De revoluciones y otros problemas (I)

(Para mis hijos y para los hijos de todos los «progres» anti y post franquistas)

 revolucion-francesaIgual que ciertos errores de ortografía o de alimentación van pasando de padres a hijos, de una generación a otra (por ejemplo, todavía hay profesores que explican a los niños que las mayúsculas no deben llevar tildes; por ejemplo, todavía hay padres que creen que la mejor alimentación para sus hijos es comer a la carta), también ciertos errores políticos, estos mucho más graves, han pasado de padres a hijos, de generación a generación; por ejemplo, una calificación grosera, sectaria, maniquea, «inmovilista» y, en consecuencia, gravemente errónea, del Régimen franquista. Para evitar confusiones desde el primer momento, diré que yo considero que ese régimen, tras ganar una terrible guerra civil y consolidarse en una más terrible postguerra, ejerció una dictadura férrea contra cuantos se opusieron, por una vía u otra, a él. Pero también  diré que, si a partir de esta primera formulación (que espero aparezca muy clara para «propios y extraños») añadimos que ese régimen se mantuvo inmóvil durante casi cuarenta años, que no tuvo nada positivo y que, en consecuencia, cualquier régimen alternativo era mejor, cometeremos un gravísimo error, ayudaremos a las fuerzas más reaccionarias (sobre todo las que se envuelven en banderas de simulacros de libertad) a someter y hasta destruir nuestra sociedad (también aquí quiero ser muy claro).
Pero ese gravísimo error se cometió. No supimos ver que el estalinismo y sus distintas variantes eran más crueles que el franquismo; que la ETA mataba más despiadadamente que los gobiernos de Franco (al menos los de la segunda y tercera época) que el «derecho de autodeterminación» que defendíamos orgullosamente para vascos, gallegos, catalanes… y cualquier  «otro pueblo del Estado Español» iba a alimentar lo peor de nuestra tradición: el separatismo, las taifas, las tribus, el odio entre españoles. No supimos prever que el foso entre ricos y pobres, que la opresión de los capitalistas salvajes sobre los trabajadores mal organizados, podía ir a peor y que las organizaciones que montábamos para liberar a los oprimidos podían convertirse en nuevas formas de explotarlos.
Y ahora nos encontramos con que (muchos de) nuestros «camaradas revolucionarios» (sobre todo los más oportunistas e ignorantes), en el mejor de los casos, se han apoltronado y legislan para establecer privilegios y prebendas de todo tipo para ellos y, en el peor, se han dedicado a robar a manos a llenas del erario público aunque para ello hayan tenido que pervertir y debilitar el Estado hasta límites insólitos. Ahora comprobamos que nuestros aliados nacionalistas nos invitaban a cantar con ellos canciones protesta en su lengua materna para, unos años después, prohibirnos educar a nuestros hijos en la nuestra; ahora sabemos que su odio, artificial y grotesto en tantos sentidos, hacia lo español los alienta a establecer nuevas fronteras, inventar naciones-estado, donde solo podrán sentirse cómodos los que se sometan a sus planes sectarios.
Pero, sobre todo y como consecuencia de todo ello, no supimos ver que «la Revolución» es un asunto muy complejo y delicado, que no puede resolverse con etiquetas ni mucho menos reducir el concepto a que revolución/revolucionario es aquel/aquello que libera a la humanidad de toda opresión. Los antifranquistas nos sentíamos seguros al afirmar: «Por mucho que tú quieras explicarla y desmenuzarla, la palabra revolución tiene una connotación absolutamente positiva, de evolución, de paso adelante, de ruptura para mejorar las cosas […] de vinculación con