Giner

GINERInstitución Libre de Enseñanza, Madrid, 18 de febrero de 2015. Centenario de la muerte de Francisco Giner de los Ríos (1839-1915). El hermoso Salón de Actos repleto de gente de todas las edades y condición social (aunque, quizá, pocos jóvenes) para recordar a uno de los hombres más importantes en la recepción, desarrollo y difusión del krausismo y de todos los ideales humanistas que tanto hicieron por una Europa capaz de superar enfrentamientos políticos absurdos económicos y sobre todo por establecer una educación sin dogmas, sin discriminación, sin absurdos… aunque la historia de nuestro continente sea zigzagueante y aúne grandiosas victorias con terribles derrotas.
Ariadna Gil lee, de forma excelente, el conocido poema de Antonio Machado (que había sido alumno de don Francisco) de 21 de febrero de 1915 «A don Francisco Giner de los Ríos»: «Como se fue el maestro, / la luz de esta mañana / me dijo: van tres días / que mi hermano Francisco no trabaja». Machado, «hombre bueno y poeta sabio» como nos recordará luego Michavila, conservaba íntegro el amor sincero del buen discípulo por el buen maestro.
A continuación, 17 personalidades (en el programa había 18 pero no asistió Rosario Romero) ligadas a la ILE por parentesco de los fundadores o por haber participado entonces o ahora en sus actividades, desgranan sus elogios personales, emocionados pero comedidos, sinceros e inteligentes, de forma concisa, pero en todos los casos clarificadores y estimulantes para los que escuchamos atentamente.
Paloma Araoz recuerda a su abuela Micaela, que nació en la casa donde estamos ahora. Isabel Azcárate explica cómo los valores de la ILE llegaron al exilio venezolano y recuerda las palabras de Gumersindo Azcárate: al niño se le educa, al joven se le instruye al maduro se le enseña. El profesor Elías Díaz reclama una vez más un Giner de los Ríos no recluido, no terminal; bien al contrario, germinal, seminal y evoca los valores del Krausismo y de Giner, de la necesidad de la humanidad de combinar ciencia y conciencia para superar dogmas y mezquindades. Laura García-Lorca explica cómo su abuela, sobrina y alumna de Giner, la educó a ella y a sus hermanas en la ternura, en la tolerancia, en el respeto, en una religiosidad no ligada a estructuras clericales. Jesús Garzón, que modestamente se atribuye como único mérito el de ser amigo de Julián de Zulueta y defensor de la recuperación de la trashumancia, enfatiza que cualquier humanismo significa una reconciliación con la tierra maltratada, para lo cual colabora con la Fundación Sierra Pambley. José García-Velasco Secretario General de la Fundación, nos cuenta sucintamente los avances que se han hecho en la recuperación de la documentación de la ILE (destruida o dispersada por los falangistas vencedores en la Guerra Civil) y la colaboración que se ha establecido entre las fundaciones Giner de los Ríos, Ortega-Marañón y otras entidades como el Instituto Internacional, y nos recuerda a todos que la fundación y la ILE necesitan la participación y el apoyo de cuantos nos consideramos dentro de ese mundo amplio, diverso, pero bien acotado, de los valores de la ILE. Salvador Giner (hijo de Ricardo Giner Roque) recuerda al Institut d’Estudis Catalans y cómo desde su fundación en 1907 se hermanó con la ILE. Alicia Gómez-Navarro nos habla también de la estrecha relación entre la Residencia de Estudiantes (cuyo centenario se cumplió en 2010) y la ILE e informa, con legítimo orgullo, de que la Residencia tiene ya dos millones de páginas digitalizadas, tras una labor descomunal de recuperación y difusión del rico patrimonio cultural español. Fernando Gutiérrez del Arroyo recuerda con emoción cómo el retrato de don Francisco siempre presidió la mesa del despacho de su padre (que se acordaba de haber estado en las rodillas de don Francisco cuando era niño) y cuenta la anécdota del jefe de un grupo de milicianos que había entrado en la casa paterna en busca de colaboracionistas de los militares alzados y, al ver ese retrato de don Francisco, se cuadró frente a él y mandó a sus hombres que abandonaran la casa, porque sin duda era un hogar leal a la república. Francisco Laporta destaca la militancia ecologista (avant la lettre) y su gran religiosidad (en el sentido de religarse con la Naturaleza) y recuerda que don Francisco, como buen pedagogo, sostenía que vivir las cosas es mejor que leerlas, de ahí los largos paseos de los institucionistas por el Guadarrama y los versos de Antonio Machado: «…Oh, sí, llevad, amigos, / su cuerpo a la montaña, / a los azules montes / del ancho Guadarrama.» José-Carlos Mainer nos recuerda que Giner de los Ríos es llama y luz (luz que clarifica, como dijo Juan Ramón Jiménez), se refiere al artículo de Antonio Machado paralelo al poema (está reproducido en nuestra revista Aprender a Pensar) y remarca las cuestiones innegociables que tenía Giner y toda la Institución Libre de Enseñanza, como la defensa de la dignidad, de la ética, de la libertad de la persona (también crítica