Aprender a Pensar

2016-11-21_1350Viernes 25 de enero de 2013, programa El Marcapáginas en Gestiona Radio. Respondo al amable requerimiento de su director, David Felipe Arranz, para que explique la nueva época de nuestra revista Aprender a Pensar. Partiendo de la idea general de que nuestra sociedad atraviesa por una grave crisis (económica, social, moral, intelectual…) que hace necesario más que nunca seguir el consejo de don Antonio Machado («lo que importa es aprender a pensar, a utilizar nuestros propios sesos para el uso al que están por naturaleza destinados»), hemos decidido emprender una nueva etapa en la revista, con periodicidad trimestral,  que se presentará en formato pdf, con 24 páginas bien maquetadas para que se pueda imprimir, a color o en blanco y negro.
La revista pretende que reflexionemos sobre temas de Sociedad, Arte y Cultura, Ciencia y Metafísica (en el sentido de más allá de lo físico), y que lo hagamos tanto desde posiciones adversas como afortunadas, tanto en solitario como en colectividad y tanto si nos encontramos en una edad temprana o tardía; pensar teniendo en cuenta a los otros, buscando la verdad con ellos, incluso atreviéndonos a ponernos en el lugar del otro; pensar para sentir, comprender, actuar, corregir… Hemos conseguido iniciar este proyecto con un equipo de personas que coinciden con estos principios, tanto en España como en otros lugares del mundo; por ejemplo, tenemos corresponsales en Berlín, Estambul, Ginebra, Hong Kong, Lima, Eindhoven (Holanda), México DF, Sao Paulo… y colaboradores que se distinguen por su gran formación científica pero amantes de las Humanidades o por su gran formación humanística pero amantes de la Ciencia.
Y nos hemos atrevido a navegar contracorriente en dos aspectos fundamentales para toda publicación que se distribuya por la red; en primer lugar, rechazamos el principio de «Todo gratis en la Red» (porque al final alguien paga los costos y alguien se beneficia del tráfico electrónico) y establecemos un precio por la suscripción (que irá personalizada) aunque asequible (5 euros por la suscripción anual) y que además no irá para cubrir los gastos de edición, distribución, gestión, etc. sino que será destinado a la fiesta anual que se realizará, a finales de año, con todos los corresponsales, colaboradores y suscriptores que puedan acudir. Por otra parte y teniendo en cuenta que Internet permite el abuso del hipermedia (capacidad de saltar de un texto a otro y de utilizar texto, vídeo, audio, etc.) hemos decidido reducir estas posibilidades a lo que entendemos su justo término y facilitar una lectura sosegada, concentrada y, en definitiva, profunda. Para reforzar esta idea expuse ante los queridos amigos de la tertulia de El Marcapáginas el ejemplo de que si cuando entramos en un museo, una biblioteca, una catedral o «la casa de la persona amada», se nos ofrecen decenas, miles de ventanas abiertas a otros espacios, de forma brillante, vertiginosa, y adictiva, al final acabamos por no aprovechar prácticamente nada ese museo, esa biblioteca, etc. Buscamos el pensamiento profundo, serio y, para ello, proponemos una lectura  concentrada, profunda, reflexiva, etc.
Comenzamos esta nueva aventura con mucha ilusión, sabiendo que no es fácil pero convencidos de que, por poco que hagamos, aportaremos nuestro granito de arena a ese montón que nos ayudará a todos cuantos participemos en Aprender a Pensar, como nos dice nuestro maestro, «a ser nosotros mismos, para poner el sello de nuestra alma en nuestra obra».

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Sentido y sentimiento de España

