Andrés Torrejón y Simón Hernández

Buena fecha hoy para releer (y repensar, manteniendo las distancias) el famoso bando de los alcaldes de Móstoles, tal día como hoy de 1808.

Señores justicias de los pueblos a quienes se presentare este oficio, de mí el alcalde ordinario de la villa de Móstoles.
Es notorio que los franceses apostados en las cercanías de Madrid, y dentro de la Corte, han tomado la ofensa sobre este pueblo capital y las tropas españolas; por manera que en Madrid está corriendo a estas horas mucha sangre. Somos españoles y es necesario que muramos por el rey y por la patria, armándonos contra unos pérfidos que, so color de amistad y alianza, nos quieren imponer un pesado yugo, después de haberse apoderado de la augusta persona del rey. Procedan vuestras mercedes, pues, a tomar las más activas providencias para escarmentar tal perfidia, acudiendo al socorro de Madrid y demás pueblos, y alistándonos, pues no hay fuerza que prevalezca contra quien es leal y valiente, como los españoles lo son.
Dios guarde a vuestras mercedes muchos años.
Mostoles, dos de mayo de mil ochocientos y ocho.

Andrés Torrejón
Simón Hernández

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Mayo de 2019

Miércoles 1 de mayo de 2019
Día del Trabajo con mucho trabajo… doméstico. Aunque por fin he terminado mi cuadro resumen con los resultados provisionales (he detectado varios desajustes) y algunas cifras que merecen tenerse en cuenta (y no solo de cara al 26-M). Por ejemplo, en Madrid, el bloque partidario de «dialogar» con los separatistas suma 794.132 votos y el bloque partidario de enfrentarse a ellos, 971.165.   Sigue leyendo

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Elecciones 2019 (IV)

 

 

 

 

Habla, pueblo, habla

 

Habla, pueblo, habla,
Tuyo es el mañana.
Habla y no permitas
Que roben tu palabra.
Habla, pueblo, habla.
Habla sin temor,
No dejes que nadie
Apague tu voz.
Habla, pueblo, habla,
Este es el momento
No escuches a quien diga
Que guardes silencio.
Habla, pueblo, habla,
Habla, pueblo, sí,
No dejes que nadie
Decida por ti.
(Jarcha, 1977)

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Elecciones 2019 (III)

El «procés» y el «síndrome de la rana hervida»

