La noche de la ternura

Rafa Rueda ¡La noche de la estrellas! Era ya tradición inapelable que uno de los dos últimos sábado de junio, alrededor del solsticio de verano, contando con la combinación amable de la posición del cielo y el descanso vacacional, nos reuniéramos en el chalecito («Lago de Jaral», Mesones, Guadalajara) de Rafael y María, Elena y Rafita. Una veintena larga de amigos para celebrar una fiesta que acababa en la madrugada contemplando el cielo. Rafa, con su valioso telescopio, nos ayudaba a deleitarnos con las visiones y los comentarios celestes… pero eso era el pretexto: lo importante era que desde la media tarde y hasta bien entrada la madrugada esos 20-25 amigos compartíamos mesa y juegos, bromas y juicios.  Allí estaban Carmen Jardón, Guillermo Laine, Guillermo Tardío, Fernando Rojas, Rosa Luengo, Carmen Cortés, Jorge Riobóo, Paloma, Sebastián, Pilar Solana, Idelfonso, Sara Moreno, Luz Rodríguez, Ana García-Castellano, Ana López Expósito, Isabel de la Villa, Luisa Mora, Tesa González… y yo mismo;  charlábamos de libros, de política, de los problemas de la docencia (María y Rafa ejercían de profesores ambos), y de todo lo divino y lo humano, y cada uno aportaba las viandas que prefería (que siempre eran muchas y buenas); pero el plato fuerte era la barbacoa que Rafa preparaba con buenos chorizos, morcilla, panceta y unas chuletas exquisitas… Bebidas sin excesos pero necesarias para acompañar tanta comida. Una fiesta como la que debería haber en todos los grupos de amigos, aunque desgraciadamente no abundan (una fiesta como la que hacíamos en el Aniversario de Ediciones de la Torre, en la casa de Campo, con tortilla, pimientos y otros alimentos y bebidas compartidas, bailes y juegos…); una velada que debería ser mucho más habitual de lo que es. Pero «La noche de las estrellas» se mantenía fuerte y, como dije, no se podía faltar a ella. El año que yo me despisté (no me llegó el aviso del día exacto) recibí una reprimenda del profe Rafa, ¡y con mucha razón!
Seis, ocho, diez horas de alegría y amistad… Allí se cantaba (sobre todo Guillermo Laine, que siempre tenía alguna letra significativa y el propio Rafa) se contaban cuentos (sobre todo Ana García Castellano), se recitaban poemas (Rafa era uno de los antólogos de nuestra colosal obra Poesía cada día) o se representaban pequeños sketchs,  generalmente bajo la dirección profesional (y un tanto paternal) de Fernando Rojas; un año tuve el inmenso honor de que se representara mi «famoso» teatro breve El soldado y el emperador, bajo la dirección de Fernando y con la actuación estelar de Rafa como soldado y yo mismo como emperador.
Así hasta este año, que nos llegó el aviso de Rafa de que la noche de las estrellas («llevamos ya 16 años sin faltar a una sola cita, pasándonoslo cada vez mejor, pero este año ha surgido un inconveniente al menos para mí: me opero el día 25 de junio.») se retrasaba a septiembre; yo bromeé en mi respuesta diciéndole que lo que quería era escaquearse: «¡Vaya faena! y encima por una operacioncita de nada… por supuesto, me apunto a septiembre (como todos los malos estudiantes)». Después de la operación, la puñetera operacioncita con su fallo excepcional pero posible, el coma y la muerte terrible el día 8 de julio.
Sepelio, ceremonias religiosas, duelo compartido… pero, sobre todo ello, el coraje de María, Elena y Rafita superando el dolor y la determinación de celebrar una noche de las estrellas especial en la que todos estuviéramos con Rafa y Rafa estuviera con todos nosotros.
Día 19 de septiembre, Casa de Córdoba con un salón amable, bajo la dirección de Luz y de Fernando, todos con la camiseta homenaje a Rafa con dibujo de Tesa González, con canciones, con reparto de cuadernos y carpetas con testimonios, con lectura de la coral preparada por Fernando: «Desde el corazón de las estrellas» (pueden verse algunos vídeos y fotos en http://cuadernosdelatorre.es/). 18 amigos en representación de todos los demás, hablamos de corazón, de sinceridad, de memoria, de vitalidad, de sueños, de amor por la docencia, de hospitalidad, de la importancia de la familia, de la música y las canciones, de «Rafa músico, Rafa actor, Rafa siempre bajo el firmamento azul, donde las estrellas iluminan el candor de su humanidad y el trasiego de un romántico del siglo xx […] siempre protagonista de cuantas aventuras oníricas te propusiste.»; para concluir: «aquí en la tierra estás cerca de nuestro corazón. Allí arriba, donde el firmamento se hace azul, imaginamos la estrella que has elegido para soñar eternamente, y también sabemos que desde ella nos estas contemplando».
Después, como le hubiera gustado a Rafa, la cena en el hermoso patio cordobés de la Casa de Córdoba, en un ambiente relajado y festivo.  Es fácil, así, producir ripios de amistad sincera.

Junto al dolor y la pena
por la muerte prematura,
la alegría de sentir
―participar, compartir―
con Rafa y con su familia,
y muchos de sus amigos,
en ocasión especial,
la noche de la ternura,
la noche de las estrellas.

recitando

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Los hermanos generosos y los opulentos estúpidos