22 de enero de 2014, 20:00 h. Parroquia de San Manuel y San Benito (Salón de Actos), Madrid. Me interesaba esta conferencia del profesor don Fernando García de Cortázar, historiador premiado y reconocido, con más de sesenta libros publicados, algunos de tanto éxito como su Breve historia de España. De formación jesuita y gran erudición, comprometido públicamente con una idea de España que sostiene desde su cátedra en la Universidad de Deusto y al frente de la Fundación Dos de Mayo, Nación y Libertad, el profesor García de Cortázar habló ante un salón repleto (hubo que habilitar asientos supletorios) de personas con apariencia de pertenecer a las clases medias que, en esta grave situación que vivimos, miran a sus representantes naturales, laicos o religiosos, para encontrar respuestas a sus angustias.
García de Cortázar, en brillante exposición, apela a la razón (sentido) pero también a la pasión (sentimiento) para explicar nuestra relación con España. Al razonar sobre nuestra realidad nacional encuentra en la historia, por supuesto, miles de argumentos para defender la unidad y un sistema de libertades que con tanto esfuerzo nos hemos dado. Pero llama sobre todo al sentimiento, a amar a nuestra patria con la literatura y con la geografía; valiéndose de su gran erudición, cita diversos paisajes («los paisajes que hermosean España») de norte a sur y de este a oeste («nuestra hermosa y áspera España») y recuerda las palabras inteligentes de Lope, Góngora, Quevedo o Cervantes, de nuestro maravilloso siglo de oro, pero también de gentes que se esforzaron en comprender a España en el siglo que acabamos de dejar atrás como Blas de Otero («Arrebatadamente te persigo»), María Zambrano, Ángela Figuera, etc.
España de diversas raíces: romanas, árabes, judías… todas ellas habiendo dejado una rica literatura y ejemplos sobrados de luchas pero también de convivencias. En este mosaico se mezclan El Greco y Alberti, Lope y Cernuda, Ramon Llull y Galdós, Azaña y Celaya… Historia milenaria la de esta península con sus sitios prehistóricos (Atapuerca, Altamira) pero, también, con sus ciudades abiertas a la modernidad  (Salamanca, Barcelona, etc.). «España múltiple y diversa», «pasado hecho de razas y culturas diversas». Una lengua cuya universalidad inicia Nebrija, unos doctores de la Iglesia que marcan caminos: San Juan de la Cruz, Teresa de Ahumada, San Isidoro de Sevilla (España como «madre de príncipes y pueblos»). Nombres diversos que confluyen en una misma realidad: Sefharad, Al-Ándalus, España. Por eso, García de Cortázar repite con el Ricote de Cervantes: «es dulce el amor a la patria».
Esta patria, esta nación que se proyectó hacia América, a donde llevó sus miserias (codicia, etc.) pero también su civilización (universidad, etc.) como supieron ver  el Inca Garcilaso o Neruda desde lugares y tiempos diferentes. España de la contrarreforma pero donde siempre pugnaron por reafirmarse las libertades individuales (Juan de Mariana) y donde el «verismo justiciero» en la pintura puso a reyes y validos en su sitio (Carlos V a caballo o La familia de Carlos IV). España, con una lengua que llega a los últimos rincones del mundo, no tanto (sostiene el profesor García de Cortázar) por imperialismo militar o clerical cuanto por la conquista de las inteligencias. Cervantes y el Quijote, como prueba del humanismo renacentista español, capaz de contemplar con ternura e ironía el declive de un tiempo, de un imperio y de un modo de entender la aristocracia. Y una búsqueda permanente de la Libertad  «¡Oh libertad preciosa, / no comparada al oro / ni al bien mayor de la espaciosa tierra!» (Lope de Vega).
Santiago como mito, como leyenda, como idea, como icono, como bandera, como gran constructor de España, mucho más que Pelayo. España como nación indiscutible (en clara réplica a Zapatero: «la nación no se discute»); ninguna nación moderna se desgarra con una discusión permanente entre sus distintos territorios, como está pasando en nuestro país.
A la pregunta de si la actual situación nos llevará otra vez a posiciones de fuerza, como tantas veces en el pasado, una respuesta dialogante: no hay que exagerar el cainismo, otras naciones lo tienen mucho más fuerte; se trata de hacer pedagogía, de contraponer razones a las sinrazones y, sobre todo, (y este es el motivo de la conferencia) defender e impulsar el sentimiento de amor a España…
Por eso el poema de Ángela Figuera, que, para concluir su conferencia, el profesor lee con sinceridad y emoción hasta quebrársele la voz: «Con los ojos cerrados, / con los puños cerrados, con la boca / cerrada, España, canto tu belleza. / Y con la pluma ardiendo y con la pluma / loca de amor rabioso canto y firmo. // Belleza sobre ti y en tus entrañas / de miel y de granito, y en tu cielo, / y en tus encadenadas cordilleras / y en tus encadenados hombres, canto. // De siglo en siglo en olas y torrentes / de barro ibero, en sucesivas olas / de tierras y metales agregados, / de frutos madurados poco a poco / bajo tu fiero sol, me vienes, madre. / Me viene tu belleza tierna y dura, / tu corazón rodando enamorado / hasta embestirme, hasta llenarme toda, / hasta romperme el miedo y la corteza. […] »

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Premio Antonio de Sancha

12 de noviembre de 2013, 20:00 h. Real Casa de Correos en la Puerta del Sol, sede de la Presidencia de la Comunidad de Madrid. Entrega del Premio Antonio de Sancha en su XVII edición, en esta ocasión a Mario Vargas Llosa. Su nombre se suma a una lista de personalidades que con su actividad profesional y su compromiso personal se distinguieron por la defensa del libro: el ministro de Cultura francés Jack Lang, el presidente de Uruguay José María Sanguinetti, el director de la Unesco Federico Mayor Zaragoza, el ministro de Justicia y luego Defensor del Pueblo Enrique Múgica Herzog, el humorista Antonio Fraguas Forges, la actriz Nuria Espert, el escritor libanés Amin Maalouf, la periodista y activista por los derechos humanos norteamericana Barbara Probst Solomon, el Secretario General de la Organización de Estados Iberoamericanos Enrique V. Iglesias, el empresario Jesús de Polanco, el científico Juan Luis Arsuaga, el rector Gregorio Peces-Barba, el político colombiano Sergio Fajardo, el periodista y crítico literario Bernard Pivot, el editor Germán Sánchez Ruipérez (a título póstumo).