la base de la población, con los explotados, con el pueblo. Es así. Sea o no correcto, esa es la connotación que tiene esa palabra en el lenguaje político.» Pero no es así: no solo porque el diccionario es tajante al definir revolución como «Cambio violento en las instituciones políticas de una nación  – Cambio importante en el estado o gobierno de las cosas»; es decir, que tan revolución es la de los bolcheviques antizaristas como la de los nazis alemanes genocidas; tan revolución es la que intentaron las Juntas de Ofensiva Nacional Sindicalista, de Ramiro Ledesma, como la que intentaron los que, bajo las consignas de Unión Hermanos Proletarios (Uníos en alguna otra versión), siguieron las consignas izquierdistas de Largo Caballero en 1934… Y si unas revoluciones venían por la «izquierda» y otras por la «derecha», todas coincidían en  remitirse a una legitimidad superior a la legalidad, a una misión sagrada de salvar al pueblo o a la clase social, ¡o a la entera Humanidad!, y todas ellas bebían, tácita o explítamente, en las fuentes de la Revolución francesa, aplicando su terrible principio de que el fin sagrado de La Revolución justifica cualquier medio, incluyendo el Terror y el Gran Terror. Por eso creo que es un serio error de conceptualización que cometíamos los que creíamos entonces (y que cometen los que creen todavía) que solo es revolución y es buena revolución la que se basa en «catecismos» izquierdistas, la que presenta románticamente al pueblo avanzando hacia su liberación, y que cualquier otra forma de «cambio violento en las instituciones políticas de una nación» no es digna de tal nombre y podemos despreciarla porque solo la plantearán y desarrollarán unos cuantos reaccionarios. Y si mucha gente «normal» (sin especial preparación política) se ha dejado llevar a esa idea de revolución=progreso-libertad-felicidad, hay que atribuirlo a los potentes aparatos de agrit-prop que los «revolucionarios» (desde la Revolución francesa a nuestros aprendices de revolucionarios que padecemos aquí y ahora) han puesto en pie, combinando hábilmente grandes verdades con grandes mentiras.  Los bolcheviques y los nazis, y los de UHP o JONS eran todos ellos revolucionarios, todos tenían tras de sí inmensas masas, convencidas, románticamente, de que estaban inciando una era luminosa. Pero ojalá que los que tuvieron el valor de reaccionar ante las barbaridades de Lenin/Stalin o Hitler y sus epígonos (etiquetados por sus verdugos de «reaccionarios») hubieran podido parar su revolución. Por eso, en mi modesta opinión, no se trata de caer en la trampa maniquea de revolución=bueno para el pueblo, reacción=malo para el pueblo, sino de saber identificar bien las situaciones revolucionarias, la tipología de cada revolución y la reacción que provoca, y en consecuencia, tomar partido.
Tomar partido en la mejor disposición personal, intelectual, afectiva posible para que no nos ocurra como a Unamuno: don Miguel, admirable por tantas cosas, en un estado de vehemencia y vacilación, apoyó alternativamente a la República y al franquismo para renegar, a la postre, de ambos (reflejando así la terrible situación de no pocos intelectuales de entonces). Espero no estar yo ahora en la misma circunstancia. Espero aprovecharmatanza_atocha lo que he aprendido en estos años para, sin perder los principios que me llevaron a oponerme a la dictadura franquista, ser un poco más inteligente que entonces y, junto a esos principios, legar a mis hijos (y a cuantos quieran aceptarlo) una visión más correcta de los males de nuestra patria y de las posibilidades de corregirlos… Pero eso se verá con más detalle en el apartado II de este artículo.

