Mi Miguel Hernández en 12 poemas

AMP01040(Como homenaje a Miguel Hernández, en el centésimo quinto aniversario de su nacimiento, resumo aquí mis charlas para profesores y la comunicación que presenté en el III Congreso Internacional Miguel Hernández.)

Mi Miguel Hernández es ―partiendo de toda su prodigiosa obra (más de mil poemas, diversas prosas, decenas de trabajos periodísticos, seis obras de teatro… todo ello realizado en poco más de una decena de años) y de su biografía (incluyendo las controversias sobre el grado de modestia de su familia, su formación autodidacta, su compromiso político, su vida amorosa, etc.)― sobre todo un amigo al que puedo recurrir en todo momento; un amigo, endurecido por la vida y amante apasionado de la vida, al que veo saltando entre la Naturaleza de la que extrae la poesía y a la que devuelve su poesía, pero también saltando entre las mesas escolares, entre niños de toda edad y condición, entre adultos que no han perdido su infancia ni su juventud, entre una sociedad que siente, piensa y actúa, de la que obtiene la poesía y a la que devuelve su poesía. Sus versos, que vienen de la historia, de la sociedad, de la naturaleza, vuelven a la naturaleza, a la sociedad más bellos aún y, por eso, se enraizan en la historia, se incrustan en la historia para que las futuras generaciones los disfruten. Un amigo inserto en la sociedad, comprometido con su mejora, dispuesto a luchar para un mundo más justo. Un amigo al que amar y seguir en su ejemplo. Un amigo al que honrar en cada ocasión posible. Un amigo presente, cuya obra y testimonio personal tiene hoy tanta vigencia como hace ochenta años.
He aquí, pues, mi síntesis, estructurada (de forma subjetiva y sugestiva) en doce valores fundamentales de Miguel, en correspondencia con doce de sus poemas (considerando como tal, para este propósito, el «Romancillo de mayo», extraído de su obra de teatro El labrador de más aire). No hace falta decir que las breves notas que acompañan a esta numeración no tienen otro objeto que justificar mi elección puesto que ni me considero un experto en la magna obra hernandiana ni pretendo con este texto otro objetivo que manifestar mi homenaje. Mi propuesta, por tanto, tiene un carácter meramente subjetivo (se podrían poner otros muchos poemas para destacar los valores hernandianos) y sugestivo (pretendo, sobre todo, incitar a la lectura de la hermosa obra hernandiana). Para quien quiera disfrutar de los poemas completos, ponemos en su título el enlace a nuestro archivo.
«Niño» – Amor a la infancia y a la juventud
Aunque se me pueda acusar de exagerado, desde que conocí este poema sostengo que no hay nada más hermoso en la poesía española sobre la infancia y la capacidad que ella tiene de alcanzar todos los horizontes. Ese niño que es «ala, rueda, torre.  / Pie. Pluma. Espuma. Rayo.» … que puede cabalgar y dominar nuestro planeta, que puede ser el universo mismo, que puede ser el universo «que gira esperanzado.», es una llama encendida para la esperanza de la sociedad.
Por cierto, desde la primera edición de Miguel Hernández para niños, que dio nombre e inauguró nuestra colección más popular, Alba y Mayo, hemos conservado el título y respetado el verso. «creador del alba y mayo». Aunque algunos expertos sostienen que se trata de errata (entienden que debería ser creador de alba y mayo), en nuestra edición de Recuerdos de la viuda de Miguel Hernández, incluimos la postal que el poeta mandó a su mujer, cuyo anverso es un dibujo (que no parece estar realizado por Miguel Hernández) de un niño cabalgando un mundo y el reverso, el poema manuscrito, quizá por algún compañero de prisión de Miguel, pero con una dedicatoria a su hijo del propio Miguel Hernández (lo que demostraría que había leído el texto) donde se lee claramente creador del alba y mayo. A reserva de lo que decidan los filólogos yo creo que no es imposible que Miguel quisiera hacer un solo sustantivo con las dos palabras, alba y mayo, para mejor significar el nacimiento y la plenitud de la infancia.
