Elecciones 2019 (VI)

Comienza la XIII Legislatura de las Cortes Españolas
(Una crónica personal)

Después de ver por televisión la ceremonia de toma de posesión de
los 350 diputados y los 266 senadores, comentar con amigos
los incidentes que se produjeron y leer diversos análisis y
comentarios de los medios de prensa audiovisuales
y muchos comentarios en las redes sociales.

Cuando en febrero de 1970 regresé a Madrid (después de casi 4 años en la cárcel, donde había tenido dos buenas bibliotecas que se quedaron en Soria y en Segovia pero pocos periódicos y revistas), venía con mucha hambre de información periodística. Mi madre tenía preparado un baúl entero de periódicos (atrasados naturalmente) que ojeé con avidez, y empecé entonces una colección de recortes que nunca he logrado sistematizar.(1)
Pero fruto de esa hambre de lecturas periodísticas fue una búsqueda frenética de todo tipo de revistas políticas, sobre todo del exterior, que no recuerdo bien cómo me agencié pero que me llegaban de distintos lugares de Europa, sobre todo del mundo soviético.
En una de ellas (creo que checoslovaca o polaca) una viñeta, sin palabras, que se me grabó para siempre en la memoria: en el formato que luego utilizó en muchas ocasiones El Roto con el nombre genérico de «Fotomatón» (un cuadrado dividido a su vez en cuatro cuadrados por dos perpendiculares que se cruzan y que se leen de arriba a abajo y de izquierda a derecha). En aquellos dibujos sin palabras el autor, del que no recuerdo su nombre (¿un disidente con coraje, que lanzaba su arriesgada denuncia al mundo entero?) resumía el problema fundamental de la lucha por la liberación de los oprimidos:
Primer dibujo: un grupo de obreros con su indumentaria característica, en actitud reivindicativa y dirigidos por su líder, que golpea la puerta de una mansión, sin duda, la del patrón; segundo: el patrón, vestido lujosamente, abre la puerta y le invita a pasar al líder; tercero: el líder y el patrón departen amistosamente en un sofá; cuarto: el líder sale de la casa e increpa a los obreros ordenándoles volver al trabajo. ¡Genial!
Ese problema fundamental lo aborda, de manera más compleja, Émile Zola en su quizá la mejor novela, y desde luego una de las mejores novelas del realismo/naturalismo, Germinal, con un final abierto a la esperanza… pero preñado de incertidumbres: Etienne Lantier se va del poblado minero de Montsou (donde había llegado en búsqueda desesperada de trabajo pocos meses antes y donde ha participado en una huelga, reprimida salvajemente con muertos, heridos y graves pérdidas) hacia la capital, probablemente a ser un burócrata de la lucha sindical.
Más cerca de nosotros, Eduardo Mendoza (La ciudad de los prodigios) nos ofrece la figura de un pícaro moderno y degradado, Onofre Bouvila, que, desde un origen desgraciado, comienza su carrera repartiendo panfletos anarquistas, pero enseguida descubre que su vocación es ser jefe de matones y delincuentes extraídos de las clases menesterosas y al servicio de los potentados corruptos.
Pero quien de verdad aborda con más inteligencia (y amor por los trabajadores) ese problema fundamental de la lucha contra «la explotación del hombre por el hombre» es José María Arguedas en su novela Todas las sangres(2). En esa obra los indígenas y los cholos peruanos, encabezados por Randón Wilka (un excomunista devenido líder honesto y abnegado), encarnan la auténtica lucha de los trabajadores contra los abusos de los poderosos, la lucha por la dignidad humana, la lucha liberadora, sin victimismos ni demagogias, tan necesaria a los de arriba como a los de abajo. Tan necesaria para quienes obtienen sus ingresos desde la economía privada como para los que lo hacen a través de coches y despachos oficiales (públicos); tan esencial para los que participan en la sociedad con solo su trabajo como para los que la dirigen.