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Elogio de la erudición y la memoria

octaviopazBiblioteca Nacional de España. Martes, 18 de noviembre de 2014. «La obra y la figura de Octavio Paz en la prensa española», en el centenario del nacimiento del Nobel (¡y Cervantes!) mexicano, a cargo de Luis María Anson y Tulio H. Demichelli, que son presentados por Carlos Alberdi. Acto importante, con «media entrada» en un día de fútbol (España-Alemania). Anson comienza agradeciendo a los asistentes haber preferido Octavio Paz en vez de partido y, sin transición, define a Paz como el hombre más inteligente (detrás de Toynbee) que ha conocido. Y a partir de ahí, con gran erudición y buena oratoria, un aluvión de referencias a Paz, por supuesto como gran poeta pero también como erudito –gran conocedor de todas la cultura occidental pero también de la oriental–, como ensayista –su colosal Hora cumplida (1929-1985)–, como «el más importante filosofo de México del siglo xx».
Anson que asegura que no es un experto en la obra de Paz, sí puede afirmar que lo conoce a fondo como persona. Nos cuenta anécdotas de su larga e intensa relación con él (a las que se añaden las de Demichelli) para acercarnos a un hombre amable, leal con sus amigos (veladas en el café de Madrid El Espejo donde Paz, Rosales y el propio Anson rivalizaban en recitar poemas de muy diversas procedencia); formidable orador y conversador, pero sencillo y discreto y que no presumía nunca de haber leído incansablemente no solo lo más importante de la literatura occidental sino también de la oriental y, por ello, conociera a fondo los poemas de Li Po ¡y los de Mao tse-tung!, El diario de un loco de Xun Lu, los haikus de Matsuo Bashô y otros maestros, el I Ching… y, ¡maravilla!, el poema épico Manás, que cuenta la epopeya del pueblo kirguís (una minoría étnica en China) y que tiene cuatro veces más versos que la Iliada
Uno, aunque conoce algo de la obra de Paz, no puede menos que sentirse impresionado ante tal grado de erudición, ante la evidencia de una obra colosal, que está al alcance de tanta gente… Pero Luis María Anson acompaña, no solo por amistad personal sino por emulación, muchos de los tramos del largo y fecundo camino de Paz. Flanqueado, discreta pero eficazmente, por Tulio H. Demichelli, Anson, gran lector de poesía, puede relacionar la extraordinaria poesía de Quevedo o Góngora con la (reconocido por el propio Cervantes) poesía «menor» del autor del Quijote (que, no lo olvidemos, puede vanagloriarse de ser, junto con Shakespeare, el más grande escritor de Europa) pero que tiene uno de los grandes poemas de nuestra lengua (el soneto con estrambote) cuyo final, con alarde de memoria, dicción y oportunidad, recita Ansón: «Y luego, incontinente, / caló el chapeo, requirió la espada, / miró al soslayo, fuése, y no hubo nada.») . Pero también puede Anson hablarnos de los poetas del 27 y sus epígonos, puede recitar de memoria poemas de Alberti, como el magnífico soneto para María Asunción Mateo («Tú sabes bien que en mí no muere la esperanza, / que los años en mí no son hojas, son flores, / que nunca soy pasado, sino siempre futuro»). Por cierto, este soneto está publicado, reproduciendo facsimilarmente el manuscrito de Rafael, por primera vez en Ediciones de la Torre, en la Antología comentada que preparó María Asunción (igual que publicamos, facsimilarmente y a todo color, el poema que le dedicó, con motivo de la antología para niños que ella preparó en abril de 1984). Siguiendo con Alberti, Anson nos cuenta cómo el poeta del Puerto de Santa María, antes de su vuelta pública y triunfal en 1977 estuvo, discretamente y protegido por José María Pemán (al que, por cierto, no reconocía su valía como gran poeta, aunque sí como gran articulista) en 1969, y hace referencia, salpicando de sabrosas anécdotas, a su obra teatral El hombre deshabitado o recita versos de A la pintura o El ceñidor de Venus desceñido.
Anson acompaña a Paz… y también viceversa, como cuando el mexicano elogió la aparición, en primicia, en el periódico ABC dirigido a la sazón por Anson, de los impresionantes «Sonetos del amor oscuro» de Federico García Lorca. O como cuando recita ¡de memoria y en el idioma original!la oda 11 de Horacio, con el famoso carpe diem Tu ne quaesieris (scire nefas) quem mihi, quem tibi / finem di dederint, Leuconoe, nec Babylonios / temptaris numeros.» […] O como cuando cita el poema épico vietnamita Kieu…Un sinfín de referencias, todas ellas perfectamente justificadas para enaltecer la figura del homenajeado. Alusiones y comentarios sobre Ortega, la primera inteligencia de España de su tiempo; sobre Menéndez Pelayo, que tiene una gigantesca obra y que hizo una magnífica gestión de la BNE… aunque no valorara suficientemente la profesión de periodista; sobre Bergson, Gide y Camus, los tres grandes pensadores de Francia; sobre Huizinga, sobre Unamuno; anécdotas de Rafael de Penagos, de Marcos Ana, José Luis Pellicena, la bellísima Aitana Sánchez Gijón…
Está claro que Anson, como Paz, también ha leído mucho, de aquí y de allá, de todas las épocas, de todas las ideologías y, como además, tiene una portentosa memoria, puede hacer amena cualquier conversación, importante cualquier intervención pública. ComoLuis María Anson_Tulio H. Demicheli y Carlos Alberdi esta, con ese aluvión, esa multitud de datos, anécdotas, comentarios, reflexiones, citas literarias, poemas… Cultura amable y estimulante que, en esta noche en la que otras multitudes intentan apartarse de las tensiones que nos producen las diversas crisis y fechorías de nuestra sociedad actual, nos refuerza a los que creemos que el conocimiento nos ayuda a ser libres.

