15. Escritores y lectores

Lo dije (en la «mesa redonda» del Ateneo de Madrid el pasado viernes) y lo repito: deben ser el que escribe y el que lee, los dos protagonistas del Libro, los que nos indiquen a los demás (a los que con nuestro trabajo hacemos posible ese enlace mágico, por encima del tiempo y del espacio, entre el creador de la obra y el que la recrea cada vez que la lee), lo que debemos hacer y cómo lo debemos hacer. Y creo que serán los escritores más preocupados por lo que deben y pueden decir que por los beneficios económicos o sociales que van a obtener por ello y los lectores capaces de esforzarse en una lectura profunda los que nos irán marcando el camino. El debate sobre el futuro del libro no ha hecho más que empezar pero, por el interés que demostraron el centenar de personas que nos acompañaron y participaron (a los que manifiesto desde aquí mi sincero agradecimiento), parece que se presenta realmente apasionante.




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14. 15-M

Paseo por la madrileña Puerta del Sol, km. 0 de todas las carreteras españolas. El llamado movimiento 15-M crece… ¿Hacia dónde? Trato de identificar a los cientos, miles de personas, jóvenes y de otras edades, que se han atrevido a tomar la plaza: creo ver a muchos reformistas consecuentes, que saben y proclaman que cualquier cambio ha de comenzar en uno mismo; pero, también, a utópicos infantiles, con formulaciones primitivas y arcádicas; a anarquistas pacíficos, que rechazan las estructuras y las combinaciones políticas; creo descubrir a algunos elitistas frustrados cuya fórmula a la postre, sería «¡Quítate tú para ponerme yo!»; a leninistas nostálgicos, que todavía creen que la Revolución fracasó porque fue traicionada; y también me parece que hay un número considerable de indolentes impulsivos, capaces de permanecer pasivos y dependientes de los padres hasta avanzada edad pero capaces de volverse súbitamente activos y acometer todas las tareas; y, por supuesto, muchos otros tipos de personas quizá perplejas o confusas pero expectantes y esperanzadas. Una multitud compleja y abigarrada de perjudicados o excluidos del Sistema, que ahora se rebela contra él, sometida a diversas presiones y al juicio de las distintas fuerzas sociales. Sometida quizá también a las ambiciones de los «mediadores» y las «vanguardias» que tratarán de aprovechar la situación en su beneficio. Una multitud festiva y animosa que aprende a organizarse y convivir e ilusiona con su ejemplo a muchos de los que la observan. No hay violencia por parte de los que han tomado la plaza ni por parte de las fuerzas de Orden Público que, con la Ley en la mano, podrían disolverlos. Los poderosos, en general, estarán tomando buena nota para ver cómo pueden reconducir este movimiento hacia sus intereses y los desposeídos, quizá, estén tomando conciencia de su capacidad para cambiar las cosas cuando comienzan por cambiar en su interior y se organizan consecuentemente… De aquí saldrán ideas, viejas o nuevas, y líderes, honrados u oportunistas, experiencias personales y sociales… ¿Repetimos Mayo del 68? Quizá falte una pancarta con la frase de Samuel Beckett: «Fracasa, hombre, fracasa; fracasa, pero esta vez un poco mejor.»

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13. Palabras, palabras, palabras

Palabras, millones y millones de palabras conformando la crónica de la Humanidad. Nos llueven palabras, nos empapan, nos penetran; brotan a cada paso que damos, caminamos entre palabras… Palabras con los besos y con las lágrimas; palabras para el sentir, para el pensar, para el actuar. Palabras para argumentar, para convencer, para demostrar, aunque, también, ay, en tantas ocasiones, para mentir, para engañar, para esclavizar… Llevamos miles de años inventando palabras para explicarnos el mundo y para explicarnos a nosotros mismos; miles de años intentando sustituir el impulso salvaje por la declaración, el golpe por el artículo legal, la bomba por la palabra… Hemos aprendido que nunca alcanzaremos el lenguaje perfecto, la definición exacta pero sabemos que necesitamos seguir intentándolo; sabemos que tenemos que aprender a reclamar nuestros derechos con la expresión cabal, a explicar nuestro comportamiento de forma clara y sincera… Tenemos que aprender, sobre todo, a manifestar nuestra gratitud por tantos dones y beneficios que recibimos de la Naturaleza y de la Sociedad, de la gente, de nuestros familiares y amigos; aunque a veces, abrumados y torpes (como me ocurrió a mí el pasado día 6 en la presentación de mi libro) sólo se nos ocurra decir «¡Gracias, gracias, gracias!»