Me pregunto: ¿Cuántos de esos senadores y diputados, sobre todo los que han basado su carrera en la proclamación de su amor por los desposeídos, por la gente de abajo, son como el capataz del «fotomatón»; cuántos se parecen al protagonista de Germinal (esperanzas e incertidumbres) y cuántos asumirían (en contexto bien diferente pero relacionado) el papel de Randón Wilka?
¿Hay algún Onofre Bouvila? ¿Muchos?…

(1) Quizá como le pasó a otro editor, don Alfonso Mangada (Paraninfo), del que me enteré (cuando le hicimos uno de los primeros homenajes Liber) de que acumulaba ingentes montones de periódicos en su buhardilla.
(2) Menos conocida y menos comercial que Los ríos profundos pero mucho más necesaria. Tengo pendiente una crítica profunda de esta obra fundamental.
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Elecciones 2019 (V)

Resultados 28-A

El gráfico que reproduzco, aunque pendiente de los ajustes definitivos (por ejemplo, la suma de participación y abstención no coincide con el total del censo oficial) y si algunas noticias que circulan por la Red sobre posibles impugnaciones quedan en meros bulos, ya nos permite comparar los resultados de estas elecciones con las de hace tres años y sacar algunas conclusiones.
Mis conclusiones hasta el momento (y teniendo en cuenta que el asunto merece un análisis mucho más profundo) las resumo en tres afirmaciones, tres llamadas de atención y tres citas.

Afirmaciones:
1. Me reafirmo en lo que dije hace once días (y en septiembre de 2016) aquí de que la pugna no se podía reducir a izquierda o derecha sino entre dos bloques que vienen definidos por la actitud frente al secesionismo: el bloque de la moción de censura está compuesto por los que se declaran abiertamente secesionistas y los que mantienen la necesidad del «diálogo» con ellos y el bloque que mantienen que la solución es restituir con todas las consecuencias la presencia del Estado en todo el territorio nacional.
2. Aunque se puede decir, y con toda razón, que hay matices, diferencias y hasta ciertos antagonismos dentro de cada bloque, lo cierto es que se puede afirmar que el primer bloque ha ganado claramente y el segundo ha perdido… aunque algunos intenten salirse de esa derrota o interpretarla en una clave sesgada. Pero no olvidemos que en una dictadura consolidada, las victorias y las derrotas son por muchos años y aplastantes pero en democracia hay una mayor capacidad de corrección o reversión… sobre todo si se analizan bien las causas y las consecuencias de esas victorias y esas derrotas. En consecuencia con lo anterior las próximas elecciones locales y europeas ofrecen una buena oportunidad para contrarrestar ese triunfo de los secesionistas, sus amigos (y los equidistantes).
3. No parece justo que, con la actual ley electoral, un diputado le «cueste» a los separatistas, de media, 67.702 votos y a un partido de ámbito nacional (Vox), 111.549.

Llamadas de atención:
1. Atención a Madrid. En nuestra comunidad los votos de Podemos y PSOE suman 794.132 y los de «las tres derechas», 971.165.
2. Atención al «relato». Es mucho más eficaz el relato (lo que antes llamábamos la agit-prop) de secesionistas e izquierdas que el de «las tres derechas». Y estoy convencido de que no es (solo) cuestión de mentir más o menos. La cuestión es mucho más compleja y quien esté interesado en asumir sus responsabilidades como ciudadano deberá evitar prejuicios y estereotipos al abordarla.
3. Atención a Pedro Sánchez. Hace tres años lo califiqué de «arribista incompetente» pero me equivocaba: de incompetente, nada; ha demostrado ser, para conseguir y mantener el Poder, el más competente de los cinco líderes que compiten en estos últimos años.

Citas:
1. «El código moral del fin del milenio no condena la injusticia, sino el fracaso.» (Eduardo Galeano)
2. «Cada fracaso le enseña al hombre algo que necesitaba aprender.» (Charles Dickens)
3. «Tan gloriosa es una bella retirada como una gallarda acometida.» (Baltasar Gracián)

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Andrés Torrejón y Simón Hernández

Buena fecha hoy para releer (y repensar, manteniendo las distancias) el famoso bando de los alcaldes de Móstoles, tal día como hoy de 1808.

Señores justicias de los pueblos a quienes se presentare este oficio, de mí el alcalde ordinario de la villa de Móstoles.
Es notorio que los franceses apostados en las cercanías de Madrid, y dentro de la Corte, han tomado la ofensa sobre este pueblo capital y las tropas españolas; por manera que en Madrid está corriendo a estas horas mucha sangre. Somos españoles y es necesario que muramos por el rey y por la patria, armándonos contra unos pérfidos que, so color de amistad y alianza, nos quieren imponer un pesado yugo, después de haberse apoderado de la augusta persona del rey. Procedan vuestras mercedes, pues, a tomar las más activas providencias para escarmentar tal perfidia, acudiendo al socorro de Madrid y demás pueblos, y alistándonos, pues no hay fuerza que prevalezca contra quien es leal y valiente, como los españoles lo son.
Dios guarde a vuestras mercedes muchos años.
Mostoles, dos de mayo de mil ochocientos y ocho.