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El juego de los dilemas

banderaesteladaDoña Flora Morata, que desde mayo de este año ya no está entre nosotros y con la que compartí durante muchos años puestos de responsabilidad en el Gremio de Editores, tenía la agradable costumbre de felicitarme por el día de San José; me gustaba doblemente esa felicitación porque venía de una persona conservadora y muy creyente que respetaba mi ateísmo progresista pero, sobre todo, de una colega (y maestra) que no era pródiga en felicitaciones en nuestra vida profesional. Sin embargo, durante un LIBER (en 2004 o 2005) me felicitó calurosamente porque presenció una discusión, relativamente tensa, en la que yo manifesté claramente frente a mi oponente que si tuviera que elegir entre Maragall (entonces líder del PSC y presidente de la Generalitat, que ya protagonizaba un peligroso salto hacia el separatismo) y Rajoy (entonces exministro en varias carteras y lider del Partido Popular, partido que se oponía, aunque sin demasiada consistencia, a ese separatismo), yo me inclinaría decididamente por Rajoy. Flora quedó gratamente impresionada: ¡un «rojo» prefiriendo a un «reaccionario» frente a un socialista separatista!
Quizá acababa de inventar yo (¡qué original!) «el juego de los dilemas». Un «juego» que puede tener muchos elementos lúdicos pero que también puede realizarse en circunstancias dramáticas y hasta trágicas: qué hacer cuando nos reclaman la bolsa o la vida, qué hacer cuando tenemos que socorrer a una u otra víctima… Qué hacer no cuando tenemos que tomar partido entre una cosa claramente buena y otra claramente mala (que ahí la solución al dilema es fácil) sino cuando tenemos que elegir entre lo malo y lo peor.
Pero hagamos una consideración previa: ¿siempre tenemos que elegir?, ¿siempre tenemos que elegir entre la bolsa y la vida?, ¿siempre tenemos que apoyar a un dirigente mediocre o a otro dirigente mediocre? ¡Depende! Si el atracador es más débil que nosotros podemos simplemente decirle: «¡Ni la bolsa ni la vida!»; si tenemos líderes con más poder que Rajoy y Mas, podemos hacerles una pedorreta a ambos y marcharnos con el líder más fuerte y acertado que ellos. Y, por otra parte, puede haber situaciones en que podamos negarnos a participar en el juego, en que nos abstengamos de decidir. Pero lo habitual será que tengamos que enfrentarnos a los dilemas que nos plantea la vida. Por ejemplo, es posible que ahora tengamos que decidirnos entre Mas (que con chulería sediciosa y golpista desafía al Estado y a la Nación) y Rajoy (que, a pesar de trampas y vacilaciones, jura y perjura que no negociará sobre la soberanía nacional). Pero para no poner siempre el ejemplo catalán, veamos otros dilemas. Por ejemplo, el que parece que tendrán que resolver, a corto plazo, los militantes honestos de Izquierda Unida: si es verdad que su organización se debilita y camina inexorablemente hacia su desaparición y que, por tanto, para seguir manteniéndose en el territorio de la izquierda tienen que elegir entre el PSOE y Podemos, ¿qué formación elegir? Otro ejemplo: si un número considerable de españoles consideramos que necesitamos un partido de ámbito nacional que defienda decididamente el fortalecimiento del Estado, la aplicación de la ley, la oposición a las fuerzas centrífugas, la regeneración de la vida pública… y los dirigentes de UPyD y de Ciudadanos no encuentran la forma de reunir ambas fuerzas, ¿a cuál de los dos partidos debemos apoyar?
Juego, como se ve, apasionante, donde, primero, tenemos que identificar bien el dilema; segundo, tenemos que ver si las circunstancias nos obligan a resolverlo o tenemos otra banderaespañolasalida, y tercero, si nos sentimos obligados, tenemos que acertar. No es fácil, por supuesto, acertar en ciertos dilemas como los que se presentan en este tiempo a la sociedad española. Pero merece la pena esforzarse en ello porque si nos equivocamos, por acción o por omisión, lo pagaremos muy caro.

