40 años

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Leí hace 40 años, en francés, una biografía de Lenin de la que solo recuerdo la conclusión, una frase breve pero rotunda, que me impresionó entonces, a pesar de (o quizá por) su sencillez y que he retenido en mi memoria: «On cherche l’homme, on trouve l’Histoire» (Se busca al hombre, se encuentra la Historia). Así es con los hombres importantes… pero también con cualquier hombre, con cualquier persona a la que nos acerquemos, directamente o a través de referencias y documentos. Nadie es reconocible, nadie puede ser comprendido fuera de un contexto, fuera de la historia. Y cuando tenemos en cuenta esa historia, sea la «gran» historia de países, épocas, etc., sea la «pequeña» historia de una familia o de un lugar concretos, aprendemos que el reduccionismo nos puede llevar al error: no podemos encerrar una biografía en un «tuit», en un párrafo ingenioso de un artículo periodístico, en una espinela.

Creo que todo esto viene a cuento hoy, cuando se cumplen 40 años de la muerte de Francisco Franco Bahamonde, que dirigió a las fuerzas armadas sublevadas contra la Segunda República, que consiguió la victoria en una terrible guerra civil, manteniéndose durante 36 años como Jefe del Estado, hasta su muerte natural. Hay una amplia bibliografía y miles de artículos sobre Franco pero en mi modesta opinión aquellos libros o artículos que se limitan a acotar al individuo y definirlo con meras etiquetasi no nos ayudan a comprender una etapa de la historia de España que tanto ha influido en la que estamos viviendo ahora y que, en muchos aspectos, aún no ha sido superada totalmente… aunque la edición de hoy de EL ESPAÑOL lo afirme de forma rotundaii

Por supuesto que me parece estúpido reivindicar el franquismo (como ideología o sistema político) a estas alturas, tan estúpido como sostener que sigue vigente entre nosotros, en importantes sectores de la sociedad. Franco y su régimen murieron hace 40 años. Pero aquella etapa de nuestra historia no puede despacharse de forma simplista.

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iUn ejemplo: un artículo publicado ayer en El Mundo: http://www.elmundo.es/opinion/2015/11/19/564ceb6a22601d9f538b45d9.html

iihttp://www.elespanol.com/edicion/20151120/80631937_14.html

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Poesía y tiempo

cartelbarcelonaComo todas las grandes obras de la humanidad, como todas las artes con las que el hombre ha intentado entender, definir, aprehender el mundo, la Poesía viene de los orígenes de la humanidad y acompañará al ser humano hasta el fin de la especie. Sí, la belleza condensada, la palabra hecha metáfora, hecha música (ritmo y  rima), viene del principio y nos acompañará hasta el final. Por eso, la Poesía, a pesar de que siempre parece estar en crisis, no muere ni morirá jamás mientras viva el hombre.
Pero este caminar juntos, entrelazados, de la Poesía y el Hombre como especie, también lo es con el hombre como individuo. Desde su nacimiento, incluso antes, en el vientre materno, el individuo está acompañado de ese hermoso lenguaje binario de los latidos del corazón que luego se traduce en el ritmo de la poesía popular, de las métricas más sencillas (y tantas veces más hermosas). El feto percibe el pulso del corazón materno y después con ese mismo ritmo escuchará las nanas y los cantos de la madre y el padre, las retahílas… y, más tarde lo utilizará en juegos y canciones de corro; aprendiendo así a aprehender la compleja pero bella realidad en la que vive.
Por eso la Poesía merece nuestro máximo respeto y nuestro más entusiasma homenaje. A la Poesía a y los poetas que la buscan y la encuentran, que viven en ella y para ella… A los poetas y a cuantos, desde una posición secundaria pero imprescindible, le dan forma a la obra poética y la difunden. Por eso nos reunimos ayer, en la acogedora Casa del Lector, un grupo de personas, convocadas por Amelia Romero y coordinadas por Marina Casado, para rendir nuestro homenaje a la emblemática colección El Bardo, que fundaran José Batlló y Amelia Romero, en sus «más de 50 años» de vida. Prácticamente todos los grandes poetas contemporáneos de España han publicado en El Bardo, desde Vicente Aleixandre hasta  Concha Zardoya (algunos de ellos como Ana María Moix, Carlos Álvarez, Antonio Carvajal o Manuel Vázquez Montalbán, por primera vez). Y la colección sigue buscando, y encontrando, nuevos poetas, aumentado así su rico elenco.
El acto de Madrid, modesto pero entrañable, era continuación de las jornadas que se habían celebrado en la Universidad de Barcelona, el pasado año, al celebrarse el cincuentenario de la colección. Y resultó además un homenaje emocionado a Carlos Sahagún, que falleció a finales de agosto pasado y cuya viuda nos acompañó en el acto, y a Carlos Bousoño, fallecido hace unos días, como nos recordó el excelente poeta Javier Lostalé, que también recitó un bello poema de Antonio Carvajal. Marina, para el recital, quiso rodearse de un grupo de jóvenes poetas (véase el pie de foto) que prestaron su voz a poemas de, además de los tres anteriormente citados,  Ana María Moix, Pere Ginferrer, Carlos Bousoño, Vicente Aleixandre, Félix Grande, Ángel GonzálezFélix de Azúa, Gabriel Celaya (recordé vívidamente anoche la bella mirada del poeta, cuando conversábamos sobre Gabriel Celaya para niños, que editamos hace ya bastantes años), Miguel Labordeta y Gloria Fuertes.
Y después del acto, todos los que habíamos intervenido, nos fuimos a continuar la fiesta, a tomar unas cervezas y seguir recitando los propios poemas de los declamadores: las voces jóvenes e ilusionadas del grupo que reúne Marina, se hacían oír por entre el murmullo del local donde estábamos, recordándonos que, como dije al principio, la Poesía nos acompaña desde la cuna a la tumba (¡y antes y después de esas dos estaciones de tránsito!)  en el duelo y en la fiesta, en la intimidad y en el bullicio.

todos1En la foto: arriba, Alberto Guirao, Eric B. Schanabrier, Alberto Guerra Obispo, José María G. de la Torre, Javier Lostalé; abajo: Paula Bozalongo, María Agra-Fagúndez, Conchy Gtz Blesa, Andrea T. Buergo, Marina Casado, Debbie Alcaide, Marisa Marazuela (Viuda de Sahagún) y Amelia Romero.
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Mi Miguel Hernández en 12 poemas

AMP01040(Como homenaje a Miguel Hernández, en el centésimo quinto aniversario de su nacimiento, resumo aquí mis charlas para profesores y la comunicación que presenté en el III Congreso Internacional Miguel Hernández.)