Andrés Torrejón
Simón Hernández

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Mayo de 2019

Miércoles 1 de mayo de 2019
Día del Trabajo con mucho trabajo… doméstico. Aunque por fin he terminado mi cuadro resumen con los resultados provisionales (he detectado varios desajustes) y algunas cifras que merecen tenerse en cuenta (y no solo de cara al 26-M). Por ejemplo, en Madrid, el bloque partidario de «dialogar» con los separatistas suma 794.132 votos y el bloque partidario de enfrentarse a ellos, 971.165.   Sigue leyendo

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Elecciones 2019 (IV)

 

 

 

 

Habla, pueblo, habla

 

Habla, pueblo, habla,
Tuyo es el mañana.
Habla y no permitas
Que roben tu palabra.
Habla, pueblo, habla.
Habla sin temor,
No dejes que nadie
Apague tu voz.
Habla, pueblo, habla,
Este es el momento
No escuches a quien diga
Que guardes silencio.
Habla, pueblo, habla,
Habla, pueblo, sí,
No dejes que nadie
Decida por ti.
(Jarcha, 1977)

¡Sí, por favor, habla, pueblo, habla… hablemos! Habla sin miedo y sin complejos, sin sumisión al nefasto lenguaje «políticamente correcto», sin estereotipos ni prejuicios, sin mentiras: Al pan, pan y al vino, vino. Y hagamos todos, un sincero esfuerzo por entender lo que dices: es un mensaje nada simple, lo sé, pero puede entenderse. Yo quiero entenderlo.
Por ejemplo, en 1977, creo que el pueblo decía que había que reconciliarse entre unos y otros, combinar intereses e ideales, cerrar una etapa, ¡sin despreciarla!, y avanzar lo mejor que se pudiera: ¡la Transición!, otra nueva gesta de España (aunque entonces muchos que, no habíamos superado del todo el dogmatismo, no lo viéramos tan claro), que causó admiración en el mundo.
Más cercano en el tiempo, por ejemplo, en 2011, el pueblo, la gente, dijo: Probemos, a ver si es verdad que dándole mayoría absoluta a la derecha, puede corregir las graves fechorías que ha perpetrado el siniestro («bobo solemne») Zapatero… Y todo parece indicar que la gente no se equivocaba: se equivocó el cobarde y mediocre («funcionario indolente») Rajoy, que no solo no corrigió aquellas fechorías sino que las incrementó (ahí, siempre en mi modesta opinión, mi maestro Gustavo Bueno falló al analizar las capacidades del líder del PP y me hizo equivocarme a mí).
Por eso, la gente, en 2015, vino a decir: NO al epígono de Zapatero y NO al hombre que ha derrochado el poder que le entregó el pueblo; dimitan ambos y que sus formaciones políticas se decidan a realizar con honradez la «gran coalición», paren el peligrosísimo «procés» y regeneren sus degradados partidos… Así lo entendieron muchos políticos de la derecha y de la izquierda (recuérdese que el PSOE echó a patadas a Sánchez y muchos dirigentes del PP reconocían en privado la cobardía y mediocridad de Rajoy). Pero no fueron capaces y el pueblo se vio obligado a elegir de nuevo lo menos malo y mandar un mensaje de nueva oportunidad… Nueva oportunidad perdida porque el «procés», devenido ya en abierto golpe de Estado, se siguió tolerando… ¡y financiando!, dejando a media Cataluña sin derechos y a toda la ciudadanía española, desconcertada; y, por supuesto, sin resolver el otro gran problema del país, la corrupción.
Por todo ello (y pese al valiente paso al frente del Jefe del Estado el 3 de octubre de 2017 y la gigantesca movilización ciudadana de cinco días después) pudo hacerse un 155 falso que, en el fondo, revitalizó a los golpistas. Por todo ello, se produjo la oportunista y cínica moción de censura de 1 de junio de 2018: Sánchez, encabezando un bloque de izquierdas y separatistas, con la etiqueta de convocar elecciones lo antes posible, erradicar la corrupción, desarrollar un diálogo fructífero con «Cataluña» y mucha justicia social… tras de la cual solo había ambición personal y sostenimiento del «procés».
Pero el pueblo (en este caso los inteligentes andaluces) aprovechó las elecciones regionales de diciembre de ese año para hablar y proponer una nueva fórmula: apartemos a la izquierda y demos a la derecha la posibilidad de demostrar que se puede mejorar una gestión basada en el clientelismo y el sometimiento a los nacionalismos disolventes…
¡Pero hay tres derechas! ¡Pues que discutan y se pongan de acuerdo!… Pero discutieron con más oportunismo que rigor intelectual y muy poco respeto por las formas y así, cuando los sorprendió la convocatoria de elecciones, habían desperdiciado una nueva oportunidad y salieron corriendo a buscar, cada uno por su lado, clientes (electores), en medio de broncas y mentiras o medias verdades que, muy posiblemente, favorezcan, sobre todo al bloque (Sánchez, líderes podemitas enriquecidos y separatistas de diferente grado) partidario de mantener el «procés», con el que interactúan. (Por supuesto, no se debe hacer un grosero reparto uniforme de responsabilidades ni olvidar que la lucha política no favorece demasiado el rigor intelectual o moral… pero para el objetivo que se persigue en este escrito no es necesario, creo, mayor precisión.)
Ahí estamos. En una situación compleja y, sobre todo, incierta… ¡Habla, pueblo, habla!