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Un hombre llora

El ángulo desde el que se hace la foto permite ver, en primer plano a la derecha, a un hombre, de medio perfil, sentado sobre una cama, con un pequeño ordenador sobre las piernas en cuya pantalla se aprecia un texto; a medio plano, a los pies de la cama, dos perrillos, un bichón maltés y un yorsay; y al fondo, una pantalla de televisión encendida. Si nos fijamos bien, en la pantalla del televisor se ve una escena de la película de Yaron Zilberman El último concierto y la cara del hombre está contraída y su mejilla surcada por abundantes lágrimas, y si aproximamos una lupa a la pantalla del miniordenador podemos apreciar el título («CARTA A MIS NIETAS Y SUS CONTEMPORÁNEOS») y unas líneas del texto que parece haber estado escribiendo aquél, donde se lee: «Nunca debemos considerarnos propietarios ni del espacio ni del tiempo: somos unos invitados a este pequeño y hermosos planeta o quizá, en el mejor de los casos, unos inquilinos plenamente legitimados para habitarlo pero que debemos cuidar amorosamente. Sí, llenos de amor debemos cuidar este espacio y este tiempo que ocupamos por casualidad y solo un instante cósmico.» ¿Por qué llora el hombre? Quizá porque en la película se hace referencia a la última etapa de la vida de Beethoven y el impresionante testamento que nos dejó con su música sublime o cómo su cuarteto n.º 14 fue lo último que quiso escuchar, cinco días antes de su muerte, Schubert; quizá porque la historia de Zilberman que gira en torno a los cuatro miembros de una cuarteto famoso (y la hija de dos de ellos) que interpreta esa imponente obra  del sordo genial, muestra en todo su dramatismo la relación de la vida con el Arte, la necesidad peligrosa de desatar las pasiones, el miedo a la muerte… y el miedo a la vida; quizá porque lo del instante cósmico le ha hecho reflexionar sobre la fugacidad de la existencia humana y quizá por todas estas cosas a la vez y por otras que, como los virus invasivos, se aprovechan de las ocasiones en que las defensas se debilitan.