Wikipedia nos informa de que el «procés» empezó en el 2012, pero quizá se pudiera hablar de un «pre-procés» que tiene sus raíces en la derrota de los austracistas en el 1714 y las grandes posibilidades de «negoci» que ello abría (quizá por eso el catalanismo, moderado o no, celebra aquella fecha como la más importante de su historia, porque ahí se inicia el gran negocio del victimismo). Victimismo que ha servido de cínico instrumento para presionar permanentemente al Estado.
Y ya en nuestros días, quizá fuera más acertado decir que el proceso actual comienza cuando Pujol asume el poder, a finales de marzo de 1980. Tarradellas, hombre inteligente y honrado, ya lo anunció en su entrevista con el periodista Julio Merino el 19 de enero de ese año: «Conociendo al personaje, yo lo tengo claro. Luchará y pactará hasta con el diablo para ser president, porque ahí espera tener su mejor escudo. Mire, amigo mío, este hombre en cuanto estalle el escándalo de su banco [Banca Catalana] se liará la estelada a su cuerpo y se hará víctima del centralismo de Madrid… Ya lo estoy viendo: “Catalans, España nos roba… No nos dan ni la mitad de lo que nosotros les damos y además pisotean nuestra lengua… Catalans, ¡Visca Catalunya!”. Sí, esa será su política en cuanto llegue a la Presidencia, el victimismo y el nacionalismo a ultranza. ¡Dios, así empezó Companys! Y luego, un año después, cuando la profecía se había cumplido, La Vanguardia publica una carta, bien razonada, del expresidente, donde la acusación sobre la felonía de Pujol es explícita: «En conjunto, puede creerlo, todo me produce tristeza y una honda inquietud de cara al futuro. Aunque no me extraña demasiado lo que ahora está ocurriendo, era previsible, porque durante estos últimos diez meses todo ha sido bien orquestado para llegar a la ruptura de la política de unidad, de paz y de hermandad aceptada por todos los ciudadanos de Cataluña. El resultado es que, desgraciadamente, hoy podemos afirmar que, debido a determinadas propagandas tendenciosas y al espíritu engañador que también late en ellas, volvemos a encontrarnos en una situación que me hace recordar otras actitudes deplorables del pasado.»
(http://hemeroteca.lavanguardia.com/preview/1981/04/16/pagina-10/32926422/pdf.html
En ese contexto de victimismo permanente (donde los Pujoles han desplazado siempre a los Tarradellas) el separatismo catalán ha aplicado, con oscilante eficacia, el «síndrome de la rana hervida»2. Metemos a la rana en una cazuela con agua templada (0,02 grados celsius= 32,036 grados fahrenheit) ) y vamos subiendo la temperatura a la que la víctima se va acoplando. Hay que hacerlo con cuidado, porque si se sube la temperatura abruptamente el animal se defiende y rechaza el tratamiento… y hay que volver al principio, tras la obligada pausa: así, por ejemplo, en 1842 (sublevación contra la Regencia de Espartero) o en 1934 (proclamación del Estat Català).
Cuando Pujol se apropia de la Generalitat se crean, concienzudamente, las condiciones (inmersión lingüística, menosprecio a la bandera española, «Cataluña es una nación», etc.) para poner de nuevo la cazuela y meter a la víctima (la población española) en ella. De forma que cuando en el 2006, con el nuevo Estatuto (amañado entre Maragall y Zapatero y luego utilizado por Montilla contra el Constitucional) puede atizarse el fuego y subir considerablemente la temperatura del agua. Así hasta septiembre y octubre de 1917, donde los nuevos líderes del «procés» (los que vemos y los que no vemos), aunque no cuentan ni siquiera con la mitad de la población de Cataluña para declarar unilateralmente la independencia, creen llegado el momento de intentar, una vez más y esta con muchas posibilidades de éxito, que el agua hierva y que la rana no sea capaz de defenderse. «Leyes de desconexión» (impuestas de forma totalitaria en el Parlamento de Cataluña), referéndum ilegal (que se había ensayado en noviembre de 2014) y declaración unilateral de la república catalana…
Craso error. España se pone en marcha otra vez y salta de la cazuela: heroica acción de la Policía Nacional y la Guardia Civil el 1-O (a pesar de las órdenes entorpecedoras que reciben del Gobierno de España y la hostilidad violenta de los separatistas), discurso inapelable del Jefe del Estado, el 3 de octubre, exigiendo la vuelta a la legalidad, manifestación gigantesca en Barcelona el 8-O… El gobierno de Mariano Rajoy (con el apoyo de PSOE y Ciudadanos) no tiene más remedio que aplicar el art. 155 de la Constitución… La rebelión ha sido frustrada.
¿Seguro que ha sido frustrada? Porque la intervención de la autonomía por el Gobierno Central se limita a suspender temporalmente el Parlamento regional, las consejerías de la Generalidad y las respectivas presidencias pero deja intacto todo el aparato de agit-prop (Òmnium Cultural y Asamblea Nacional Catalana y, sobre todo, TV3, la televisión que venía dedicando el 90% de su programación a organizar y promocionar el golpe) y, sobre todo, establece unas elecciones a dos meses vista que, en ese contexto, tienen que resultar un reforzamiento del separatismo.
¿Traición (por soborno o chantaje), cobardía para enfrentarse a una verdadera intervención de la autonomía, pura estupidez? Lo cierto es que la cazuela permanece intacta y el mango lo tiene el secesionismo.
¿Qué hacer? Hay claramente dos estrategias enfrentadas: a) la de seguir contemporizando, buscando arreglos mediante el «diálogo», al menos hasta que, cómo dijo hace unos días el Secretario General de PSC, el porcentaje de partidarios de la independencia llegue al 65% de la población y no haya más remedio que buscar una solución pactada sobre la secesión; b) defensa firme de la Constitución para acabar radicalmente con el experimento: no hay cazuela, no hay agua templada en proceso de ebullición y no hay rehén que meter en la cazuela.
Hasta ahora parece que prevalece la primera estrategia pero el día 28, si acertamos en las urnas, se puede imponer la segunda.