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12. Puños y claveles

25 ABRILMayo de 1975. Un grupo de jóvenes idealistas fuimos a celebrar el primer aniversario de la Revolución de los Claveles. Enamorados de la situación, soñando con que se repitiera en nuestro país, entramos en Lisboa cantando «Grandola, vila morena» y las consignas del momento («El pueblo unido jamás será vencido»…) Recorrimos algunos lugares emblemáticos (historia de siempre o del momento) y nos sentimos felices de estar participando en una fiesta que llenaba de luz y esperanza la ciudad y a la gente… Nosotros, naturalmente, no conocíamos los entresijos pero percibíamos que, en esos momentos, la Revolución estaba en una terrible encrucijada: unos y otros tenían que decidir si se situaba al país en una órbita u otra. Vasco Gonçalves, al que yo veía un poco como al Negrín de los últimos meses de nuestra Guerra Civil, iba a pronunciar un importante discurso en el (si no me falla la memoria) Pavillón dos Sports. Fuimos y tuvimos que acceder a la pista central porque todas las gradas estaban ya repletas (25.000 personas). Entré y miré: gente enfervorizada, calentando el ambiente, estruendo de gritos y consignas, puños en alto, decisión en las miradas… Entonces sentí miedo, un miedo impreciso pero fuerte y profundo que se metió en mí al mismo tiempo que los eslóganes coreados. Esas masas, intuía yo, podrían realizar grandes hazañas revolucionarias pero, también, hábilmente manipuladas por los poderosos, antiguos o nuevos, podían cometer todo tipo de desmanes y, sobre todo, podían cometer graves errores y abortar cualquier proceso que condujera a la verdadera liberación, al verdadero bienestar de las gentes, cambiando (una vez más, como tantas veces en la Historia antes de Lampedusa y después de Lampedusa) todo para que todo siga igual… Otras veces he tenido esa sensación pero nunca tan intensamente: quizá porque cada vez canto menos y observo (y reflexiono) más.

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11. Balbuceos

Balbuceamos. Apenas llegados a la vida emitimos balbuceos, lenguaje primario, sonidos imprecisos. Y cuando vamos a salir de ella, también. Balbuceamos. Balbucea el bebé que tengo en los brazos y balbuceo yo para encontrar un lenguaje común… Bien pensado, balbuceamos durante todo el camino de la vida. La humanidad entera no ha hecho otra cosa que balbucear desde que asumió la divina tarea de dar nombre a todas las cosas que la rodeaban, a todas las sensaciones y sentimientos que percibía en su interior. Llevamos milenios balbuceando para encontrar el lenguaje correcto, la definición exacta; siempre pensando que ya los hemos encontrado y siempre sintiendo la frustración de no haberlo hecho. Y, sin embargo, ¡qué bello y profundo el balbuceo del bebé, cuántas cosas me dice, cómo se ve que, día a día, hora a hora, se aproxima a su destino de asir el mundo, de comprenderlo, de definirlo!

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10. Adán

Los manipuladores, los que viven de manejar los sentimientos de la gente y a la propia gente saben que no hay mejor negocio que representar el papel de Adán: «Aquí comienza todo»… Ya se trate de interpretar y representar a un ser superior a los hombres; ya se trate de tomar la Bastilla o el Palacio de Invierno, de asumir la presidencia de un órgano o institución con poder; ya se trate de alcanzar posiciones de privilegio en la empresa o en la institución… asumir e imponer el rol de Adán consigue los mayores triunfos. Pero, por otra parte, ante la sonrisa de la muchacha que se fijó en nosotros, la mirada del bebé que, en su elemental lenguaje binario (sí-no-sí-no…), ha decidido reconocernos; ante el encargo de una tarea difícil pero que nos abre horizontes; ante el prodigio del nacimiento del día… uno tiene la sensación, por un instante, de que todo comienza ahora, de que es el primer hombre y toda la Creación se ha hecho sólo para él. Y entonces, si ese sentimiento lo asimos con honradez, con humanidad, si no nos lleva a manipular a y abusar de los demás, si vivimos esa emoción en nuestro más profundo interior, reconciliándomos con la Vida, ¡qué maravilla!: la Biblia (el Libro) está en blanco y justamente ahora y conmigo, comienza la Historia…