Mi Miguel Hernández es ―partiendo de toda su prodigiosa obra (más de mil poemas, diversas prosas, decenas de trabajos periodísticos, seis obras de teatro… todo ello realizado en poco más de una decena de años) y de su biografía (incluyendo las controversias sobre el grado de modestia de su familia, su formación autodidacta, su compromiso político, su vida amorosa, etc.)― sobre todo un amigo al que puedo recurrir en todo momento; un amigo, endurecido por la vida y amante apasionado de la vida, al que veo saltando entre la Naturaleza de la que extrae la poesía y a la que devuelve su poesía, pero también saltando entre las mesas escolares, entre niños de toda edad y condición, entre adultos que no han perdido su infancia ni su juventud, entre una sociedad que siente, piensa y actúa, de la que obtiene la poesía y a la que devuelve su poesía. Sus versos, que vienen de la historia, de la sociedad, de la naturaleza, vuelven a la naturaleza, a la sociedad más bellos aún y, por eso, se enraizan en la historia, se incrustan en la historia para que las futuras generaciones los disfruten. Un amigo inserto en la sociedad, comprometido con su mejora, dispuesto a luchar para un mundo más justo. Un amigo al que amar y seguir en su ejemplo. Un amigo al que honrar en cada ocasión posible. Un amigo presente, cuya obra y testimonio personal tiene hoy tanta vigencia como hace ochenta años.
He aquí, pues, mi síntesis, estructurada (de forma subjetiva y sugestiva) en doce valores fundamentales de Miguel, en correspondencia con doce de sus poemas (considerando como tal, para este propósito, el «Romancillo de mayo», extraído de su obra de teatro El labrador de más aire). No hace falta decir que las breves notas que acompañan a esta numeración no tienen otro objeto que justificar mi elección puesto que ni me considero un experto en la magna obra hernandiana ni pretendo con este texto otro objetivo que manifestar mi homenaje. Mi propuesta, por tanto, tiene un carácter meramente subjetivo (se podrían poner otros muchos poemas para destacar los valores hernandianos) y sugestivo (pretendo, sobre todo, incitar a la lectura de la hermosa obra hernandiana). Para quien quiera disfrutar de los poemas completos, ponemos en su título el enlace a nuestro archivo.
«Niño» – Amor a la infancia y a la juventud
Aunque se me pueda acusar de exagerado, desde que conocí este poema sostengo que no hay nada más hermoso en la poesía española sobre la infancia y la capacidad que ella tiene de alcanzar todos los horizontes. Ese niño que es «ala, rueda, torre.  / Pie. Pluma. Espuma. Rayo.» … que puede cabalgar y dominar nuestro planeta, que puede ser el universo mismo, que puede ser el universo «que gira esperanzado.», es una llama encendida para la esperanza de la sociedad.
Por cierto, desde la primera edición de Miguel Hernández para niños, que dio nombre e inauguró nuestra colección más popular, Alba y Mayo, hemos conservado el título y respetado el verso. «creador del alba y mayo». Aunque algunos expertos sostienen que se trata de errata (entienden que debería ser creador de alba y mayo), en nuestra edición de Recuerdos de la viuda de Miguel Hernández, incluimos la postal que el poeta mandó a su mujer, cuyo anverso es un dibujo (que no parece estar realizado por Miguel Hernández) de un niño cabalgando un mundo y el reverso, el poema manuscrito, quizá por algún compañero de prisión de Miguel, pero con una dedicatoria a su hijo del propio Miguel Hernández (lo que demostraría que había leído el texto) donde se lee claramente creador del alba y mayo. A reserva de lo que decidan los filólogos yo creo que no es imposible que Miguel quisiera hacer un solo sustantivo con las dos palabras, alba y mayo, para mejor significar el nacimiento y la plenitud de la infancia.
«El silbo de la llaga perfecta» – Pasión amorosa
No conozco ningún poema que refleje más intensamente la pasión del varón por el sexo femenino. La cruda belleza de estos versos nos muestran un Hernández extremadamente sensual, pletórico de deseo, pero al tiempo profundamente humano. No es un animal el que desea penetrar en la hembra, sino un hombre buscando el amor: «Ábreme, amor, la puerta / de la llaga perfecta.»
«El alma de la huerta» – Amor a la Naturaleza
Es claro que Miguel tiene muchos poemas que cantan a su tierra y por tanto a la naturaleza pero he elegido éste, publicado en Actualidad en julio de 1930, para destacar que incluso a esa edad tan temprana (19 años) ya combinaba Hernández el dominio del lenguaje poético con sus pasiones. Porque el amor a la Naturaleza es también amor al hombre que se integra en ella y reprobación de los poderosos que impiden que esta integración sea armónica. «Barraca que fuiste en tiempos mejores / de fe, de virtudes, de amores, / de paz y alegrías alcázar dorado; / y musa creadora de mil trovadores, / de excelsos cantores, / que bajo la parra que prende a tus pajas dosel encantado / la vida han pasado/ cantando tus gracias con ansias febriles de ser ruiseñores».
«El niño yuntero» – Amor a la libertad y la justicia
Uno de los más conocidos poemas de Hernández y donde la denuncia de la injusticia se hace más intensa. El amor a la libertad y la justicia está en cada uno de los versos de este emocionante poema pero, a pesar de esa fuerza reivindicativa, Hernández no cae en el rencor y en la petición de venganza: inteligentemente hace una llamada a los «que antes de ser hombres son / y han sido niños yunteros».
Llamada que hoy valdría para los que, habiendo sido superexplotados han alcanzado un nivel de vida relativamente acomodado y se olvidan de los que se encuentran en la misma situación que ellos se vieron hace tiempo.
«Romancillo de mayo» – Vitalismo
Este «poema» es un monólogo del personaje Quintín, (el labrador pícaro) en El labrador de más aire, musicado por Juan Manuel Serrat en su primer disco sobre el poeta (omitiendo algunos versos). Aunque otros muchos poemas nos hablan del vitalismo de Miguel, quizá en ningún otro como en este monólogo de Quintín hay una sensualidad, un ardor, una fusión con la naturaleza, una comunión con todo lo que bulle, una alegría tan grande como en este caso. «Campea Mayo amoroso; / el amor ronda majadas, / ronda establos y pastores, / ronda puertas, ronda camas, / ronda mozas en el baile / y en el aire ronda faldas…»
«Las manos» – Honradez
Magnífico canto al trabajo como garantía de honradez. Se dice que Miguel Hernández nunca superó su origen cristiano… pero lo que parece claro es que lo mejor del cristianismo que había adquirido en su breve paso por el colegio de los jesuitas, se había incorporado a su personalidad. «La mano es la herramienta del alma, su mensaje, / y el cuerpo tiene en ella su rama combatiente. / Alzad, moved las manos en un gran oleaje, / hombres de mi simiente.»
«El sudor» – Trabajo y cultura
Serge Salaün, Ramón Gaya, Gil Albert, y tantos otros ponderaron este poema (uno más de los que Hernández hizo apremiado por el tiempo y hostigado por la contienda) como uno de los poemas hernandianos donde se aprecia la prodigiosa capacidad versificadora de nuestro poeta. La vigencia de este poema hoy, sobre todo para la juventud más o menos acomodada que generalmente relaciona el sudor (físico o simbólico) con el deporte o la «marcha», me parece innegable. «Entregad al trabajo, compañeros, las frentes: / que el sudor, con su espada de sabrosos cristales, / con sus lentos diluvios, os hará transparentes, / venturosos, iguales.»
«Elegía» – Amistad, generosidad
Sabido es que este poema deslumbró a los poetas ya consagrados en España que señoreaban el mundo poético en Madrid, quienes se rindieron al nuevo valor que venía del Levante español, entre ellos Juan Ramón Jiménez y Vicente Aleixandre, que luego serían premios Nobel. Hay que destacar cómo este poema demuestra que la amistad sincera y generosa neutraliza las diferencias políticas. Porque cuando Miguel le dice a Sijé «con quien tanto quería» (no «a quien tanto quería», error que popularizó Joan Manuel Serrat) es absolutamente sincero, pero no olvida que la vida que los unió, las dificultades de la infancia y la adolescencia en un pueblo de la España profunda, también los ha separado y hasta enfrentado. Pero como con el amigo es siempre imprescindible dialogar antes que pelear, el poeta termina enfatizando este diálogo para cerrar su hermoso poema: «A las aladas almas de las rosas / del almendro de nata te requiero, / que tenemos que hablar de muchas cosas, / compañero del alma, compañero.»
«Madre España» – Patriotismo
Lamentablemente, este poema no es muy popular ni se incluye en muchas de las antologías de Hernández. Sin embargo, yo considero que, además de ser uno de sus poemas más hermosos, tiene plena actualidad en este convulso país que nos ha tocado vivir  y por ello debería ser divulgado por todas las fuerzas democráticas y progresistas de nuestro país. Desde sus primeros versos explica y canta la indisoluble unidad que hay entre el hombre y su patria: «Abrazado a tu cuerpo como el tronco a su tierra, / con todas las raíces y todos los corajes, / ¿quien me separará, me arrancará de ti, / madre?» y sufre por la terrible tragedia que la parte en dos: «España, piedra estoica que se abrió en dos pedazos». Su patriotismo es firme, superior a cualquier resultado que tenga la guerra fratricida: «no me separarán de tus altas entrañas», y se proyecta a los suyos más allá de la muerte: «Además de morir por ti, pido una cosa: / que la mujer y el hijo que tengo, cuando pasen, / vayan hasta el rincón que habite de tu vientre,»
«Vientos del pueblo» – Autenticidad y Rebeldía
Miguel Hernández se compromete, hasta la muerte, con la causa que él considera fundamentalmente justa por la que lucha, y denuncia vehementemente a los que, con cobardía y egoísmo, se olvidan de esa causa. Llama a los españoles a su causa, citándolos por sus gentilicios regionales: «Asturianos de braveza, / vascos de piedra blindada,» unificándolos a todos ellos en la lucha contra el enemigo común: «yugos os quieren poner / gentes de la hierba mala, / yugos que habéis de dejar / rotos sobre sus espaldas.»
«Canción del esposo soldado» – Paz
Por encima de las resonancias clasicistas, que los estudiosos han rastreado en este poema y la pasión amorosa, a mí me parece que el valor que da Miguel a la paz, se revela aquí con toda su fuerza. En un ambiente de guerra, el soldado-poeta busca la paz en el futuro. «Para el hijo será la paz que estoy forjando.» Y con ello homenajea a las madres y a sus niños (quizá las mayores víctimas de nuestra terrible Guerra Civil) y, por encima del incierto resultado (incluso con una premonición de derrota) sigue forjando la paz.
«Eterna sombra» – Capacidad crítica y de resistencia.
Este último poema del ciclo de su impresionante Cancionero y romancero de ausencias de9788479604417_04_l Hernández, «una cantata de dolor» como la definió Leopoldo de Luis, es también, en mi modesta opinión, una autocrítica profunda, un reconocimiento de que las derrotas («Yo que creí que la luz era mía, / precipitado en la sombre me veo.») igual que las victorias, se gestan y se viven en el interior de cada uno. Por ello cada uno de nosotros, por muy perdedores que seamos en la batalla contra la injusticia, en la batalla por la Libertad, en la batalla por la Vida, tenemos derecho a reclamar, con Miguel, «Dejadme la esperanza», y a seguir resistiendo, porque, como él nos enseñó, «[…] hay un rayo de sol en la lucha / que siempre deja la sombra vencida.»

