Sentido y sentimiento de España

22 de enero de 2014, 20:00 h. Parroquia de San Manuel y San Benito (Salón de Actos), Madrid. Me interesaba esta conferencia del profesor don Fernando García de Cortázar, historiador premiado y reconocido, con más de sesenta libros publicados, algunos de tanto éxito como su Breve historia de España. De formación jesuita y gran erudición, comprometido públicamente con una idea de España que sostiene desde su cátedra en la Universidad de Deusto y al frente de la Fundación Dos de Mayo, Nación y Libertad, el profesor García de Cortázar habló ante un salón repleto (hubo que habilitar asientos supletorios) de personas con apariencia de pertenecer a las clases medias que, en esta grave situación que vivimos, miran a sus representantes naturales, laicos o religiosos, para encontrar respuestas a sus angustias.
García de Cortázar, en brillante exposición, apela a la razón (sentido) pero también a la pasión (sentimiento) para explicar nuestra relación con España. Al razonar sobre nuestra realidad nacional encuentra en la historia, por supuesto, miles de argumentos para defender la unidad y un sistema de libertades que con tanto esfuerzo nos hemos dado. Pero llama sobre todo al sentimiento, a amar a nuestra patria con la literatura y con la geografía; valiéndose de su gran erudición, cita diversos paisajes («los paisajes que hermosean España») de norte a sur y de este a oeste («nuestra hermosa y áspera España») y recuerda las palabras inteligentes de Lope, Góngora, Quevedo o Cervantes, de nuestro maravilloso siglo de oro, pero también de gentes que se esforzaron en comprender a España en el siglo que acabamos de dejar atrás como Blas de Otero («Arrebatadamente te persigo»), María Zambrano, Ángela Figuera, etc.
España de diversas raíces: romanas, árabes, judías… todas ellas habiendo dejado una rica literatura y ejemplos sobrados de luchas pero también de convivencias. En este mosaico se mezclan El Greco y Alberti, Lope y Cernuda, Ramon Llull y Galdós, Azaña y Celaya… Historia milenaria la de esta península con sus sitios prehistóricos (Atapuerca, Altamira) pero, también, con sus ciudades abiertas a la modernidad  (Salamanca, Barcelona, etc.). «España múltiple y diversa», «pasado hecho de razas y culturas diversas». Una lengua cuya universalidad inicia Nebrija, unos doctores de la Iglesia que marcan caminos: San Juan de la Cruz, Teresa de Ahumada, San Isidoro de Sevilla (España como «madre de príncipes y pueblos»). Nombres diversos que confluyen en una misma realidad: Sefharad, Al-Ándalus, España. Por eso, García de Cortázar repite con el Ricote de Cervantes: «es dulce el amor a la patria».
Esta patria, esta nación que se proyectó hacia América, a donde llevó sus miserias (codicia, etc.) pero también su civilización (universidad, etc.) como supieron ver  el Inca Garcilaso o Neruda desde lugares y tiempos diferentes. España de la contrarreforma pero donde siempre pugnaron por reafirmarse las libertades individuales (Juan de Mariana) y donde el «verismo justiciero» en la pintura puso a reyes y validos en su sitio (Carlos V a caballo o La familia de Carlos IV). España, con una lengua que llega a los últimos rincones del mundo, no tanto (sostiene el profesor García de Cortázar) por imperialismo militar o clerical cuanto por la conquista de las inteligencias. Cervantes y el Quijote, como prueba del humanismo renacentista español, capaz de contemplar con ternura e ironía el declive de un tiempo, de un imperio y de un modo de entender la aristocracia. Y una búsqueda permanente de la Libertad  «¡Oh libertad preciosa, / no comparada al oro / ni al bien mayor de la espaciosa tierra!» (Lope de Vega).
Santiago como mito, como leyenda, como idea, como icono, como bandera, como gran constructor de España, mucho más que Pelayo. España como nación indiscutible (en clara réplica a Zapatero: «la nación no se discute»); ninguna nación moderna se desgarra con una discusión permanente entre sus distintos territorios, como está pasando en nuestro país.
A la pregunta de si la actual situación nos llevará otra vez a posiciones de fuerza, como tantas veces en el pasado, una respuesta dialogante: no hay que exagerar el cainismo, otras naciones lo tienen mucho más fuerte; se trata de hacer pedagogía, de contraponer razones a las sinrazones y, sobre todo, (y este es el motivo de la conferencia) defender e impulsar el sentimiento de amor a España…
Por eso el poema de Ángela Figuera, que, para concluir su conferencia, el profesor lee con sinceridad y emoción hasta quebrársele la voz: «Con los ojos cerrados, / con los puños cerrados, con la boca / cerrada, España, canto tu belleza. / Y con la pluma ardiendo y con la pluma / loca de amor rabioso canto y firmo. // Belleza sobre ti y en tus entrañas / de miel y de granito, y en tu cielo, / y en tus encadenadas cordilleras / y en tus encadenados hombres, canto. // De siglo en siglo en olas y torrentes / de barro ibero, en sucesivas olas / de tierras y metales agregados, / de frutos madurados poco a poco / bajo tu fiero sol, me vienes, madre. / Me viene tu belleza tierna y dura, / tu corazón rodando enamorado / hasta embestirme, hasta llenarme toda, / hasta romperme el miedo y la corteza. […] »

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