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9. Ideales e intereses

Ideológos y dirigentes se esfuerzas en convencer a «las masas» de que mientras ellos y las doctrinas u organizaciones que representan tienen ideales sus enemigos tienen intereses. Pero sus enemigos responden de la misma forma, de manera que si hacemos caso sólo a una parte podemos caer en el maniqueísmo (sólo hay buenos y malos) y si escuchamos a ambas podemos dejarnos vencer por el pesimismo (los problemas de la humanidad no tienen solución). Pero, en mi modesta opinión, si analizamos bien la cuestión, desde que el hombre se constituye en sociedad lo que piensa y lo que hace está condicionado por sus intereses (lo que necesita y el deseo de obtenerlo) pero también por sus ideales (los valores que opone a las deficiencias humanas). Se trata, pues, en primer lugar, de conocer a fondo nuestros intereses e ideales y de combinar ambos en la proporción adecuada y del modo correcto y, en segundo, conocer los intereses e ideales del enemigo o el adversario, lo que nos permitirá salir airosos del enfrentamiento… Y eso, creo, era necesario hace 8.000 años, hace 800 o hace 80. Y, por supuesto, hoy.

 

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8. Austeridad – Reciclado – Mantenimiento

Austeridad – Reciclado – Mantenimiento. La mayoría de la gente que ha tenido que vivir en condiciones económicas precarias (clase social modesta, periodos de posguerra, etc.) sabe perfectamente que estos tres conceptos o valores son fundamentales para sobrevivir, para enfrentarse cabalmente a los problemas que constituyen la vida humana, para disfrutar de ella. Frente a esto la gente que, por diversas razones (clase social ociosa o privilegiada, situación de gran expansión económica, parasitismo, etc.),  goza de un nivelde vida alto, suele desarrollar tres actitudes bien diferentes: Consumismo – Ostentación – Despilfarro. Educar a los niños con unos u otros valores, significa ayudarlos, de forma decisiva, a colaborar en la sociedad (y disfrutar con ello) o convertirse en seres antisociales y necesitar cada día estímulos más artificiales (y menos éticos) para ser «felices». La sociedad entera debe resolver también ese dilema si no quiere oscilar entre etapas de juerga y derroche y etapas de ajustes violentos y penurias.

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7. El año de Carabanchel

23-05-2010-acto-antigua-carcel-de-carabanchel-foto-la-memoria-viva-fuen13¿Te pegan, hijo, te pegan? Mi madre estaba obsesionada con ese peligro, más que con la posible hambre o el frío, típicos de las cárceles. Ella sabía que en los tres días en la sede de la Dirección General de Seguridad (el histórico edificio en la Puerta del Sol que hoy, afortunadamente, se dedica a tareas mucho más democráticas) sí me habían pegado, sí me habían torturado (aquel sádico puñetazo de Yagüe que me tuvo vomitando bilis dos días, aquellas esposas retorcidas en las muñecas que me dejaron los tendones de la mano derecha heridos durante años… y, sobre todo, el terrible miedo a no poder resistir y confesar datos que llevarían a nuevas detenciones). Pero en Carabanchel, no: ella podía estar tranquila porque su hijo allí tenía un estatus especial, el de «preso político», no reconocido legalmente pero aceptado de facto en las cárceles de la Dictadura. El terrible Cayón (ex policía preso, según se decía, por haber violado a una muchacha y matado a su novio en un parque en las afueras de Madrid, mientras estaba de servicio) sí torturaba, pero a los presos por delitos comunes (de hecho, cuando en la primera huelga de hambre, al sexto día, me inyectaron a la fuerza suero mientras un grupo de presos sicarios me sujetaban, él actuó con especial cuidado). Para ellos, para los presos comunes (unos 1.500 frente a menos de un centenar de presos por motivos políticos, en 1966) sí había malos tratos, físicos y psicológicos; para ellos todavía se ejercían todas las represiones de la dictadura, que se habían venido dulcificando para luchadores o rebeldes políticos y no para los sociales ni para los que simplemente eran delincuentes.

No pegaban. Vivíamos presos, injustamente privados de libertad, pero con un nivel de vida que, en algunos casos como en el mío, era superior al de la propia casa. Se podía leer (de hecho, los mejores libros de política estaban en las cárceles, en las bibliotecas personales de los presos), estudiar, jugar en el patio, tener reuniones políticas (generalmente discretas pero en algunos casos ostensibles, como cuando entró el mítico Marcelino Camacho)… Naturalmente los «vis a vis», que luego se han generalizado en nuestras cárceles, no eran entonces posibles, de forma que los problemas de la pulsión sexual (que en muchos casos se incrementan en la cautividad) se resolvían o en los brazos de Morfeo o en las «visitas al doctor Onán».