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Elecciones 2019 (III)

El «procés» y el «síndrome de la rana hervida»

Wikipedia nos informa de que el «procés» empezó en el 2012, pero quizá se pudiera hablar de un «pre-procés» que tiene sus raíces en la derrota de los austracistas en el 1714 y las grandes posibilidades de «negoci» que ello abría (quizá por eso el catalanismo, moderado o no, celebra aquella fecha como la más importante de su historia, porque ahí se inicia el gran negocio del victimismo). Victimismo que ha servido de cínico instrumento para presionar permanentemente al Estado.
Y ya en nuestros días, quizá fuera más acertado decir que el proceso actual comienza cuando Pujol asume el poder, a finales de marzo de 1980. Tarradellas, hombre inteligente y honrado, ya lo anunció en su entrevista con el periodista Julio Merino el 19 de enero de ese año: «Conociendo al personaje, yo lo tengo claro. Luchará y pactará hasta con el diablo para ser president, porque ahí espera tener su mejor escudo. Mire, amigo mío, este hombre en cuanto estalle el escándalo de su banco [Banca Catalana] se liará la estelada a su cuerpo y se hará víctima del centralismo de Madrid… Ya lo estoy viendo: “Catalans, España nos roba… No nos dan ni la mitad de lo que nosotros les damos y además pisotean nuestra lengua… Catalans, ¡Visca Catalunya!”. Sí, esa será su política en cuanto llegue a la Presidencia, el victimismo y el nacionalismo a ultranza. ¡Dios, así empezó Companys! Y luego, un año después, cuando la profecía se había cumplido, La Vanguardia publica una carta, bien razonada, del expresidente, donde la acusación sobre la felonía de Pujol es explícita: «En conjunto, puede creerlo, todo me produce tristeza y una honda inquietud de cara al futuro. Aunque no me extraña demasiado lo que ahora está ocurriendo, era previsible, porque durante estos últimos diez meses todo ha sido bien orquestado para llegar a la ruptura de la política de unidad, de paz y de hermandad aceptada por todos los ciudadanos de Cataluña. El resultado es que, desgraciadamente, hoy podemos afirmar que, debido a determinadas propagandas tendenciosas y al espíritu engañador que también late en ellas, volvemos a encontrarnos en una situación que me hace recordar otras actitudes deplorables del pasado.»
(http://hemeroteca.lavanguardia.com/preview/1981/04/16/pagina-10/32926422/pdf.html
En ese contexto de victimismo permanente (donde los Pujoles han desplazado siempre a los Tarradellas) el separatismo catalán ha aplicado, con oscilante eficacia, el «síndrome de la rana hervida»2. Metemos a la rana en una cazuela con agua templada (0,02 grados celsius= 32,036 grados fahrenheit) ) y vamos subiendo la temperatura a la que la víctima se va acoplando. Hay que hacerlo con cuidado, porque si se sube la temperatura abruptamente el animal se defiende y rechaza el tratamiento… y hay que volver al principio, tras la obligada pausa: así, por ejemplo, en 1842 (sublevación contra la Regencia de Espartero) o en 1934 (proclamación del Estat Català).