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1 Se produce aquí una aplicación grotesca de la famosa parábola del hijo pródigo: amenazo con irme de casa para dilapidar la herencia paterna y obtengo grandes beneficios en perjuicio del hermano que se ha quedado a defender e incrementar el patrimonio.
2 Véase el vídeo al final de este artículo.

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Elecciones 2019 (II)

Lo que nos jugamos

Los máximos representantes de los gobiernos de España y de Cataluña, en plano de igualdad, en Pedralbes, 21-12-2018.

Si tuviera que elegir en estas elecciones de 2019, tanto en el ámbito nacional (el 28-A) como en el local y europeo (26-M) entre izquierda y derecha –derruido UPyD y sin ningún partido de izquierda que me parezca solvente– me abstendría o votaría en blanco… y si el dilema fuera entre trayectorias y programas políticos sobre economía, pensiones, migraciones, etc., también.
Dentro de los cinco partidos de nivel nacional, los dos que llevan años instalados (PP y PSOE) ya me han demostrado que, al final y en la práctica, cuanto más ruido hacen sobre sus divergencias y antagonismos más encuentran la fórmula para, despreciando sus principios y sus promesas, hacer la política que aconsejen las encuestas, los poderes fácticos y sus intereses de partido. Y los tres que han llegado hace pocos años a la pugna política o son directamente despreciables, como Podemos (mera demagogia, o sea, mediocridad intelectual y aventurerismo) o son oscilantes, como Ciudadanos (se puede cambiar de la socialdemocracia al liberalismo y se pueden establecer alianzas a un lado o a otro sin suficiente explicación) o presentan sesgos que podrían derivar en cierto integrismo y un nacionalismo desmesurado (Vox).(i)
Pero lo que nos jugamos en estas elecciones es mucho más serio. Nos jugamos que el «procés» continúe y se fortalezca, que se siga debilitando al Estado y se consolide la política de constantes cesiones a los separatistas (cada día más envalentonados en Cataluña, expandiéndose por Valencia y Baleares, siempre presionando en el País Vasco y siempre al acecho en Galicia) y, por ello, engordando sus ya desmesurados privilegios en detrimento de los ciudadanos que mantienen su lealtad a España y perjudicando seriamente a las demás regiones. En suma: más separatismo y menos Estado o fortalecimiento del Estado y derrota del separatismo; o, en otras palabras: identidades totalitarias, sectas y bandas disolventes o una sociedad, diversa pero unida, de personas libres e iguales.
Recientemente el filósofo Fernando Savater, muy activo en la defensa constitucional de la Nación y el Estado, dijo en Rentería –después de zafarse del acoso de los separatistas– que teníamos tres tipos de Partidos en España: «Están los constitucionales, por un lado, los partidos “mediopensionistas” que son constitucionales cuando les viene bien e inconstitucionales cuando no les viene tan bien. Y están los partidos claramente inconstitucionales [y, por eso] dentro de los constitucionales debemos apoyarnos los unos a los otros y fomentar la unión». No especificó el profesor el nombre de cada uno de los integrantes de cada grupo pero parece que no queda más remedio que considerar «mediopensionistas» al actual PSOE y a Podemos y, consecuentemente (porque sabemos por experiencia que los «mediopensionistas», no se enfrentarán a los inconstitucionales), estudiar a cuál de los otros tres partidos (aunque no nos ofrezcan plena confianza y mientras sigan declarándose antagónicos con el separatismo), Ciudadanos, PP y Vox, entregamos el voto… al tiempo que le pedimos que busque el apoyo mutuo con los otros dos y fomente la unión (que no tiene que ser forzosamente orgánica sino sobre dos o tres principios fundamentales, entre ellos el de una auténtica regeneración de la Política).
Esto podría escandalizar a alguna persona de izquierdas aferrado a banderas y eslóganes… pero ya hace años un hombre tan admirado en la izquierda como Julio Anguita había dicho (en una conferencia en Coín, Málaga): «Pido que midáis a los políticos por lo que hacen y aunque sean de la extrema derecha, si los otros son unos ladrones, votad al de la extrema derecha […] ¡Votad al honrado, al ladrón no lo votéis aunque tenga la hoz y el martillo!»
Vencido, pues, el escollo del miedo a la derecha (y si hemos comprendido bien que se trata de elegir entre defensa coherente de la Constitución y su progresiva destrucción), busquemos al más honrado de los constitucionales. Difícil tarea porque, desgraciadamente, nuestra clase política en general no es muy honrada y nos obliga a la máxima vigilancia(ii)… y por otra parte, ya no da tiempo a exigir (siguiendo la sugerencia de Savater) a nuestros políticos constitucionalistas que demuestren su patriotismo con una programa de mínimos común y unas candidaturas conjuntas donde el sistema d’Hont castigue la fragmentación. Tampoco se puede trocear el voto, lo que sería estupendo para enseñarles a establecer dos o tres principios patrióticos donde no hubiera discusión y que las divergencias fueran de segundo grado (lo que los obligaría a especificar más y mentir menos).
Estudiemos, pues, a cada una de «las tres derechas», su programa y su campaña electoral (seleccionando bien entre la abundante información que recibimos a todas horas e intentando detectar las muchas mentiras que hay en ella) y, sobre todo, su trayectoria real («Por sus obras los conoceréis.») y entreguemos nuestro voto con la satisfacción de haber decidido de acuerdo con nuestros sentimientos pero también con nuestra razón.