Discursos protocolarios pero llenos de referencias literarias, en los que se constata que tanto la presidente de la Asociación de Editores de Madrid como el ministro de Educación Cultura y Deporte, como el presidente de la Comunidad han leído con atención a Mario Vargas Llosa. Amalia Martín, secretaria de la Asociación, como siempre, eficaz y comedida.

Estoy en buena compañía: Alicia Muñoz, Teresa y Mercedes Alonso, Mercedes Aguirre y Alicia Esteban, Marina Casado y Leonor Machado (¡gracias, Leonor: es un privilegio compartir contigo, en estos actos, el interés cultural y el afecto humano!). Todos satisfechos con los discursos y el cóctel posterior. El edificio (bella proporción de piedra, ladrillo, hierro y cristal), tan agradable después de la reforma y nuevo destino (¡Qué tiempos aquellos de la DGS!)… Pero, sobre todo, la asistencia era para escuchar la inigualable oratoria del escritor.

Vargas Llosa, además de escribir como los mejores, de comportarse como los buenos intelectuales (comprometido con los valores y crítico con la realidad) está reconocido como uno de los grandes oradores de habla española: siempre recordaré la laudatio que hizo sobre Nélida Piñón en la UIMP (12 minutos, sin papeles por supuesto, de verbo preciso, riquísimo, fulgurante); es un placer releer una y otra vez su discurso de aceptación del Nobel bajo el título de «Elogio de la lectura y la ficción»… Se trataba por tanto de escuchar atentamente el discurso del premiado que, como es habitual en él, no era solo de agradecimiento por el premio, de elogio del jurado, etc., sino que podía y debía contener ideas importantes para el libro… y así fue: Vargas Llosa hizo una precisión inteligente y oportuna sobre la superioridad del libro en papel (el libro de hojas como a mí me gusta llamarlo) sobre cualquier otro soporte conocido. Naturalmente, no se trata de despreciar el libro electrónico (para el que la presidente de la Asociación había reclamado el mismo trato fiscal) porque todas las nuevas tecnologías, bien utilizadas, nos sirven para conocer y disfrutar. Pero el autor de La ciudad y los perros, de Conversación en la catedral, de Pantaleón y las visitadoras y tantos libros excelentes enfatizó que la lectura del libro tradicional es más profunda y valiosa que la que se realiza sobre cualquier otro soporte… ¡Gracias don Mario! Con motivo del XXXV aniversario de Ediciones de la Torre manifesté que el futuro del libro dependía del criterio y la determinación de sus dos protagonistas, de sus dos «propietarios»: el escritor y el lector. Ellos dirán qué libros deben permanecer en su forma suprema y cuáles pueden vivir en formato electrónico; qué libros deben ser incluidos como auténticos tesoros en la biblioteca pública o la privada. Y en este debate, la hermosa voz de Vargas Llosa, en su doble condición de excelente creador y lector apasionado y aplicado desde los cinco años, representa, sin duda, una autoridad indiscutible. 

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Los últimos días de Lenin

En 1993 una joven estudiante de Bachillerato internacional entregó como ejercicio de clase un texto bien documentado y argumentado bajo el título de «Los últimos días de Lenin».

En ese texto, y apoyándose en una bibliografía selecta y bien estudiada, se explicaba que Vladimir Ilich Uliánov, Lenin, líder indiscutible de la revolución soviética (y que, después de sufrir un atentado y dos infartos y quizá una grave enfermedad venérea, pasó los últimos años de su vida en grave estado) había pedido, en sus últimos momentos, a su mujer, Nadezhda Constantinovna Krupskaya, «Nadya», que le leyera, una vez más, un cuento de Jack London, muy admirado por el revolucionario ruso, titulado «Amor a la vida».

La estudiante se preguntaba si no hubiera sido más lógico que, en vez de ese cuento, el moribundo (que conservó hasta el último momento su lucidez y sus ansias revolucionarias, su intento de controlar el partido bolchevique y su decisión de dejar a su muerte los principios de la Revolución Soviética seguros) hubiera pedido la lectura de otro cuento, también de London, que plantea justamente la tesis contraria del primero.

En «Amor a la vida» un buscador de oro en las duras tierras del norte de Canadá, que ha sido abandonado por su camarada, herido y enfermo, hambriento, se dirige a un barco que, en puerto seguro, puede recogerlo, atravesando un terreno inhóspito y peligroso… pero va seguido por un lobo, también moribundo, dispuesto a comerse al hombre cuando éste desfallezca. Hombre y bestia están exhaustos, y London deja bien claro desde el principio que puede ganar uno u otro. Pero al final el hombre, a pesar de contar con pocas fuerzas, como está decidió a vencer, acaba matando al lobo moribundo y bebe su sangre para sobrevivir. Así llega al barco: hambriento y herido pero triunfador.