Camino_a_la_escuela-130036103-largeCamino a la escuela, Pascal Plisson, Francia, 2013. Película documental que obtuvo el premio César 2014. Pequeño Cine Estudio de Madrid, 5 de julio de 2015.
Jackson, 10 años, 15 kilómetros a la escuela, 2 horas de viaje por la sabana keniata, con su hermana pequeña, sorteando manadas de elefantes y otros peligros. Samuel, 11 años, 4 kilómetros de distancia a la escuela de una ciudad india, una hora y quince minutos de viaje en una destartalada silla de ruedas, arrastrada por sus dos hermanos pequeños, Gabriel y Emmanuel, por caminos inhóspitos. Zahira, 12 años, 22 kilómetros de distancia a la escuela: cuatro horas por la cordillera del Atlas, con dos amigas fraternales, y el último tramo haciendo autostop. Carlitos, 10 años, 15 kilómetros a caballo, con su hermana pequeña, por la inmensa Patagonia para llegar a la escuela.
Cuatro testimonios de cuatro partes bien diferentes del mundo agrupados inteligentemente  por el director Pascal Plisson que obtuvo, merecidamente, el César en Francia (equivalente al Goya en España y al Oscar en Estados Unidos). Cuatro testimonios unidos por un mismo anhelo: el amor a la escuela, la necesidad de llegar, aunque sea por caminos  peligrosos, extremadamente duros, a la cultura, al conocimiento. Un magnífico canto al coraje (los padres se arriesgan a mandar a los niños a la Escuela; los niños se enfrentan, con determinación y alegría, a todas las dificultades); a la solidaridad (alguien coge a las niñas en autostop, aunque otros se niegan; un mecánico arregla gratis la rueda de la silla de Samuel), al ansia de conocimiento, en definitiva, a las inmensas posibilidades de la especie humana. Un canto, también, al paisaje, a la belleza sublime de la corteza terrestre que en África, en Asia, en América, en todos sus continentes, tiene escrito el más hermoso poema que los dioses y los hombres pudieron soñar…
Jackson quiere ser piloto para ver las montañas desde arriba. Samuel quiere ser médico, porque como él conoce el dolor podrá luchar contra la enfermedad con conocimiento de causa; contando, además, con el decisivo apoyo de su madre que le ayuda a hacer los ejercicios de rehabilitación (que el niño realiza con gran esfuerzo pero progresando cada día). Zahira también será médico para curar a la gente y para influir en una sociedad que necesita mandar a los niños a la escuela aunque tengan que recorrer largos y áridos caminos. Carlitos, que sabe ordeñar perfectamente y explicar didácticamente las labores de ordeño, será veterinario y quiere ejercer en la misma tierra donde nació su familia; y su hermana Micaela quiere ser maestra para enseñar a otros niños lo aprendido. Un emocionado homenaje, pues, a la voluntad, a la capacidad humana de recibir la acción de la naturaleza y de los congéneres y devolver a una y otros mucho más de lo recibido.
Un canto, sobre todo, a la fraternidad, ese valor supremo que la burguesía emergente  del XVIII quiso poner  en lo más alto de la sociedad… pero que sólo se manifiesta plenamente allí donde un hermano se funde en intereses e ideales con el otro, aprendiendo así, y practicando, el valor supremo del hombre: la generosidad, la capacidad de amar a todo el género humano. Y, como resultado de ello, una crítica sutil pero firme de esos opulentos de vida regalada que si fueran capaces de reducir aunque solo fuera a la mitad su derroche, podrían acabar con la miseria en el mundo. Pero no lo harán: su codicia, su vanidad, su estupidez se lo impide… Claro que ellos se lo pierden: ellos no conocerán jamás la sensación maravillosa de Jackson arañando con sus propias manos la tierra hasta sacar el agua vivificadora (espléndido comienzo de la película) ni el orgullo que siente cuando recibe el encargo de izar la bandera nacional en la escuela; ellos no conocerán el placer de cambiar en el mercado de la ciudad  la gallina que Zahira ha portado durante todo el viaje por una bolsa de alimentos (comercio justo mediante trueque); ellos jamás sentirán la alegría infantil de Micalea manejando el caballo («¡Que no se entere mamá!»);  ellos, los opulentos estúpidos, que se benefician de un mundo profundamente injusto, con las riquezas naturales mal repartidas y el producto del trabajo robado en muchas ocasiones, son en el fondo unos desgraciados porque tienen coches y criados cuando necesitan desplazarse, los terapeutas mejor pagados cuando enferman, pero no conocerán el gozo de Samuel de sentirse profundamente amado y protegido y (final de la película) comenzar a caminar alegremente por la playa bañada por el  agua de la esperanza, de la alegría, de la Vida.

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Doña Rosita la soltera

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(Con-para E.)

Residencia de Estudiantes, Madrid, 29-06-2015, escenario montado al aire libre. Doña Rosita la soltera o el lenguaje de las flores, de Federico García Lorca, interpretada por el Grupo de Teatro del Aula de las Artes de la Universidad Carlos III de Madrid. Una veintena de intérpretes (Claudia Caro y Carolina León, Doña Rosita; Laura Álvarez, La Tía; Lidia Peña, El Ama; Álvaro Ollero, El Tío…)  dirigidos por Abel González Melo, ayudado por Laura González Cortón y dirección musical de Antonio Dueñas. Una meritoria interpretación con algunas licencias como, por ejemplo, la incorporación de un coro formado por todo el elenco.
Doña Rosita… es la última obra estrenada en vida de Lorca y una de las tres que podrían ser calificadas de «amores fallidos», junto con Amor de don Perlimplín con Melisa en su jardín y Bodas de sangre, aunque mucho menos «sangrienta» que estas. Un espectáculo emocionante que realiza la «conjunción» de espacios y tiempos. 80 años después de su creación y en el mismo lugar en que Lorca vivió un tiempo muy significativo de su carrera y que hoy incluye entre sus remozadas instalaciones la sede de la fundación que lleva su nombre, unos jóvenes universitarios que reivindican el teatro como forma de enriquecer las Humanidades (en una noche calurosa pero bella ¡y sin ruidos exteriores! en el corazón de Madrid), nos regalan a las 400 personas asistentes el milenario arte del Teatro. En este contexto los hermosos octosílabos de Lorca nos llegan con toda su belleza: «Granada, calle de Elvira, / donde viven las manolas, / las que se van a la Alhambra, / las tres y las cuatro solas. […] ¿Adónde irán las manolas / mientras sufren en la umbría / el surtidor y la rosa? […] Deja que rumor extienda / sobre Granada sus olas.» (acto I)
Como es sabido, igual que otras obras de Lorca, Doña Rosita nos presenta un mundo aparentemente acotado pero simbolizando todo un universo social y humano de aquel tiempo y aquel lugar; en esta ocasión, la Granada de principios del siglo XX y con una ficción creada a partir de un hecho real que se dio en la propia familia de Lorca: una promesa de boda entre primos y una traición del varón hacia la muchacha que gastará su vida en esperar el cumplimiento de la promesa. Una sociedad cerrada, con un fondo aparentemente bucólico (el lenguaje de las flores) pero realmente dominado por la cháchara y el chismorreo como sustitutos de trabajo, cultura y reflexión. Una sociedad de «solteras cursilonas», de pretendientes absurdos. La sociedad española de hace 100 años, con todas sus miserias y la ternura que su parte más maltratada, la mujer, despierta ahora en nosotros…
Pero yo, a partir de esa ternura, preferí «leer» la obra pensando no en una mujer o en unas mujeres condenadas por la sociedad a la opresiva dependencia, a la falsa esperanza de que el «galán» ha de resolver su vida y, consecuentemente con la incapacidad de este, a la nostalgia, a la frustración, a la aceptación del fracaso de toda una vida… Preferí proyectar esto en nuestros días y no sobre la mujer en concreto sino sobre nuestra propia sociedad civil, también sumida en una vida aparentemente acomodada pero realmente llena de miserias (mucha cháchara y chismorreo, mucho pretendiente absurdo) y, como Doña Rosita, confiando en la promesa de un «galán» salvador  que nunca llega, a pesar de que regularmente envíe sus cartas renovando su compromiso de amor.
Nuestra pequeña doña Rosita se me antoja que podría ser nuestra pequeña burguesía (si empleamos cierta óptica, nuestra sociedad, apartando a la minoría opulenta de arriba y a la minoría anarquizante, antisistema de abajo,  podría quedar identificada como una pequeña burguesía dependiente y asustadiza y, en cierta medida, soltera cursilona). Una sociedad  ocupada en actividades «placenteras» pero poco productivas y dispuesta a entregarse   a quien le haga la promesa de felicidad más atractiva.
Por supuesto que doña Rosita tiene derecho a y debe casarse y que nuestra sociedad tiene derecho y debe contar con una dirección política honesta e inteligente pero, previamente, el personaje de Lorca y nosotros como sociedad civil hemos de encontrar la manera de de no ser dependientes del otro, de ser nosotros mismos, capaces de distinguir al falso del galán honesto, capaces de pensar, hablar y Sunplusactuar por nuestra cuenta. Si no lo hacemos así, diremos como doña Rosita «y en mi corazón sentí / agujas estremecidas» (acto I). Si no seguimos el consejo que le da La Tía: «Sal de tus cuatro paredes, hija mía. No te hagas a la desgracia.» (acto III), oiremos una y otra vez la voz de la frustración, la voz de la soledad: «sobre tu largo cabello / gimen las flores cortadas.» (acto II)