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«Recuperar el orgullo de nuestra conciencia nacional» (II)

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Tomo de nuevo la acertada frase del Jefe del Estado, en su acertado discurso de 24-12-2014, para mi entrada de hoy. El llamamiento de Felipe VI tiene plena vigencia en este día, cuando tres presidentes de comunidad autonóma (que, constitucionalmente, son la máxima representación del Estado en su territorio y de ello les viene su legitimidad y su legalidad para gobernar en esa comunidad) y otros pequeños demagogos se dedican a despreciar a la nación española y a ridiculizar el Día Nacional de España.
No recuerdo los detalles
ni la fecha de uno de los actos que Ediciones de la Torre celebró en el Ateneo bajo la presidencia de José Prat García, pero sí recuerdo bien la magnífica impresión que me hizo don José cuando fui a buscarlo a su domicilio para llevarlo al acto: socialista de los clásicos (ilustrado, moderado, educado y amable) se había presentado, a la vuelta del exilio, a las elecciones como dirigente del PSOE (Sector Histórico) pero, tras el resultado de las urnas, se había integrado en el PSOE «oficial» (devenido a tal mediante maniobras internas y externas). No sabía yo entonces, o no la había valorado correctamente, la postura de don José, como senador por Madrid, en relación con la Ley 18/1987, de 7 de octubre que había establecido en su artículo único «Se declara Fiesta Nacional de España, a todos los efectos, el día 12 de octubre.» El Sr. Prat había declarado, en su calidad de senador, que cualquier país que tuviera en su historia la hazaña de haber encontrado todo un continente y haberlo incorporado al mundo que ya sentía la necesidad de una globalización civilizatoria (por muchas sombras que acompañen a las inmensas luces que iluminan la gesta) se sentiría especialmente orgulloso y no dudaría en señalar la fecha del descubrimiento como Día Nacional. ¡Cierto! A pesar de los errores, a pesar de las leyendas negras y a pesar de tantas guerras cainitas que hemos tenido en España, bien podemos sentirnos orgullosos de nuestro 12 de octubre, como debemos sentirnos orgullosos de haber puesto en pie, hace más de cinco siglos, uno de los primeros estados de Europa, de haber expandido por todo el mundo una lengua riquísima que hablan 500 millones de personas, de haber establecido una de las primeras constituciones modernas (la Pepa de 1812) y de haber mantenido una diversidad en la unidad que solo la acción concertada de grandes corruptos, de estúpidos racistas y xenófobos y de pequeños ignorantes y demagogos pone en peligro (aunque no nos engañemos: se trata de una exigua minoría, por mucho que se aprovechen hábilmente de tibios y confusos, frente a una inmensa mayoría de españoles, que no permitirán que se destruya una labor de siglos que ha conseguido, a trancas y barrancas y con no pocos errores y tragedias, uno de los países del mundo más agradables para vivir).
Tal como recogí en mi crónica del acto de Libres e Iguales del Ateneo, del 22 de septiembre ppdo., uno de los intervinientes, Federico Jiménez Losantos, aseguró
: «el problema fundamental de España […] es la traición de la izquierda a la idea nacional». Es verdad esa traición, y ello constituye una de las tragedias de nuestra historia moderna, de nuestra Transición, pero no es menos cierto que la derecha, con un Ejecutivo débil, con o sin mayoría absoluta, y embarrancado en la corrupción, no ha sabido adaptar la idea nacional a una situación democrática y ha oscilado entre una concepción vulgar de patria y una indolencia suicida frente a los ataques de los separatistas.
Por eso hizo muy bien el Jefe Estado en llamar a la gente del común a sentir «orgullo nacional», en convocar al buen pueblo, al verdadero pueblo, a defender, contra viento y marea, nuestra nación, la nación de todos, diversos pero unidos. Celebremos, pues, el Día Nacional de España como se merece: al lado de nuestras legítimas autoridades (aunque no nos gusten del todo), descarga (1)pensando en las generaciones que nos precedieron en nuestra tierra y en las venideras que han de disfrutarla, con orgullosa alegría, con optimismo frente al inmediato futuro, a pesar de los nubarrones que, como ahora en Madrid, se ciernen sobre nosotros.

