Ciudad Universitaria

IMG_2308RCasa de Velázquez. 6 de mayo de 2015. Lectura dramatizada de «Paisajes de una guerra: textos y manifiestos en torno a la Ciudad Universitaria», a cargo de Ramón Esquinas, Silvia Marsó y Pepe Martín, con fragmentos seleccionados por Rafael R. Tranche.
Una buena selección realizada, por el profesor Rafael Rodríguez Tranche, «con varios criterios: ofrecer un abanico diverso de géneros y enfoques, tanto estilísticos como políticos; revivir los hechos más destacados y la impresión que causaron en sus protagonistas, y patentizar la escasa atención que la ciudad universitaria ha recibido como lugar de memoria desde una perspectiva democrática»
Aquí están los testimonios ―contemporáneos  y representativos de aquella terrible época, en prosa o en verso y desde una posición política u otra― de una impresionante lista de  personas comprometidas con su tiempo: Rafael Alberti, Arturo Barea, Pío Baroja, Chaves Nogales, Bobby Deglané, Agustín de Foxa, O. D. Gallagher,  Pedro García Suárez, Eduardo de Guzmán, Machado (don Antonio, pero también Manuel con un poema que nos invita a reflexionar), Malraux, Alfredo Marquerie, Alberto Martín Fernandez (con el pseudónimo Juan Deportista), José Miaja, Margarita Nelken, Pablo Neruda, Edgar Neville, Adolfo Prada,  Ksawary Pruszynski, Vicente Rojo, Víctor Ruiz Albéniz (abuelo de Ruiz Gallardón y con el pseudónimo Tebi Arrumi), Lucía Sánchez Saornil, Julian  Zugazagoita… y hasta un discurso de Francisco Franco. Y las reflexiones o recuerdos posteriores de: Fernando Fernán Gómez, Emilio Gutiérrez Cava, Lise London, Alberto Méndez, Antonio Muñoz Molina, Octavio Paz y Juan Urra Lusarreta. Una nómina imponente cuyas referencias, concentradas en esta ocasión en la Ciudad Universitaria de Madrid, nos ayudan a comprender un poco mejor la parte más dramática de la historia reciente de España y la que más controversias ha producido aquí y en muchas partes del mundo.
Espléndida como siempre Silvia Marsó, con un principio sorprendente cantando a capella, entre el público, una de las numerosas versiones de la popularísima canción «Si me quieres escribir / ya sabes mi paradero…» y dramatizando diversas lecturas, la más espectacular en mi opinión, un párrafo de L’Espoir de Malraux, en el suelo cubierta con una manta, reflejando toda la angustia del combatiente que no sabe por dónde puede venirle la muerte. Flanqueada por un magnífico Pepe Martín, pleno de voz y de gestos, y Ramón Esquinas, codeándose dignamente con estos dos gigantes.
Hora y media de palabras evocadoras e iluminadoras, con las voces y los gestos adecuados, con música y fotografías sobrias, bajo los arcos del hermoso patio central lleno de un público capaz de valorar un espectáculo de esta naturaleza. Diversas edades y condiciones sociales: por ejemplo, a mi lado, Raquel Güemes, que está iniciando con entusiasmo (y con sus recién cumplidos 19 años y sus bellísimos ojos verdes) su prometedora carrera de actriz.
Final impactante, representando una escena de la novela de Neville El frente de Madrid con un combatiente falangista y otro del bando republicano, ambos sabedores de su inmediata muerte que los unirá en un cuasi abrazo.*
Y para redondear la velada, una autofoto de Silvia con los artistas y los espectadores más entusiasmados… Quizá la Guerra Civil debería quedar en eso: un grupo de personas de varias generaciones abrazadas, sonrientes, recordando con emoción pero sin rencores lo IMG-20150506-WA0002que fue aquella terrible guerra entre hermanos y dispuestos a mantener las controversias en un tono civilizado (a lo que ayuda sin duda el famoso cielo velazqueño, del que hemos disfrutando en este bello véspero con el que se ha iniciado el acto y la serena noche que nos despide) en el corazón de España, en el corazón de nuestra patria que, reconozcámoslo, ha podido superar, con mucho dolor pero con mucha menos crueldad que otras,  su contienda fratricida.

 * Mi camarada PGM me aseguró que, cuando la guerra estaba más enconada, cuadros medios de Falange y del Partido Comunista tuvieron conversaciones discretas explorando la posibilidad de buscar una salida patriótica que conllevaba apartar de la contienda al eje nazifascista y al gigante estalinista. Como tantas otras cosas en aquella dramática década, ese intento de reconciliación fracasó y la guerra se resolvió en una clara victoria del general Franco y en una terrible derrota del bando republicano.

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