 

 

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El papel necesario

El_EspañolCon el impulso y el estilo de Pedro J. Ramírez (y su protagonismo absoluto), hoy se ha consolidado la sociedad anónima No Hace Falta Papel, que publicará, a partir de septiembre, el diario digital EL ESPAÑOL. Junta General Extraordinaria de Accionistas de El Español, aprobando por unanimidad (quizá a algún accionista le haya parecido excesiva la presión sobre los posibles disidentes o que simplemente quisieran abstenerse) cuentas, cargos y delegación en el Consejo de Administración de importantes decisiones a futuro. Acto «histórico» porque la cantidad de accionistas (5.624, entre los que me cuento), el capital social (17.134.900 euros) la forma en la que se han conseguido (por «crowdfundigng», batiendo todos los records, aunque conviene señalar que hay aportaciones de «inversores institucionales» muy significativas fuera de estas aportaciones «populares»), las empresas que se relacionan con el nuevo periódico, los equipos (periodistas, técnicos, etc.) que se han conseguido, un diseño muy atractivo (un acierto haber incorporado a la marca el león, como uno de los símbolos más importante de la historia de España), y, sobre todo, la gran necesidad de mucha gente de sentirse bien informada a pesar de las presiones políticas o económicas, hacen prever que el nuevo medio tendrá mucho éxito como empresa y contará con una gran influencia en la sociedad española. Por eso me parece importante prestarle toda la atención.
Tengo entendido que los socialistas vizcaínos de principios del siglo XX decían: elijamos para tesorero al más honrado de todos nosotros y, luego, vigilémosle como si fuera el mayor ladrón. Algo así tendremos que hacer con nuestros medios, con nuestros periodistas: apoyemos al que parezca el más capaz de llamar al pan, pan y al vino, vino (y en el mejor español posible, evitando extranjerismos innecesarios); el que declare que será capaz de resistir cualquier presión económica, política, personal… pero, luego, vigilémosle como si hubiera un gran peligro de que nos engañara, de que, en realidad, lo que buscara fuera su propio provecho, resolver cuentas personales o la mera notoriedad.
El Español declara solemnemente que será indomable, que no habrá nadie «intocable» salvo la ciudadanía, que apoyará sin ambages el fortalecimiento de la nación española y la regeneración de la democracia… ¡Bravo, cuenten conmigo!
De forma que para difundir el periódico, que se hará digitalmente, «no hace falta papel», pero es necesario el papel, el rol, la función, de un periodismo honrado y valiente… y, sobre todo, de unos lectores inteligentes, resistentes a cualquier tipo de demagogia, dispuestos a aportar su granito de arena en forma de suscripción y, también, deblogjm participación, que hoy es más posible que nunca.
Por último, tampoco hay que exagerar con lo del rechazo del papel. Como anécdota hay que decir que para asistir a la JGEAEE había que imprimir un folio… y que el obsequio para los que, después de terminada la Junta y el excelente cóctel, abandonamos el impresionante Palacio Municipal de Congresos era una bolsa con diversas revistas, ¡tres kilos de papel impreso!

