Septiembre y octubre (II)

Convocantes_9-S

El domingo 9 de septiembre viajé a Barcelona para participar en la manifestación convocada por el empresario José Manuel Opazo y 46 organizaciones civiles, que recorrió el Paralelo hasta la Plaza de España y culminó en la avenida de la Reina María Cristina con parlamentos, claros y comedidos, de los organizadores.
Por cierto, Opazo había pedido que los ocupantes del bus que viajó desde Madrid toda la noche le llevásemos una bandera de nuestra Comunidad firmada por todos. Me tocó coordinar ese (merecido) obsequio y se lo entregué en mano con mucho gusto por ambos.
No presencié el conato de incidente que se produjo porque algunos separatistas intentaron reventar nuestra manifestación pero sí pude presenciar algún insulto desde algún balcón separatista… aunque también cómo un par de familias desde sus respectivos balcones agitaban la bandera nacional para animarnos. Por supuesto, en las fachadas del Paralelo ganaban por goleada las banderas y lazos separatistas, por lo que tiene mucho más mérito esas seis banderas nacionales que conté a lo largo del recorrido.
Como siempre, guerra intencionada de cifras de asistentes y dificultad para acercarse a la más objetiva: ¿50.000?
Ayer también había manifestación en Barcelona, convocada por Hablamos Español, una plataforma que nació como Galicia Bilingüe y que ha extendido su lucha a toda España… aunque hay que decir que con demasiado esfuerzo (a mí me ha costado mucho completar un pliego de 50 firmas que entregaban a las primeras personas que firmamos para que buscásemos más solicitantes de una ILP con una petición tan respetuosa y elemental como que el español tenga igualdad de trato, en las comunidades autónomas con dos lenguas oficiales). No pude asistir en persona y he seguido desde Madrid cómo se desarrolló: he visto la provocación montada por los CDR que, ilegalmente y con la solapada ayuda de los mossos, han ocupado la plaza de Sant Jaume para impedir violentamente que concluyese allí la manifestación de Hablamos Español con las intervenciones convenidas en una plataforma montada al efecto. Por supuesto, los organizadores habían obtenido previamente las autorizaciones pertinentes.
Cada vez se hace más necesaria la participación, en una u otra forma, en estas movilizaciones, pero, sobre todo, necesitamos reflexionar para entender y calificar bien la situación. Yo creo que al analizar la situación actual en Cataluña tenemos que partir de tres hechos cada vez más evidentes: 1. El “procés” ha estado siempre tolerado y financiado por el Gobierno español: 2. El “procés”, por sus objetivos y sus medios, evoluciona en un sentido claramente fascista (racismo, xenofobia y agit-prop violenta); 3. Por las causas que espero se descubrirán algún día (cobardía enfermiza, alta corrupción económica, sumisión a poderes fácticos, internos o externos, antiespañoles…) el Gobierno español, el de antes y el de ahora, colabora, por activa o por pasiva, con los secesionistas, “dialogando” con ellos y haciendo simulacros de represión del golpe de Estado (“a cámara lenta!”, Alfonso Guerra dixit) que, en realidad, sostienen el «procés» y dan oxígeno al enemigo cuando este flaquea. Cada vez está más claro que la aplicación falsaria del 155 y la convocatoria apresurada de elecciones, fue una clara ayuda al victimismo, una complicidad con los fugados y un fortalecimiento de todos los órganos de agit-prop montados –con dinero público– por la Generalidad de Cataluña.
Como consecuencia de todo ello al menos la mitad de la población catalana se siente abandonada por el Gobierno y mucha opinión pública internacional va viendo esto como un conflicto entre partes equivalentes. También es natural que mucha parte de la ciudadanía española, al ver la pasividad, la «conllevancia» del Gobierno, no considere que la situación es altamente crítica. Por mucho que los tribunales y la Jefatura del Estado se posicionen frente al secesionismo y por mucho que los ciudadanos nos echemos a la calle con banderas y consignas patrióticas, si el Gobierno de España no cambia, radicalmente, de política y se decide a aplicar el artículo 155 de la Constitución –con toda contundencia y sin miedo a emplear la fuerza necesaria– para suprimir la autonomía todo el tiempo que sea necesario en Cataluña, hay que temer que el “procés” se extenderá con más fuerza en los “países catalanes” y en el País Vasco y será cada día más violento, más destructivo y de resultado más incierto.