la actual tendencia a enfatizar en la educación de los niños la idea de que deben prepararse para ser «emprendedores». Francisco Michavila se refiere al famoso diálogo entre el joven Costa y el maduro Giner, que cuenta Fernando de los Rios, donde el primero le dijo al segundo «Giner, hace falta un hombre.» y don Francisco responde: «Joaquín, lo que se necesita es un pueblo.»; de ahí que Antonio Machado, termine el poema que ha abierto el acto con estas bellas palabras: «Allí el maestro un día / soñaba un nuevo florecer de España.». Elisa Navas, 10 años dirigiendo la ILE, nos explica cómo el proceso de recuperación y la puesta en pie de nuevo de la Casa en la que estamos ahora («llena de luz y energía») se ha hecho con gran esfuerzo, sin nostalgia y con una inteligente adaptación al tiempo nuevo. Elvira Ontañón (que recordará con orgullo y amor a sus padres, que justamente se conocieron colaborando en la ILE) enfatiza cómo la Institución, desde el primer momento, le dio a la Educación un sentido trascendente y por eso, anticipándose y chocando con los inmovilistas, defendió la coeducación «en el jardín y en las aulas». Nicolás Sánchez Albornoz nos advierte de que es hora de recuerdo pero también de reflexión para valorar bien la vasta obra y las valiosas experiencias pedagógicas de la Institución; reflexión hoy más necesaria que nunca, cuando el terrible déficit de educación que tiene nuestra patria y la corrupción que la corroe hace más necesaria que nunca una formación cívica humanista y liberal. José Manuel Sánchez Ron recuerda cómo se dio cuenta de cuánto se le había hurtado a la educación de su infancia y juventud al haberle ocultado el sistema educativo de la dictadura la gran obra que la ILE había hecho en nuestro país, y muy especialmente la labor solidaria de Giner con la historia del último cuarto del siglo XIX, y enfatiza la interacción entre ciencia y humanidades que siempre tuvo la ILE, como se ve se ven en muchas de sus actividades y, por ejemplo, en el nombramiento como profesor honorario Charles Darwin. Por último, Carlos Wert cita unas palabras de Giner tan significativas de un grupo de estudiantes alrededor del maestro en un medio natural, respetándolo no por su poder sino por su autoridad, en definitiva, aprendiendo a aprender.
17 intervenciones realmente interesantes. Palabras todas ellas representativas del cariño y la admiración por el maestro… pero, sobre todo, evidencia de que su obra sigue tan viva como hace un siglo y, quizá, es más necesaria que nunca.
Y, a continuación, un regalo tan pedagógico como todo lo que hacía/hace la ILE, que siempre defendió la inclusión de la música (y supongo que todas las Bellas Artes) en la enseñanza). Regalo exquisito porque Paloma Gutiérrez del Arroyo, ligada por su familia a la Institución pero, sobre todo, una gran especialista en música medieval y magnífica intérprete (¡a capella, salvo en una ocasión que se acompaña pulsando delicadamante las cuerdas del salterio!), nos deleita con «Música de trovadores y juglares de los siglos XII al XV»: una «secuencia» atribuida a Pedro Abelardo («Ahora veo al que deseaba, ahora abrazo al que / amaba, ahora río, cuando tanto había llorado, / ahora me alegro, cuando tanto había penado.»); una canción de Gaucelm Faidit sobre la muerte de Ricardo Corazón de León («Y cuando vemos que nada puede escapar / deberíamos temer mucho menos el morir.»); un canto del trovador Hugues de Bregi («pero, digan lo que digan, no hay despedida más / dolorosa que la del amigo a su amada.»); una de las cantigas compiladas por Alfonso X El Sabio sobre los milagros de Santa María («Y salieron a la calle a llamar a la gente para que / vieran el milagro, que fue de los maravillosos / que hizo la Virgen en aquel lugar.»); el romance anónimo de Durandarte («Durandarte, Durandarte, / buen cavallero provado,» … «Palabras son lisonjeras, / señora, de vuestro grado, / que si yo mudanza hice / vos lo avéis todo causado.»). Y termina su magnífico concierto donde lo fundamental ha sido el individuo, sobre todo el individuo enamorado, amores y desamores, requiebros y lisonjas, anhelos y trucos, volviendo a la realidad social y a nuestro tiempo y nos cuenta la anécdota de un policía secreta de la Dictadura que asistía a una fiesta de republicanos e informaba a sus superiores: «Se reúnen para comer, no hay discursos y terminan todos cantando algo sobre unos pastores que se van a Extremadura.» Así que todos entonamos, felices y entusiasmados, como aquellos republicanos valientes, dándoles especial sentido a las palabras:

Ya se van los pastores
a la Extremadura
ya se queda la sierraginer2
triste y oscura.

Ya se van los pastores,
ya se van marchando;
más de cuatro zagalas
quedan llorando.

Ya se van los pastores
hacia la majada;
ya se queda la sierra
triste y callada.

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Una respuesta a Giner

  1. ana calle dijo:

    Gracias, José María.
    Un abrazo,
    Ana

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