Cibeles, Colón, Urquinaona… y Paseo de la Castellana

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(Con un recuerdo de profundo respeto y sincera admiración para el
capitán Borja Aybar, que murió por accidente de su eurofighter,
tras participar en el desfile del Día de la Fiesta Nacional.)

Fui a Cibeles el 30 de septiembre, con bandera, para manifestarme a favor de la unidad de España y de la soberanía popular que, según la Constitución española de 1978, solo puede residir en el Congreso de los Diputados y en el Senado, representantes legítimos del pueblo español. Era la primera vez en mi vida que portaba una bandera aunque había ido a otras muchas manifestaciones.
Y lo repetí al sábado siguiente en Cibeles. Mucha más gente y muchas más banderas y siempre con cantos y vivas democráticos, en defensa de la Constitución, de la unidad nacional, de la soberanía del pueblo español.
Recuerdo mi primera manifestación –en 1963 o 64, frente a la embajada norteamericana en la calle Serrano de Madrid organizada por el grupo marxista-leninista Proletario– a la que asistí con mucho miedo (podía ser detenido por ello, puesto que ese tipo de manifestaciones estaban prohibidas por el Régimen) pero con mucha determinación y, afortunadamente sin otra consecuencia –aunque muy importante– de que al ver cómo se redactaba la nota para enviar a la «prensa internacional» comprobé que también en aquellos grupos de izquierda que se situaban a la izquierda del PCE también se mentía descaradamente.
Recuerdo también algunas otras manifestaciones importantes: ya en pleno proceso democrático, a principios de 1977, contra el asesinato de los abogados de Atocha; en febrero de 1981, contra el golpe de Estado y por la consolidación de la democracia; en 1991, contra la guerra del Golfo… Contra la OTAN, en 1986; contra el horrible asesinato de Miguel Ángel Blanco, en 1997; y, sobre todo, la impresionante manifestación posterior al 11M de 2004, que conmovió a todo el país.
Todas importantes pero quizá ninguna tan necesaria como la de Urquinaona, donde nos convocan unos compatriotas que están sufriendo una terrible dictadura que, además, pone en riesgo a la propia nación, y nos piden que vayamos a solidarizarnos con ellos, a parar el peor proceso que puede darse en una nación: la siembra del odio al diferente, la vuelta a la tribu, el nacionalismo excluyente, el fascismo.
Por eso, a pesar del cansancio del Liber y de un catarrazo tan fuerte como hacía años que no tenía, busqué una forma barata de viajar a Barcelona y me apunté a unos autocares que salían del Bernabeu a las doce de la noche del sábado, organizados por voluntarios atendiendo el llamamiento de la Sociedad Civil Catalana (a la que sigo en Twitter desde hace tiempo) y a la que se sumaba Libres e Iguales (a la que sigo desde su constitución).
Viaje duro, de 10 horas, pero agradable al ver la cantidad de gente que se movilizaba desde Madrid (conté más de 15 autocares), y recordando la cantidad de veces que había estado en Barcelona, sobre todo en la década en que era miembro del Comité Liber y de la Federación de Gremios de Editores de España. Nunca encontré sectarismo u hostilidad por lo español en la gente pero sí en muchos organismos públicos, en los rótulos en el metro, en los paneles informativos de los museos… y, en los últimos años, una proliferación ofensiva de banderas ilegales, con su estrella hiriendo la señera y tapando la corrupción del 4%… Cientos de anécdotas a favor de una gente hospitalaria y en contra de unos políticos miserables que pretendían a toda costa enfrentar a la ciudadanía por razón de su procedencia, su apellido, su lengua materna o simplemente por sentirse español.
A las 11 de la mañana salimos del autocar y nos dirigimos Pau Claris abajo hacia Urquinaona, donde nos había citado la SCC. Pocas esteladas en los balcones, muchas señeras y banderas nacionales y alguna europea; saludos entre los que marchamos, ya en grupos compactos, y los que nos apoyan desde los balcones. Un agente de la Policía simpatiza con nuestro grupo y le explico, con orgullo, que yo combatí al régimen anterior, llegando incluso a la cárcel, pero que ahora veo este peligro de secesión más grave que aquello. Un compañero del grupo, a preguntas de una TV catalana que quiere enredarlo, les dice con firmeza que estamos allí para oponernos a un golpe de Estado.
Al llegar a Urquinaona, hay tanta gente que no consigo avanzar más y me quedo clavado en el tramo de la calle Pau Claris que atraviesa la plaza. El sol y la presión de la gente me obligan a hacer un esfuerzo para alcanzar un poco de sombra en la esquina de Sant Pere. A mi lado se producen, en un periodo de 15 minutos, dos desmayos y los gritos de la gente pidiendo si hay algún algún médico; afortunadamente no es necesario que la ambulancia que hay unos cientos de metros en la calle Pau Claris llegue hasta allí porque hubiera sido prácticamente imposible. Una multitud impresionante ocupando el centro de Barcelona. Luego vendrán las batallas de cifras pero hay un cálculo bastante objetivo que se aproxima al millón y unas tomas aéreas que lo respaldan.
En el estrado que han montado, canciones en castellano como «Amigos para siempre» o «Que viva España». La gente canta con ardor y corea consignas como «Somos españoles, no fachas», «Soy español, español y catalán», «Sí, sí, España porque sí». Vivas constantes a España y Cataluña, a la democracia, a la Constitución, al Rey…
Y un hermoso y eficaz ondear de banderas. Una gigantesca bandera de 20 o 30 metros pasa de mano en mano por encima de nuestras cabezas… Brota el verso (de mucho menos valor poético que personal), que grabo en mi móvil y que ahora termino de darle forma:

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Después de más de dos horas en Urquinaona, hacia las dos de la tarde consigo conectar la radio en mi móvil y me entero de que han comenzado los discursos de Vargas Llosa y Josep Borrell, que escucho de forma entrecortada. Por supuesto, en estos momentos, me interesa mucho más la gente que me rodea que los discursos… pero tendré que estudiarlos a fondo porque ciertas expresiones u omisiones no acaban de entusiasmarme. Pero sí me entusiasma el anciano con acento catalán que proclama su españolidad; la familia de acento andaluz que canta y baila con su alegría meridional; la mujer de mediana edad (y excelente agilidad) que se encarama a una farola para sacar fotos con más perspectiva… Me entusiasma la gente sencilla y optimista que siente su identidad sin sectarismo y que siente un amor natural (muy superior al de las élites y la clase política) por su patria.
No sé por qué, quizá para superar la emoción, en el agobio de la plaza me acuerdo de Fabricio del Dongo, el personaje de Stendhal en La cartuja de Parma, donde el joven soldado no consigue salir del escondite donde se ha metido, abrumado por el estruendo de la batalla, y no se entera siquiera de que pasa por su lado su admirado Napoleón. Como dijo Luis Landero en El País de 2-2-1992, «Estuvo allí, en efecto, pero no sabría contar otra cosa que el asombro de no haber conseguido encontrar Waterloo en Waterloo.» A ver si me va a pasar a mí algo remotamente parecido…
¡No! Y
o he visto España, dolorida y traicionada, pero claramente España; la diversa pero una España: y la he visto especialmente firme y hermosa en Urquinaona. Y espero también que, aunque mi crónica es la crónica de un hombre atrapado entre la multitud, ello no le haya impedido comprender cabalmente la batalla en la que está involucrado y comprometido. El Waterloo de los catalanes rebeldes está al alcance de la mano y cualquier patriota puede entenderlo. Si el Gobierno aplica contundentemente la Constitución democrática que nos hemos dado entre todos y que estamos defendiendo todos en plazas y redes sociales (y, muy decisivamente, en el Palacio de La Zarzuela), la secesión será abortada y los rebeldes serán confinados en una especial Santa Elena para ellos.
Por supuesto ya sé que en toda manifestación uno puede ser manipulado… pero también puede serlo si se queda en casa, silencioso, porque los mismos oportunistas y aventureros que se aprovechan de la gente que se manifiesta en las calles también se aprovechan de los que no participan.
Por eso
, y ya termino, volví el día 12 a salir con mi bandera a participar con alegría y determinación en el Día de la Fiesta Nacional. Y volví a sentir el orgullo de ser ciudadano de una nación que hunde sus raíces en el Imperio Romano, que fue capaz de formar uno de los primeros estados de Europa y luego un imperio propio que (con sus luces y sus sombras) hizo avanzar a la humanidad; que dio una lección de patriotismo y libertad con una de las primeras constituciones democráticas del mundo y que supoWhatsApp Image 2017-10-16 at 09.29.47 pasar, de forma fundamentalmente pacífica y legal, de un régimen autoritario (que había salido de una terrible guerra civil y había permanecido imbatible durante 40 años) a un régimen democrático, que causó la admiración del mundo entero.

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Trapos, papeles, urnas y pistolas

Bandera nacional«Gente con sólo un papel en la mano recibiendo golpes, empujones, patadas, pelotas de 
ilegales, todo de parte de la policía armada.»
«Nunca pensé que te vería apoyando la represión sobre ciudadanos indefensos delante de una urna.»

Respondo a algunas de las críticas que recibí en mi muro de Facebook en relación con la entrada en este blog que titulé «5 asertos contra los golpistas catalanes (y los equidistantes y “dialogantes” que los ayudan)» y que presenté allí con la entradilla «Si hay lesiones solo es responsabilidad de los rebeldes, y sobre todo, de los jefecillos que los han incitado a la sedición.»
Hablemos, previamente, de trapos (que no se ha citado en mi texto ni en las críticas que he recibido pero que considero importante), papeles, urnas y pistolas.
Una bandera, como objeto físico, no es más que un «trapo» pero como símbolo puede tener tanto valor que muchas personas están dispuestas a morir por él (el símbolo), sobre todo si ha jurado sobre ella (la bandera) lealtad a su nación. Por eso tiene tanta importancia que la gente aprenda a respetar las banderas ajenas y a defender, con todas las consecuencias, la propia. Si por ejemplo, un grupo de marroquíes desembarcara en Málaga y pusiera su bandera llamando a su ejército a ocupar la plaza, todos los que nos sentimos españoles reaccionaríamos: no diríamos «Es un trapo, no merece la pena pelear por él» sino que nos aprestaríamos a apoyar a nuestro Gobierno y a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado (y los Ejércitos de tierra, mar y aire si fuera necesario). Por supuesto, ese Gobierno, si no es tonto, intentaría una disuasión por vías diplomáticas antes de recurrir a la fuerza… pero seguro que los invasores marroquíes harían mucho más caso de esas vías si se percataran de que, en última instancia, habría una solución militar. Y quien haya leído a Sun Tzu o a Clausewitz (por poner dos ejemplos clásicos, uno lejano y otro cercano) me dará la razón.
Por eso cuando el Gobierno de España (dirigido por el PP o por el PSOE) aceptó que separatistas y sus cómplices hicieran mofa de la bandera nacional y la arrancaran violentamente de su lugar oficial, sustituyéndola en muchos casos por banderas separatistas, cometió un gravísimo error (y con ello, en este caso sí, ayudó a «fabricar» independentistas).
El papel también es muy polisémico. Por ejemplo, un papel donde uno ha hecho garabatos para distraerse no tiene valor (salvo que fuera, por ejemplo, de Picasso, en cuyo caso sería muy cotizado). Pero un papel donde se dice que yo soy ciudadano de un país soberano y que tengo por ello unos derechos inalienables (y sus correspondientes deberes) tiene mucho valor. Tiene mucho valor un papel que contenga un contrato, una declaración ante autoridad competente, una escritura de propiedad, etc.
Y tiene mucho, muchísimo valor una papeleta electoral. Cuando yo relleno una papeleta electoral y la llevo a una urna estoy declarando solemnemente que participo libre y responsablemente en el sistema democrático y, con ello, lo defiendo y me defiendo a mí mismo y a mis conciudadanos. Ese papel viene a decir: en mi nombre, hágase tal o cual cosa. Si coincido con la mayoría de los depositantes, celebraré mi acierto, pero si no coincido, también celebraré el resultado porque sé que el sistema se ha regido por leyes y reglamentos establecidos democráticamente, que por su propia naturaleza ese sistema aceptará que yo exprese, siempre dentro de la Ley, mis discrepancias o mis propuesta y que esa mayoría que hoy no coincide con mis propuestas puede, en los siguientes procesos electorales, coincidir conmigo.
Así lo hemos hecho decenas y decenas de veces los ciudadanos de toda España, incluyendo por supuesto a los de Cataluña, desde hace 40 años y si los enemigos de este sistema no consiguen destruirlo, así seguiremos haciéndolo muchos años más. No es ocasión ahora de matizar los errores , engaños y otros problemas que el sistema pueda tener porque justamente el sistema democrático permite plantear su solución sin cambiar de sistema: es decir, para combatir las insuficiencias o errores en la práctica de la democracia no es necesario, ni posible, destruir la democracia porque esa destrucción, ese nuevo sistema, tendría, como nos demuestra la historia, mayores insuficiencias y errores.
Si todo lo anterior ha quedado claro, será fácil rebatir la crítica que se me hizo en Facebook y que creo está resumida en la primera cita que encabeza este escrito. Esa gente «con solo un papel» lleva un papel que es toda una declaración de sedición: lo que dice esa papeleta ilegal, para un referéndum ilegal dentro de un proceso donde se han desarrollado todas las ilegalidades, lo que dice ese «papel» es: Hágase un golpe de Estado, para más escarnio utilizando una parte del Estado, con recursos del Estado y con absoluto desprecio a los ciudadanos de ese Estado, sobre todo a los ciudadanos catalanes que se oponen al golpe… Así de claro lo vio el Tribunal Constitucional, que prohibió el referéndum; los jueces del Tribunal Superior de Cataluña, que ordenaron a los mozos de escuadra desalojar y precintar locales públicos; los organismos internacionales… y, sobre todo, los catalanes que, aunque amedrentados, han tenido el valor de oponerse al golpe.
Y hay una segunda parte de este argumento. Se habrán producido errores de algún policía o guardia civil, lo cual será castigado por sus respectivos reglamentos, aunque la tensión a que han estado sometidos (órdenes dificilísimas de cumplir y acoso permanente, de día y de noche, por los activistas de la CUP) explicaría de sobra esos errores. Pero lo que no tiene discusión es que esa gente «con solo un papel» fue paciente y reiteradamente advertida de que estaba participando en un acto ilegal, en un delito, de que los jueces habían dado órdenes de impedir la votación y que si volvían a su casa con ese papel no tendrían ninguna represión. Pero esa gente estaba decidida a colaborar en el golpe de Estado y «con solo un papel» (y debió ser con algo más, porque algunos policías resultaron golpeados y derribados, algunos coches maltratados, etc.) se enfrentó a las fuerzas democráticas de orden público decidida a culminar el golpe. Cuantos se escandalizan por la violencia deberían reconocer que la mayor violencia la ejerce el que incumple las leyes y cuando los jueces y policías intentan impedirlo los insulta y los ataca. No podemos caer en la trampa de considerar que un ciudadano, de cualquier condición, que intenta cometer un delito (y, en este caso, un gravísimo delito de secesión y sedición) es un ciudadano pacífico.
En conclusión, y ya entro en la segunda cita que encabeza este escrito, la «represión» es legal y legítima y hay que apoyarla porque está hecha por el Estado que, en todo régimen democrático, es el único que puede ejercer la violencia para evitar delitos y garantizar los derechos de todos (y por eso proporciona pistolas a sus policías) y se ha ejercido no contra «ciudadanos indefensos delante de una urna» sino contra personas que, saltándose todas las leyes constitucionales y los mandamiento concretos de jueces y policías, querían llenar una urna fraudulenta de apoyos al golpe de Estado. Y fueran el número que fueran (que tampoco, según los propios datos manipulados de la Generalidad, fueron suficientes) hay que decir alto y claro que no tienen ningún derecho a decidir por todos los españoles lo que hacemos con España.
Naturalmente la responsabilidad de la «gente con solo un papel» pero que colabora de forma decidida en un golpe de Estado no puede tener la misma responsabilidad que los «jefecillos» de la Generalidad,
que lo encabezan y desarrollan hasta sus últimas consecuencias, y que han estado intoxicando y alentando con mentiras quiméricas (¿y con beneficios económicos en algún caso?) a esa gente tras la que se escudan para seguir intentando su fechoría mientras no se les inhabilite y encarcele. Por ello a los «pacíficos ciudadanos» simplemente se invita primero (y se les obliga si no acatan la orden) a retirarse y a los que han organizado el golpe hay que detenerlos y juzgarlos con todo el rigor de la Ley.