Mossos_independentistas

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Dos obras de rabiosa actualidad

(Creo que merece la pena recuperar para este blog el artículo que publiqué en el número 16 de la Revista Aprender a Pensar, el 21 de diciembre de 2017.)

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Dos obras de rabiosa actualidad

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Jacinto Benavente, (Madrid, 12-08-1866/14-07-1954) es uno de los mejores escritores (además de decenas de obras de teatro, escribió guiones de cine, cuentos, poesía, ensayo y numerosos artículo periodísticos) en lengua española, premio Nobel en 1922, con algunas de sus obras de éxito mundial y reconocido en la Europa del convulso siglo XX como uno de los más grandes dramaturgos[i].

Olvidado hoy por la cultura oficial y por la cultura popular, ignorado por la derecha y por la izquierda, Benavente es casi desconocido para la actual generación. Y ninguna fuerza política, salvo excepciones, lo cita ni, mucho menos, lo reivindica. Y podrían y deberían hacerlo[ii]. A pesar de su medroso compromiso personal en la vida política (apoyó a la República durante la guerra civil pero luego, para evitar la represión franquista, renegó de ello) Benavente ha escrito páginas que nos llevan a la raíz misma de los dramas de nuestra sociedad (por ejemplo, en El nido ajeno, Señora ama, La malquerida o La honradez de la cerradura, por citar diferentes estilos, épocas y contextos), dio muestras de un arriesgado feminismo avant la page y, sobre todo, analizó como nadie la grave cuestión de la corrupción económica que deviene en corrupción política hasta poner en peligro a la entera sociedad, muy especialmente en las dos obras que analizo en este artículo. Por eso hablo de «rabiosa actualidad» (y el adjetivo va más allá del tópico).

Se trata de Los intereses creados y su segunda parte La ciudad alegre y confiada, ambas de don Jacinto Benavente; la primera estrenada en el Teatro Lara de Madrid, el 9 de diciembre de 1907 y la segunda, en el mismo teatro, el 18 de mayo de 1916. Aunque la más universal, traducida y representada en los principales países de nuestro entorno cultural es, sin duda, Los intereses creados, me sumo al criterio de diversos críticos que sostienen que la segunda parte es tan importante como la primera y completa el mensaje que Benavente quería transmitir a la sociedad de su tiempo, a la que ponía –de forma sutil pero muy inteligente– frente a un espejo (el sublime espejo de la obra de arte) para que se viera tal como era[iii].

En la primera parte, son los individuos los que salen a escena para mostrarnos sus mezquinos negocios, sus chalaneos, sus mentiras, sus corruptelas, su trama de intereses creados que ensucian toda la vida y que solo se resuelve mediante la corrupción de la propia justicia. En la segunda parte es la ciudad entera –la nación– la que sale a escena, y se muestra trufada por las mismos corrupciones, socavadas la autoridad y las instituciones por los mismos intereses creados, debilitada hasta el extremo la moral y el derecho… con una situación de la que solo es posible salir con grandes quebrantos.