 

 

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Dulce noviembre

admin-ajax (1)(Para E., tras el Monte de El Pardo)

Noviembre dulce (Pat O’Connor, 2001). Con Keanu Reeves y Charlice Theron como protagonistas, esta «comedia/drama» es una réplica de la película de 1968, con dirección de Robert Ellis Miller sobre un argumento de Paul Yurick y Kurt Voeler (datos extraídos de Filmaffinity). Dirección e interpretación controvertidas… Pero la película incita a la reflexión sobre el eterno tema de la búsqueda de pareja, en esta ocasión en un contexto típicamente norteamericano… con la sombra de la soledad y la muerte prematura, siempre acechantes.
En esta historia, el ejecutivo que dedica toda su energía, al trabajo, al triunfo social, que se encuentra con la (bellísima) chica que ha huido justamente de ese ambiente y que se dedica, de forma aparentemente anárquica y caprichosa, a gozar de cada momento (un hombre para cada mes, por eso Nelson Moss será noviembre y solo noviembre en la vida de Sara), a apurar toda la pasión que nos brinda el «carpe diem», en un juego, en el juego, que resulta la vida… Pero tras ello, como la Vida descubrió el amor para poder renovarse permanentemente, vienen todos los problemas de lo individual y lo colectivo, de la eterna (diabólica) dialéctica del amor (el yo y el transformado en nosotros) y, al final, todo puede quedar encerrado en un mes, en un instante, o puede proyectarse hacia la eternidad. La magia de las 24 imágenes por segundo, pero también un árbol o un bosque, una bellota caída en el suelo, una juvenil sonrisa capturada, un mohín de coquetería, unaadmin-ajax hoja de parra o de plátano que te transporta al dúo de Adán y Eva (de la hermosa Creación de Haydn) todo te habla de la realidad pero también de los sueños, todo te lleva a ver a la multitud que se agita cada día pero también a ese hombre y a esa mujer que se buscan esforzadamente para lucha contra la soledad, contra la muerte.

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Por la responsabilidad civil

libres-e-iguales-ateneo-1(Para  CAT, V, FPB, AM, MC, ES, EM, JPM y CR)