Cuando Pujol se apropia de la Generalitat se crean, concienzudamente, las condiciones (inmersión lingüística, menosprecio a la bandera española, «Cataluña es una nación», etc.) para poner de nuevo la cazuela y meter a la víctima (la población española) en ella. De forma que cuando en el 2006, con el nuevo Estatuto (amañado entre Maragall y Zapatero y luego utilizado por Montilla contra el Constitucional) puede atizarse el fuego y subir considerablemente la temperatura del agua. Así hasta septiembre y octubre de 1917, donde los nuevos líderes del «procés» (los que vemos y los que no vemos), aunque no cuentan ni siquiera con la mitad de la población de Cataluña para declarar unilateralmente la independencia, creen llegado el momento de intentar, una vez más y esta con muchas posibilidades de éxito, que el agua hierva y que la rana no sea capaz de defenderse. «Leyes de desconexión» (impuestas de forma totalitaria en el Parlamento de Cataluña), referéndum ilegal (que se había ensayado en noviembre de 2014) y declaración unilateral de la república catalana…
Craso error. España se pone en marcha otra vez y salta de la cazuela: heroica acción de la Policía Nacional y la Guardia Civil el 1-O (a pesar de las órdenes entorpecedoras que reciben del Gobierno de España y la hostilidad violenta de los separatistas), discurso inapelable del Jefe del Estado, el 3 de octubre, exigiendo la vuelta a la legalidad, manifestación gigantesca en Barcelona el 8-O… El gobierno de Mariano Rajoy (con el apoyo de PSOE y Ciudadanos) no tiene más remedio que aplicar el art. 155 de la Constitución… La rebelión ha sido frustrada.
¿Seguro que ha sido frustrada? Porque la intervención de la autonomía por el Gobierno Central se limita a suspender temporalmente el Parlamento regional, las consejerías de la Generalidad y las respectivas presidencias pero deja intacto todo el aparato de agit-prop (Òmnium Cultural y Asamblea Nacional Catalana y, sobre todo, TV3, la televisión que venía dedicando el 90% de su programación a organizar y promocionar el golpe) y, sobre todo, establece unas elecciones a dos meses vista que, en ese contexto, tienen que resultar un reforzamiento del separatismo.
¿Traición (por soborno o chantaje), cobardía para enfrentarse a una verdadera intervención de la autonomía, pura estupidez? Lo cierto es que la cazuela permanece intacta y el mango lo tiene el secesionismo.
¿Qué hacer? Hay claramente dos estrategias enfrentadas: a) la de seguir contemporizando, buscando arreglos mediante el «diálogo», al menos hasta que, cómo dijo hace unos días el Secretario General de PSC, el porcentaje de partidarios de la independencia llegue al 65% de la población y no haya más remedio que buscar una solución pactada sobre la secesión; b) defensa firme de la Constitución para acabar radicalmente con el experimento: no hay cazuela, no hay agua templada en proceso de ebullición y no hay rehén que meter en la cazuela.
Hasta ahora parece que prevalece la primera estrategia pero el día 28, si acertamos en las urnas, se puede imponer la segunda.