2

Los intereses creados
Es muy conocida la historia que cuenta Benavente en su famosísima obra Los intereses creados. Leandro y su criado Crispín, fugitivos de la Justicia y sin dinero, llegan a una ciudad donde Crispín, venciendo los escrúpulos de Leandro, consigue presentarlo como un gran señor en una misión secreta de alta política y que producirá pingües beneficios a quienes se pongan a su servicio. Crispín sabe excitar la avaricia y la vanidad de todos y cada uno de los habitantes de esa ciudad hasta el punto de que compiten entre ellos para halagar al falso gran señor y facilitar que viva como si efectivamente lo fuera, tejiendo una red de intereses creados en la que están involucrados todos: el comercio, la intelectualidad, la milicia, la nobleza, los nuevos ricos…
Corrupción generalizada, que anidaba en lo más recóndito del alma misma de cada personaje, a la espera de la oportunidad de salir a la superficie… aunque enmascarada.  Crispín, pícaro pero inteligente, se lo explica así a Colombina: «Ya me iréis conociendo. Solo os diré que por algo juntó hoy el destino a gente de tan buen entendimiento, incapaz de malograrlo con vanos escrúpulos.» Y un poco más adelante: «Mi señor y yo, con ser uno mismo, somos cada uno una parte del otro. ¡Si así fuera siempre! Todos llevamos en nosotros un gran señor de altivos pensamientos, capaz de todo lo grande y de todo lo bello… Y a su lado, el servidor humilde, el de las ruines obras, el que ha de emplearse en las bajas acciones a qué obliga la vida… Todo el Arte está en separarlos de tal modo, que cuando caemos en alguna bajeza podamos decir siempre: no fue mía, no fui yo, fue mi criado.» (p. 68, escena II del cuadro segundo).

El resultado final es también muy conocido: la red de corrupciones y corruptelas ha llegado a una situación en que puede ser más beneficioso para todos –al menos a corto plazo y con sacrificio de la Ética y de la Ley– que alguien encuentre la forma de evitar la Justicia: «Se trata de que todos estáis interesados en salvar a mi señor, en salvarnos por interés de todos.» Acto II, escena VIII (p. 162).
La genialidad de Benavente encuentra la fórmula mágica en la famosa modificación de una coma (y una tilde), hábilmente manejada por alguien capaz de interpretar las leyes y manipular el lenguaje…, alguien capaz de haber previsto que los intereses creados pueden prevalecer sobre cualquier valor: «Mi previsión se anticipa a todo. Bastará con puntuar debidamente algún concepto… Ved aquí: donde dice… “Y resultando que si no declaró…”, basta una coma, y dice: “Y resultando que sí, no declaró… Y aquí: “Y resultando que no, debe condenársele…”, fuera la coma, y dice: “Y resultando que no debe condenársele…”» (Acto II, escena IX, p. 172).

3

La ciudad alegre y confiada
Mucho menos conocida y aplaudida, esta segunda parte de Los intereses creados tiene tanta importancia como la primera, como se dijo más arriba y como, sin duda, opinaba el propio autor. Los principales personajes de la primera y otros necesarios para completar la historia se dan cita, después del «feliz desenlace» de la aventura de Leandro y Crispín, en la ciudad alegre que vive confiada, según la denuncia del profeta bíblico[iv], y según la denuncia del personaje –el Desterrado–  que el autor crea para fustigar a los ciudadanos que viven solo pendiente de disfrutar de un buen nivel de vida –que le tiene que garantizar la ciudad– pero que desprecian cualquier deber de preocuparse y ocuparse de la organización, de la seguridad, de la defensa de la ciudad (la nación):

