso detallar ahora) y, sobre todo, una situación bien diferente que presenta también una contradicción distinta a la hora de plantearse soluciones. La alternativa para superar la situación a la que nos ha llevado el secesionismo, para superar esa «revolución cínica», ese proceso de golpe de estado, en el que trabajan (desde instituciones y con recursos del propio Estado, aunque tal absurdo parecería imposible) no se plantea, al menos hasta ahora, como una batalla entre pistoleros y fuerzas de seguridad, sino entre unas instituciones (Generalitat, ayuntamientos independentistas, centros de enseñanza, medios de comunicación, «expertos en independentismo», etc.) que hacen alarde de deslealtad, burla de leyes y sentencias, desprecio de la Constitución y de los símbolos nacionales, todo ello apoyado en una manipulación de masas que ha sido justamente comparada con la política de Mussolini o Hitler… La batalla es entre esas instituciones desleales y el Estado de Derecho que nos hemos dado entre todos los españoles, pero el requerimiento de Redondo Terreros sigue siendo válido: ¿nos inclinamos por una salida pactada o nos enfrentamos, con todas las fuerzas y recursos del Estado, y acabamos de una vez con la absurda pretensión de declarar una república independiente en Cataluña?
Quien me conozca o, al menos, siga este blog con cierta atención, sabe que desde hace mucho tiempo no tengo la menor duda de que negociar, pactar con los independentistas es negativo y que cuanto antes se coja el toro por los cuernos menor será el quebranto que sufran los catalanes y el conjunto de los españoles. Por ejemplo, hace más de tres años que ―sumándome a otros muchos ciudadanos― reclamé de los poderes del Estado la máxima contundencia contra el desafío secesionista (http://librosyabrazos.es/2012/09/17/carta-abierta-a-pedro-crespo/). Está claro que no tuve  ―no tuvimos― el menor éxito porque el Gobierno siguió la política estúpida que se viene dando en España desde, al menos, la llegada al poder de Jordi Pujol, consistente en «negociar» y «dialogar» (o simplemente ignorar) ante cualquier medida anticonstitucional del gobierno catalán por muy grave que fuera. Por eso, se ha podido dar la corrupción generalizada (el famoso 3% y otras formas de robar), el derroche en agit-prop, con un llamamiento permanente a los sentimientos más tribales (mientras se recortaban todos los servicios sociales), una educación  basada en la mentira grosera y el odio a todo lo español, más sectaria y represiva que la de la Dictadura, una obsesiva puesta en vigor de «estructuras de estado», un acoso permanente a quienes se han negado a pasar por las horcas caudinas del independentismo y un permanente desafío al Estado y a la Constitución con escarnio a los símbolos nacionales y al propio Jefe del Estado. Todo ello culmina en una amenaza de declaración unilateral de independencia tras unas elecciones autonómicas disfrazadas de plebiscito: hablando en plata, un golpe de Estado.
¿Qué hacer ante esta situación extrema? Aunque hay que reconocer que tenemos un Gobierno débil (si bien en estos últimos meses ha cambiado en alguna medida de actitud, rechazando de palabra cualquier ilegalidad y consiguiendo que importantes  entidades e instituciones, nacionales y extranjeras, se posicionen contra el secesionismo), quizá debilitado por tantos años de política estúpida y por tanta corrupción dentro de sus propias filas, que no se ha atrevido a tomar ninguna medida de fuerza (desde negarse a seguir suministrando fondos del FLA para que la Generalitat pueda seguir aumentando su deuda y su déficit mientras destina cada vez mayores partidas a la propaganda exterior e interior, hasta suspender la autonomía, pasando por otras muchas) para la que está perfectamente legitimado. Aunque hay que constatar que las fuerzas de «izquierda» siguen jugando a la ambigüedad, la «equidistancia» y la demagogia. Aunque sabemos que UPyD, que luchó valientemente en las Cortes para que el Estado recuperase fuerzas y competencias y pudiera imponer la Ley, está muy debilitada; y que Ciudadanos, que ha luchado heroicamente en Cataluña contra la dictadura independentista, al abrirse a todo el territorio nacional puede haber necesitado recurrir a ciertos oportunismos para acumular fuerzas a riesgo de debilitar los principios que le hicieron nacer… Aunque sabemos todo esto, aunque debamos tener todas nuestras debilidades en cuenta, también debemos saber que tenemos fuerza más que suficiente, en nuestra historia (aunque tenga luces y sombras), en nuestra democracia (aunque tenga serias deficiencias) y, sobre todo, en nuestra ciudadanía (aunque haya una parte desencantada o confusa) como para parar este golpe y recuperar un Estado capaz de garantizar la libertad y la igualdad política de todos, todos, los españoles.
Y todo ello, con independencia del resultado de las urnas del 27-S, sea cual fuere. Los catalanes que vayan a votar tienen todo el derecho a decidir sobre cuestiones autonómicas pero para hacerlo sobre cuestiones nacionales, de toda España, no tienen más remedio, ni por supuesto les conviene otra cosa, que integrarse democráticamente en el conjunto de la democracia española. Porque la otra vía, se la llame tercera, nueva, equidistante o cualquier otra forma de disimulo, la vía que contemple reconocimiento de singularidades, naciones, pactos fiscales… no puede ser sino una forma de sacrificar a la mayoría de españoles para que una minoría siga ejerciendo su política que es claramente antiespañola y antidemocrática. Es cierto que ya hay graves daños en la sociedad de Cataluña y en toda la sociedad española y que costará años, quizá generaciones recuperar una estabilidad y una reconciliación suficientes. Pero no es irreversible, sí se puede hacer.

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