Me había propuesto hacer un texto con mi opinión sobre las elecciones en Cataluña del domingo pasado, siguiendo la notita que publiqué en Facebook la misma noche del día 27, pero creo que puedo dejarlo pendiente puesto que mucho mejor que leer mis reflexiones es que mis lectores amigos gasten su tiempo o fijen su atención en el acto que se produjo el día 22 de septiembre en el casi bicentenario y famosísimo Ateneo de Madrid (la Docta Casa), que me parece de una importancia capital y que, sin embargo, ha tenido muy escaso eco. Me parece mentira que la reunión de  más de 20 intelectuales, ex dirigentes políticos, comunicadores y analistas de primera categoría en España (desde el primero que intervino, Vargas Llosa, al que cerró el acto, Fernando Savater, un verdadero lujo), con  el Salón de Actos abarrotado y mucha gente en las escaleras y en la puerta del edificio,  no haya merecido casi atención de los medios más populares, no haya producido sesudos editoriales de los grandes rotativos ni, lo que es todavía más significativo, reacciones claras y bien divulgadas de los grandes partidos (ni de los emergentes) nacionales.
Un lujo, como decía, porque, hasta donde llegan mis noticias, no se ha producido en los últimos meses en ninguna otra parte en España un acto político similar. Y no solo porque la sola presencia de los intervinientes significaba un compromiso y un refrendo al manifiesto que se leyó después sino porque a pesar de que fueron todas breves intervenciones (el acto duró un poco menos de dos horas), la riqueza de autoridades oportunamente citadas (Lope, Kant, Julián Marías, Cervantes, Hannah Arendt, Tarradellas, etc.), la cantidad de ideas, conceptos y categorías, la definición matizada de lo que está pasando… todas esas intervenciones (con un lenguaje claro y bello en la mayoría de los casos) contienen elementos de reflexión para la ciudadanía (que cada vez es más numerosa) que quiere entender el drama que se está viviendo en Cataluña. El famoso prusés  es un proceso, un camino, en el mejor de los casos a la división entre catalanes y españoles y en el peor a un golpe de Estado (que no otra cosa sería una declaración unilateral de independencia). Hay que agradecer a la gente de LIBRES E IGUALES, que coordina con gran discreción y eficacia Cayetana Álvarez de Toledo,  y que reúne a personas de distintos orígenes y sensibilidades políticas, pero todas ellas con un claro compromiso con la libertad y el patriotismo, hay que agradecerles, digo, ese esfuerzo que han hecho de reunir personas, testimonios e ideas que nos pueden ayudar a todos y muy especialmente a esa mitad de catalanes que hoy sufren una verdadera dictadura de la sinrazón y de la mentira, del acoso social, etc., que no otra cosa es el nacionalismo fanático.
Abrió el acto Mario Vargas Llosa que, con su verbo inigualable, nos explicó cómo hay ficciones benignas (que añaden algo valioso a la realidad y nos producen placer y saber) y ficciones malignas, que se nos presentan disfrazadas de verdades, de «lecturas objetivas y casi científicas de la realidad» pero que buscan realmente despertar fanatismos; entre ellas, «ninguna ha creado tanta violencia, tanto odio y tanto encono como el nacionalismo» para concluir definiendo claramente el problema: el triunfo del independentismo en Cataluña sería un drama porque España y Europa sufrirían pero, sobre todo, sería «una verdadera catástrofe para Cataluña».
José María Fidalgo recordó a las autoridades nacionales la obligación que tienen de hacer frente a la ilegalidad que desde la Generalidad señorea la vida política social cultural, etc. de Cataluña. Félix de Azúa advirtió a todos de que no puede salir gratis un desafío al Estado y que parece que esto, aunque tarde, han empezado a comprenderlo sectores significativos de Cataluña. Mercedes Fuertes enfatizó la irracionalidad de todo este proceso y se apoyó en Lope de Vega para decirnos «no hay deseos cuerdos con esperanzas locas». Joaquín Leguina aseguró que la diferencia entre barbarie y democracia no es otra que el imperio de la ley y declaró taxativamente que «no se puede dialogar con los energúmenos.» Andres Trapiello, utilizando datos recientes de la propia Generalitat, destacó que solo el 31% de la población de la Cataluña actual tiene como lengua materna el catalán frente al 51% que tiene el español como lengua materna. Frente a esta realidad, el hecho de que la enseñanza se haga en catalán al ciento por ciento en la mayor parte de los tramos educativos convierte a Cataluña en un caso único entre los países y comunidades bilingües del mundo.
Teodoro León Gross recordó que siempre, ante el desafío de la sinrazón, hay que encontrar la respuesta ilustrada, buscando con tesón a esa persona «que puede actuar como un ciudadano emancipado de los mitos. ¡Sapere aude!». Carlos Herrera, con su típico gracejo, vaticinó que los independentistas ganarán las elecciones holgadamente y, con ello, lo que va a ganar realmente es «una forma de vida, el permanente derecho a amenazar para obtener prebendas»: por eso reclamó que, durante el proceso intermedio desde la iniciación de la independencia hasta la hipotética proclamación definitiva, se actúe con mucha inteligencia. Francisco Vázquez defendió ardorosamente a los millones de catalanes discriminados por no haberse plegado a la dictadura nacionalista e hizo una encendida defensa de la unidad de siglos en España.
Arcadi Espada, en un breve texto de gran ingenio, explicó que a quien hay que liberar realmente es a esa «pequeña xenófoba»  que sería la encarnación del nacionalismo catalán. Gabriel Tortella explicó la «paradoja catalana» de que siendo fundamentalmente serios, racionales, pragmáticos (el famoso seny), a los catalanes, de vez en cuando, les entra la rausa (rabia) y se dedican a meterse en guerras, conducidos por iluminados, que terminan siempre trágicamente para ellos. Así su posicionamiento en la guerra del s. XVII entre Francia y España, así en el apoyo a la dinastía de los Austrias en 1714, en las guerras carlistas, en la proclamación estúpida y trágica de la república catalana por Lluís Companys. Andrés Gonzalez recordó que con la crisis ha habido un renacimiento de los fascismos, de los anticapitalismos, de los grupos antisistema y, lamentablemente, del nacionalismo más sectario.
Albert Boadella (que utilizó su magnífico arte teatral para facilitar la salida de Vargas Llosa antes de terminar el acto) parodió las grandes diferencias que hay entre catalanes y no catalanes, que los propios catalanes llevan siglos buscándolas y que se han descubierto gracias a «españoles muy relevantes» como Luis María Anson, Miguel Herrero y Rodríguez de Miñón, Felipe González, José Manuel García Margallo y Pedro Sánchez (y tantos otros) que son los que han encontrado esas notables diferencias que ni los propios catalanes, se entiende los normales, fueron capaces de encontrar. Por eso hay que citar a Francesc Pujols, cuando dijo «Llegará un día en que por el solo hecho de ser catalán podremos ir por el mundo paseándonos con los gastos pagados.» Santiago González utilizó la conocida frase de Shakespeare para asegurar que «algo huele  a podrido en Vilafranca» y recordar a los arquetipos como Gerard Pique, que apoya el independentismo pero le interesa jugar en la selección de fútbol española, o al Conde de Godó, que presume de ser grande de España pero pone toda su capacidad empresarial y mediática al servicio de los separatistas. Ya dijo Jon Juaristi que los separatistas catalanes, en el fondo, no quieren dejar de ser españoles sino ser españoles de primera. Por otra parte hay que destacar la ancestral  mentalidad rupturista de muchos catalanes y por ello rompieron el carácter lúdico, festivo y unitario de la Diada y han roto la familia y la convivencia entre los propios catalanes: «la ruptura es su razón de ser».
Federico Jiménez Losantos, viejo resistente antiseparatista (Terra Lliure le pegó un tiro por denunciar el separatismo), dijo que hay que luchar cada día por la libertad; recordó que el propio Tarradellas nos previno contra la «dictadura blanca» del siniestro Jordi Pujol; reclamó que se haga un censo de los exiliados de Cataluña en estas décadas e hizo un elogio de y reclamó solidaridad con los millones de ciudadanos catalanes que se han quedado allí maltratados por la dictadura pujolista. Se remitió a la lucha que se inició hace 35 años y aseguró que la clave de todo esto que está pasando, «el problema fundamental de España […]  es la traición de la izquierda a la idea nacional». Elogió la aparición y la actividad de Ciudadanos y advirtió de que la falta de libertad que hay en Cataluña en este momento se está extendiendo a Valencia Baleares, País Vasco, Navarra, Galicia y Canarias. Carmen Iglesias, de dulce y suave firmeza, citó a Hannah Arendt, para rearmarse contra el «delirio contagioso y racional del nacionalismo», contra las fronteras. Nicolás Redondo Terreros se apoyó en el Quijote (la llegada del caballero y su escudero a Barcelona) para explicarnos que en aquel tiempo no había más hecho diferenciales en Cataluña que los que pudiera haber en el resto de España y que todos ellos se regían por las mismas leyes políticas. Concluyó diciendo que lo que está en juego no es elección, entidad, autonomía, etc.; lo que está en juego es la libertad.
Santiago Trancón nos recuerdó, igual que hizo Federico Jiménez Losantos, que esta situación de hoy ya empezó hace 35 años y que entonces hubo el llamado «Manifiesto de los 2.300», que también fue desoído por el gobierno central y que un cúmulo de «mentiras, traiciones, chantajes y amenazas de unos y otros», sobre todo de los partidos mayoritarios,  han entregado «el poder a una minoría arrogante, ambiciosa y corrupta que actúa como una dictadura muy parecida a las nazis y los fascistas del primer tercio del siglo pasado». Francisco Sosa Wagner exhibió el pasaporte español para vaticinar que, en el caso de seguir adelante la deriva nacionalista, los ciudadanos de Cataluña necesitarán un pasaporte para trasladarse a otros lugares de España. Fernando Savater  insistió mucho en el carácter autonómico de las elecciones y que, por tanto, los ganadores, saquen los votos y escaños que saquen, no pueden argüir ninguna legitimidad para cualquier declaración que vaya más allá de sus atribuciones constitucionales; si así lo hicieran «sería una agresión a todos los españoles»; por eso llama a la responsabilidad: «las personas  libres nunca preguntan qué va a pasar, preguntan qué vamos a hacer.»
Para terminar, Cayetana Álvarez de Toledo leyó, fuera de escenario, el breve pero rotundo manifiesto (que también se proyectó en la pantalla), que comienza advirtiendo a los abstencionistas de que el día 28 no podrían decir «yo no sabía» que la intención de los que han pedido el sí para sus pretensiones políticas era la liquidación de los derechos de ciudadanía de todos los españoles, la salida de la UE, la ruina económica para una generación…
20 voces cualificadas, 20 razones, 20 emociones, componiendo una bella coral que forma parte de lo más sereno de España, del patriotismo constitucional, del compromiso con la Democracia y el respeto a la Ley; una llamada responsable a una ciudadanía compuesta por personas libres e iguales.
El vídeo con todas las intervenciones, incluyendo el saludo inicial del presidente del Ateneo Enrique Tierno Pérez-Relaño y el texto de la declaración, puede verse aquí.