Para concluir, un afirmación triste, una pregunta directa y una propuesta sincera a mis allegados.
Todo lo dicho hasta aquí no pretende exonerar al Gobierno, dirigido por Rajoy, de sus gravísimos errores. Aunque es necesario hacer un análisis completo
(y descartando la idea conspiranoica de que ha habido complicidad tácita o explícita con los separatistas para propiciar una reforma constitucional que la ciudadanía se vea obligada a aceptar) se podría resumir en que el Gobierno no ha tenido le necesaria comprensión del fenómeno nacionalista, ni el obligado respeto por la población maltratada por los nacionalistas; que ha estado más preocupado por el «qué decir» que ocupado en el «qué hacer»; que ha actuado de forma lenta y torpe; que ha perdido la batalla de imagen, de la comunicación, de la opinión pública dentro y fuera de España; que ha tenido miedo de enfrentarse directamente con los jefes golpistas y aplicar sin titubeos el artículo de la Constitución que los neutraliza: en suma, que no ha tenido ni estrategia ni táctica y ha dejado pasar las mejores oportunidades. Pero tampoco se puede olvidar que el otro gran partido de ámbito nacional (el PSOE de Pedro Sánchez) tiene parecida ignorancia que el PP sobre el nacionalismo e igual desprecio por la gente y juega permanentemente a la equidistancia, sin otra estrategia que volver al poder por cualquier medio.
La pregunta.
En esta situación, ¿tiramos la toalla y aceptamos cualquier cosa que parezca una solución, «para evitar más enfrentamientos y violencias», incluyendo la rendición del Gobierno (del actual o el que formaría Pedro Sánchez con el apoyo, explícito o tácito, de populistas y nacionalistas) y la pérdida de la soberanía y la unidad nacional o luchamos con todas todas nuestras fuerzas hasta derrotar a los golpistas y restaurar el poder del Estado en Cataluña?
La proposición. ¡No hay que resignarse, hay que defender con orgullo la soberanía y la unidad nacional! Y si no nos resignamos, tenemos mucha tarea por delante: cada uno con sus fuerzas (que son más grandes de lo que pensamos) y en su ámbito (que siempre se podrá ampliar), con paciencia pero con determinación; buscando siempre identificar bien cuál es la contradicción principal, quién es el enemigo y quién puede ser amigo; renunciando a resolver todo de golpe. La pelea está planteada entre quienes han hecho del odio y el desprecio a España su objetivo, de quienes proponen suprimir la soberanía nacional y poner en almoneda su unidad, por un lado, y los que, con mayor o menor acierto y determinación, se oponen a ello y defienden la soberanía y la unidad nacional. No caigamos en la trampa que tienden los demagogos podemitas, que pretenden que la solución está en formar un frente de socialistas, nacionalistas y ellos contra el PP hasta expulsarlos de los instituciones, porque eso sería pasar de Málaga a Malagón, debilitar aún más al Estado y poner en peligro la nación misma. Se trata, pues, de presionar a PP y PSOE para posibilitar el entendimiento entre ambos y con Ciudadanos (y hay muchos medios para hacerlo), escuchar y leer a los intelectuales y periodistas antinacionalistas y divulgar todas las acciones patrióticas; denunciar las «equidistancias» entre golpistas y constitucionalistas y reforzar y explicar en nuestro entorno, una y mil veces, nuestros argumentos… ¡Podemos, debemos defender a España si queremos vivir en un país de ciudadanos libres e iguales!

Bandera nacional

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Recuento

0(Para mis amigos catalanes con los que coincidí
ayer en la concentración patriótica de Cibeles
y que mostraron interés por este blog.)

Me propongo hacer un recuento de las principales entradas en mi blog donde, en todo el texto o dentro de algún párrafo significativo, he ido desarrollando mis argumentos sobre la situación en Cataluña, sobre el proceso de «desafección», sobre la reclamación del «derecho a decidir», sobre actos de la Generalidad de Cataluña de claro desacato y desobediencia y, últimamente, sobre el intento de golpe de Estado.
Golpe de Estado que se está intentando mientras escribo estas líneas, según informan diversos medios que escucho y según muchos testimonios que recojo en las redes sociales.
Pondré aquí los enlaces correspondientes a esas entradas que he seleccionado precedidos, en cada caso, de una breve frase resumiendo mi argumento.