«Y muchos se enriquecen. Lo sé. Por lucrarse hoy empobrecen al mañana. Hoy venden a buen precio lo que mañana han de necesitar y no podrán hallarlo a ningún precio. ¡Ay del que asesora del tesoro de la Ciudad!; que cuando la ciudad se pierda, ¿dónde esconderá a su tesoro su tesoro?» (Cuadro I, escena II, p. 196). Y poco antes había afirmado: «que la verdadera fuerza es la espiritual, que solo el espíritu es quién pone en las espadas luz de inteligencia, en las inteligencias temple de espadas.»  (Cuadro I, escena II p. 195)
El Desterrado, la conciencia patriótica de esa ciudad «ciudad alegre y confiada» (sin la menor duda, la España de principios del siglo XX) sabe, por supuesto, que no solo la ciudadanía es responsable: «Os digo ¡desdichados!, porque no es vuestra toda la culpa; de otro modo, os diría ¡miserables!» (Cuadro I, escena III, p. 210), pero también sabe que sin el sentimiento patriótico de esos ciudadanos acomodados y adormilados no habrá solución y la Ciudad se perderá: «Mirad mi rostro enrojecido de vergüenza al escucharos maldecir de esta noble Ciudad, que es nuestra patria.» (Cuadro I, escena III, p. 211). Por ello denuncia los dos pecados fundamentales (soberbia y envidia) que ve en sus conciudadanos: «¡A cuánto llega la soberbia, pecado de los ángeles rebeldes; a cuánto llega la envidia, pecado de las almas ruines!… Porque eso sois, soberbios y envidiosos.» (Cuadro I, escena III, p. 212). Por soberbia se culpa al extranjero de las limitaciones propias y por envidia no se reconocen los méritos de los de fuera: «Cuando veis estimados y aplaudidos a los que trabajan con fe, a los que luchan con entusiasmo, entonces es la envidia la que os mueve, y por empequeñecer a los que valen, no dudáis en empequeñecer a vuestra patria.» (íbidem)

El autor fustiga a la sociedad entera pero sobre todo a su clase dirigente y nos presenta una elite política débil y a la greña como la responsable última de la desgracia que se cierne sobre la ciudad. Crispín, el antiguo pícaro devenido dirigente de éxito, no ha conseguido, sin embargo, estructurar una clase política digna de tal nombre (es decir que en vez de pensar principalmente en sus intereses particulares piense en los intereses generales del Estado) y aunque se enfrenta valientemente a las fuerzas centrifugas internas y a la voracidad exterior, no consigue salvar a su ciudad, a su Estado.
Sin embargo, Benavente tiene buen cuidado de no caer en la demagogia; por eso el Desterrado le dice a la cara al populista Publio: «Tú le mantienes [al pueblo] en la ilusión de que todos sus males solo provienen de estar mal gobernado…» y cuando el demagogo replica «¿Y no lo está?», el Desterrado no puede ser más claro: «Tú lo sabes mejor que nadie, que de eso vives… El día en que el pueblo no tuviera por qué quejarse y los gobernantes no tuviera por qué temer… habías concluido.» (Cuadro I, escena VII, p. 231)

Y con igual claridad denuncia a los industriales y comerciantes cuya única patria es el beneficio inmediato, dispuestos a venderse al mejor postor, aunque eso provoque la caída de la ciudad: «¡Son hombres listos, hombres emprendedores! Con todo trafican, con todo negocian. Lo mismo venden las reliquias de nuestras glorias pasadas… pinturas, tapices, imágenes de palacios y templos, que trafican y negocian con todo lo presente y todo lo futuro… Son muy listos, muy hábiles… La Ciudad se empobrece, la Ciudad se arruina… Cuando la ciudad se hunda sobre todos… veremos si tienen la misma habilidad para salvarse ellos con sus hijos y sus riquezas… Entonces sí podremos decir que han sido hombres listos, que han sabido vivir. Veremos entonces si saben negociar con escombros y muertes cuando los escombros sean los de su casa y los muertos propios hijos…» (Cuadro I, escena VII, p. 235)
Pero quizá la crítica más aguda que hace Benavente es a los intelectuales sin principios sólidos (los que llamaríamos hoy «apesebrados»), incapaces de comprometerse. «Nada diría yo de vuestros defectos si os viera decididos a luchar por ellos, a defenderlos como algo que es tan vuestro como una virtud… Pero veo que de ellos hacéis debilidad, humillación; que ante los extraños tratáis de disculparos como algo vergonzoso… Y yo quisiera que ellos fuera una razón más de vuestra vida. ¿No sabéis lo que dijo Lutero de los pecadores? “Ya que pequéis, pecad enérgicamente.” Y bien dijo, que quizá probamos en nuestros pecados la voluntad que hemos de poner en la virtud algún día. Pero el vicio cobarde y desmayado, el pecador que peca y desfallece, ni es de Dios ni es del diablo. Así pusierais tanta voluntad, tanta pasión en vuestras culpas que estuvierais dispuestos a encenderlas con vuestra propia vida. A la hora de combatir, que me den hombres que luchen por algo, virtud o vicio. Con chusmas de bandoleros se fundaron grandes ciudades, se conquistaron mundos; con virtudes discretas y vicios temblorosos fueron desvaneciéndose como niebla pueblos y razas, que ni siquiera espantaron al caer, porque no fue caer el suyo, fue desmoronarse…» (Cuadro II, escena IV, pp. 291-92)