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Cataluña hoy: sí se puede

ETA2Nicolás Redondo Terreros, uno de los pocos (ex) dirigentes del PSOE que (cuando estaba en vigor la política socialista de pactar con la ETA, en medio de una gran controversia), rehuía la «equidistancia», repetía una y otra vez que, al menos, sería bueno que cada responsable político manifestara claramente si su estrategia para acabar con la barbarie terrorista consistía en derrotar, por todos los medios legales y con todas las consecuencias políticas, a la banda criminal o en pactar una salida de la violencia; siempre aclaraba: yo soy partidario de una derrota clara y rotunda pero aceptaría discutir con los que proponen la salida negociada siempre que se explicara eso claramente a la población. Sabemos que nadie le hizo caso y que al final el desenlace es una chapuza donde la derrota no es clara y rotunda, donde la negociación fue (¿sigue siendo?) clandestina y donde los derrotados «militarmente» salen muy reforzados políticamente, como demuestra la situación actual en muchos ayuntamientos del País Vasco y en el propio gobierno de Navarra, con el consiguiente escándalo de las víctimas del terrorismo y de mucha más gente. Se demuestra así una vez más que, en las batallas fundamentales, en las contradicciones antagónicas, para buscar la derrota del enemigo, hay que arriesgarse: se gana o se pierde con todas las consecuencias, políticas y personales, pero si se gana, la situación es completamente diferente: las respectivas posiciones quedan claras, los dirigentes vencedores consolidan su posición y los derrotados son apartados de la vida política; el final de la contienda produce una situación clara; en una salida «negociada», en cambio, el riesgo de que las cosas no queden claras y que no se resuelvan los graves problemas que se negocian es mucho mayor y se produce la paradoja, muchas veces, de que los negociadores de una y otra parte salen triunfantes.. pero la población sobre la que se negoció queda más débil: ¿hace falta citar el caso del tercer rescate a Grecia?
El nacionalismo catalán tiene una historia y una evolución muy diferente al vasco, aunque siempre ha tenido unas relaciones fraternales con él y, menos, con el gallego (la famosa «Galeusca», con la curiosa paradoja de que el idioma común en el que se entendían las tres fuerzas antiespañolas no podía ser otro que el español). Una historia diferente (que no viene al caso detallar ahora) y, sobre todo, una situación bien diferente que presenta también una contradicción distinta a la hora de plantearse soluciones. La alternativa para superar la situación a la que nos ha llevado el secesionismo, para superar esa «revolución cínica», ese proceso de golpe de estado, en el que trabajan (desde instituciones y con recursos del propio Estado, aunque tal absurdo parecería imposible) no se plantea, al menos hasta ahora, como una batalla entre pistoleros y fuerzas de seguridad, sino entre unas instituciones (Generalitat, ayuntamientos independentistas, centros de enseñanza, medios de comunicación, «expertos en independentismo», etc.) que hacen alarde de deslealtad, burla de leyes y sentencias, desprecio de la Constitución y de los símbolos nacionales, todo ello apoyado en una manipulación de masas que ha sido justamente comparada con la política de Mussolini o Hitler… La batalla es entre esas instituciones desleales y el Estado de Derecho que nos hemos dado entre todos los españoles, pero el requerimiento de Redondo Terreros sigue siendo válido: ¿nos inclinamos por una salida pactada o nos enfrentamos, con todas las fuerzas y recursos del Estado, y acabamos de una vez con la absurda pretensión de declarar una república independiente en Cataluña?
Quien me conozca o, al menos, siga este blog con cierta atención, sabe que desde hace mucho tiempo no tengo la menor duda de que negociar, pactar con los independentistas es negativo y que cuanto antes se coja el toro por los cuernos menor será el quebranto que sufran los catalanes y el conjunto de los españoles. Por ejemplo, hace más de tres años que ―sumándome a otros muchos ciudadanos― reclamé de los poderes del Estado la máxima contundencia contra el desafío secesionista (http://librosyabrazos.es/2012/09/17/carta-abierta-a-pedro-crespo/). Está claro que no tuve  ―no tuvimos― el menor éxito porque el Gobierno siguió la política estúpida que se viene dando en España desde, al menos, la llegada al poder de Jordi Pujol, consistente en «negociar» y «dialogar» (o simplemente ignorar) ante cualquier medida anticonstitucional del gobierno catalán por muy grave que fuera. Por eso, se ha podido dar la corrupción generalizada (el famoso 3% y otras formas de robar), el derroche en agit-prop, con un llamamiento permanente a los sentimientos más tribales (mientras se recortaban todos los servicios sociales), una educación  basada en la mentira grosera y el odio a todo lo español, más sectaria y represiva que la de la Dictadura, una obsesiva puesta en vigor de «estructuras de estado», un acoso permanente a quienes se han negado a pasar por las horcas caudinas del independentismo y un permanente desafío al Estado y a la Constitución con escarnio a los símbolos nacionales y al propio Jefe del Estado. Todo ello culmina en una amenaza de declaración unilateral de independencia tras unas elecciones autonómicas disfrazadas de plebiscito: hablando en plata, un golpe de Estado.
¿Qué hacer ante esta situación extrema? Aunque hay que reconocer que tenemos un Gobierno débil (si bien en estos últimos meses ha cambiado en alguna medida de actitud, rechazando de palabra cualquier ilegalidad y consiguiendo que importantes  entidades e instituciones, nacionales y extranjeras, se posicionen contra el secesionismo), quizá debilitado por tantos años de política estúpida y por tanta corrupción dentro de sus propias filas, que no se ha atrevido a tomar ninguna medida de fuerza (desde negarse a seguir suministrando fondos del FLA para que la Generalitat pueda seguir aumentando su deuda y su déficit mientras destina cada vez mayores partidas a la propaganda exterior e interior, hasta suspender la autonomía, pasando por otras muchas) para la que está perfectamente legitimado. Aunque hay que constatar que las fuerzas de «izquierda» siguen jugando a la ambigüedad, la «equidistancia» y la demagogia. Aunque sabemos que UPyD, que luchó valientemente en las Cortes para que el Estado recuperase fuerzas y competencias y pudiera imponer la Ley, está muy debilitada; y que Ciudadanos, que ha luchado heroicamente en Cataluña contra la dictadura independentista, al abrirse a todo el territorio nacional puede haber necesitado recurrir a ciertos oportunismos para acumular fuerzas a riesgo de debilitar los principios que le hicieron nacer… Aunque sabemos todo esto, aunque debamos tener todas nuestras debilidades en cuenta, también debemos saber que tenemos fuerza más que suficiente, en nuestra historia (aunque tenga luces y sombras), en nuestra democracia (aunque tenga serias deficiencias) y, sobre todo, en nuestra ciudadanía (aunque haya una parte desencantada o confusa) como para parar este golpe y recuperar un Estado capaz de garantizar la libertad y la igualdad política de todos, todos, los españoles.
Y todo ello, con independencia del resultado de las urnas del 27-S, sea cual fuere. Los catalanes que vayan a votar tienen todo el derecho a decidir sobre cuestiones autonómicas pero para hacerlo sobre cuestiones nacionales, de toda España, no tienen más remedio, ni por supuesto les conviene otra cosa, que integrarse democráticamente en el conjunto de la democracia española. Porque la otra vía, se la llame tercera, nueva, equidistante o cualquier otra forma de disimulo, la vía que contemple reconocimiento de singularidades, naciones, pactos fiscales… no puede ser sino una forma de sacrificar a la mayoría de españoles para que una minoría siga ejerciendo su política que es claramente antiespañola y antidemocrática. Es cierto que ya hay graves daños en la sociedad de Cataluña y en toda la sociedad española y que costará años, quizá generaciones recuperar una estabilidad y una reconciliación suficientes. Pero no es irreversible, sí se puede hacer.