24-07-2014. «un ambiente que desde hace 30 años persigue generar una tribu exclusiva y excluyente y que desde hace tres reclama machaconamente el derecho a la secesión.»
http://librosyabrazos.es/2014/07/24/las-ramblas-de-barcelona-verano-de-2014/
31-07-2014. «cualquier juez justo, insisto, considerará plenamente legítimo que esa parte secesionista se encuentre con una total prohibición de hacerlo, incluyendo para ello si fuera necesario, la fuerza.»
26-11-2014. «desde hace décadas, la mayoría de las instituciones autonómicas y municipales de Cataluña, muchos empresarios y organizaciones, la mayoría de los medios de comunicación, una creciente nómina de “intelectuales” (muy especialmente, la mayoría de los docentes), se dedican sistemáticamente a desarrollar victimismos, falsear gravemente la historia, adoctrinar a los niños y jóvenes en el odio a lo español, a inventar agravios (“Espanya ens roba”), a despreciar la bandera y los demás símbolos nacionales, a destruir el bilingüismo natural y enriquecedor, menospreciando el idioma común de todos los españoles… y, consecuentemente con todo ello, mantener un desacato permanente a las leyes y las sentencias de los tribunales, legítima y legalmente establecidos, un desafío permanente al Estado, una chulería insultante, disfrazada de “derechos democráticos” y “clamores populares”.»
25-12-2014. «[El Rey] reivindica la plena legitimidad y vigencia de la Constitución, «nuestra unidad histórica y política», sin ninguna concesión retórica a quienes hablan de empezar de nuevo, de iniciar un proceso constituyente»
23-09-2015. «La alternativa para superar la situación a la que nos ha llevado el secesionismo, para superar esa “revolución cínica”, ese proceso de golpe de estado, en el que trabajan (desde instituciones y con recursos del propio Estado, aunque tal absurdo parecería imposible) no se plantea, al menos hasta ahora, como una batalla entre pistoleros y fuerzas de seguridad, sino entre unas instituciones (Generalitat, ayuntamientos independentistas, centros de enseñanza, medios de comunicación, “expertos en independentismo”, etc.) que hacen alarde de deslealtad, burla de leyes y sentencias, desprecio de la Constitución y de los símbolos nacionales, todo ello apoyado en una manipulación de masas que ha sido justamente comparada con la política de Mussolini o Hitler…»
07-12-2015. «Este Rufián, y otros muchos “Rufianes” que participan en tertulias de radios y televisiones donde se muestran especialmente provocadores, salen del “procés” de independencia de Cataluña que se ha convertido en el primer problema de la España, que se nutre de y condiciona los otros y que, si no se resuelve adecuadamente, lo seguirá haciendo, seguirá carcomiendo toda la vida nacional durante años y años.»
30-12-2015. «Bueno es que el Jefe de ese Estado, con lenguaje y gesto comedidos, pero de una forma inequívoca y concreta, recuerde a todos que “vivimos tiempos en los que es más necesario que nunca reconocernos en todo lo que nos une. Es necesario poner en valor lo que hemos construido juntos a lo largo de los años con muchos y grandes sacrificios, también con generosidad y enorme entrega. Es necesario ensalzar todo lo que somos, lo que nos hace ser y sentirnos españoles”.»
19-08-2016. «[…] mientras la gestión de la Res pública se deteriora y, sobre todo, mientras el más grave problema que tiene nuestro país, desde el comienzo de la Transición, el «proceso» de golpe de Estado desde las propias instituciones del Estado en Cataluña y empleando desvergonzadamente los recursos públicos, avanza en medio de una exhibición de chulería de los golpistas y, frente a ello, una respuesta pusilánime de “apaciguamiento”, de renuncia a los poderes del Estado (que son mucho mayores que los de los golpistas).»
01-09-2016. «Buen orador y con arrogancia calculada, mezclando hábilmente argumentos demagógicos con groseras mentiras, combinando amenazas con cumplidos y haciendo implícito desprecio del asunto que se debate en esta sesión, [Joan Tardá] anuncia que el golpe de estado (que él naturalmente, enmascara con las frases de «mandato del pueblo», «proceso democrático», etc.) se producirá en los próximos meses independientemente de lo que haga o diga el Congreso o las distintas instituciones del Estado, incluyendo el Tribunal Constitucional.»
05-09-2016. «Es terrible tener que decir esto pero es lo que traen consigo décadas de mala política, de maniqueísmo, de corrupción en todos los órdenes, de una mentalidad generalizada de que todos tenemos muchos derechos y pocos deberes…»
09-05-2017. «El mayor crimen del PP en esa situación no sería, pues, haber detraído cantidades escandalosas de los caudales públicos para su beneficio sino haber aceptado que los separatistas hicieran otro tanto, en cantidades económicas y con consecuencias políticas infinitamente más grandes e, incluso (y en ese terreno con la sucia complicidad del PSOE y otras fuerzas de la izquierda), haber financiado, por activa o por pasiva, el proceso secesionista.»
26-08-2017. «De forma que, en conclusión, esta tragedia y esta farsa no deben ocultarnos la gran tragedia que hay detrás de ellas: la utilización, por parte de las instituciones desleales catalanes, de cualquier acontecimiento –positivo o luctuoso, deportivo o cultural…– para afianzar el separatismo y debilitar al Estado, la manipulación criminal para enfrentar a una parte de la población contra la otra en interés espurio de una burocracia corrompida, el desafío permanente a la Ley y a la Constitución y la promoción internacional de este desafío…» 
03-09-2017. «La solución, pues, debe venir no por una reforma constitucional que contente (insisto solo sería temporalmente) a los que luchan contra el orden democrático que nos hemos dado entre todos y para todos –sacrificando una vez más a la población que se siente plenamente española en Cataluña, cada día más acosada y maltratada– sino castigándolos con toda la fuerza del Estado.» 
29-09-2017. «En conclusión, el Estado tiene toda la razón y toda la fuerza, toda la legitimidad, para parar el golpe de Estado. Naturalmente, si el Gobierno se decide de una vez a cumplir con su deber, a pesar de los riesgos que se pueden correr: está claro que el mayor riesgo en estos casos es el de la cobardía, la indolencia, la indecisión.
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5 asertos contra los golpistas catalanes (y los equidistantes y «dialogantes» que los ayudan)

gobierno catalán

1. El «dret a decidir», el «procés», el «referéndum d’autodeterminació» y todas las acciones que se hacen en su nombre no son a favor de la población catalana sino a favor de una élite, conformada y dirigida por Jordi Pujol y su familia, que ha venido robando a esa población de forma «legal» (mediante sueldos desmesurados y otros privilegios y prebendas) y de forma mafiosa (comisiones del 4%, subvenciones ilegítimas a organizaciones separatistas, etc.).