En «Encender una hoguera», de tema parecido, otro explorador está empeñado en llegar al destino que se ha marcado atravesando, en pleno invierno, un terreno también inhóspito y lleno de peligros. De nada sirven las advertencias de los expertos que le aconsejan retrasar el viaje y buscar apoyo humano y recursos materiales. El hombre se siente héroe capaz de todo y decide ponerse en camino. Seguro de que alcanzará su meta. Pero no es así: en medio de su itinerario una tormenta le obliga a parar su marcha y amenaza con matarlo: sólo puede salvarse encendiendo una hoguera para lo cual ha de reunir hojarasca seca y alguna rama, cosa muy difícil de obtener en una montaña cubierta por la nieve y con la tormenta arreciando, pero el hombre, que también está decidido a triunfar como el anterior personaje del escritor norteamericano, acumula todas sus energías y las dedica a encender una hoguera: en ello va gastando sus cerillas y sus fuerzas hasta conseguir prender la escasa hojarasca que ha conseguido para luego alimentar el fuego salvador con alguna rama. Pero cuando ya ha consumido su último cerilla, un golpe de viento esparce la hoguera y el fuego se apaga… El hombre, habiendo comprendido que ha sido vencido por la Naturaleza, se dispone a morir.

En los días en que agonizaba Lenin no era extraño poner como bandera el primer cuento de London, a pesar de que la guerra civil (y antes la europea) había diezmado el ejército soviético y mermado decisivamente los recursos económicos del país; a pesar de que los soviets había perdido su naturaleza democrática inicial, de que se había producido la terrible represión sobre el levantamiento popular de Kronstadt; a pesar de que el partido bolchevique había tenido que recurrir a la «nueva política económica» (que chocaba frontalmente con los postulados económicos comunistas) y, sobre todo, a pesar de que no se veía claro quién podía sustituir al gran padre de la revolución, con luchas intestinas en el partido cuyo encono y ferocidad hacían prever crímenes mayores; a pesar de todo ello, todavía era posible ser optimista y pensar que el aventurero llegaría al puerto marcado.

Pero en los años en que esta estudiante analizaba la historia de la Unión Soviética estaba ya bastante claro el fracaso de la revolución: el régimen soviético y la propia URSS se deshacían, no por el acoso exterior sino por su debilidad interna. El sueño de Lenin y de todos sus seguidores se había acabado. El aventurero que había asegurado que podía atravesar con sus solas fuerzas un terreno inhóspito, extremadamente duro y en la peor época había fracasado. Por mucho que su aventura dejase un ejemplo de voluntad, determinación, capacidad de resistencia, etc. lo cierto es que, tal como habían previsto las personas con experiencia, su mayor ejemplo era que no sirve sólo la voluntad para realizar un proyecto por muy bello que este parezca.

A pesar de todo ello, ahora que la URSS es mera historia, no es inútil recordar que lo que se alcanzó, hace hoy 96 años justos, con el triunfo de la revolución bolchevique, nació de una necesidad de la humanidad de luchar contra la injusticia y promovió en el mundo entero ideales de liberación. Naturalmente, como todas las utopías, esa revolución marcaba metas inalcanzables en aquella situación histórica, como el héroe del segundo cuento, pero ello no debe llevarnos a despreciar a estas personas que las pusieron en marcha, incluso aunque lo hicieran movidos tanto por su egocentrismo como por su altruismo, porque, como nos demuestra la Historia, la humanidad ha ido avanzando de fracaso en fracaso, a veces guiados por soñadores, mesías o simples aventureros, en busca de una sociedad más libre y más próspera.

Lamentablemente el trabajo de la estudiante, que obtuvo la mayor calificación, permanece inédito pero no vendría mal que cuantos se interesen por este tema central en la historia de Europa y del mundo, cual es el nacimiento y la muerte de la Unión Soviética, reflexionen sobre la tesis que allí se exponía y dediquen algún tiempo a analizar el importante tema del leninismo.

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Carta a una vieja camarada

Querida amiga: el sábado 26 de los corrientes asistí al mitin de presentación del Movimiento Ciudadano en el moderno Teatro Goya, ubicado en el barrio madrileño de Puerta del Ángel. La zona, el ambiente, la expectación… me hicieron recordar, con cierta nostalgia, aquellos viejos tiempos en los que tú y yo coincidíamos, con otros jóvenes intrépidos a principios de los 60 del siglo pasado y en condiciones bien diferentes, en reuniones conspirativas, en manifestaciones ilegales, en detenciones, en juicios (recuerdo, como si fuera ayer, cómo busqué tu mano por detrás del acusado que estaba sentado entre nosotros para tener fuerzas para enfrentarme al juez de la dictadura). Teníamos entonces toda la fuerza de la juventud y podíamos arriesgarnos alegremente no sólo a sufrir el castigo de nuestros enemigos sino sobre todo, llevados de nuestra arrogancia, a meternos en cualquier error teórico o práctico, a caer incluso en ideologías tan reaccionarias como las que combatíamos (por muy críticos que fuéramos con el estalinismo, todavía lo veíamos con una fuerza revolucionaria y progresista; por mucho que hablásemos de democracia popular, todavía no habíamos advertido que ese tipo de democracia era la dictadura de un politburó; todavía no habíamos descubierto la cara siniestra del burocratismo que en los regímenes «socialistas» y también en los regímenes «democráticos», aunque con diferente forma, constituyen una gangrena para la sociedad). Nos podíamos equivocar pero nos sentíamos plenos de fuerza, de ilusiones y (todo hay que decirlo, en este caso en nuestro descargo) éramos honrados (aunque pudiéramos tener serias contradicciones en nuestra vida particular): creíamos en lo que hacíamos y hacíamos con grave riesgo lo que creíamos justo. Por eso en alguna medida también impulsamos la evolución del Régimen y su salida democrática y por eso pudimos sentirnos felices con la Transición y acudir bulliciosos a las fiestas «rojas y republicanas» de la Casa de Campo, colindante con el Barrio del Ángel… y por eso nos hemos podido sentir decepcionados con su última etapa donde la corrupción ha señoreado la vida política; el despilfarro, la vida social, y la demagogia y la trivialidad, la vida intelectual; donde el tribalismo ha alimentado y exacerbado unos nacionalismos que amenazan con deshacer el país, llevándolo hacia atrás, hacia el tiempo de las taifas.