«El silbo de la llaga perfecta» – Pasión amorosa
No conozco ningún poema que refleje más intensamente la pasión del varón por el sexo femenino. La cruda belleza de estos versos nos muestran un Hernández extremadamente sensual, pletórico de deseo, pero al tiempo profundamente humano. No es un animal el que desea penetrar en la hembra, sino un hombre buscando el amor: «Ábreme, amor, la puerta / de la llaga perfecta.»
«El alma de la huerta» – Amor a la Naturaleza
Es claro que Miguel tiene muchos poemas que cantan a su tierra y por tanto a la naturaleza pero he elegido éste, publicado en Actualidad en julio de 1930, para destacar que incluso a esa edad tan temprana (19 años) ya combinaba Hernández el dominio del lenguaje poético con sus pasiones. Porque el amor a la Naturaleza es también amor al hombre que se integra en ella y reprobación de los poderosos que impiden que esta integración sea armónica. «Barraca que fuiste en tiempos mejores / de fe, de virtudes, de amores, / de paz y alegrías alcázar dorado; / y musa creadora de mil trovadores, / de excelsos cantores, / que bajo la parra que prende a tus pajas dosel encantado / la vida han pasado/ cantando tus gracias con ansias febriles de ser ruiseñores».
«El niño yuntero» – Amor a la libertad y la justicia
Uno de los más conocidos poemas de Hernández y donde la denuncia de la injusticia se hace más intensa. El amor a la libertad y la justicia está en cada uno de los versos de este emocionante poema pero, a pesar de esa fuerza reivindicativa, Hernández no cae en el rencor y en la petición de venganza: inteligentemente hace una llamada a los «que antes de ser hombres son / y han sido niños yunteros».
Llamada que hoy valdría para los que, habiendo sido superexplotados han alcanzado un nivel de vida relativamente acomodado y se olvidan de los que se encuentran en la misma situación que ellos se vieron hace tiempo.
«Romancillo de mayo» – Vitalismo
Este «poema» es un monólogo del personaje Quintín, (el labrador pícaro) en El labrador de más aire, musicado por Juan Manuel Serrat en su primer disco sobre el poeta (omitiendo algunos versos). Aunque otros muchos poemas nos hablan del vitalismo de Miguel, quizá en ningún otro como en este monólogo de Quintín hay una sensualidad, un ardor, una fusión con la naturaleza, una comunión con todo lo que bulle, una alegría tan grande como en este caso. «Campea Mayo amoroso; / el amor ronda majadas, / ronda establos y pastores, / ronda puertas, ronda camas, / ronda mozas en el baile / y en el aire ronda faldas…»
«Las manos» – Honradez
Magnífico canto al trabajo como garantía de honradez. Se dice que Miguel Hernández nunca superó su origen cristiano… pero lo que parece claro es que lo mejor del cristianismo que había adquirido en su breve paso por el colegio de los jesuitas, se había incorporado a su personalidad. «La mano es la herramienta del alma, su mensaje, / y el cuerpo tiene en ella su rama combatiente. / Alzad, moved las manos en un gran oleaje, / hombres de mi simiente.»
«El sudor» – Trabajo y cultura
Serge Salaün, Ramón Gaya, Gil Albert, y tantos otros ponderaron este poema (uno más de los que Hernández hizo apremiado por el tiempo y hostigado por la contienda) como uno de los poemas hernandianos donde se aprecia la prodigiosa capacidad versificadora de nuestro poeta. La vigencia de este poema hoy, sobre todo para la juventud más o menos acomodada que generalmente relaciona el sudor (físico o simbólico) con el deporte o la «marcha», me parece innegable. «Entregad al trabajo, compañeros, las frentes: / que el sudor, con su espada de sabrosos cristales, / con sus lentos diluvios, os hará transparentes, / venturosos, iguales.»