2. Todo el proceso, dirigido de forma desleal por la Generalidad de Cataluña (que es la máxima representación del Estado en esa comunidad autónoma), es profundamente antidemocrático, enfrentando de forma grosera a la población, despreciando a, por lo menos, la mitad de la ciudadanía catalana y saltándose arbitrariamente todas las leyes del Estado, incluidas las de la la propia Generalidad cuando les ha hecho falta.

3. El proceso es muy costoso y de muy difícil amortización, no solo en términos económicos, al haber dedicado sumas cuantiosas a promocionar y financiar la secesión (en perjuicio de servicios sociales básicos y de la seguridad que tienen trasferidos) sino también y sobre todo en términos de convivencia social y familiar.

4. La acciones de la Policía Nacional y la Guardia Civil (siguiendo escrupulosamente órdenes de los jueces) no se han realizado sobre pacíficos ciudadanos que quieren ejercer algún derecho, sino sobre personas que están participando en un delito y que se resisten y enfrentan a la autoridad policial, legítima y competente. Si hay lesiones solo es responsabilidad de los rebeldes, y sobre todo, de los jefecillos que los han incitado a la sedición.

5. El reproche que hay que hacer al Gobierno de España no puede ser, en absoluto, no haber negociado o dialogado sino justamente todo lo contrario: haberse enzarzado en estúpidas discusiones con la Generalidad y sus voceros en el Parlamento o en los medios (mientras seguía financiando la sedición) en vez de cumplir y hacer cumplir la Constitución (que es su juramento y su obligación) y, en concreto, no haber aplicado el art. 155 cuando se anuncia el golpe de Estado y no haber detenido a los golpistas cuando lo inician.

Juntos

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Octubre 2017

Domingo 1 de octubre de 2017
Todo el día pendiente de Cataluña.

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Análisis DAFO: el Estado en Cataluña

Espornceda,_20Hay abundante documentación en Internet sobre DAFO y si alguien quiere ver cómo lo utilizo yo puede consultar la entrada que cito al final de este texto.
En mi opinión, el Estado en Cataluña tiene serias debilidades y graves amenazas que si no son neutralizadas pueden crear una crisis sin precedentes en varias generaciones en nuestro país, pero, también, fortalezas que, bien utilizadas, pueden ser muy eficientes y oportunidades que, bien aprovechadas, pueden invertir totalmente la situación y cerrar un periodo de décadas durante el cual la vida social y política en esa región de España se ha deteriorado hasta límites impensables. Por supuesto, un análisis completo de la crisis de Cataluña exige estudiar a fondo las causas que nos han traído hasta aquí, señalar responsabilidades, etc. Pero se trata, ahora, de hacer, con la metodología DAFO, un análisis concreto de una situación concreta. He aquí mi resumen:

Debilidades.– La mayor debilidad es que el Estado ha renunciado a ejercer sus funciones desde hace décadas y muy especialmente a partir del apoyo del Gobierno Zapatero al Estatuto de Mas y Maragalli y, por tanto, ha dejado que el separatismo haya ido ocupando todos los espacios y todas las instituciones, por procedimientos legales o ilegales, y ejerciendo una presión terrible sobre cuantos se oponían a sus políticas de educación, de comunicación, etc. De esta forma se ha creado una situación de facto donde los ciudadanos que no se declaran antiespañoles no pueden ejercer derechos que les garantiza la Constitución y las demás leyes nacionales y los que sí lo hacen obtienen beneficios importantes: subvenciones para todo tipo de chiringuitos separatistas, sueldos muy superiores y otros privilegios a los funcionarios leales al «procés»… Se da el caso vergonzoso de que, según la Constitución y el Estatuto de autonomía, la Generalidad de Cataluña es la máxima representación del Estado allí y, por tanto, la que debería garantizar los derechos civiles de todos los ciudadanos, para lo cual dispone de un presupuesto muy elevado, pero dedica gran parte de sus recursos justamente a la propaganda interna o externa del separatismo, a la agitación y manipulación de sus masas y a la persecución de los ciudadanos que no se declaran independentistas, abandonando en gran medidas los servicios sociales a toda la población. Y para alimentar todo ello, la Generalidad hace alarde de desacato y desobediencia permanente ante el Tribunal Constitucional, la Fiscalía General del Estado, los propios tribunales de Cataluña (mientras proyecta una imagen falseada de víctimas de un Estado opresor que les niega sus derechos, les roba y les reprime dictatorialmente) y sostiene que no aceptará otra legalidad que la que emana de los acuerdos del parlamento catalán, controlado por ella (mientras azuza a las masas de sus seguidores a ocupar la calle, acosar a la Policía Nacional y a la Guardia Civil e incluso okupar edificios públicos) y que hará un referéndum de autodeterminación, a pesar de todas las prohibiciones, el 1 de octubre y una posterior declaración de independencia. Una situación revolucionaria, como ya advertí hace dos años, de extrema violencia y que, claramente, no puede resolverse con «paños calientes».
En esa situación, nos encontramos con un Gobierno nacional muy débil, que ha jugado a políticas de apaciguamiento y a atender prácticamente todas las demandas económicas de la Generalidad (la deuda de esta comunidad asciende a 70.000 millones de euros), y a ir denunciando ante el Tribunal Constitucional los crecientes ilegalidades y desobediencias pero evitando aplicar cualquier medida de las que le ofrece la Constitución. Hasta hace pocos días, que ha enviado fuerzas de la Guardia Civil y de la Policía Nacional y puesto (con insuficiente rotundidad) a los mossos d’escuadra bajo un mando único. Nos encontramos también, y esto es una de las grandes debilidades del Estado en Cataluña, con un Partido Socialista dirigido por un líder al que califiqué en su día (y sigo calificando) de «arribista incompetente» y que aunque se ha visto obligado a declarar su apoyo al Gobierno contra la secesión, pone tantos matices y condiciones, y se sitúa tan equidistante que, al final no hay ninguna seguridad de que sea una ayuda real. Más grave aún, aunque menos sorprendente, es la actitud de Unidos Podemos que se dedica con entusiasmo a apoyar el derecho de los secesionistas a hacer lo que quieran mientras dificultan la labor del Gobierno con filibusterismo en el Congreso y con movimientos tumultuarios en la calle.
Mención especial merece la actitud de la mayoría los docentes dedicados a alimentar el odio a España, el secesionismo en todos los niveles y centros y la de la iglesia católica en Cataluña que, con la tolerancia del Vaticano y la equidistancia de la Conferencia Episcopal Española, agitan desde los púlpitos (salvo honrosas excepciones) y con declaraciones institucionales a las masas.
Causa y efecto importante de la debilidad del Estado es, sin duda, la gran parte de la población en toda España que, por efecto de una educación nefasta durante toda la Transición (donde se ha permitido ocultar o falsear la historia de nuestro país y se ha menospreciado cualquier sentimiento o actitud patrióticos), por intereses espurios, por ignorancia manipulada o por lo que sea, se muestra tibia y equidistante. Y muy especialmente, centenares, miles de periodistas, profesores, sacerdotes y otras profesiones que influyen en la opinión pública que o bien han apoyado el «derecho a decidir», firmando incluso manifiestos vergonzosos, o bien evitan cualquier compromiso público aunque en privado no tengan más remedio que reconocer la barbaridad que se está desarrollando en Cataluña. Tampoco es de menor importancia el apoyo que la Generalidad ha obtenido (manejando, legal o ilegalmente, mucho dinero público en subvenciones y licitaciones) de muchos empresarios y no solo en Cataluña.
Como resumen de todo ello, la parte secesionista se siente impune, se muestra arrogante entre sus seguidores y frente al Estado (aunque sigue utilizando cínicamente el victimismo, y, por supuesto todos los medios y recursos de esteii) y ha acumulado una amplia experiencia de lo que ellos mismos llaman «estructuras de Estado» y frente a ello, el Gobierno habla más que hace (cuando debería ser todo lo contrario una vez que hemos llegado a un escenario de golpe de Estado) y no se zafa de los grilletes de la «proporcionalidad», la «prudencia» y la «oportunidad», tres conceptos que unos y otros repiten mientras los sediciosos van ganando posiciones cada día.