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 Ciudad Universitaria

IMG_2308RCasa de Velázquez. 6 de mayo de 2015. Lectura dramatizada de «Paisajes de una guerra: textos y manifiestos en torno a la Ciudad Universitaria», a cargo de Ramón Esquinas, Silvia Marsó y Pepe Martín, con fragmentos seleccionados por Rafael R. Tranche.
Una buena selección realizada, por el profesor Rafael Rodríguez Tranche, «con varios criterios: ofrecer un abanico diverso de géneros y enfoques, tanto estilísticos como políticos; revivir los hechos más destacados y la impresión que causaron en sus protagonistas, y patentizar la escasa atención que la ciudad universitaria ha recibido como lugar de memoria desde una perspectiva democrática»
Aquí están los testimonios ―contemporáneos  y representativos de aquella terrible época, en prosa o en verso y desde una posición política u otra― de una impresionante lista de  personas comprometidas con su tiempo: Rafael Alberti, Arturo Barea, Pío Baroja, Chaves Nogales, Bobby Deglané, Agustín de Foxa, O. D. Gallagher,  Pedro García Suárez, Eduardo de Guzmán, Machado (don Antonio, pero también Manuel con un poema que nos invita a reflexionar), Malraux, Alfredo Marquerie, Alberto Martín Fernandez (con el pseudónimo Juan Deportista), José Miaja, Margarita Nelken, Pablo Neruda, Edgar Neville, Adolfo Prada,  Ksawary Pruszynski, Vicente Rojo, Víctor Ruiz Albéniz (abuelo de Ruiz Gallardón y con el pseudónimo Tebi Arrumi), Lucía Sánchez Saornil, Julian  Zugazagoita… y hasta un discurso de Francisco Franco. Y las reflexiones o recuerdos posteriores de: Fernando Fernán Gómez, Emilio Gutiérrez Cava, Lise London, Alberto Méndez, Antonio Muñoz Molina, Octavio Paz y Juan Urra Lusarreta. Una nómina imponente cuyas referencias, concentradas en esta ocasión en la Ciudad Universitaria de Madrid, nos ayudan a comprender un poco mejor la parte más dramática de la historia reciente de España y la que más controversias ha producido aquí y en muchas partes del mundo.
Espléndida como siempre Silvia Marsó, con un principio sorprendente cantando a capella, entre el público, una de las numerosas versiones de la popularísima canción «Si me quieres escribir / ya sabes mi paradero…» y dramatizando diversas lecturas, la más espectacular en mi opinión, un párrafo de L’Espoir de Malraux, en el suelo cubierta con una manta, reflejando toda la angustia del combatiente que no sabe por dónde puede venirle la muerte. Flanqueada por un magnífico Pepe Martín, pleno de voz y de gestos, y Ramón Esquinas, codeándose dignamente con estos dos gigantes.
Hora y media de palabras evocadoras e iluminadoras, con las voces y los gestos adecuados, con música y fotografías sobrias, bajo los arcos del hermoso patio central lleno de un público capaz de valorar un espectáculo de esta naturaleza. Diversas edades y condiciones sociales: por ejemplo, a mi lado, Raquel Güemes, que está iniciando con entusiasmo (y con sus recién cumplidos 19 años y sus bellísimos ojos verdes) su prometedora carrera de actriz.
Final impactante, representando una escena de la novela de Neville El frente de Madrid con un combatiente falangista y otro del bando republicano, ambos sabedores de su inmediata muerte que los unirá en un cuasi abrazo.*
Y para redondear la velada, una autofoto de Silvia con los artistas y los espectadores más entusiasmados… Quizá la Guerra Civil debería quedar en eso: un grupo de personas de varias generaciones abrazadas, sonrientes, recordando con emoción pero sin rencores lo IMG-20150506-WA0002que fue aquella terrible guerra entre hermanos y dispuestos a mantener las controversias en un tono civilizado (a lo que ayuda sin duda el famoso cielo velazqueño, del que hemos disfrutando en este bello véspero con el que se ha iniciado el acto y la serena noche que nos despide) en el corazón de España, en el corazón de nuestra patria que, reconozcámoslo, ha podido superar, con mucho dolor pero con mucha menos crueldad que otras,  su contienda fratricida.

 * Mi camarada PGM me aseguró que, cuando la guerra estaba más enconada, cuadros medios de Falange y del Partido Comunista tuvieron conversaciones discretas explorando la posibilidad de buscar una salida patriótica que conllevaba apartar de la contienda al eje nazifascista y al gigante estalinista. Como tantas otras cosas en aquella dramática década, ese intento de reconciliación fracasó y la guerra se resolvió en una clara victoria del general Franco y en una terrible derrota del bando republicano.

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Premio de Literatura en lengua castellana Miguel de Cervantes 2014

IMG_20150423_123839754Nada más terminar el discurso de Juan Goytisolo al recoger el Premio Cervantes, El País y otros medios destacaron que había hecho una explícita referencia al partido Podemos. Sus últimas dos frases fueron «Digamos bien alto que podemos. Los contaminados por nuestro primer escritor no nos resignamos a la injusticia».
Quizá haya tiempo de glosar ambas frases [i], que tanto han llamado la atención, junto a la ausencia, quizá desprecio, de todo protocolo en la vestimenta y en el comienzo del discurso (Goytisolo iba vestido de «sport elegante» y, comenzó su discurso —«A la llana y sin rodeos», tomado de una frase de Cervantes— directamente con la dedicatoria a su maestro, omitiendo ostentosamente cualquier referencia a los Reyes o las miembros de la mesa), pero ahora me interesa glosar su referencia  a la nacionalidad. En su bien trabado discurso, el ministro Wert se refirió a la divulgada frase de otro Premio Cervantes, don Francisco Ayala: «La patria del escritor es su lengua» y enlazó así con la afirmación de Goytisolo de que la nacionalidad que siente como suya es la cervantinza: así lo expresó: «Mi instintiva reserva a los nacionalismos de toda índole y sus identidades totémicas, incapaces de abarcar la riqueza y diversidad de su propio contenido, me ha llevado a abrazar como un salvavidas la reivindicada por Carlos Fuentes nacionalidad cervantina. Me reconozco plenamente en ella». Buenos juegos de palabras estos de las patrias lingüisticas y las nacionalidades otorgadas por grandes escritores… ingeniosa definición para un intelectual en parte exiliado, en parte cosmopolita y en parte apátrida… y en general para cualquiera que quiera hablar simbólicamente. Pero, cuidado, todo este simbolismo puede ser engañoso o confuso para la  mayoría de las gentes del común.
Estas personas quizá se resignan más a la injusticia que el famoso hidalgo y sus muchos y variados epígonos, pero, sin la menor duda, luchan como pueden contra ella y, sobre todo, la sufren mucho más directamente que todos los «contaminados por nuestro primer escritor» (aunque no puedan decirlo tan «alto» ni desde tan alto como Goytisolo). Esas personas necesitan una patria mucho más concreta y una nacionalidad mucho más definida; en definitiva, una patria-nación con sus estructuras, sus infraestructuras, sus instituciones jurídicas y políticas, sus organismos sanitarios o docentes, su Estado fuerte que defienda a la ciudadanía; algo mucho más concreto que una lengua, (¡aunque, por supuesto la integre y cuente con ella!)  Algo con continente y contenidos bien definidos: con fronteras, todo lo abiertas que sea posible pero todo lo protegidas que sea necesario; con leyes que regulen la vida civil y se hagan respetar; con una Hacienda capaz de regular y recaudar impuestos para luego atender a las necesidades públicas (como, por ejemplo este importantísimo premio dotado con 125.000 euros), etc. Es en esta patria, en esta nacionalidad, en la que la inmensa mayoría de nuestros conciudadanos pueden sentirse a gusto, aunque, por supuesto, sin rechazar otras patrias como la Comunidad Iberoamericana, la Unión Europea, las «patrias chicas», desde la comunidad autónoma hasta nuestra aldea más pequeña… ¡el mundo todo! Pero sin que la existencia de esas patrias, incluyendo la hermosa patria de la lengua o el riquísimo mundo cervantino nieguen o desprecien a esta principal (como, en mi modesta opinión, intentó hacer nuestro último Premio Cervantes). Por supuesto, una patria, la real que nos hemos IMG_20150423_140619930_HDRdado entre todos, esta que sufre tantos ataques desde tantos y diversos lugares internos y externos, llena de defectos y carencias, inmersa actualmente, en una terrible crisis sobre todo moral e intelectual pero una patria que, precisamente por ello, no puede ser salvada mágicamente por ningún revolucionario de salón.