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La noche de la ternura

Rafa Rueda ¡La noche de la estrellas! Era ya tradición inapelable que uno de los dos últimos sábado de junio, alrededor del solsticio de verano, contando con la combinación amable de la posición del cielo y el descanso vacacional, nos reuniéramos en el chalecito («Lago de Jaral», Mesones, Guadalajara) de Rafael y María, Elena y Rafita. Una veintena larga de amigos para celebrar una fiesta que acababa en la madrugada contemplando el cielo. Rafa, con su valioso telescopio, nos ayudaba a deleitarnos con las visiones y los comentarios celestes… pero eso era el pretexto: lo importante era que desde la media tarde y hasta bien entrada la madrugada esos 20-25 amigos compartíamos mesa y juegos, bromas y juicios.  Allí estaban Carmen Jardón, Guillermo Laine, Guillermo Tardío, Fernando Rojas, Rosa Luengo, Carmen Cortés, Jorge Riobóo, Paloma, Sebastián, Pilar Solana, Idelfonso, Sara Moreno, Luz Rodríguez, Ana García-Castellano, Ana López Expósito, Isabel de la Villa, Luisa Mora, Tesa González… y yo mismo;  charlábamos de libros, de política, de los problemas de la docencia (María y Rafa ejercían de profesores ambos), y de todo lo divino y lo humano, y cada uno aportaba las viandas que prefería (que siempre eran muchas y buenas); pero el plato fuerte era la barbacoa que Rafa preparaba con buenos chorizos, morcilla, panceta y unas chuletas exquisitas… Bebidas sin excesos pero necesarias para acompañar tanta comida. Una fiesta como la que debería haber en todos los grupos de amigos, aunque desgraciadamente no abundan (una fiesta como la que hacíamos en el Aniversario de Ediciones de la Torre, en la casa de Campo, con tortilla, pimientos y otros alimentos y bebidas compartidas, bailes y juegos…); una velada que debería ser mucho más habitual de lo que es. Pero «La noche de las estrellas» se mantenía fuerte y, como dije, no se podía faltar a ella. El año que yo me despisté (no me llegó el aviso del día exacto) recibí una reprimenda del profe Rafa, ¡y con mucha razón!
Seis, ocho, diez horas de alegría y amistad… Allí se cantaba (sobre todo Guillermo Laine, que siempre tenía alguna letra significativa y el propio Rafa) se contaban cuentos (sobre todo Ana García Castellano), se recitaban poemas (Rafa era uno de los antólogos de nuestra colosal obra Poesía cada día) o se representaban pequeños sketchs,  generalmente bajo la dirección profesional (y un tanto paternal) de Fernando Rojas; un año tuve el inmenso honor de que se representara mi «famoso» teatro breve El soldado y el emperador, bajo la dirección de Fernando y con la actuación estelar de Rafa como soldado y yo mismo como emperador.
Así hasta este año, que nos llegó el aviso de Rafa de que la noche de las estrellas («llevamos ya 16 años sin faltar a una sola cita, pasándonoslo cada vez mejor, pero este año ha surgido un inconveniente al menos para mí: me opero el día 25 de junio.») se retrasaba a septiembre; yo bromeé en mi respuesta diciéndole que lo que quería era escaquearse: «¡Vaya faena! y encima por una operacioncita de nada… por supuesto, me apunto a septiembre (como todos los malos estudiantes)». Después de la operación, la puñetera operacioncita con su fallo excepcional pero posible, el coma y la muerte terrible el día 8 de julio.
Sepelio, ceremonias religiosas, duelo compartido… pero, sobre todo ello, el coraje de María, Elena y Rafita superando el dolor y la determinación de celebrar una noche de las estrellas especial en la que todos estuviéramos con Rafa y Rafa estuviera con todos nosotros.
Día 19 de septiembre, Casa de Córdoba con un salón amable, bajo la dirección de Luz y de Fernando, todos con la camiseta homenaje a Rafa con dibujo de Tesa González, con canciones, con reparto de cuadernos y carpetas con testimonios, con lectura de la coral preparada por Fernando: «Desde el corazón de las estrellas» (pueden verse algunos vídeos y fotos en http://cuadernosdelatorre.es/). 18 amigos en representación de todos los demás, hablamos de corazón, de sinceridad, de memoria, de vitalidad, de sueños, de amor por la docencia, de hospitalidad, de la importancia de la familia, de la música y las canciones, de «Rafa músico, Rafa actor, Rafa siempre bajo el firmamento azul, donde las estrellas iluminan el candor de su humanidad y el trasiego de un romántico del siglo xx […] siempre protagonista de cuantas aventuras oníricas te propusiste.»; para concluir: «aquí en la tierra estás cerca de nuestro corazón. Allí arriba, donde el firmamento se hace azul, imaginamos la estrella que has elegido para soñar eternamente, y también sabemos que desde ella nos estas contemplando».
Después, como le hubiera gustado a Rafa, la cena en el hermoso patio cordobés de la Casa de Córdoba, en un ambiente relajado y festivo.  Es fácil, así, producir ripios de amistad sincera.

Junto al dolor y la pena
por la muerte prematura,
la alegría de sentir
―participar, compartir―
con Rafa y con su familia,
y muchos de sus amigos,
en ocasión especial,
la noche de la ternura,
la noche de las estrellas.

recitando

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Los hermanos generosos y los opulentos estúpidos