Amenazas.– A muy corto plazo, la principal amenaza que yo veo es que, por la chulería de los sediciosos y la pusilanimidad del Gobierno combinadas, de una parte se produzcan enfrentamientos entre los mossos d’escuadra y los policías y guardias civiles, y de otra, los miles de activistas que se sienten revolucionarios y que llevan meses ensayando el golpe de Estado, provoquen enfrentamientos con las fuerzas de orden público, la situación se desborde y se pierda el control y, en el barullo, algún aventurero más audaz se decida a proclamar la quimérica república catalana y el Gobierno no se atreva a responder con toda la fuerza del Estado, legítima y necesaria. Esta omisión del Gobierno sería un caso de alta traición, una tragedia de tal magnitud que da vértigo imaginarla… porque, por supuesto, a ese acto de secesión seguiría un proceso de nuevos intentos en todo el país. Por cierto, hay que decir que esa proclamación se hizo en varias ocasiones hace varias generaciones, la última el 6 de octubre de 1934 por el presidente Companys, que fue abortada en pocas horas.
A corto plazo, es decir, en las semanas o meses en que se puede tardar en estabilizar la situación, la principal amenaza es que el Gobierno, superado el golpe pero no la crisis, intente contentar a separatistas y socialistas, con nuevas y sustanciales concesiones a los separatistas (que se extenderían posiblemente también a los separatistas vascos) y, de esa forma, los separatistas queden fortalecidos y mantengan el desafío al Estado durante muchos meses… o acumulen fuerzas para replantearla en un plazo muy corto.

Fortalezas.– Aunque parezca de perogrullo, la principal fortaleza que tiene el Estado en Cataluña es que toda la razón está de su parte. Los argumentos que esgrimen los separatistas sean jurídicos, históricos, económicos, sociológicos o de cualquier otra índole son falsos y no superan ninguna prueba científica. Lo único que se puede aceptar (porque, siguiendo el conocido método del nazi Gobbels, «una mentira repetida mil veces se convierte en una verdad») es que una parte muy considerable de la población catalana (incluyendo no pocos «charnegos»iii que, erróneamente, han visto así su oportunidad de dejar de ser ciudadanos de segunda claseiv) odia o desprecia a España: según las estadísticas y sondeos se puede decir que cerca de la mitad de la población desean o aceptan la quimera de la separación. Pero eso no les concede otro derecho que el de proponer un cambio en la Constitución (que es la que les viene permitiendo gozar de todos los derechos y beneficios civiles inherentes a su nacionalidad española) para establecer leyes que permitan despedazar el país. Jamás, mientras tanto, por mucho odio que tengan a España, podrán hacer legal una secesión.v
Toda la razón, reconocida por todos los organismos internacionales, UE, ONU, etc. y por todos los estados, excepto alguno de régimen tan peculiar como la República Bolivariana de Venezuela. Pero también y como fortaleza decisiva, el Estado tiene toda la fuerza necesaria para derrotar a los secesionistas: la Constitución y las leyes, todo el Poder Judicial, todas las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado (FCSE) y, no tengamos ningún rubor en decirlo, el Ejercito, que tiene mandamiento constitucional (Art. 8.1) de defender la soberanía nacionalvi. Dato también importante a tener en cuenta es que el Rey es el Jefe de las Fuerzas Armadas y parece haber demostrado suficiente preparación y capacidad desde que asumió la Jefatura del Estado para tomar decisiones oportunas en situaciones extremas. El Gobierno tiene capacidad plena (y el deber ineludible, visto a dónde se ha llegado) para aplicar el Art. 155 que, como han explicado muchos constitucionalistas, es deliberadamente genérico pero no ambiguo ni confusovii y cualquier otro artículo de la Constitución que le permite reprimir contundentemente lo que sin la menor duda es un acto de sedición, un golpe de Estado.
Me he referido antes a la debilidad inherente a una población, una ciudadanía demasiado acomodaticia, poco politizada (aunque muy manipulada por los medios y políticos demagógicos, que sustituyen la Política por el politiqueo), una ciudadanía acostumbrada a vivir en «La ciudad alegre y confiada»viii. Sin embargo es claro que no toda la población vive confiada o abúlica y que no hay que perder nuestra confianza en que, en los momentos decisivos, el pueblo español, la gente normal de nuestro país, tiene instinto, abnegación e ingenio para superar las más duras tragedias. Así será también en esta: en los últimos días, y concretamente en los dos que he dedicado a este escrito, son innumerables, en todos los lugares de España, las muestras de resistencia al golpe de la población, de apoyo sentimental pero también físico a las FCSE, de orgullo nacional, con banderas en los balcones (yo mismo me he sumado, por primera vez, a esa práctica tan sana y estimulante), con comentarios lúcidos en los medios de comunicación, con apoyo público a las manifestaciones patrióticas (también yo lo he manifestado en las redes sociales en las que participo). Muchos medios, tanto tiempo «equidistantes», como los muy influyentes La Vanguardia o El País (sobre todo este último) aguzan ahora su ingenio y van reconduciendo la opinión de sus lectores. Algo parecido se produce en muchos empresarios de ámbito catalán o nacional, que se desmarcan del «Procés» para evitar que se alejen sus clientes.
Se podría argumentar que el Gobierno y su aliado claro en esta situación, Ciudadanos, están en minoría en el Congreso de los diputados y que los chalaneos de la oposición socialista y la actitud traidora y deslealix de los diputados separatistas (vascos, catalanes) y los diputados populistas (Unidos Podemos y sus confusas «convergencias») hacen muy difícil aplicar con rigor las leyes antigolpistas en Cataluña. ¡Totalmente falso! La dificultad estriba en los complejos y complicidades del Partido Popular, el terror a perder a la opinión pública. Pero complejos y complicidades pueden superarse y a la opinión solo se la pierde cuando se titubea o se defienden posturas incomprensibles. El Congreso de los Diputados jamás sancionará un golpe de Estado, una secesión: no se atreverán los (separatistas y populistas) que ahora hacen todo tipo de bravuconadas… pero si se atrevieran a hacerlo no cabe la menor duda de que el Tribunal Constitucional (que ha venido poniendo fuera de la ley todas las maniobras secesionistas de los últimos meses) anularía también una resolución que sería de facto una modificación sustancial de la Carta Magna para lo que el Congreso no tiene capacidad ningunax.
En conclusión, el Estado tiene toda la razón y toda la fuerza, toda la legitimidad, para parar el golpe de Estado. Naturalmente, si el Gobierno se decide de una vez a cumplir con su deber, a pesar de los riesgos que se pueden correr: está claro que el mayor riesgo en estos casos es el de la cobardía, la indolencia, la indecisión.