[i]  Aunque quien esté interesado en lo que opina de Podemos otro gran Premio Cervantes, puede consultar el siguiente artículo: http://andalucia.diariocritico.com/politica/caballero-bonald-podemos/44441

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Suicidios

avion¿Estamos en tiempos de suicidio? Para algunos agnósticos y críticos del Cristianismo, se nos suicida el Nazareno, subiéndose a la cruz (o lo «suicidamos» nosotros porque, como es lógico, muchos creyentes rechazan aquella idea y ven a Cristo no como un piloto sino como un pasajero)[I]; se nos suicidan los copilotos enajenados [II], llevándose consigo decenas de muertes inocentes; se nos suicidan los maridos posesivos y asesinos [III], amenazan con suicidarse/suicidarnos los políticos mediocres que, después de haber montado un gran zoco de odios, falsas identidades, juegos de trileros, retos de matón y otras miserias, encuentran que la única forma de seguir adelante es el suicidio (o, quizá, la mera amenaza, el mero simulacro de suicidio, que será evitado en el último momento)[IV].  Un terrible culto al rencor como forma de relacionarse con los demás, a la muerte absurda para resolver los problemas de la vida; un culto a la estupidez, un estúpido desprecio a la Vida.
Lo de la cruz es más complejo: como dice el entrañable personaje de José Luis Cuerda (Así en el cielo como en la tierra), toda una civilización se ha montado sobre ese sacrificio ( o «suicidio») pero que, después, va a culminar en una gloriosa resurrección (en efecto, se nos asegura, ese Dios que bajó a la Tierra en forma humana para salvarnos con su inmolación, después de una pasión espantosa, es capaz de resucitar y volver a sus dominios celestiales…) Pero lo de los maridos y lo de los pilotos y, sobre todo, lo de los políticos mediocres, etc., es más comprensible para los humanos normales… y  de más clara, aunque no fácil, solución: se trata de evitar que los suicidas puedan encerrarse en cabinas inaccesibles, en hogares convertidos  en checas, en parlamentos transformados en búnquers para llevar a cabo sus crímenes/suicidios (lugares todos estos donde se desprecian los derechos humanos, las leyes y la moral, el mero sentido común).
El 13 de diciembre de 1972 TVE deslumbró a la audiencia con un mediometraje  de Antonio Mercero[V]. Un hombre entraba en una cabina telefónica para comunicarse con alguien pero un poder desconocido bloquea la puerta y la cabina y su prisionero acaban destruidos en un desguace. Ahora nuestros pilotos suicidas y nuestros maridos enajenados y, sobre todo, los políticos mediocres se montan cabinas que se cierran por dentro y que, ante el estupor general, conducen a ellos pero sobre todo a quienes, por una u otra razón, están en sus manos,  hacia la muerte.
No es fácil neutralizar estos suicidas pero tenemos que intentarlo. Por supuesto, poniendo todos los medios técnicos, jurídicos, etc. para que no puedan realizar sus siniestros designios; pero esos planes empiezan mucho antes. Empiezan cuando un joven desequilibrado siente odio porque no es capaz de integrarse en la sociedad; cuando un marido, mitad bestia mitad loco, considera que la familia es de su propiedad y que la mujer (¡y, desgraciadamente, en demasiadas ocasiones sus hijos!) son meras mascotas a las que se les puede dominar a su capricho o, si se revelan, «ejecutarlos»; cuando un político truhan, que vive (y muy bien) de los votos de los ciudadanos, se considera legitimado para despreciar esos votos, manipularlos, falsearlos y, con ello, despreciar y conculcar las leyes democráticas que tanto trabajo nos costaron. Por eso hay que remitirse a esos comienzos, a esas raíces del odio y la estulticia: hay que desarrollar una Educación donde la muerte no sea la solución espuria a los problemas de la vida. una educación que cante a la fiesta, a la alegría, a la solidaridad a la luz… que no rinda culto al dolor, al resentimiento, a la tragedia, a la venganza, al tráfico de odios y rencores, etc. Tenemos que educar a nuestros pilotos, a nuestros maridos y, sobre todo, a nuestros dirigentes para que ni en sus momentos de mayor desesperación o en aquellos en que un cálculo frio les haga pensar que el suicidio (o la simple amenaza de suicidio) tiene una rentabilidad personal o política de algún tipo, se atrevan a intentarlo. El suicida debe contar con toda nuestra protección para que no lleve a cabo sus designios y, si lo intenta, debe contar con toda nuestra lástima pero, sobre todo, con la firme decisión de neutralizarlo, cueste lo que cueste. Así que evitemos a toda cosas que las cabinas de navegación, preparadas para un viaje feliz, puedan ser herramientas mortales en manos de algún loco asesino; que los hogares, que se crean para el desarrollo armónico de la familia, puedan transformarse en mazmorras donde un verdugo brutal decide sobre la vida de la mujer o los niños; que losviolencia parlamentos, creados para la participación democrática de los ciudadanos, se conviertan en búnkers contra la ciudadanía. Hagamos todo lo necesario, empezando por una buena educación y siguiendo con todos los medios técnicos y legales precisos, para evitar que los hogares, los aviones y los parlamentos se estrellen, llevándose vidas inocentes por delante.