Una sociedad con estos elementos es débil, sin alma. Por eso cuando la crisis está ya en la ciudad alegre y confiada y parece urgente encontrar una solución, el Desterrado exclama: «¡Pensar, pensar!… Todo debiera estar pensado, y ahora bastaría sentir, como siempre, los pueblos fuertes y unidos en el santo amor a la patria. Pero ahora, ¿dónde está el alma de la Ciudad? ¿En los que negociaron […] por asegurar sus negocios […,] en los que esquilmaron la Ciudad […,] en los que temblarán por su dinero […], los que querrán salvar el que atesoran o querrán ponerlo a mayor precio?… ¿Dónde encontraremos el alma de la Ciudad?»  (Cuadro II, escena IX, pp. 321-22)
No la encontrarán (no la encontraremos): la ciudad no tiene estructuras e instituciones sólidas, no tiene intereses generales sino particulares, no tiene alma… y está a merced de los intereses extranjeros. Por ello, a pesar de heroicas acciones personales la batalla se perderá y se caerá en la servidumbre:  «El alma de la ciudad despertó un momento al amor de la patria…; pero fue una sacudida estéril, como evocación del espíritu en un cuerpo muerto… Un fantasma, una sombra… La vida fuerte y vigorosa, la plenitud de vida, lo que era necesario para triunfar… no podía ser… Ya desespero que pueda ser nunca…» (Cuadro III, escena IX, p. 379)

 Y el desenlace es inevitable: derrota frente al enemigo exterior, paz deshonrosa y, enfrentamientos civiles, muerte de jóvenes inocentes.   «¡Ah! ¡Mi hijo! Han matado a mi hijo, y no fue el extranjero…  Ciudad desventurada, madre de fratricidas…, que al llorar por tus muertos has de llorar también por sus asesinos, que todos son tus hijos…» (Cuadro III, escena XI, p. 391).
Pero los miserables corruptos, y corruptores, solo lamentan sus pérdidas económicas: por ejemplo, el acaudalado y avaro Pantalón reclama enloquecido una y mil veces «Mi dinero! ¡Mi dinero!» Y el Desterrado, ha de responder (como la voz que es de las sociedades que han sido destruidas por la corrupción no solo económica sino sobre todo política): «No, eso no… ¡Patria mía! ¡Hijo mío!» (Final de la obra)

4

Nota final. En ambas obras Benavente pone como solución a los problemas de la condición humana –de la miseria humana– el amor, el amor de los jóvenes que es capaz de mover energías, capaz de despreciar mezquindades y sacar a las personas corrompidas o tibias de sus intereses egoístas[v]. En la primera parte, un amor triunfante (entre Leandro y Silvia) que limpia la sociedad; en la segunda, un amor (entre Lauro y Julia) que perece en la tragedia colectiva…

Benavente veía con pesimismo (aunque no exento de ternura) el deterioro de la sociedad en la que él desarrollaba su arte y quizá hubiera visto con parecidos ojos la sociedad de un siglo posterior… ¿Se equivocaba entonces?, ¿se equivocaría hoy?