Por todo ello y porque no quiero renunciar a mis ilusiones de libertad y progreso, de justicia e igualdad, me he mantenido atento a cualquier manifestación de regeneración, al surgimiento de cualquier fuerza política que pusiera en cuestión la situación degradada a la que hemos llegado en España. Por eso seguí de cerca la aparición de UPyD y por eso suscribí el Manifiesto que publicó hace dos semanas Ciudadanos y, como consecuencia de todo ello, acudí el sábado a su convocatoria.

Magnífico ambiente y palabras certeras. Más de 1.500 personas (de todas las edades y de diversa condición social) aplaudimos con entusiasmo las propuestas de un amable pero seguro, brillante pero modesto Albert Rivera que, llegado desde Barcelona, nos hablaba de pasar de la indignación a la acción, de promover una educación eficaz, no sectaria ni oportunista; de reducir la acción de los partidos a su justa medida, sin acaparar instituciones como la Justicia, los medios de comunicación, las cajas de ahorro, etc. Por eso asentimos cuando nos propuso participar todos en la «Conjura del Goya» y por eso nos sentimos llenos de fuerza cuando nos aseguró que esa regeneración de la vida social y política, que esa recuperación de la idea de España como una gran nación diversa pero unida, la conseguiríamos «por las buenas o por las urnas»…

Ya sabes: estas cosas rejuvenecen, revitalizan, te llenan de energía y de ganas de «hacer algo», aunque sea desde la «débil ancianidad»… Pero, ¡cuidado! Sabemos por experiencia que las palabras deslumbrantes pueden esconder intenciones confusas o capacidades débiles, que los partidos están sujetos a la ley no escrita pero tantas veces sufrida por la población de que «el poder pervierte», que personajes tan admirados por los jóvenes políticos como Kennedy u Obama (cuyo «estilo» podría estar influyendo en este movimiento) están sometidos a los «poderes fácticos», que adulteran o destruyen sus sueños juveniles. Evitemos, pues, caer ahora en el error de nuestra juventud de cegarnos con las palabras luminosas de los líderes y ofrecernos al estilo himmleriano («Creer, obedecer, combatir, eso es todo»); al contrario, sigamos una máxima bien diferente que, aunque la dijera Mao Zedong, me parece totalmente apropiada: «Osar pensar, osar hablar, osar obrar».

Acojamos pues con gratitud y alegría al Movimiento Ciudadano y suscribamos su manifiesto, pero mantengamos, desde la honradez que nos ha traído hasta aquí, una actitud crítica y vigilante que nos libre de sectarismos y sumisiones.

Con un gran abrazo.

 

 

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70. La mirada cuántica

fondodahlia1.jpg(Para MC, en su hermoso aniversario.)

Nunca he pertenecido a esa inmensa mayoría de hombres del primer mundo y varias generaciones que se han sentido fascinados por la belleza de Marilyn Monroe. Sin embargo (y aunque sé que, como todo mito, hay que analizarlo con mucho cuidado), cada vez me interesa más su personalidad y su biografía. Por eso he visto con mucha atención el documental Marilyn Monroe a su pesar, que dirigió Patrick Jeudy en 2002, donde se muestra cómo la mirada del gran fotógrafo Milton Green tuvo gran importancia en la vida y la obra de la estrella. Green supo buscar detrás de las curvas y la fotogenia deslumbrantes de Norma Jeane elementos y valores ocultos a una mirada vulgar; buscó el interior, el alma de la persona, en un intento de aprehender y comprender como forma de apropiarse de la Belleza sin consumirla. Puro arte, amor puro. Pero aún así, como ya sabemos, al mirar, por mucho respeto con que lo hagamos, influimos en lo mirado, lo modificamos… ¿Definimos esto como «la mirada cuántica»?