Camino_a_la_escuela-130036103-largeCamino a la escuela, Pascal Plisson, Francia, 2013. Película documental que obtuvo el premio César 2014. Pequeño Cine Estudio de Madrid, 5 de julio de 2015.
Jackson, 10 años, 15 kilómetros a la escuela, 2 horas de viaje por la sabana keniata, con su hermana pequeña, sorteando manadas de elefantes y otros peligros. Samuel, 11 años, 4 kilómetros de distancia a la escuela de una ciudad india, una hora y quince minutos de viaje en una destartalada silla de ruedas, arrastrada por sus dos hermanos pequeños, Gabriel y Emmanuel, por caminos inhóspitos. Zahira, 12 años, 22 kilómetros de distancia a la escuela: cuatro horas por la cordillera del Atlas, con dos amigas fraternales, y el último tramo haciendo autostop. Carlitos, 10 años, 15 kilómetros a caballo, con su hermana pequeña, por la inmensa Patagonia para llegar a la escuela.
Cuatro testimonios de cuatro partes bien diferentes del mundo agrupados inteligentemente  por el director Pascal Plisson que obtuvo, merecidamente, el César en Francia (equivalente al Goya en España y al Oscar en Estados Unidos). Cuatro testimonios unidos por un mismo anhelo: el amor a la escuela, la necesidad de llegar, aunque sea por caminos  peligrosos, extremadamente duros, a la cultura, al conocimiento. Un magnífico canto al coraje (los padres se arriesgan a mandar a los niños a la Escuela; los niños se enfrentan, con determinación y alegría, a todas las dificultades); a la solidaridad (alguien coge a las niñas en autostop, aunque otros se niegan; un mecánico arregla gratis la rueda de la silla de Samuel), al ansia de conocimiento, en definitiva, a las inmensas posibilidades de la especie humana. Un canto, también, al paisaje, a la belleza sublime de la corteza terrestre que en África, en Asia, en América, en todos sus continentes, tiene escrito el más hermoso poema que los dioses y los hombres pudieron soñar…
Jackson quiere ser piloto para ver las montañas desde arriba. Samuel quiere ser médico, porque como él conoce el dolor podrá luchar contra la enfermedad con conocimiento de causa; contando, además, con el decisivo apoyo de su madre que le ayuda a hacer los ejercicios de rehabilitación (que el niño realiza con gran esfuerzo pero progresando cada día). Zahira también será médico para curar a la gente y para influir en una sociedad que necesita mandar a los niños a la escuela aunque tengan que recorrer largos y áridos caminos. Carlitos, que sabe ordeñar perfectamente y explicar didácticamente las labores de ordeño, será veterinario y quiere ejercer en la misma tierra donde nació su familia; y su hermana Micaela quiere ser maestra para enseñar a otros niños lo aprendido. Un emocionado homenaje, pues, a la voluntad, a la capacidad humana de recibir la acción de la naturaleza y de los congéneres y devolver a una y otros mucho más de lo recibido.
Un canto, sobre todo, a la fraternidad, ese valor supremo que la burguesía emergente  del XVIII quiso poner  en lo más alto de la sociedad… pero que sólo se manifiesta plenamente allí donde un hermano se funde en intereses e ideales con el otro, aprendiendo así, y practicando, el valor supremo del hombre: la generosidad, la capacidad de amar a todo el género humano. Y, como resultado de ello, una crítica sutil pero firme de esos opulentos de vida regalada que si fueran capaces de reducir aunque solo fuera a la mitad su derroche, podrían acabar con la miseria en el mundo. Pero no lo harán: su codicia, su vanidad, su estupidez se lo impide… Claro que ellos se lo pierden: ellos no conocerán jamás la sensación maravillosa de Jackson arañando con sus propias manos la tierra hasta sacar el agua vivificadora (espléndido comienzo de la película) ni el orgullo que siente cuando recibe el encargo de izar la bandera nacional en la escuela; ellos no conocerán el placer de cambiar en el mercado de la ciudad  la gallina que Zahira ha portado durante todo el viaje por una bolsa de alimentos (comercio justo mediante trueque); ellos jamás sentirán la alegría infantil de Micalea manejando el caballo («¡Que no se entere mamá!»);  ellos, los opulentos estúpidos, que se benefician de un mundo profundamente injusto, con las riquezas naturales mal repartidas y el producto del trabajo robado en muchas ocasiones, son en el fondo unos desgraciados porque tienen coches y criados cuando necesitan desplazarse, los terapeutas mejor pagados cuando enferman, pero no conocerán el gozo de Samuel de sentirse profundamente amado y protegido y (final de la película) comenzar a caminar alegremente por la playa bañada por el  agua de la esperanza, de la alegría, de la Vida.

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Doña Rosita la soltera

doñarosita

(Con-para E.)

Residencia de Estudiantes, Madrid, 29-06-2015, escenario montado al aire libre. Doña Rosita la soltera o el lenguaje de las flores, de Federico García Lorca, interpretada por el Grupo de Teatro del Aula de las Artes de la Universidad Carlos III de Madrid. Una veintena de intérpretes (Claudia Caro y Carolina León, Doña Rosita; Laura Álvarez, La Tía; Lidia Peña, El Ama; Álvaro Ollero, El Tío…)  dirigidos por Abel González Melo, ayudado por Laura González Cortón y dirección musical de Antonio Dueñas. Una meritoria interpretación con algunas licencias como, por ejemplo, la incorporación de un coro formado por todo el elenco.
Doña Rosita… es la última obra estrenada en vida de Lorca y una de las tres que podrían ser calificadas de «amores fallidos», junto con Amor de don Perlimplín con Melisa en su jardín y Bodas de sangre, aunque mucho menos «sangrienta» que estas. Un espectáculo emocionante que realiza la «conjunción» de espacios y tiempos. 80 años después de su creación y en el mismo lugar en que Lorca vivió un tiempo muy significativo de su carrera y que hoy incluye entre sus remozadas instalaciones la sede de la fundación que lleva su nombre, unos jóvenes universitarios que reivindican el teatro como forma de enriquecer las Humanidades (en una noche calurosa pero bella ¡y sin ruidos exteriores! en el corazón de Madrid), nos regalan a las 400 personas asistentes el milenario arte del Teatro. En este contexto los hermosos octosílabos de Lorca nos llegan con toda su belleza: «Granada, calle de Elvira, / donde viven las manolas, / las que se van a la Alhambra, / las tres y las cuatro solas. […] ¿Adónde irán las manolas / mientras sufren en la umbría / el surtidor y la rosa? […] Deja que rumor extienda / sobre Granada sus olas.» (acto I)
Como es sabido, igual que otras obras de Lorca, Doña Rosita nos presenta un mundo aparentemente acotado pero simbolizando todo un universo social y humano de aquel tiempo y aquel lugar; en esta ocasión, la Granada de principios del siglo XX y con una ficción creada a partir de un hecho real que se dio en la propia familia de Lorca: una promesa de boda entre primos y una traición del varón hacia la muchacha que gastará su vida en esperar el cumplimiento de la promesa. Una sociedad cerrada, con un fondo aparentemente bucólico (el lenguaje de las flores) pero realmente dominado por la cháchara y el chismorreo como sustitutos de trabajo, cultura y reflexión. Una sociedad de «solteras cursilonas», de pretendientes absurdos. La sociedad española de hace 100 años, con todas sus miserias y la ternura que su parte más maltratada, la mujer, despierta ahora en nosotros…
Pero yo, a partir de esa ternura, preferí «leer» la obra pensando no en una mujer o en unas mujeres condenadas por la sociedad a la opresiva dependencia, a la falsa esperanza de que el «galán» ha de resolver su vida y, consecuentemente con la incapacidad de este, a la nostalgia, a la frustración, a la aceptación del fracaso de toda una vida… Preferí proyectar esto en nuestros días y no sobre la mujer en concreto sino sobre nuestra propia sociedad civil, también sumida en una vida aparentemente acomodada pero realmente llena de miserias (mucha cháchara y chismorreo, mucho pretendiente absurdo) y, como Doña Rosita, confiando en la promesa de un «galán» salvador  que nunca llega, a pesar de que regularmente envíe sus cartas renovando su compromiso de amor.
Nuestra pequeña doña Rosita se me antoja que podría ser nuestra pequeña burguesía (si empleamos cierta óptica, nuestra sociedad, apartando a la minoría opulenta de arriba y a la minoría anarquizante, antisistema de abajo,  podría quedar identificada como una pequeña burguesía dependiente y asustadiza y, en cierta medida, soltera cursilona). Una sociedad  ocupada en actividades «placenteras» pero poco productivas y dispuesta a entregarse   a quien le haga la promesa de felicidad más atractiva.
Por supuesto que doña Rosita tiene derecho a y debe casarse y que nuestra sociedad tiene derecho y debe contar con una dirección política honesta e inteligente pero, previamente, el personaje de Lorca y nosotros como sociedad civil hemos de encontrar la manera de de no ser dependientes del otro, de ser nosotros mismos, capaces de distinguir al falso del galán honesto, capaces de pensar, hablar y Sunplusactuar por nuestra cuenta. Si no lo hacemos así, diremos como doña Rosita «y en mi corazón sentí / agujas estremecidas» (acto I). Si no seguimos el consejo que le da La Tía: «Sal de tus cuatro paredes, hija mía. No te hagas a la desgracia.» (acto III), oiremos una y otra vez la voz de la frustración, la voz de la soledad: «sobre tu largo cabello / gimen las flores cortadas.» (acto II)

 

 

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