Manifestación de ‘las tres derechas’ en la Plaza de Colón, Madrid, 09-02-2019

(i) Otra cuestión importante para analizar en los cinco partidos es la del liderazgo, pero eso será objetivo de otro artículo.
(ii) Los socialistas vizcaínos de principios del siglo XX afirmaban que había que elegir, para manejar los recurso de la UGT, al más honrado de todos los militantes… pero luego vigilarlo como si fuera el más ladrón.
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Elecciones 2019 (I)

La astilla y la piedra

La astilla es la de Annabelle Lee, la preciosa novia de El maquinista de La General (Buster Keaton y Clyde Bruckman, EE UU, 1926) que, en una situación crítica en la que hay que quemar toda la madera que hay en el tren para seguir manteniendo activa la caldera de la locomotora, ante el estupor del héroe (Johnny Gray), le ofrece con orgullo una astillita que ha encontrado en el suelo para alimentar la caldera. La piedra es la que Gelsomina, la inolvidable heroína de La Strada (Federico Fellini, Italia, 1954), le muestra al bruto Zampanó para hacerle comprender que incluso el más modesto canto del camino nos ayuda a mirar humanamente al entero universo.
Quien haya visto estas películas se habrá dado cuenta de que ambas son escenas (la primera en clave de humor –del maravilloso humor de Buster Keaton– y la segunda en clave de tragedia –la tragedia tierna de Fellini–) que nos invitan a reflexionar sobre la condición humana, sobre las grandezas y miserias de nuestra sociedad. Lo pequeño, lo mínimo, puede parecer insignificante pero siempre tiene un valor, material y simbólico.
Algo así es nuestro voto: una astillita aparentemente insignificante frente al colosal montón de madera que necesitamos para mantener la máquina en marcha pero, tan necesaria y estimulante como todo ese montón; o una piedra, que si la despreciamos no nos sirve para nada pero si sabemos mirarla, relacionarla con todo lo creado, nos ayuda a comprender el todo y, dentro de ello, nuestra propia sociedad, la sociedad en la que ejercemos nuestro democrático derecho al voto.
Tomemos pues esa astillita, ese canto, y sintámonos capaces de aportar algo a la energía que mueve la máquina (el Estado) y de comprender todo lo que nos rodea…
…Pero, quizá, es mejor invertir el orden: tomemos primero la piedra: intentemos comprender nuestro entorno, el más cercano y el más alejado, y, cuando hayamos alcanzado esa comprensión, tomemos la astilla, nuestra mejor astilla, y ayudemos a que la maquinaria del Estado, en el colosal convoy de nuestro país, avance.