[I]  Estamos en plena Cuaresma y caminando hacia el terrible Viernes de Dolores, que nos invita a todos a reflexionar sobre las grandes cuestiones que nos plantea el cristianismo.
[II] La tragedia del avión con trayecto Barcelona-Düsseldor estrellado deliberadamente en los Alpes ha sobrecogido al mundo entero.
[III] Ayer mismo, en Alhaurín de la Torre, un nuevo asesinato y posterior suicidio de un marido despechado, y van…
[IV] Acuerdo de Convergència y Esquerra, ayer en Barcelona para una «hoja de ruta unitaria» que prevé la declaración unilateral de independencia para Cataluña en un plazo inferior a dos años.
[V]  Escrito por el propio Mercero y José Luis Garci (desarrollando un relato corto de Juan José Plans) y magníficamente interpretado por José Luis López Vázquez.
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Vida-muerte-vida

Tejo_barondillo1Como he tenido ocasión de declarar varias veces, admiro sinceramente a Antonio Muñoz Molina y aunque no entro mucho en Twitter siempre que lo hago miro sus tuits… que en muchas ocasiones me llevan a su magnífico blog. Hoy he visto que recomendaba vívidamente el artículo de Jesús Mosterín «Una cita con la Parca». Unos minutos antes había conocido la muerte de Eleonor Domínguez Ramírez, colega y amigo desde hace casi 40 años y padre de Ramiro, un íntimo amigo mío. También había leído hace un mes el artículo de Oliver Sacks (catedrático de neurología y autor de libros de éxito sobre el tema) «De mi propia vida». Así mismo, en estos días se ha cumplido un año de la muerte de mi entrañable amiga Ángeles Zamacois y según estoy redactando estas notas me llega la terrible noticia de una tragedia aeronáutica más: el airbus que (en viaje de Barcelona a Düsseldorf) se ha estrellado en los Alpes con 150 personas a bordo (otra vez la contabilidad siniestra de las tragedias colectivas). Muerte por todos los lados, muerte individual o colectiva, esperada o súbita, natural o absurda, cercana o alejada… pero siempre presente. Muerte para hacernos reflexionar, para ayudarnos a comprender. Muerte para filosofar o para poetizar… ¡Pero muerte que no puede vencer a la vida!
Recojo de Sacks, sus lúcidas reflexiones, su íntimo regocijo por una vida larga y generosa y su decisión de aprovechar hasta los últimos momentos para disfrutar de ella; con especial referencia a estos últimos años que «han sido tan ricos en el trabajo como en el amor», aunque «Soy cada vez más consciente, desde hace unos 10 años, de las muertes que se producen entre mis contemporáneos. Mi generación está ya de salida, y cada fallecimiento lo he sentido como un desprendimiento, un desgarro de parte de mí mismo.» Su orgullo por la forma en que ha pasado por este mundo: «soy una persona vehemente, de violentos entusiasmos y una absoluta falta de contención en todas mis pasiones.»
Recojo de Mosterín su defensa de una muerte tranquila, a ser posible programada y lo hago para admirar el buen talante del filósofo pero para oponerme radicalmente a ella. Mosterín hace referencia a la famosa partida de ajedrez entre la muerte y el caballero en la obra El séptimo sello de Ingmar Bergman… Realmente, esa partida se inicia desde que nacemos (no olvidemos el terrible porcentaje de niños que no completan su infancia) y permanece hasta en las personas centenarias; y así hay que tomar la vida, como un juego por prolongar nuestra existencia en este mundo. Pero yo no quiero que se pueda programar la muerte: quiero mantenerme yo mismo, capaz de luchar hasta el último aliento contra todas las enfermedades y sus consecuencias, porque esa es la naturaleza humana: combatir hasta el último segundo contra la muerte, como contra todas las pruebas duras de la vida. Incluso en la decrepitud cumplimos un papel importante: mostrar a los nuestros dónde se van a ver ellos y «exigirles» que nos acompañen todo el tiempo que sea necesario en el tránsito. Nada de una muerte programada; nada de facilitar la labor de la parca (naturalmente, sin llegar al encarnizamiento terapéutico), hay que forcejear con ella hasta que la partida se acabe, jamás tirar el rey, aunque esté rodeado y solo con algún peón para defenderlo. Hasta en esos últimos momentos la lucha por la vida, que debemos inculcar en todos nuestros allegados desde que nacen, tiene que ser una lucha decidida, sin cuartel, sin concesiones: la muerte tiene que saber que se tendrá que emplear a fondo y recurrir a todas sus artimañas y que a pesar de eso fallará en muchas ocasiones. Naturalmente ella creerá que siempre sale triunfante, porque para ella el ciclo es muerte-vida-muerte. Está totalmente equivocada: el ciclo verdadero es vida-muerte-vida. Así, hasta donde sabemos, fue en el origen y así será hasta el final de los tiempos.
Algunas culturas con una economía de mera subsistencia se pliegan a la idea de muerte a plazo fijo y los ancianos, de forma voluntaria o presionados, se apartan de la vida para facilitar la subsistencia de los nuevos habitantes. No es ese el caso de nuestra sociedad: nos sobran recursos para mantener a nuestros ancianos vivos todo el tiempo que sea posible y, si lo pensamos bien, necesitamos de ellos hasta su último aliento. Por eso estoy convencido de que ese componente, esa raíz de nuestra civilización que rinde un culto a la muerte como paso hacia un mundo mejor, un paraíso, donde todo es felicidad, amor, etc., está profundamente equivocada. En lo que tiene de símbolo de la búsqueda incesante del hombre por abarcar todo el universo, es muy aprovechable pero en lo que tiene de negación del vitalismo (término polisémico y controvertido pero que necesito emplear ahora), de amor a los sentidos y los sentimientos, a las «pasiones», es un error, un grave error. No podemos rendir culto a los sacrificios ni a los «valles de lágrimas», aunquedescarga debamos tenerlos en cuenta porque son una parte de la vida; pero una parte pequeña: nuevamente el ciclo no es, como quieren algunos, sufrimiento-placer-sufrimiento sino placer-sufrimiento-placer. Incluyendo el placer de saber que nuestros allegados idos perviven en el ciclo biológico renovador de las generaciones y, especialmente, en nuestra memoria y que así ocurrirá cuando nosotros nos vayamos.