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[i]Federico Sainz de Robles cita en su nota preliminar a la edición que utilizo para este artículo una frase de un prestigioso crítico inglés, Lenux Robrusson, que dijo en 1925 en The Observer: «No vacilo en declarar que no hay hoy en toda Europa dramaturgo tan perfecto y acabado como Benavente […] Ningún dramaturgo puede leer alguna de sus obras sin sentirse presa de envidia y admiración.» Benavente, J.: Los intereses creados – La ciudad alegre y confiada – Cartas de mujeres, Madrid, Aguilar, 19607, nota preliminar de F.S.R. [Federico Sainz de Robles], colección Crisol, núm. 22. (p. 14).
[ii]«Pocos espíritus han sido capaces de calar tan hondo y certeramente en el pensamiento europeo contemporáneo.» Ibídem (p. 11).
[iii]«Para la terrible gente burguesa, para la aristocracia que hacía pinitos europeos a la chita callando, el teatro de Benavente fue un convulsivo y un repulsivo, respectivamente.» Ibídem (p 12).
[iv]   «Esta es la ciudad alegre que vivía confiada, la que decía para sus adentros: “Yo, y solo yo.”» Sofonías, 2-15, Sagrada Biblia, Madrid, Biblioteca de Autores Cristianos, 2014, p. 1.188.
[v]Tema importante en ambas obras que dejamos para otra ocasión para centrarnos, en esta, en una lectura fundamentalmente política.
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Amarillo sucio y pendenciero

Amarillo_sucio_y_pendenciero

Amarillo sucio y pendenciero

(Para los amigos que van a Barcelona el 9-S)

Si vas a Cataluña verás mucho amarillo…
En vallas y balcones,
en puentes y paseos,
en playas y jardines,
en centros escolares
(¡perturbando a los niños!),
en edificios públicos
y en pechos engreídos.

Si vas a
Cataluña verás mucho amarillo…

Pero no el amarillo de la bella mimosa,
del sol y de la tierra,
del limón y del trigo.
El amarillo de las buenas banderas
(rojigualda, señera…),
el amarillo limpio
que Gaudí combinaba
en su genial cromatismo
(todos los colores, pintados con amor,
son hermosos, son dignos).

……………………………

Sí, si vas a Cataluña verás mucho amarillo…
Pero será un amarillo sucio,
excluyente, obsesivo,
hijo del rencor y de la envidia,
cínico y agresivo.

(8 de septiembre de 2018)

Detalle_Sagrada_Familia_Gaudí

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Septiembre y octubre

septiembreTerminada la pausa veraniega, todo parece indicar que estos dos meses serán decisivos para saber cómo queda la situación crítica que vivimos en España, cómo se reagrupan las fuerzas y en qué condiciones, objetivas y subjetivas, se producen las luchas sociales, económicas, ideológicas, jurídicas, mediáticas… políticas en definitiva.
Todos seremos puestos a prueba. Los secesionistas tendrán que demostrar que están dispuestos a «grandes sacrificios», como les piden sus dirigentes (desde sus cómodos y bien pagados puestos institucionales o como invitados de la parte más siniestra de esta Europa que no acaba de comprender a España y, por ello, tampoco acaba de comprenderse a sí misma) o retirarse lo más ordenadamente posible; los partidos políticos (sedicente y relativamente) constitucionalistas en la oposición (PP y ciudadanos), tendrán que plantearse tomar posturas más nítidas ante el nuevo ataque de la rebelión: seguir hablando más que haciendo o hablar mucho menos y hacer mucho más; el PSOE, en la privilegiada Moncloa, tendrá que decidir si seguir chalaneando y ofreciendo ventajas a los golpistas o coger el toro por los cuernos y reponer, con todas las consecuencias, la autoridad del Estado en todas las comunidades del territorio nacional (y muy especialmente en los cientos de ayuntamientos catalanes donde se ha expulsado violentamente al Estado y acosado, con más violencia aún, a los ciudadanos que se niegan a apoyar la secesión); los militantes –todos y cada uno– de estos tres partidos tienen que decidir si son capaces de pensar, hablar y actuar por cuenta propia, siguiendo principios y convicciones, o por cuenta ajena; todas las instituciones del Estado (Judicatura, Fuerzas y Cuerpos de Seguridad, funcionarios…) tendrán que plantearse si cumplen honradamente su cometido, rechazando cualquier presión o manipulación, o si aceptan chapuzas y simulacros. Pero sobre todo, la ciudadanía en general tendrá que plantearse si octubre2018continuar con las movilizaciones y exigir por todos los medios que se acabe con esta situación ya demasiado podrida o si seguir confiando en que «los políticos» lo resolverán.
Prueba compleja y complicada para todos. Pero por peores situaciones ha pasado este país y ha sabido resolverlas.