Oportunidades.– La primera gran oportunidad es que se puede restaurar la presencia y la potencia, es decir el poder, del Estado y, sobre todo, su autoridad en una parte tan importante de la Nación (y consiguientemente en todo el territorio nacional) si no se cae en el error de buscar una solución pactada, con falsos diálogos sin vencedores ni vencidos», como dicen ahora los que temen perder la guerra sucia que han declarado y que desde luego no aceptarían si ellos la fueran ganandoxi) y fórmulas «terceristas» como la del PSOE. Se puede y se debe hacer porque los secesionistas han ido tan lejos que la verdadera disyuntiva es si triunfan o si son derrotados rotundamente. Y hay que enfatizar que restaurar la autoridad del Estado en Cataluña y, subsiguientemente, en todo el territorio nacional significa que todos y cada uno tenemos derecho a proponer una enmienda a la totalidad de nuestra Constitución, una liquidación de siglos de historia, pero cualquiera que lo haga fuera de la Ley debe ser reprimido con la mayor dureza posible, como debe hacerse con los peores delincuentes.
Se acabó, pues, con el espectáculo bochornoso de que desde despachos oficiales se organicen pitadas al Jefe del Estado, destrucción de símbolos nacionales, imágenes y palabras ofensivas contra España y sus ciudadanos… y lo que es más grave que todo ello, se acose a la población que se niega a perder su nacionalidad española. Cualquier cargo público que cometa esos (gravísimos) delitos debe ser cuando menos destituido y cuanto más, encarcelado. Se conseguirá así que lo que hoy es acoso chulesco a quienes defienden sus derechos, su lengua, su españolidad, se torne en prudencia y respeto.
Consecuencia de todo lo anterior será una revalorización de la marca España (que no solo debe servir para vender mejor bienes y servicios y ofrecer turismo) y fortalecerá el prestigio de nuestro Estado en la Unión Europea y demás organismos internacionales.
Otra gran oportunidad que se nos plantea es la de aprovechar las valiosas enseñanzas que nos dio el cambio de régimen, los importantes logros que se consiguieron con la Constitución; es decir, se recuperaría un relato (como se dice ahora) positivo, donde la Transición, negada y despreciada por separatistas y populistas, saldría claramente fortalecida y cumpliría su papel de enseñar a las nuevas generaciones cómo evitar graves errores que cometimos en el pasado.
Relacionado con lo anterior se nos presenta la oportunidad de desenmascarar profundamente el populismo que florece a partir de los aventureros que usurpan y pervierten el espíritu más noble del 15-M, montando el siniestro Podemos y con la ayuda posterior de la entrega de Izquierda Unida para muñir una nueva fuerza política (UP) que contiene en su conjunto lo peor de cada una de sus partesxii.
Es posible que de todo lo anterior se beneficiaría el Partido Popular y Ciudadanos mientras que, si no modifica su política errática, o lo hiciera a última hora, saldría debilitado el PSOE. Pero eso no nos debe preocupar a los que nos sentimos de izquierda (salvo a los que denomino de la «izquierda boba» que se limitan al maniqueísmo más peligroso y a creerse cualquier quimera que les ofrezcan sus jefes). Pero ello no debe considerarse malo. El beneficio del PP sería merecido porque vendría como consecuencia de haber cumplido con su deber y, por otra parte, no lo exoneraría de abordar sus problemas de corrupción y de renovación; y el retroceso del PSOE sería un estímulo para corregir de una vez la tremenda confusión que tiene en la llamada «cuestión territorial», su estúpida ignorancia de la historia de España y de su realidad sociológica y, en poco tiempo, le permitiría recuperar gran parte de los votos perdidos en todos estos años del liderazgo de Zapatero y de Sánchez.
Pero lo más
importante quizá si se aprovecha la oportunidad real que hay de derrotar rotundamente a esa minoría peligrosa –que ha medrado con el negocio del odio a la Nación, el desprecio de sus instituciones, el desafío permanente al Estado– es que la ciudadanía en general, la gente del común, rescatará dos valores que vienen de lejos pero se revalorizaron con el cambio de régimen político: por un lado, recuperar el interés por nuestra historia, por la historia de España como nación, para comprender que es mucho más rica y positiva de lo que nos enseñó la Dictadura pero muchísimo más rica y positiva aún de lo que durante la Transición han querido enseñarnos los partidarios de volver a las taifas, los que quieren enfrentar diversidad a unidad (cuando su coexistencia es lo que nos ha hecho más fuertes), los que que han utilizado la Memoria histórica para exhumar rencores y azuzar enfrentamientos; por otro lado, recuperar el orgullo de nuestraDKwDJm6W0AA5JuZ conciencia nacional, que estuvo manipulado por la Dictadura pero que ha sido mucho mucho peor tratado (negado y escarnecido) por las fuerzas nacionalistas y populistas del actual régimen (salvo, quizá en el intento de golpe de 23-Fxiii). Ambas cosas nos darán seguridad a los ciudadanos y permitirán/obligarán a trabajar mejor a los políticos. 