Dos días al año, coincidiendo con el día del Carmen («Fiesta de la Caudilla») o el día de la Merced (Patrona de Instituciones Penitenciarias), los hijos, nietos o sobrinos de los presos podían visitar la prisión y ello constituía el momento más feliz para todos, incluyendo los que, no teniendo esos familiares, podían jugar y conversar con los pequeños que nos visitaban.

La alimentación era deficiente (¡aquellas espantosas lentejas que mi «comuna» en pleno, con muy buen acuerdo, decidió tirar y sustituirlas por una cena más digna con latas de nuestra modesta despensa!… Lástima que yo ya me había comido la mitad de mi plato cuando me llegó el aviso), pero la muy meritoria ayuda de las familias y los amigos nos permitía completarla.

Las comunicaciones con la familia eran muy deseadas y muy reconfortantes pero muy incómodas debido al pasillo que había entre las dos telas metálicas (tras una los presos y tras otra los familiares), pero permitían que uno se sintiera arropado por la solidaridad de familias y amigos. Las comunicaciones con la familia se hacían en esas visitas y mediante cartas. ¡Maravillosas cartas que dirigía aparentemente a mi hermana y que acababan, de hermana a hermana, en las manos de mi novia (a las novias no estaba permitido escribirles), presa también en la cárcel de Yeserías!; el censor no le prestaría mucha atención a esas cartas porque si no hubiera pensado que había un incesto apasionado por medio… Igual que no se percató de que la manía del preso por citar referencias bibliográficas, teléfonos de amigos o sumas de gastos encerraba mensajes políticos cifrados que luego la familia pasaba a «los camaradas». Tampoco miraban demasiado la ropa, porque en las chaquetas u otras prendas que se mandaban a la madre para que cosiera, zurciera o arreglara iban textos políticos (algunos muy amplios) escritos en servilletas de papel (más tarde, utilizaríamos sistemas de «tinta invisible»).

¿Fugas? En las Salesas (donde la policía, después de los tres días que la ley permitía interrogarnos en la DGS, nos presentó ante el temido juez del Tribunal de Orden Público) podíamos habernos escapado, porque era de madrugada y en Semana Santa, había pocos funcionarios y un barullo que nos habría permitido salir disimuladamente. Pero mis compañeros de expediente se negaron, temiendo que, en llegando a la calle, la policía nos estuviera esperando para ametrallarnos. En Carabanchel parecía muy difícil. Habría que esperar a Soria para proponer una fuga primero en helicóptero (que también fue rechazada) y luego mediante túnel (¿dónde se esconde la tierra que se saca del túnel en una cárcel bien vigilada?), que dejamos a la mitad cuando nos trasladaron a unos cuantos rebeldes (segunda huelga de hambre, 9 días) a otra prisión.

Un año intenso en Carabanchel, desde primeros de abril de 1966 hasta la primavera de 1967 (más otros tres en Soria y Segovia)… Una experiencia dolorosa e inolvidable pero no una palanca para el rencor y el dogmatismo sino para todo lo contrario. Estoy seguro de que mi madre, de cuya muerte se cumplen hoy 12 años, estaría plenamente de acuerdo conmigo o, aun sin estarlo, me apoyaría, como hizo en aquella difícil etapa de mi vida, plenamente y sin tener en cuenta el sacrificio que eso le acarreaba.

(Redactado, el 23 de abril de 2009, a petición de la Asociación de Vecinos de Aluche, que pugna por mantener la «memoria histórica» de la Prisión de Carabanchel. Llamábamos «comuna» a un grupo de presos con despensa propia. Había dos, entonces: la más numerosa y mejor dotada del PCE y la nuestra, minoritaria y mucho menos nutrida, que agrupaba a grupúsculos y disidentes.)

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6. Volverán a florecer los cerezos

Volverán a florecer los cerezos. Millones y millones de árboles estallarán en miriadas de sakuras anunciando, de la forma más bella que se puede imaginar, la llegada de la Primavera, la hermosa cosecha, la renovación prodigiosa de la Vida. Y así será por siglos y milenios venideros. Cada año, cada ciclo, el hombre se quedará estupefacto ante el sueño/milagro de árboles y doncellas, de personas y vida transmutándose, intercambiándose (Kurosawa)… Por encima de la furia de la naturaleza y de las aventuras del hombre, de la especie, de la sociedad. Y las gentes más honradas nos dejarán su ejemplo de trabajo, abnegación y solidaridad. Y nos enseñarán una vez más que cuando el hombre sonríe o llora sinceramente emplea un único lenguaje universal con el que nos comunicamos todos los seres humanos.

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