«Elegía» – Amistad, generosidad
Sabido es que este poema deslumbró a los poetas ya consagrados en España que señoreaban el mundo poético en Madrid, quienes se rindieron al nuevo valor que venía del Levante español, entre ellos Juan Ramón Jiménez y Vicente Aleixandre, que luego serían premios Nobel. Hay que destacar cómo este poema demuestra que la amistad sincera y generosa neutraliza las diferencias políticas. Porque cuando Miguel le dice a Sijé «con quien tanto quería» (no «a quien tanto quería», error que popularizó Joan Manuel Serrat) es absolutamente sincero, pero no olvida que la vida que los unió, las dificultades de la infancia y la adolescencia en un pueblo de la España profunda, también los ha separado y hasta enfrentado. Pero como con el amigo es siempre imprescindible dialogar antes que pelear, el poeta termina enfatizando este diálogo para cerrar su hermoso poema: «A las aladas almas de las rosas / del almendro de nata te requiero, / que tenemos que hablar de muchas cosas, / compañero del alma, compañero.»
«Madre España» – Patriotismo
Lamentablemente, este poema no es muy popular ni se incluye en muchas de las antologías de Hernández. Sin embargo, yo considero que, además de ser uno de sus poemas más hermosos, tiene plena actualidad en este convulso país que nos ha tocado vivir  y por ello debería ser divulgado por todas las fuerzas democráticas y progresistas de nuestro país. Desde sus primeros versos explica y canta la indisoluble unidad que hay entre el hombre y su patria: «Abrazado a tu cuerpo como el tronco a su tierra, / con todas las raíces y todos los corajes, / ¿quien me separará, me arrancará de ti, / madre? / y sufre por la terrible tragedia que la parte en «dos pedazos»: / España, piedra estoica que se abrió en dos pedazos / Su patriotismo es firme, superior a cualquier resultado que tenga la guerra fratricida: / no me separarán de tus altas entrañas, / y se proyecta a los suyos más allá de la muerte. / Además de morir por ti, pido una cosa: / que la mujer y el hijo que tengo, cuando pasen, / vayan hasta el rincón que habite de tu vientre,»
«Vientos del pueblo» – Autenticidad y Rebeldía
Miguel Hernández se compromete, hasta la muerte, con la causa que él considera fundamentalmente justa por la que lucha, y denuncia vehementemente a los que, con cobardía y egoísmo, se olvidan de esa causa. Llama a los españoles a su causa, citándolos por sus gentilicios regionales: «Asturianos de braveza, / vascos de piedra blindada,» unificándolos a todos ellos en la lucha contra el enemigo común: «yugos os quieren poner / gentes de la hierba mala, / yugos que habéis de dejar / rotos sobre sus espaldas.»
«Canción del esposo soldado» – Paz
Por encima de las resonancias clasicistas, que los estudiosos han rastreado en este poema y la pasión amorosa, a mí me parece que el valor que da Miguel a la paz, se revela aquí con toda su fuerza. En un ambiente de guerra, el soldado-poeta busca la paz en el futuro. «Para el hijo será la paz que estoy forjando.» Y con ello homenajea a las madres y a sus niños (quizá las mayores víctimas de nuestra terrible Guerra Civil) y, por encima del incierto resultado (incluso con una premonición de derrota) sigue forjando la paz.
«Eterna sombra» – Capacidad crítica y de resistencia.
Este último poema del ciclo de su impresionante Cancionero y romancero de ausencias de9788479604417_04_l Hernández, «una cantata de dolor» como la definió Leopoldo de Luis, es también, en mi modesta opinión, una autocrítica profunda, un reconocimiento de que las derrotas («Yo que creí que la luz era mía, / precipitado en la sombre me veo.») igual que las victorias, se gestan y se viven en el interior de cada uno. Por ello cada uno de nosotros, por muy perdedores que seamos en la batalla contra la injusticia, en la batalla por la Libertad, en la batalla por la Vida, tenemos derecho a reclamar, con Miguel, «Dejadme la esperanza», y a seguir resistiendo, porque, como él nos enseñó, «[…] hay un rayo de sol en la lucha / que siempre deja la sombra vencida.»

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