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1 Se produce aquí una aplicación grotesca de la famosa parábola del hijo pródigo: amenazo con irme de casa para dilapidar la herencia paterna y obtengo grandes beneficios en perjuicio del hermano que se ha quedado a defender e incrementar el patrimonio.
2 Véase el vídeo al final de este artículo.

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Elecciones 2019 (II)

Lo que nos jugamos

Los máximos representantes de los gobiernos de España y de Cataluña, en plano de igualdad, en Pedralbes, 21-12-2018.

Si tuviera que elegir en estas elecciones de 2019, tanto en el ámbito nacional (el 28-A) como en el local y europeo (26-M) entre izquierda y derecha –derruido UPyD y sin ningún partido de izquierda que me parezca solvente– me abstendría o votaría en blanco… y si el dilema fuera entre trayectorias y programas políticos sobre economía, pensiones, migraciones, etc., también.
Dentro de los cinco partidos de nivel nacional, los dos que llevan años instalados (PP y PSOE) ya me han demostrado que, al final y en la práctica, cuanto más ruido hacen sobre sus divergencias y antagonismos más encuentran la fórmula para, despreciando sus principios y sus promesas, hacer la política que aconsejen las encuestas, los poderes fácticos y sus intereses de partido. Y los tres que han llegado hace pocos años a la pugna política o son directamente despreciables, como Podemos (mera demagogia, o sea, mediocridad intelectual y aventurerismo) o son oscilantes, como Ciudadanos (se puede cambiar de la socialdemocracia al liberalismo y se pueden establecer alianzas a un lado o a otro sin suficiente explicación) o presentan sesgos que podrían derivar en cierto integrismo y un nacionalismo desmesurado (Vox).(i)
Pero lo que nos jugamos en estas elecciones es mucho más serio. Nos jugamos que el «procés» continúe y se fortalezca, que se siga debilitando al Estado y se consolide la política de constantes cesiones a los separatistas (cada día más envalentonados en Cataluña, expandiéndose por Valencia y Baleares, siempre presionando en el País Vasco y siempre al acecho en Galicia) y, por ello, engordando sus ya desmesurados privilegios en detrimento de los ciudadanos que mantienen su lealtad a España y perjudicando seriamente a las demás regiones. En suma: más separatismo y menos Estado o fortalecimiento del Estado y derrota del separatismo; o, en otras palabras: identidades totalitarias, sectas y bandas disolventes o una sociedad, diversa pero unida, de personas libres e iguales.
Recientemente el filósofo Fernando Savater, muy activo en la defensa constitucional de la Nación y el Estado, dijo en Rentería –después de zafarse del acoso de los separatistas– que teníamos tres tipos de Partidos en España: «Están los constitucionales, por un lado, los partidos “mediopensionistas” que son constitucionales cuando les viene bien e inconstitucionales cuando no les viene tan bien. Y están los partidos claramente inconstitucionales [y, por eso] dentro de los constitucionales debemos apoyarnos los unos a los otros y fomentar la unión». No especificó el profesor el nombre de cada uno de los integrantes de cada grupo pero parece que no queda más remedio que considerar «mediopensionistas» al actual PSOE y a Podemos y, consecuentemente (porque sabemos por experiencia que los «mediopensionistas», no se enfrentarán a los inconstitucionales), estudiar a cuál de los otros tres partidos (aunque no nos ofrezcan plena confianza y mientras sigan declarándose antagónicos con el separatismo), Ciudadanos, PP y Vox, entregamos el voto… al tiempo que le pedimos que busque el apoyo mutuo con los otros dos y fomente la unión (que no tiene que ser forzosamente orgánica sino sobre dos o tres principios fundamentales, entre ellos el de una auténtica regeneración de la Política).
Esto podría escandalizar a alguna persona de izquierdas aferrado a banderas y eslóganes… pero ya hace años un hombre tan admirado en la izquierda como Julio Anguita había dicho (en una conferencia en Coín, Málaga): «Pido que midáis a los políticos por lo que hacen y aunque sean de la extrema derecha, si los otros son unos ladrones, votad al de la extrema derecha […] ¡Votad al honrado, al ladrón no lo votéis aunque tenga la hoz y el martillo!»
Vencido, pues, el escollo del miedo a la derecha (y si hemos comprendido bien que se trata de elegir entre defensa coherente de la Constitución y su progresiva destrucción), busquemos al más honrado de los constitucionales. Difícil tarea porque, desgraciadamente, nuestra clase política en general no es muy honrada y nos obliga a la máxima vigilancia(ii)… y por otra parte, ya no da tiempo a exigir (siguiendo la sugerencia de Savater) a nuestros políticos constitucionalistas que demuestren su patriotismo con una programa de mínimos común y unas candidaturas conjuntas donde el sistema d’Hont castigue la fragmentación. Tampoco se puede trocear el voto, lo que sería estupendo para enseñarles a establecer dos o tres principios patrióticos donde no hubiera discusión y que las divergencias fueran de segundo grado (lo que los obligaría a especificar más y mentir menos).
Estudiemos, pues, a cada una de «las tres derechas», su programa y su campaña electoral (seleccionando bien entre la abundante información que recibimos a todas horas e intentando detectar las muchas mentiras que hay en ella) y, sobre todo, su trayectoria real («Por sus obras los conoceréis.») y entreguemos nuestro voto con la satisfacción de haber decidido de acuerdo con nuestros sentimientos pero también con nuestra razón.