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Giner

GINERInstitución Libre de Enseñanza, Madrid, 18 de febrero de 2015. Centenario de la muerte de Francisco Giner de los Ríos (1839-1915). El hermoso Salón de Actos repleto de gente de todas las edades y condición social (aunque, quizá, pocos jóvenes) para recordar a uno de los hombres más importantes en la recepción, desarrollo y difusión del krausismo y de todos los ideales humanistas que tanto hicieron por una Europa capaz de superar enfrentamientos políticos absurdos económicos y sobre todo por establecer una educación sin dogmas, sin discriminación, sin absurdos… aunque la historia de nuestro continente sea zigzagueante y aúne grandiosas victorias con terribles derrotas.
Ariadna Gil lee, de forma excelente, el conocido poema de Antonio Machado (que había sido alumno de don Francisco) de 21 de febrero de 1915 «A don Francisco Giner de los Ríos»: «Como se fue el maestro, / la luz de esta mañana / me dijo: van tres días / que mi hermano Francisco no trabaja». Machado, «hombre bueno y poeta sabio» como nos recordará luego Michavila, conservaba íntegro el amor sincero del buen discípulo por el buen maestro.
A continuación, 17 personalidades (en el programa había 18 pero no asistió Rosario Romero) ligadas a la ILE por parentesco de los fundadores o por haber participado entonces o ahora en sus actividades, desgranan sus elogios personales, emocionados pero comedidos, sinceros e inteligentes, de forma concisa, pero en todos los casos clarificadores y estimulantes para los que escuchamos atentamente.
Paloma Araoz recuerda a su abuela Micaela, que nació en la casa donde estamos ahora. Isabel Azcárate explica cómo los valores de la ILE llegaron al exilio venezolano y recuerda las palabras de Gumersindo Azcárate: al niño se le educa, al joven se le instruye al maduro se le enseña. El profesor Elías Díaz reclama una vez más un Giner de los Ríos no recluido, no terminal; bien al contrario, germinal, seminal y evoca los valores del Krausismo y de Giner, de la necesidad de la humanidad de combinar ciencia y conciencia para superar dogmas y mezquindades. Laura García-Lorca explica cómo su abuela, sobrina y alumna de Giner, la educó a ella y a sus hermanas en la ternura, en la tolerancia, en el respeto, en una religiosidad no ligada a estructuras clericales. Jesús Garzón, que modestamente se atribuye como único mérito el de ser amigo de Julián de Zulueta y defensor de la recuperación de la trashumancia, enfatiza que cualquier humanismo significa una reconciliación con la tierra maltratada, para lo cual colabora con la Fundación Sierra Pambley. José García-Velasco Secretario General de la Fundación, nos cuenta sucintamente los avances que se han hecho en la recuperación de la documentación de la ILE (destruida o dispersada por los falangistas vencedores en la Guerra Civil) y la colaboración que se ha establecido entre las fundaciones Giner de los Ríos, Ortega-Marañón y otras entidades como el Instituto Internacional, y nos recuerda a todos que la fundación y la ILE necesitan la participación y el apoyo de cuantos nos consideramos dentro de ese mundo amplio, diverso, pero bien acotado, de los valores de la ILE. Salvador Giner (hijo de Ricardo Giner Roque) recuerda al Institut d’Estudis Catalans y cómo desde su fundación en 1907 se hermanó con la ILE. Alicia Gómez-Navarro nos habla también de la estrecha relación entre la Residencia de Estudiantes (cuyo centenario se cumplió en 2010) y la ILE e informa, con legítimo orgullo, de que la Residencia tiene ya dos millones de páginas digitalizadas, tras una labor descomunal de recuperación y difusión del rico patrimonio cultural español. Fernando Gutiérrez del Arroyo recuerda con emoción cómo el retrato de don Francisco siempre presidió la mesa del despacho de su padre (que se acordaba de haber estado en las rodillas de don Francisco cuando era niño) y cuenta la anécdota del jefe de un grupo de milicianos que había entrado en la casa paterna en busca de colaboracionistas de los militares alzados y, al ver ese retrato de don Francisco, se cuadró frente a él y mandó a sus hombres que abandonaran la casa, porque sin duda era un hogar leal a la república. Francisco Laporta destaca la militancia ecologista (avant la lettre) y su gran religiosidad (en el sentido de religarse con la Naturaleza) y recuerda que don Francisco, como buen pedagogo, sostenía que vivir las cosas es mejor que leerlas, de ahí los largos paseos de los institucionistas por el Guadarrama y los versos de Antonio Machado: «…Oh, sí, llevad, amigos, / su cuerpo a la montaña, / a los azules montes / del ancho Guadarrama.» José-Carlos Mainer nos recuerda que Giner de los Ríos es llama y luz (luz que clarifica, como dijo Juan Ramón Jiménez), se refiere al artículo de Antonio Machado paralelo al poema (está reproducido en nuestra revista Aprender a Pensar) y remarca las cuestiones innegociables que tenía Giner y toda la Institución Libre de Enseñanza, como la defensa de la dignidad, de la ética, de la libertad de la persona (también crítica la actual tendencia a enfatizar en la educación de los niños la idea de que deben prepararse para ser «emprendedores». Francisco Michavila se refiere al famoso diálogo entre el joven Costa y el maduro Giner, que cuenta Fernando de los Rios, donde el primero le dijo al segundo «Giner, hace falta un hombre.» y don Francisco responde: «Joaquín, lo que se necesita es un pueblo.»; de ahí que Antonio Machado, termine el poema que ha abierto el acto con estas bellas palabras: «Allí el maestro un día / soñaba un nuevo florecer de España.». Elisa Navas, 10 años dirigiendo la ILE, nos explica cómo el proceso de recuperación y la puesta en pie de nuevo de la Casa en la que estamos ahora («llena de luz y energía») se ha hecho con gran esfuerzo, sin nostalgia y con una inteligente adaptación al tiempo nuevo. Elvira Ontañón (que recordará con orgullo y amor a sus padres, que justamente se conocieron colaborando en la ILE) enfatiza cómo la Institución, desde el primer momento, le dio a la Educación un sentido trascendente y por eso, anticipándose y chocando con los inmovilistas, defendió la coeducación «en el jardín y en las aulas». Nicolás Sánchez Albornoz nos advierte de que es hora de recuerdo pero también de reflexión para valorar bien la vasta obra y las valiosas experiencias pedagógicas de la Institución; reflexión hoy más necesaria que nunca, cuando el terrible déficit de educación que tiene nuestra patria y la corrupción que la corroe hace más necesaria que nunca una formación cívica humanista y liberal. José Manuel Sánchez Ron recuerda cómo se dio cuenta de cuánto se le había hurtado a la educación de su infancia y juventud al haberle ocultado el sistema educativo de la dictadura la gran obra que la ILE había hecho en nuestro país, y muy especialmente la labor solidaria de Giner con la historia del último cuarto del siglo XIX, y enfatiza la interacción entre ciencia y humanidades que siempre tuvo la ILE, como se ve se ven en muchas de sus actividades y, por ejemplo, en el nombramiento como profesor honorario Charles Darwin. Por último, Carlos Wert cita unas palabras de Giner tan significativas de un grupo de estudiantes alrededor del maestro en un medio natural, respetándolo no por su poder sino por su autoridad, en definitiva, aprendiendo a aprender.
17 intervenciones realmente interesantes. Palabras todas ellas representativas del cariño y la admiración por el maestro… pero, sobre todo, evidencia de que su obra sigue tan viva como hace un siglo y, quizá, es más necesaria que nunca.
Y, a continuación, un regalo tan pedagógico como todo lo que hacía/hace la ILE, que siempre defendió la inclusión de la música (y supongo que todas las Bellas Artes) en la enseñanza). Regalo exquisito porque Paloma Gutiérrez del Arroyo, ligada por su familia a la Institución pero, sobre todo, una gran especialista en música medieval y magnífica intérprete (¡a capella, salvo en una ocasión que se acompaña pulsando delicadamante las cuerdas del salterio!), nos deleita con «Música de trovadores y juglares de los siglos XII al XV»: una «secuencia» atribuida a Pedro Abelardo («Ahora veo al que deseaba, ahora abrazo al que / amaba, ahora río, cuando tanto había llorado, / ahora me alegro, cuando tanto había penado.»); una canción de Gaucelm Faidit sobre la muerte de Ricardo Corazón de León («Y cuando vemos que nada puede escapar / deberíamos temer mucho menos el morir.»); un canto del trovador Hugues de Bregi («pero, digan lo que digan, no hay despedida más / dolorosa que la del amigo a su amada.»); una de las cantigas compiladas por Alfonso X El Sabio sobre los milagros de Santa María («Y salieron a la calle a llamar a la gente para que / vieran el milagro, que fue de los maravillosos / que hizo la Virgen en aquel lugar.»); el romance anónimo de Durandarte («Durandarte, Durandarte, / buen cavallero provado,» … «Palabras son lisonjeras, / señora, de vuestro grado, / que si yo mudanza hice / vos lo avéis todo causado.»). Y termina su magnífico concierto donde lo fundamental ha sido el individuo, sobre todo el individuo enamorado, amores y desamores, requiebros y lisonjas, anhelos y trucos, volviendo a la realidad social y a nuestro tiempo y nos cuenta la anécdota de un policía secreta de la Dictadura que asistía a una fiesta de republicanos e informaba a sus superiores: «Se reúnen para comer, no hay discursos y terminan todos cantando algo sobre unos pastores que se van a Extremadura.» Así que todos entonamos, felices y entusiasmados, como aquellos republicanos valientes, dándoles especial sentido a las palabras:

Ya se van los pastores
a la Extremadura
ya se queda la sierraginer2
triste y oscura.

Ya se van los pastores,
ya se van marchando;
más de cuatro zagalas
quedan llorando.

Ya se van los pastores
hacia la majada;
ya se queda la sierra
triste y callada.

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Manuscritos de FGL en la BNE

imagesBiblioteca Nacional, 27 de enero de 2015. Una docena (ampliada) de personas, convocados por Eva San Felipe, de la Fundación de Amigos de la BNE, accedemos de la mano de María José Rucio a la Sala Cervantes en una visita guiada para ver de cerca (¡casi tocar!) manuscritos de Federico García Lorca que posee la Biblioteca.*
Aquí están las páginas de El Público, la compleja obra de teatro que tan compleja historia tuvo (fue estrenada 56 años después de haber sido escrita) y tanta significación para el movimiento de reivindicación de la liberación sexual. Aquí podemos ver el manuscrito único del impresionante poema «Crucifixión» («es de los mejores que llevará el libro”, FGL) que Miguel Benítez Inglott había perdido y que fue encontrado años más tarde e incluido en posteriores ediciones de Poeta en Nueva York). Podemos hojear la conferencia de Federico para elogiar la obra de María Blanchard (tan maltratada en una sociedad machista y tan querida por Lorca), o el ejemplar único, hecho al alimón, por nuestro poeta y Pablo Neruda, para festejar a María Torné (uno de cuyos dibujos encabeza este escrito de mi blog). Podemos ver el manuscrito del famosísimo Llanto por Ignacio Sánchez Mejías, cuya primera edición incorporaría los bellísimos dibujos de José Caballero…
¡Joyas! Maravillosas joyas, conservadas milagrosamente durante décadas, adquiridas (a veces por donación, a veces a cambio de cantidades importantes, como «Crucifixión») que ahora pueden analizar los investigadores que accedan a la BNE. María José, inteligentemente, suscita en el corrillo posterior a la visita el tema de lo que perderán las generaciones futuras cuando los soportes informáticos no puedan ofrecernos esta «carne viva», este temblor de la mano del creador sobre el papel, esas huellas que nos dejaron los grandes escritores para que entendiéramos mejor su obra y su vida…
Y también, por qué no decirlo, perderemos las huellas de los grandes lectores. No tuve ocasión de visitar la biblioteca personal de don Gabriel Miró pero recibí información directa del profesor que la estudió para la edición crítica que hicimos de Nuestro Padre San Daniel y El obispo leproso. Recuerdo con emoción que él me explicaba las notas de don Gabriel, los papelitos colocados entre las páginas, los escolios que había en algunos de los márgenes de los libros estudiados… enriqueciendo con ello los ejemplares de esa biblioteca. Recuerdo también, de mis tiempos de la SGAE, cómo,  limpiando un almacén de la Sección de Líricos, tuve ocasión de estudiar un ejemplar de Los intereses creados, acotado profusamente por un enemigo, también autor, de nuestro premio Nobel. Innumerables críticas, la mayoría groseras, de la forma de escribir de don Jacinto, formando así un «dialogo» apasionante entre uno de nuestros más grandes autores y crítico más ácido; un diálogo que a mí, lector ocasional pero apasionado, me enseñaba muchísimo.
Aunque se ha hecho algunas veces, sería estupendo que se hicieran más ediciones de libros acotados, cuyas obras originales se han enriquecido enormemente con esas acotacione…fgl pero, bueno, esta es otra historia; volvamos a los manuscritos que atesora la BNE, agradezcamos que su política de puertas abiertas, con la activa participación de la Fundación de Amigos de la BNE, este difundiendo tan inteligentemente la Cultura y disfrutemos de nuestros clásicos que, aunque parece que están muertos (asesinados como el caso de Lorca o enterrados en el olvido como tantos otros), reviven cada vez que nos acercamos a su obra e intentamos comprender a fondo (hasta sus últimas consecuencias, hasta involucrarnos y comprometernos)  lo que quisieron decirnos.

*Autógrafos de Lorca:
-Mss/21693: Llanto por Ignacio Sánchez Mejía
-Mss/22543/5: Elegia a María Blanchard
-Mss/22544: Paloma por dentro
-Mss/22584/38: Viaje a la luna
-Mss/23213: Crucifixión
-Res/274/19: El público
De Rafael Alberti:
-MSS/23063: Manuscrito Penagos

 

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