Post scriptum. Permítaseme añadir un comentario sobre las acciones de Anabelle y Gelsomina como respuesta a la posible pregunta ¿De verdad sirve para algo echar una pequeña astilla a la caldera de una locomotora, merece la pena intentar explicarle a un ser primario y brutal que todo en el Universo está relacionado? ¡Sí, merece la pena! Anabelle, además de mostrar su apoyo al héroe, aprenderá a aportar más y mejor madera; Gelsomina, sacrificada desde niña pero vencedora del rencor y la estulticia, dejará una semilla fecunda en el alma de su verdugo… Por cierto, Zampanó acaba intentado comprender algo del mundo en el que le ha tocado vivir y Johnny culmina su hazaña, llevando el tren a su destino.

 

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Patriotismo (uno de los 20 valores esenciales de Ediciones de la Torre)

Desde sus comienzos, Ediciones de la Torre –nacida al socaire del cambio de régimen en 1975 (pedimos los entonces obligados permisos para editar en el año 1975, en vida todavía de Franco, pero no nos los dieron hasta principios del año 1976)– hizo gala de una independencia política frente a todos los partidos que entonces proliferaban y que se iban definiendo poco a poco, aunque nos situamos en el campo del progresismo, de la izquierda.i
En ese contexto, cuando hicimos la lista de los valores que defendía la editorial para incluirlos en nuestros catálogos (destacamos 19, definiendo sucintamente cada uno), no pusimos el de patriotismo porque entendíamos que era un sentimiento todavía difuso y que la instrumentalización que había hecho el anterior régimen de la nación, la patria, sus símbolos, etc., obligaba a, o al menos aconsejaba, evitar un pronunciamiento nacionalista, desde luego, pero también, por extensión, patriótico.
A la vista de cómo ha evolucionado la política española en esta segunda parte de la Transición, parece claro que nuestra posición era equivocada y que no nos disculpa el triste hecho de que la gran mayoría de la izquierda española siga teniendo un sentimiento difuso hacia su patria (e incluso siga alimentando las quimeras de nuevas patrias inventadas). En efecto, las fuerzas centrífugas han aumentado su potencia, las fuerzas centrípetas se han dejado acorralar o marginar y buena parte de la ciudadanía, de la gente del común, no reacciona ante el evidente peligro para el Estado y para la Nación que esas fuerzas centrífugas, separatistas y hasta antiespañolas representan… En este contexto, parece necesario y oportuno corregir nuestro error de omisión y destacar en nuestra lista de valores fundamentales el del patriotismo.
El amor a la patria, a la nación, es un sentimiento esencial, que tiene una parte de idealismo y de simbolismo pero que tiene también una gran dosis de pragmatismo, racionalidad y de defensa de los intereses legítimos. La nación, hoy por hoy, es el marco más sólido de la vida en sociedad, donde la ciudadanía adquiere todos sus derechos y comprende sus deberes, donde (sobre todo en un régimen democrático) cada ciudadano ejerce esos derechos y los contrasta con los de los otros ciudadanos. Por encima de la nación, las instituciones supranacionales, necesarias y generalmente positivas, no pueden garantizar el control de los ciudadanos; por debajo de la nación, es decir, las instituciones regionales o locales, nuestros derechos están forzosamente circunscritos al ámbito de la política local. En consecuencia, la soberanía –de donde nacen todos los derechos positivos y las leyes que los garantizan– solo puede ejercerse a nivel nacional y por el conjunto de todo el pueblo.
Sin duda hay que hacer una distinción entre nacionalismo y patriotismo. El nacionalismo –sobre todo cuando es manipulado por intereses criminales– puede entrañar un espíritu de supremacía, de sobrevaloración del país propio y de desprecio hacia los ajenos. Justamente por ello se ha dicho con razón que, en Europa y en muchas partes del mundo, el nacionalismo ha sido causa (aunque hay que reconocer que también efecto) de guerras espantosas. Por el contrario, el patriotismo, el amor a la patria, no impide, sino bien al contrario, el respeto por los demás países y sus ciudadanías.
Expresemos pues ese amor a la patria, declarémoslo de forma inequívoca y acorde con toda nuestra trayectoria. Y también de acuerdo con nuestra trayectoria, ayudémonos de los grandes poetas para reforzar algunos de nuestros argumentosii.