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Retrato y literatura

ElenaPoniatowskaBiblioteca Nacional, Exposición «Retrato y Literatura – Los retratos de los Premios Cervantes de la BNE». 39 retratos, de distinta calidad artística, pero todos ellos entrañables por cuanto nos presentan al escritor en relación con su obra literaria. Desde Guillén a Elena Poniatowska, pasando por Gerardo Diego, Rafael Alberti, Francisco Ayala, Mario Vargas Llosa, José Hierro, Rafael Sánchez Ferlosio, Ana María Matute… Así hasta 39 gigantes de la literatura en Español que, nadie puede negarlo, es una de las más grandes literaturas de la humanidad. Naturalmente, podrían estar aquí otros muchos grandes escritores en español (Rulfo, Ángel González, Cortázar…) pero los que forman esta lista impresionante son todos y cada uno de ellos, magníficas cumbres de la mejor literatura.
Es emocionante pasear por la exposición, de la mano de Ana Santos (Directora de la BNE) y Jesus Marchamalo (Comisario de la exposición), en medio de un centenar de personas, muchas amigas, como Paloma, la hija de García Nieto, Pureza Canelo, directora de la Fundación Gerardo Diego, el poeta Javier Lostalé, Ramido Domínguez, colega y sin embargo amigo… y tantos otros (como las viudas de Borges y Ayala). Es un privilegio saber que en mi catálogo figuran diversas ediciones de varios de los premiados y  constatar que con alguno de estos gigantes, en mi ya larga vida de editor, he tenido una relación personal, además de profesional: he estado en casa de Dámaso Alonso (del que edité una estupenda antología para niños), comentando la belleza de un retrato de su esposa y la hermosura de su Biblioteca; he publicado varias ediciones de libros de Rafael Alberti y he tenido centenares de conversaciones con él  (¡aquellas magníficas cenas de los viernes con Rafael, María Asunción, María Luisa, Jacobo Muchnik,!…); he plantado un árbol con José Hierro (en el Instituto Juan de la Cierva) del que también edité una antología de su poesía en la colección Alba y Mayo; he recibido el sincero  abrazo que me dio Ana María Matute por haber defendido con tanto ardor en Oslo su magnífico Olvidado Rey Gudu. Ediciones de libros de Jorge Guillén, Gerardo Diego, Nicolás Guillén enriquecen mi catálogo y en nuestra gran antología Poesía cada día aparecen prácticamente todos los poetas premiados. He tenido la suerte de asistir a bastantes de las entregas del Premio, conversado fugazmente con los premiados… Pero, sobre todo, he tenido la ocasión, como tantos millones de lectores, de acercarme a la magna obra de cada uno de estos gigantes (lamentablemente leemos a los clásicos menos de lo que debiéramos) y he intentado aprovechar para mejorar mi personalidad (y, al tiempo, disfrutar plenamente) los regalos que contenían su escritura.
Pero después de la emoción viene la reflexión. El premio Cervantes, que alguno de sus premiados empareja con el Nobel, es una parte de la riqueza literaria de nuestra lengua, nuestra cultura, ¡nuestra civilización!, que puede parangonarse con las mejores del mundo; una literatura que puede llegar directamente a casi 500 millones de personas, una literatura que nos habla de todos los tiempos, de todos los lugares del mundo (desde un modesto pueblo de Extremadura a la gran urbe de Méxido DF, pasando por Barcelona o los Andes o La habana) y, sobre todo, de todos los tipos de personas de nuestra especie. Desde el Cid hasta el Quijote, desde Celestina a Pijoaparte, Desde Olga Arellano a Azarías, desde Azenaida Parzenós a la Maga… los grandes escritores, de las distintas épocas, nos fueron presentando personajes completos  dónde podíamos vernos reflejados en una u otra medida o de los que podríamos obtener, por positivo o por negativo, un ejemplo de vida. Volviendo a la exposición, uno puede ver, presididos por las figuras de los cuadros, en los magníficos paneles y mesas de la exposición, IMG_1885referencias de la obra de estos autores, ediciones y cartas valiosas, frases e informaciones, noticias, todas ellas de alto valor cultural.Con una lengua así, con una literatura así, uno puede sentirse orgulloso, no pedante ni arrogante, pero sí orgulloso; uno puede confiar en que podemos relacionarnos con todas las culturas pero sin renegar, sino todo lo contrario, de la nuestra.
Se puede ver la exposición, virtualmente gracias al archivo de RTVE

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El tiempo, la distancia y el respeto