Manifestación de ‘las tres derechas’ en la Plaza de Colón, Madrid, 09-02-2019

(i) Otra cuestión importante para analizar en los cinco partidos es la del liderazgo, pero eso será objetivo de otro artículo.
(ii) Los socialistas vizcaínos de principios del siglo XX afirmaban que había que elegir, para manejar los recurso de la UGT, al más honrado de todos los militantes… pero luego vigilarlo como si fuera el más ladrón.
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Elecciones 2019 (I)

La astilla y la piedra

La astilla es la de Annabelle Lee, la preciosa novia de El maquinista de La General (Buster Keaton y Clyde Bruckman, EE UU, 1926) que, en una situación crítica en la que hay que quemar toda la madera que hay en el tren para seguir manteniendo activa la caldera de la locomotora, ante el estupor del héroe (Johnny Gray), le ofrece con orgullo una astillita que ha encontrado en el suelo para alimentar la caldera. La piedra es la que Gelsomina, la inolvidable heroína de La Strada (Federico Fellini, Italia, 1954), le muestra al bruto Zampanó para hacerle comprender que incluso el más modesto canto del camino nos ayuda a mirar humanamente al entero universo.
Quien haya visto estas películas se habrá dado cuenta de que ambas son escenas (la primera en clave de humor –del maravilloso humor de Buster Keaton– y la segunda en clave de tragedia –la tragedia tierna de Fellini–) que nos invitan a reflexionar sobre la condición humana, sobre las grandezas y miserias de nuestra sociedad. Lo pequeño, lo mínimo, puede parecer insignificante pero siempre tiene un valor, material y simbólico.
Algo así es nuestro voto: una astillita aparentemente insignificante frente al colosal montón de madera que necesitamos para mantener la máquina en marcha pero, tan necesaria y estimulante como todo ese montón; o una piedra, que si la despreciamos no nos sirve para nada pero si sabemos mirarla, relacionarla con todo lo creado, nos ayuda a comprender el todo y, dentro de ello, nuestra propia sociedad, la sociedad en la que ejercemos nuestro democrático derecho al voto.
Tomemos pues esa astillita, ese canto, y sintámonos capaces de aportar algo a la energía que mueve la máquina (el Estado) y de comprender todo lo que nos rodea…
…Pero, quizá, es mejor invertir el orden: tomemos primero la piedra: intentemos comprender nuestro entorno, el más cercano y el más alejado, y, cuando hayamos alcanzado esa comprensión, tomemos la astilla, nuestra mejor astilla, y ayudemos a que la maquinaria del Estado, en el colosal convoy de nuestro país, avance.

Post scriptum. Permítaseme añadir un comentario sobre las acciones de Anabelle y Gelsomina como respuesta a la posible pregunta ¿De verdad sirve para algo echar una pequeña astilla a la caldera de una locomotora, merece la pena intentar explicarle a un ser primario y brutal que todo en el Universo está relacionado? ¡Sí, merece la pena! Anabelle, además de mostrar su apoyo al héroe, aprenderá a aportar más y mejor madera; Gelsomina, sacrificada desde niña pero vencedora del rencor y la estulticia, dejará una semilla fecunda en el alma de su verdugo… Por cierto, Zampanó acaba intentado comprender algo del mundo en el que le ha tocado vivir y Johnny culmina su hazaña, llevando el tren a su destino.

 

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Patriotismo (uno de los 20 valores esenciales de Ediciones de la Torre)