La patria como territorio:
Oh España, tierra eres. Tierra sólo,
pero en tu cálida insondable entraña
el sol corre por dentro y te ilumina,
y te arrebata.
(Carlos Bousoño: «Oda a España» – p. 40)

La madre patria:
Abrazado a tu cuerpo como el tronco a su tierra,
con todas las raíces y todos los corajes,
¿quién me separará, me arrancará de ti,
madre?
(Miguel Hernández: «Madre España» – p. 28)

Patria y libertad:
Escribo la palabra libertad,
la extiendo
sobre la piel dormida de mi patria.
(José Manuel Caballero Bonald: «Blanco de España» – p. 52)

Patria escuela:
Solo las patrias son la gran escuela
del ideal de la hermandad humana,
(Miguel de Unamuno: «Al dios de España» – p.28)

La patria como pasión:
Con los ojos cerrados,
con los puños cerrados, con la boca
cerrada, España, canto tu belleza.
Y con la pluma ardiendo y con la pluma
loca de amor rabioso canto y firmo.
(Ángela Figuera Aymerich: «Canto rabioso de amor a España en su belleza»)

Y dejemos fijada la definición del valor que incorporamos hoy, con todos los honores y todas las consecuencias, a la lista de Ediciones de la Torre:

«El buen amor, sin vanidad ni supremacismo, por el territorio nacional y su paisaje, por su diversidad y su unidad, por su ciudadanía y su historia, por su dignidad y su libertad.»

i En el periódico El País de aquella época hay un artículo firmado por José Luis López Aranguren que destaca, entre las nuevas editoriales, el carácter independiente de la nuestra.
ii Todas las citas de los poemas están tomadas de Antología poética del Paisaje de España (coordinada por Cayo González Gutiérrez y Manuel Suárez González), excepto el de Figuera Aymerich que se omitió en la primera edición de 2001 pero que será incluido en la segunda (en prensa).
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Abril de 2019

Lunes 1 de abril de 2019
80 años del final de la guerra civil española. Era lícito para media España (más o menos) no aceptar esa conclusión hace 80 años. Hoy es claramente ilícito y gravemente inmoral no hacerlo (aunque muchos viven muy bien a costa de esa ilicitud y esa inmoralidad).Ha muerto Rafael Sánchez Ferlosio (hijo de uno de los principales ideólogos de la Falange pero militante antifranquista), que nos deslumbró a mediados del siglo pasado con su Jarama y su Alfanhui. También recuerdo otro libro que me impresionó: Vendrán más años malos y nos harán más ciegos. DEP.
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Un vídeo de TVE

