La mirada cuántica

fondodahlia1.jpg(Para MC, en su hermoso aniversario.)

Nunca he pertenecido a esa inmensa mayoría de hombres del primer mundo y varias generaciones que se han sentido fascinados por la belleza de Marilyn Monroe. Sin embargo (y aunque sé que, como todo mito, hay que analizarlo con mucho cuidado), cada vez me interesa más su personalidad y su biografía. Por eso he visto con mucha atención el documental Marilyn Monroe a su pesar, que dirigió Patrick Jeudy en 2002, donde se muestra cómo la mirada del gran fotógrafo Milton Green tuvo gran importancia en la vida y la obra de la estrella. Green supo buscar detrás de las curvas y la fotogenia deslumbrantes de Norma Jeane elementos y valores ocultos a una mirada vulgar; buscó el interior, el alma de la persona, en un intento de aprehender y comprender como forma de apropiarse de la Belleza sin consumirla. Puro arte, amor puro. Pero aún así, como ya sabemos, al mirar, por mucho respeto con que lo hagamos, influimos en lo mirado, lo modificamos… ¿Definimos esto como «la mirada cuántica»?

Quizá los dioses mitológicos, aburridos en su Olimpo (y a pesar de la afirmación del sabio Epicuro de que ellos no se ocupan de los hombres) comenzaron por mirar a los humanos y, fascinados por su belleza, acabaron mezclándose con nosotros, influyéndonos, modificándonos. Quizá el dios bíblico, que podía abarcar con su mirada todo el cosmos, sintió la necesidad de fijar su mirada en un hombre y una mujer que, bajo un hermoso árbol, se sentían impelidos al abrazo y, al mirarlos, les enseñó la vergüenza, el temor, un sentido trágico de la vida.

Quizá el hombre normal, que no tiene el genio del artista ni la fuerza del dios, tenga una mirada menos poderosa, más torpe… Pero, sin duda, siente también esa fascinación ante la Belleza, ese deseo intenso de acariciar con su mirada, ese anhelo de encontrar el interior, el alma de la persona contemplada y, como hacen el artista con la piedra, el lienzo, la película o el texto y el dios con su capacidad creadora, quisiera fijar en su mente la imagen que lo deslumbró. Y quizá, al hacerlo, modifica, por muy levemente que sea, a la persona que provocó su admiración. 

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2 respuestas a La mirada cuántica

  1. Hermosa reflexión, José María. Marilyn no fue una femme fatale… sino una mujer marcada por la fatalidad. Su belleza tiene un punto de vulnerabilidad y tristeza que le aporta nuevos matices a su persona, cuando lo descubrimos. Quién nos iba a decir que por detrás de esa criatura alegre y aparentemente tan confiada en sus propias capacidades se escondía una muchacha insegura y depresiva. Nada es lo que parece… Marilyn es un mito hoy porque alguien -no ella misma- la supo mirar.

    • Gracias, Marina. Me alegra mucho que te haya gustado mi comentario. Es cierto que necesitamos guiarnos no sólo de las apariencias. Green lo hizo y, sin duda, ayudó a MM a ser más auténtica… o al menos a intentarlo.

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