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iMaragall, Presidente de la Generalidad de Cataluña, dijo tras la entrada en vigor del nuevo Estatuto: «El Estado tiene un carácter meramente residual gracias al nuevo Estatut.»

iiNada de «echarse al monte», esta es una revolución de burócratas con moqueta y coche oficial.

iiiNombre despectivo que aplicaba la burguesía catalana a los siempre útiles inmigrantes andaluces, extremeños, murcianos, etc., que ahora aceptan coloquialmente todos.

ivPersonaje simbólico de ello el pobre José Montilla, charnego socialista que llegó, por carambola, a Presidente de la Generalidad, que nunca fue admitido en la elite separatista a pesar de haber iniciado o, al menos, dar un fuerte impulso al «Procés», promoviendo desde la Generalidad una gigantesca manifestación de desacato al Tribunal Constitucional, que había modificado, muy poco, el nuevo Estatuto de Autonomía refrendado por solo un 33% de los catalanes.

vHay que decir, siempre que surja la ocasión, que este proceso secesionista del separatismo catalán no es mayoritario, no es democrático, no es progresista, no es legítimo ni legal: es una aventura que comienza con la gran corrupción del rufián Jordi Pujol y toda su familia delincuente y que se va fortaleciendo con las comisiones del 4% y todo tipo de corruptelas y que culmina en la gran corrupción de utilizar las instituciones y recursos del Estado democrático para socavarlo e intentar destruirlo. Cataluña nunca tuvo Estado, nunca tuvo condición de colonia que le diera legitimidad para reclamar ningún derecho de autodeterminación y nunca ha tenido tanta autonomía, tanto autogobierno, ¡ni tantos privilegios!, como de los que disfruta ahora.

vi«Las Fuerzas Armadas, constituidas por el Ejército de Tierra, la Armada y el Ejército del Aire, tienen como misión garantizar la soberanía e independencia de España, defender su integridad territorial y el ordenamiento constitucional».

vii«1. Si una Comunidad Autónoma no cumpliere las obligaciones que la Constitución u otras leyes le impongan, o actuare de forma que atente gravemente al interés general de España, el Gobierno, previo requerimiento al Presidente de la Comunidad Autónoma y, en el caso de no ser atendido, con la aprobación por mayoría absoluta del Senado, podrá adoptar las medidas necesarias para obligar a aquélla al cumplimiento forzoso de dichas obligaciones o para la protección del mencionado interés general. 2. Para la ejecución de las medidas previstas en el apartado anterior, el Gobierno podrá dar instrucciones a todas las autoridades de las Comunidades Autónomas.»

viiiRecomiendo a mis amigos la lectura atenta de la obra homónima de nuestro Nobel Jacinto Benavente, segunda parte de su famosa Los intereses creados y tan esclarecedora y actual como ella.

ixNo debemos nunca olvidar que todos ellos han jurado la Constitución y son representantes de todo el pueblo español.

xArt. 2. «La Constitución se fundamenta en la indisoluble unidad de la Nación española, patria común e indivisible de todos los españoles, y reconoce y garantiza el derecho a la autonomía de las nacionalidades y regiones que la integran y la solidaridad entre todas ellas.»

xiNo olvidemos que el objetivo mínimo de los golpistas es obtener nuevos beneficios y privilegios… pero el objetivo máximo (que han tenido que asumir forzados por su propio proceso) es establecer una república independiente que significaría el principio de la destrucción de toda España. Y, por supuesto, fórmulas intermedias como el «Estado libre asociado» y otras estupideces que planteó en su día el separatismo vasco, son igual de quiméricas y de dañinas.

xiiVéase, por ejemplo, la última denuncia del que fuera Coordinador General de IU, el catalán Francisco Frutos, que asegura rotundamente que el «procés» que apoya con entusiasmo UP es una auténtica traición a los trabajadores.

xiiiMerecería la pena hacer una análisis pormenorizado de aquel intento de golpe de 1981 con este, mucho más peligroso, de 1-O de 2017 y las diferencias de comportamiento de la clase política, los medios de comunicación y la población en general.

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Lorelai Alberta Moşneguţu

¡Un gran abrazo, hermosa Lorelai! Me sumo a la admiración y el entusiasmo que has despertado en cuantos han visto tu proeza artística y, sobre todo, humana. Un gran abrazo con todas mis fuerzas, con todo mi corazón… pero pequeño, ínfimo, en comparación al que recibo de ti en la distancia. Tu abrazo inmenso, el que tú, sin brazos, eres capaz de dar a la humanidad entera, con tu potente y bella voz, tus pies acariciando el teclado del piano, tu cuerpo pequeño pero grandioso después de haber vencido terribles circunstancias y gravísimas amenazas, tu canto animándonos a que veamos la grandeza de las estrellas…
Sí, hermosa Lorelai, todos los sueños fueron hechos para ti, porque tú sabes (y tu querida mama Vio, que te recogió cuando fuiste abandonada al nacer) que eres luz. Una luz de voluntad y esperanza, de resistencia y superación… Una luz tan necesaria en un mundo lleno de sombras aunque, a pesar de ello, abierto a todos los horizontes.

 

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«Y resultando que no, debe condenársele.»

300px-Los_intereses_creados Como casi siempre, la «carta del director» de Pedro J. Ramírez en El Español de hoy (http://www.elespanol.com/opinion/carta-del-director/20170902/243925607_20.html) –con una dura crítica al «procés» y a cuantos, por activa o por pasiva, lo ha facilitado– es muy interesante. Pero me ha parecido que tiene una conclusión final totalmente equivocada. Sigue leyendo

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Nika

2017-08-29_1406¡Qué suerte haberte conocido, preciosa e inteligente Nika! ¡Qué satisfacción ver con qué placer jugabas con Yema, dos seres jóvenes, llenos de curiosidad y alegría, con un bullicio contagioso! ¡Curiosidad y alegría! Dos valores que nos regaláis los niños, los recién llegados a este complejo mundo a los mayores, a los que ya nos vence, en gran medida, la fatiga y la melancolía…
Qué admirable tu trato con tu abuela, con tanto respeto como cariño. Qué estimulante ver con qué amor hablas de la mare y de toda tu familia. Una familia compleja y con algunos conflictos, como son en nuestro tiempo (y en todos, si lo pensamos bien) tantas familias, pero donde tú encuentras el ambiente necesario, las imprescindibles energías para crecer sana y animosa, linda y juiciosa, cariñosa y alegre.
Tienes la fortuna de vivir en una tierra y una sociedad no exenta de tensiones y problemas pero hermosa y rica, diversa y culta, con una historia enraizada en la milenaria historia hispánica, con dos lenguas hermosas… Todo ello, sin duda, te permitirá comprender la vida cuando te vayas haciendo mayor y puedas aportar tu trabajo y tus conocimientos para mejorar un poco el mundo que te ha tocado vivir.
Quiero ser tu amigo, inteligente y bella Nika. Quiero seguir recibiendo de ti esos dones que derrochas de alegría y curiosidad… A cambio te ofrezco cualquier cosa de mí que pueda serte útil, mis mejores deseos para tus horizontes y una lluvia de besos y flores.

pétalos

 

 

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Septiembre 2017

JM300817

Viernes 1 de septiembre de 2017
La foto está tomada el lunes pasado en el Restaurante Kekesily en El Ferial de Parla, donde comimos Ana, Nika (a la que he dedicado uno de los «Nombres propios») y yo.
Un personaje de Atrapados, Max Ophüls, EE.UU., 1949 –un criado de confianza del millonario que forma el trío dramático de la obra– dice a la esposa: «Las mujeres no saben nunca lo que quieren.» y ella responde: «Dales tiempo y lo descubrirán.»
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