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Septiembre de 2018

Sábado 1 de septiembre de 2018
Reconfortante jornada en Ortigosa. Vida familiar, paseos por el campo, comida a las yeguas, recogida de manzanas… y una emotiva ayuda a un aliso(?) estrangulado por la hiedra.
Y previamente, visita a Enrique Pérez Mengual, que continúa su lenta pero satisfactoria rehabilitación en el hospital de Guadarrama.   Sigue leyendo

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La luz, la patria y el amor

 

                                            LA LUZ, LA PATRIA Y EL AMOR

Allí estaba la luz,
                               allí estaba la patria,
                                                                   allí estaba el amor.

(Quizá alguien dijera…)

Quizá un dios solitario o una fuerza ignota
desde otro universo, en un tiempo infinito,
diera el primer mandato:
Hágase la luz, hágase la patria, hágase el amor–
pero a partir de entonces todo se encadenaba.
Tras ese primer paso, ese inicial prodigio,
la Vida abría caminos y buscaba horizontes…

Por eso tú no digas
Hágase la luz, hágase la patria, hágase el amor.
Di:
        Ahora lo he encontrado, ahora lo comprendo,
ahora aquí estoy yo
y soy parte del todo, parte del devenir,
de la luz, de la patria, del amor;
ahora uno mi canto al canto de los astros,
de la piedra, del agua, del fruto y de la flor…
Ahora yo contigo, juntos tú y yo,
prolongamos la vida
en nuestro hijo amado,
con el que compartimos
       la luz, que es el entendimiento;
       la patria, la sociedad ordenada y protegida,
       y el amor, valor supremo que nos hace humanos.

                                           14 de agosto de 2018

 

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Bebé chino con cizalla

Bebé chino con cizallaApenas habrá cumplido dos años y ya sabe manejar una rudimentaria, y peligrosa, cizalla para cortar los sobrantes de una cabeza de ajos, de muchas cabezas de ajo. Apenas habrá cumplido dos años y ya produce una buena plusvalía, la que estudió Karl Marx hace más de siglo y medio para llamar a los proletarios (que no tenían nada que perder) a la revolución contra el capitalismo salvaje.
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La de(con)strucción del Estado de las Autonomías (I)

DehvcPFWkAEinJiAyer, al filo de la medianoche, publicó Pedro Sánchez, presidente del Gobierno de España, el siguiente tuit: «Después de 7 años, hoy se ha reunido la Comisión Bilateral Generalitat-Estado. Esto supone la recuperación de la normalidad institucional y el diálogo democrático. Tenemos un proyecto para #Cataluña en España y este #Gobierno ha comenzado el camino para hacerlo realidad.» (el subrayado es mío) que ha tenido, hasta las primeras horas de la tarde de hoy, unas 2.200 respuestas, unas 800 retuits y más de 2.000 «me gusta». Como esperaba, muchos de los comentarios que he leído de personas a las que sigo en la Red son muy críticos y, por otra parte, mi experiencia me dice que en las respuestas predominan las matizaciones y las críticas y en los retuits, los elogios.
Me interesa comentar los tres subrayados.
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Agosto de 2018

Miércoles 1 de agosto de 2018
DSC_0435Comienza un mes duro, por el clima, los achaques, el estrés, la situación política… ¡Ay, quién tuviera fuerzas para salir airoso y animado!
La foto está tomada por mi hijo Unai, el 5 de julio pasado, en la boda de mi hijo Pablo.

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¡Política, sí, hagamos política!

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(Después de ver, por segunda vez, la película 11D. Una mañana de invierno y después de escuchar por enésima vez al Gobierno actual que la crisis de Cataluña es política y hay que resolverla mediante la política.)

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