Quizá los dioses mitológicos, aburridos en su Olimpo (y a pesar de la afirmación del sabio Epicuro de que ellos no se ocupan de los hombres) comenzaron por mirar a los humanos y, fascinados por su belleza, acabaron mezclándose con nosotros, influyéndonos, modificándonos. Quizá el dios bíblico, que podía abarcar con su mirada todo el cosmos, sintió la necesidad de fijar su mirada en un hombre y una mujer que, bajo un hermoso árbol, se sentían impelidos al abrazo y, al mirarlos, les enseñó la vergüenza, el temor, un sentido trágico de la vida.

Quizá el hombre normal, que no tiene el genio del artista ni la fuerza del dios, tenga una mirada menos poderosa, más torpe… Pero, sin duda, siente también esa fascinación ante la Belleza, ese deseo intenso de acariciar con su mirada, ese anhelo de encontrar el interior, el alma de la persona contemplada y, como hacen el artista con la piedra, el lienzo, la película o el texto y el dios con su capacidad creadora, quisiera fijar en su mente la imagen que lo deslumbró. Y quizá, al hacerlo, modifica, por muy levemente que sea, a la persona que provocó su admiración. 

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69. Napoleón

En la tertulia del Marcapáginas (Gestiona Radio) del viernes pasado, al ser preguntado por David Felipe Arranz por mi juicio sobre Napoleón, dije, sin ambages, que lo consideraba un aventurero y un fracasado. Sé que en el breve tiempo que puede dedicar un programa de radio por muy bien dirigido que sea, como es el caso, estas afirmaciones rotundas pueden escandalizar y reclamar una mayor explicación. Tampoco da para mucho una nota en el blog (sin contar con que yo no soy un especialista en Napoleón y que el personaje es de los más controvertidos en nuestra historia reciente) pero algo puedo añadir a lo que dije el viernes.

Lo que caracteriza al aventurero político es su desmesurada ambición, su autoestima de iluminado, su capacidad para enrolar en su aventura a muchos seguidores leales, fanáticos incluso pero a los que, en la mayoría de los casos, podrá despreciar o sacrificar según sus intereses. Napoleón tenía esas «virtudes» (véase cualquier biografía de las que desmienten o matizan las «Memorias» que él dictó en Santa Elena) y con ellas y su audacia, osadía, arrojo… pero, sobre todo, su ausencia de escrúpulos, logró formar su imperio a partir de su condición de militar de bajo rango.

Por supuesto, es obligado reconocer que Napoleón tiene grandes capacidades militares, es legendaria su habilidad estratégica (aunque también hay que decir que fracasó estrepitosamente en España y en Rusia), y políticas (bajo su mando se producen extraordinarios avances en la modernización del Estado y en la organización social, como el famoso Código Civil) pero no hay que olvidar que su aventura produjo terribles guerras, con el sacrificio de militares y civiles (según algunos cálculos, dos millones y medio de muertes en un continente cuya población total no alcanzaba los ciento noventa millones de habitantes). Y, sobre todo, que su aventura, como otras que se habían producido antes en Europa o que se producirían después en el siglo XX, acabó en fracaso, con una vuelta al punto de partida (aunque, justo es reconocerlo, con notables avances). De forma que, en conclusión y siempre en mi modestísima opinión, se puede decir que, independientemente de otros reconocimientos, Napoléon debe ser considerado como un aventurero fracasado, y peligroso, igual que otros personajes que nos muestra la historia de nuestro continente en los que todos sus sueños imperiales acaban en quimeras imposibles y, a pesar de ciertos avances, en terribles sufrimientos para la población.

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68. Capitalismo, hazles reír.

Nunca fue el capitalismo un sistema fácil de entender. Desde sus orígenes, y en todas sus fases, nuestro sistema social y político (económico, ideológico, etc.) se caracteriza por la confusión. Confusión de teorías, de intereses, de resultados… En pleno huracán de una de sus crisis más fuertes (por lo menos para los que la sufrimos desde hace ya varios años) el Taller de Investigación Teatral Contemporáneo, bajo la dirección de Andrés Lima en colaboración con Joseba Gil y María Valls, nos propone la obra de Juan Cavestany Capitalismo, hazles reír: «un espectáculo de riesgo, de compromiso estético, de belleza perturbadora», que nos muestra un «grupo de artistas [¡17 individualidades estupendas formando un equipo trepidante!] multidisciplinares haciéndose preguntas sobre el mundo en que vivimos»; «actores bailando, bailarines en el trapecio, y lanzadores de cuchillo interpretando… una locura». Un excelente equipo de intérpretes entre los que yo destacaría a Aitana Sánchez-Gijón (más bella aún que en aquella mágica aparición en El hombre deshabitado) y a Silvia Marsó  que domina cualquier rol y cualquier escena.
Confusión. Las Torres Gemelas mostrando al mundo la vulnerabilidad del Imperio y el odio dogmático; la tortura y todos los abusos del Poder; la vida cotidiana, donde los seres normales psicosomatizan sus tensiones, sus problemas, provocando la inflación del sistema sanitario; las peleas familiares salpicadas de nostalgias, trufadas de generosidades y egoísmos; al fondo 1984 (Orwell) como lección magistral de la capacidad manipuladora del Sistema: la «gran amenaza» inventada desde el Poder para someter a la ciudadanía a sus designios y, de fondo, la vida como espectáculo: un tiovivo permanente de baile, música, contorsiones, etc. Ruido y movimiento desenfrenado para que las mentes no puedan analizar y la gente no pueda organizarse para resistir. Espectáculo en la vida real muy bien representado en la «pista» del Price: incluso en el intermedio, donde los actores se dedican a repartir cervezas (cobrándolas, por supuesto) y una impresionante Silvia (Marsó) Bombón «subastando» partes de su cuerpo y de su tiempo a los espectadores que puedan pagarlo. Todo en broma, claro, pero como al final la vida, nuestra vida, nuestro capitalismo, nuestra crisis, no pasa de ser una colosal broma, me quedó la duda de si debería haber pujado en un intento, posible o imposible, de haber tomado un hermoso brazo y un breve (pero intenso) minuto de Silvia Bombón.