Encuentro, por casualidad, un vídeo de 1968, con la presentación en TVE (con especial énfasis) de un jovencísimo Joan Manuel Serrat, que acababa de ser elegido para representar a España en Eurovisión. Al final, inopidamente, Serrat exigió cantar en catalán la canción que se presentaba al concurso y fue sustituido por Massiel (¡que obtuvo el primer premio!).
Dos reflexiones y una pregunta:
a) El Estado español, desde hace más de 300 años y salvo breves periodos de crisis, mima a Cataluña, a los catalanes, a sus empresarios y sus artistas e intelectuales, ¡a sus políticos! y eso lo ha hecho, en no pocas ocasiones, en perjuicio de otras regiones y otros ciudadanos de España…
b) Pasados muchos años, Serrat, (que ha desarrollado una brillantísima carrera en cataluña, en España y en el mundo entero), fue requerido para sumarse al separatismo golpista y, noblemente, se enfrentó a ello, lo que le valió ataques e insultos como «traïdor» y « feixista».
¿Seremos capaces de acabar algún día con estas tremendas injusticias? Por cierto, el vídeo es magnífico y las canciones, tanto en español como en catalán, muy interesantes… y sobre todo, en el vídeo se demuestra que el afortunado autor de la hermosa canción «Mediterráneo» (y otras muchas) ha cantado siempre, libremente, en catalán o en español, como es natural en un cantautor bilingüe.

 

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Masculino y femenino (o viceversa)

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¿En qué momento se enamoran Francesca y Robert (Los puentes de Madison, Clint Eastwood, EE UU, 1995, por enésima vez en la TV, en esta noche, TeleMadrid), en qué instante intuyen/comprenden que el mundo, el entero universo, se desarrolla a partir de las dos fuerzas fundamentales, opuestas y complementarias (lo femenino y lo masculino, el yin y el yang según la filosofía taoísta, que se encuentran en todas las cosas), y que esas dos fuerzas se necesitan y se buscan vehementemente, a partir de lo cual se generan tremendos problemas pero maravillosas unidades, la Creación entera?
¿Cuando cruzan sus miradas la primera vez y el alma de cada uno busca la del otro? ¿Cuando él le dice a ella que se bajó del tren en Bari, Italia (donde ella había nacido y donde conoció a su marido, soldado norteamericano), simplemente para contemplar el paisaje? ¿Cuando ella recibe con una atrevida broma las flores silvestres que él le ofrece?…
Reflexiono sobre todo esto poco después de ver un muy interesante y muy trabajado vídeo de varios centros escolares de la comarca del Alto Gállego, Huesca (que, sin duda, se hará «viral»), que, en relación con las jornadas del 8-M, busca la igualdad de sexos… Pero, en algún momento se enumeran una serie de calificativos (fuerte, valiente, inteligente…) y se afirma: «No tienen femenino, no tienen masculino, podemos ser tú y yo, podemos ser los dos…» ¡Bien, nada de supremacías: tú y yo, libres, iguales, solidarios, corresponsables!… Pero, ¡cuidado!: ¿sin masculino ni femenino? Quizá estoy «rizando el rizo» pero creo que no podemos olvidar que el sueño de todos los grandes explotadores, de todos los que intentan ingenierías sociales, es conseguir una población sumisa, de intereses e ideales mediocres, productores y consumidores satisfechos o, al menos, resignados… Una población sumisa y asexuada o de una sexualidad difusa y relativista. Husley ya nos advirtió de ello en su famoso Un mundo feliz.
La lucha por la liberación de la mujer vertebra todo el siglo XX (especialmente en nuestro «primer mundo») y reclama el máximo protagonismo en este siglo y pide extenderse al mundo entero. Es una buena lucha y merece los mejores resultados… pero no tiene una camino expedito: bien al contrario, es un camino de muchos vericuetos y encrucijadas, de no pocas trampas. No debemos caer en el dogmatismo ni en el reducionismo. Es asunto complejo y no se resuelve con eslóganes.

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