Desde sus comienzos, Ediciones de la Torre –nacida al socaire del cambio de régimen en 1975 (pedimos los entonces obligados permisos para editar en el año 1975, en vida todavía de Franco, pero no nos los dieron hasta principios del año 1976)– hizo gala de una independencia política frente a todos los partidos que entonces proliferaban y que se iban definiendo poco a poco, aunque nos situamos en el campo del progresismo, de la izquierda.i
En ese contexto, cuando hicimos la lista de los valores que defendía la editorial para incluirlos en nuestros catálogos (destacamos 19, definiendo sucintamente cada uno), no pusimos el de patriotismo porque entendíamos que era un sentimiento todavía difuso y que la instrumentalización que había hecho el anterior régimen de la nación, la patria, sus símbolos, etc., obligaba a, o al menos aconsejaba, evitar un pronunciamiento nacionalista, desde luego, pero también, por extensión, patriótico.
A la vista de cómo ha evolucionado la política española en esta segunda parte de la Transición, parece claro que nuestra posición era equivocada y que no nos disculpa el triste hecho de que la gran mayoría de la izquierda española siga teniendo un sentimiento difuso hacia su patria (e incluso siga alimentando las quimeras de nuevas patrias inventadas). En efecto, las fuerzas centrífugas han aumentado su potencia, las fuerzas centrípetas se han dejado acorralar o marginar y buena parte de la ciudadanía, de la gente del común, no reacciona ante el evidente peligro para el Estado y para la Nación que esas fuerzas centrífugas, separatistas y hasta antiespañolas representan… En este contexto, parece necesario y oportuno corregir nuestro error de omisión y destacar en nuestra lista de valores fundamentales el del patriotismo.
El amor a la patria, a la nación, es un sentimiento esencial, que tiene una parte de idealismo y de simbolismo pero que tiene también una gran dosis de pragmatismo, racionalidad y de defensa de los intereses legítimos. La nación, hoy por hoy, es el marco más sólido de la vida en sociedad, donde la ciudadanía adquiere todos sus derechos y comprende sus deberes, donde (sobre todo en un régimen democrático) cada ciudadano ejerce esos derechos y los contrasta con los de los otros ciudadanos. Por encima de la nación, las instituciones supranacionales, necesarias y generalmente positivas, no pueden garantizar el control de los ciudadanos; por debajo de la nación, es decir, las instituciones regionales o locales, nuestros derechos están forzosamente circunscritos al ámbito de la política local. En consecuencia, la soberanía –de donde nacen todos los derechos positivos y las leyes que los garantizan– solo puede ejercerse a nivel nacional y por el conjunto de todo el pueblo.
Sin duda hay que hacer una distinción entre nacionalismo y patriotismo. El nacionalismo –sobre todo cuando es manipulado por intereses criminales– puede entrañar un espíritu de supremacía, de sobrevaloración del país propio y de desprecio hacia los ajenos. Justamente por ello se ha dicho con razón que, en Europa y en muchas partes del mundo, el nacionalismo ha sido causa (aunque hay que reconocer que también efecto) de guerras espantosas. Por el contrario, el patriotismo, el amor a la patria, no impide, sino bien al contrario, el respeto por los demás países y sus ciudadanías.
Expresemos pues ese amor a la patria, declarémoslo de forma inequívoca y acorde con toda nuestra trayectoria. Y también de acuerdo con nuestra trayectoria, ayudémonos de los grandes poetas para reforzar algunos de nuestros argumentosii.

La patria como territorio:
Oh España, tierra eres. Tierra sólo,
pero en tu cálida insondable entraña
el sol corre por dentro y te ilumina,
y te arrebata.
(Carlos Bousoño: «Oda a España» – p. 40)

La madre patria:
Abrazado a tu cuerpo como el tronco a su tierra,
con todas las raíces y todos los corajes,
¿quién me separará, me arrancará de ti,
madre?
(Miguel Hernández: «Madre España» – p. 28)

Patria y libertad:
Escribo la palabra libertad,
la extiendo
sobre la piel dormida de mi patria.
(José Manuel Caballero Bonald: «Blanco de España» – p. 52)

Patria escuela:
Solo las patrias son la gran escuela
del ideal de la hermandad humana,
(Miguel de Unamuno: «Al dios de España» – p.28)

La patria como pasión:
Con los ojos cerrados,
con los puños cerrados, con la boca
cerrada, España, canto tu belleza.
Y con la pluma ardiendo y con la pluma
loca de amor rabioso canto y firmo.
(Ángela Figuera Aymerich: «Canto rabioso de amor a España en su belleza»)

Y dejemos fijada la definición del valor que incorporamos hoy, con todos los honores y todas las consecuencias, a la lista de Ediciones de la Torre:

«El buen amor, sin vanidad ni supremacismo, por el territorio nacional y su paisaje, por su diversidad y su unidad, por su ciudadanía y su historia, por su dignidad y su libertad.»

i En el periódico El País de aquella época hay un artículo firmado por José Luis López Aranguren que destaca, entre las nuevas editoriales, el carácter independiente de la nuestra.
ii Todas las citas de los poemas están tomadas de Antología poética del Paisaje de España (coordinada por Cayo González Gutiérrez y Manuel Suárez González), excepto el de Figuera Aymerich que se omitió en la primera edición de 2001 pero que será incluido en la segunda (en prensa).
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Abril de 2019

Lunes 1 de abril de 2019
80 años del final de la guerra civil española. Era lícito para media España (más o menos) no aceptar esa conclusión hace 80 años. Hoy es claramente ilícito y gravemente inmoral no hacerlo (aunque muchos viven muy bien a costa de esa ilicitud y esa inmoralidad).Ha muerto Rafael Sánchez Ferlosio (hijo de uno de los principales ideólogos de la Falange pero militante antifranquista), que nos deslumbró a mediados del siglo pasado con su Jarama y su Alfanhui. También recuerdo otro libro que me impresionó: Vendrán más años malos y nos harán más ciegos. DEP.
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