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67. Somos más, tenemos más fuerza y mejores razones

Sí, somos más. Podemos oponer a los centenares, miles; a los miles, decenas de miles; a los centenares de miles, millones. En silencio o vitoreando, podemos llenar más calles y más plazas y, además, hacerlo mejor. Ya lo hicimos en otras ocasiones: llenamos las plazas y calles contra el golpismo, contra la guerra, contra el terror… No tengamos la menor duda: si se trata de salir a la calle para defender un régimen democrático que nos hemos dado entre todos y para todos, somos más, muchísimos más .
Sí, tenemos más fuerza. Tenemos la fuerza de la historia, la fuerza de contar con un Estado que se ha mantenido en pie durante siglos. Tenemos la fuerza de haber abierto, en lucha contra diversas tiranías, vías a la libertad en la época medieval y en la moderna y, más recientemente, la fuerza de haber conseguido, en una Transición que ha admirado al mundo entero, unas leyes democráticamente aprobadas que sostienen la legitimidad de la Nación, la garantía de la unidad del territorio y la seguridad de poder hacer cumplir todas las leyes que se derivan de la Constitución democráticamente aprobada en 1978. Una constitución que, por oportunismo o torpeza, dejó abiertas algunas vías para que algunos aventureros o iluminados pudieran debilitarla, pero que, por encima de eso, da suficientes fuerzas a quienes deciden vivir en una democracia pacífica y avanzada. Una constitución que puede defenderse con toda la fuerza frente a quienes la niegan y quieren destruirla sin atenerse a más leyes que la demagogia y la chulería.
Sí, tenemos mejores razones. No necesitamos inventarnos estados ni dirigentes falsos. No necesitamos jugar al victimismo demagógico. Tenemos una historia, naturalmente con luces y sombras, como todos los países del mundo, que sostiene muy honrosamente la situación actual a la que llegamos a la salida del régimen anterior, pero que arranca con toda legitimidad de la constitución del primer Estado central por la unión de las coronas de Aragón y Castilla, hace más de cinco siglos (uno de los primeros de Europa), que se reafirma en los siglos posteriores y que consigue una adaptación a la Modernidad, a través de las Cortes de Cádiz, hace ahora más de dos siglos. Tenemos razones muy poderosas, argumentos muy sólidos para defender, en un mundo globalizado y con grandes bloques que se mueven en torno a intereses muy fuertes, la necesidad de agruparse y no dividirse, la licitud y conveniencia de la unidad nacional, la integridad territorial, la soberanía inalienable de todo el pueblo español. Tenemos sólidos argumentos para explicar por qué una secesión de una parte de España tendría consecuencias dramáticas para la mayoría de la población de la parte en secesión (problemas económicos y sociales, familiares, enfrentamientos y divisiones…) y para todo el país en su conjunto. Podemos respetar y propiciar todas las diversidades pero todas, no sólo las que convengan a los que han hecho un negocio de reclamarse diversos, diferentes. España es una país con hermosas diversidades (como todos los países avanzados del mundo, sean grandes o pequeños), pero unido, económica, social y culturalmente, desde hace siglos, sin segregación ni guetos, sin colonias que puedan reclamar el «derecho de autodeterminación».
Sí, somos más, tenemos más fuerza y mejores razones. Sí, somos más, muchísimos más los que tenemos la legitimidad, el derecho y la fuerza para decidir. Naturalmente tenemos debilidades y amenazas: estamos gobernados por una clase política numerosa pero débil, lenguaraz y despilfarradora, con dos partidos nacionales enredados en una urdimbre de corrupciones, corruptelas y torpezas e incapaces de ponerse de acuerdo en temas tan fundamentales como la defensa de la Constitución o la formación de un frente común frente a las grandes amenazas exteriores o interiores. Amenazas reales: alguna gente en Europa y alguna gente en España saben que harían un gran negocio con la fragmentación y la debilitación de nuestro país. Pero no nos engañemos: aquellos que dirigen el ataque miserable al conjunto de la nación española tienen tanta o más corrupción como puede haber en nuestros dos grandes partidos españoles, son tanto o más torpes y, desde luego, mienten y manipulan a la gente mucho más que ellos. Y tenemos muchas fortalezas y oportunidades. Tenemos leyes e instituciones suficientes, tanto en nuestro entorno (Unión Europea, «mundo occidental») como en nuestro país. Tenemos el control de la hacienda, del ejército, de las fuerzas de seguridad, de las relaciones exteriores, etc. Se trata pues de, sin desmesura pero sin miedo, ejercer la autoridad que la ciudadanía ha otorgado y aplicar el poder ahí dónde haga falta porque hasta ahora son muchos más, muchos más millones los ciudadanos que necesitan y pueden defender la nación española, la patria española, las leyes españolas, el poder español frente a cualquier desafío de cualquier aventurero que intente amedrentarnos. Y, por supuesto, escuchando «a la calle», a todas las personas que, llevados por la emoción o por el interés, con acierto o sin acierto, se manifiestan reclamando cualquier cosa. Incluido el derecho a la «desafección» de lo español, el derecho a sentir o buscar una entidad diferente… Claro que el ciudadano tiene todo el derecho a salir a la calle a reclamar cualquier cosa y las fuerzas de orden público el deber de proteger ese derecho inalienable de expresión. Pero, los poderes públicos, nacionales, autonómicos o locales, no tienen ningún derecho a, saltándose las leyes democráticamente establecidas, instigar a esos ciudadanos a realizar movimientos ilegales, a embarcarlos en proyectos ilícitos, a promover odios tribales; no tienen derecho a, utilizando de forma artera los recursos que son de todos y empleando todo tipo de mentiras y artimañas, impedir el ejercicio de todos los derechos a todos los ciudadanos o negar las leyes y su aplicación en su ámbito respectivo.
Permítaseme, para concluir, una referencia personal. Llevo años reflexionando sobre el asunto que trato hoy y manifestando mi posición de la forma más clara que puedo. Por referirme a los últimos años:
En abril de 2010 escribí un poema sobre España como patria inclusiva y amable para todos:
http://www.edicionesdelatorre.com/boletines/ET-BI35.pdf,
en septiembre de 2011 publiqué una carta a un «hermano separatista», con el mayor respeto posible a sus pretensiones: http://librosyabrazos.wordpress.com/2011/10/16/juguemos-limpio-hermano/,
en septiembre de 2012 me manifesté claramente a favor de ejercer la autoridad con un poder tan legítimo como fuerte:
http://librosyabrazos.wordpress.com/2012/09/17/carta-abierta-a-pedro-crespo/ y a la necesidad de relacionar Ciudadanía y Patriotismo en la Educación:

http://librosyabrazos.wordpress.com/2012/09/25/educacion-y-patriotismo/ .

Al mes siguiente defendí la conveniencia de reivindicar una relación de fechas nacionales tan dignas de ser conmemoradas como otras fechas regionales:

http://librosyabrazos.wordpress.com/2012/10/11/12-o/,
y unos días después expresé mi posición sobre el tan traído y llevado «necesario diálogo»:
http://librosyabrazos.wordpress.com/2012/10/31/dialogo/
Es posible que, tras estas posiciones y pronunciamientos, algunos no vean sino un «nacionalismo español» grosero, una nostalgia de «pensamiento único». ¡Discutamos sobre esto! Enfrentemos los argumentos con datos ciertos y actitudes sinceras. Ya anticipo que el tema es complejo y que el nacionalismo encierra no pocos peligros… Pero, por supuesto, si alguien me obliga a elegir entre un nacionalismo que, apoyándose en un artificial «derecho a decidir», quiere dividir el país y llevar a las gentes al enfrentamiento y la aventura y otro que organiza la convivencia mediante una «Constitución [que] se fundamenta en la indisoluble unidad de la Nación española, patria común e indivisible de todos los españoles, y reconoce y garantiza el derecho a la autonomía de las nacionalidades y regiones que la integran y la solidaridad entre todas ellas», no tendré la menor duda y elegiré esta opción.
Por supuesto, ya sé que mi posición no tiene más importancia que la de cualquiera de los millones de ciudadanos que luchamos por conseguir y mantener una sociedad democrática, donde las leyes generales son más importantes que los intereses particulares, el todo más que las partes… No tiene más importancia pero tampoco menos.

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66. No todo se termina con la muerte

NO TODO SE TERMINA CON LA MUERTE

(Para Julia Trujillo)

No todo se termina con la muerte.
(La muerte no es el Todo, lo Absoluto,
porque el Todo, lo Absoluto, no existe
o, al menos, no podemos conocerlo.)

La vida permanece en la memoria,
en el surco que abrimos,
en el árbol plantado,
en la carta afectuosa,
en el canto alegre de la madrugada,
en el amor de los que quedan a este lado.

No todo se termina con la muerte
porque la vida siempre triunfa sobre ella,
porque sabemos que mucho de nosotros sobrevive
en aquellos que compartieron nuestra senda.

Pero, sí, la muerte es un golpe decisivo,
un tajo inexorable, una frontera,
un abismo sin fondo
que se abre y nos engulle,
sin resolver la duda que arrastramos
desde que nos pusimos en pie
y nos atrevimos a mirar a las estrellas.

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