unicornioTom, el magnífico personaje de la obra de Tennessee Williams #‎ElZooDeCristal‬, concluye su reflexión sobre la situación del momento que refleja la obra (el crack de 1929 y sus consecuencias) afirmando que «el tiempo es la distancia más larga entre dos lugares». Alguien por error podría cambiar el adjetivo afirmando que es la distancia más corta; no es así: después de su deambular, no tanto por el espacio, por las ciudades por las que le ha llevado su vida errante, cuanto por el tiempo, los meses o años que han transcurrido, Tom sabe que no puede volver a la vida que llevaba con su madre y con su hermana. Y todos deberíamos saber, como ya nos dijo el sabio Heráclito, que no podemos bañarnos dos veces en el mismo río, que la vida no se para, y que incluso en las personas que intentan anclarse en un determinado momento de su biografía, la vida avanza inevitablemente. No podemos volver a aquel abrazo que nos regalaban nuestros padres cuando éramos pequeños, no podemos repetir el primer beso erótico/asustado de la adolescencia… ¡no podemos retener el «momento», por muy enamorados fáusticamente que estemos! No podemos volver al pasado, no podemos retener a la persona a la que abandonamos (o que nos abandonó); no somos el héroe Odiseo que, después de buscar aventuras por el mundo retorna a Ítaca para encontrar una Penélope sumisa (entretenida durante veinte años en tejer y destejer) ni el aldeano Peer Gint, que encuentra al final el abrazo y la canción amorosos de Solveig… Estamos en el mundo real, en el río de Heráclito, y cuando volvemos a nuestro lugar de salida, el tiempo ha establecido una distancia implacable y no encontramos a las mismas personas, las mismas situaciones, los mismos privilegios, las mismas condiciones. Solo el tiempo compartido, solo si hubiéramos pasado de la alocada juventud a la sosegada e inteligente madurez al lado de nuestra Penélope o nuestra Solveig, al lado de esos dos seres entrañables de la familia de Tom (Laura y Amanda), solo así podríamos pretender que nos recibieran con los brazos abiertos, entregadas y amorosas. Solo el tiempo compartido nos mantiene unidos, solo en él el abrazo es mutuo y no violento, solo así no hay posesión sino amor. Y si no respetamos esta ley del tiempo, tampoco estaremos en condiciones de respetar a esaszoodecristal personas, de reconocer que el tiempo transcurrido de forma diferente para dos seres (por mucho que en su momento hubieran unido sus pulsos y sus sueños), los ha separado inexorablemente.

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Silvia y sus fans

Hall del Centro Cultural de la Villa frente a las puertas del Teatro Fernán Gómez. Silvia Marsó ha concluido con gran éxito el estreno de #‎ElZooDeCristal‬ y entre las muchas personas que la esperan para felicitarla directamente hay cuatro jóvenes de su entusiasta Clubs de Fans que la abrazan. Tres chicas y un muchacho, encendidos por la posibilidad de charlar con su amiga/ídolo. Dos generaciones que podrían perfectamente responder a la propuesta de «alianza de generaciones»: la juventud del que llega con los ojos abiertos, las manos limpias, y la sangre bullendo con ansias de transformar el mundo y la doble juventud de la persona madura que sabe que no se puede transformar todo de golpe pero que el teatro, el buen teatro, es un instrumento valioso para llegar a la conciencia de la gente. Silvia, que ha dejado los vestidos de época en el camerino, ataviada ahora de manera informal, más bella aún que en el escenario, plena de energía, muestra su expresión alegre a pesar de la fatiga de las horas del último ensayo antes de salir a escena y de las casi dos horas de esfuerzo especial que requiere la obra de Tennessee Williams, y sus fans que ríen y abrazan espontáneamente con sus caras iluminadas por el entusiasmo. Todos felices… incluyendo el torpe y deslumbrado fotógrafo, al que (como al personaje inolvidable de La hoja roja) se le veló la película de su cámara.

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Alianza de generaciones

cartel

 (con RACH)

Un privilegio asistir a la sesión de preestreno, en el confortable Teatro Fernán Gómez, de la obra de Tennessee Williams El zoo de cristal, que goza con justicia de una alta valoración dentro de la altísima que tiene toda la obra del dramaturgo estadounidense (Un tranvía llamado deseo, La gata sobre el tejado de zinc, Dulce pájaro de juventud…, y tantas otras). El Zoo… ha sido dirigido por grandes directores y ha contado, como es natural, con excelentes intérpretes en importantes teatros de todo el mundo y ahora se estrena en Madrid, en una coproducción de Secuencia 3 y Teatro Español, la versión de Eduardo Galán, con dirección de Francisco Vidal y Silvia Marsó en el papel central de Amanda. Un privilegio y un estímulo ver los últimos momentos antes del estreno, alguna vacilación, el fotógrafo obteniendo algunas instantáneas de las escenas principales… pero, sobre todo, un privilegio estar dentro de un público elegido, compuesto por tres generaciones, ¡con predominio de la más joven! Una excelente oportunidad de comentar con alguno de estos jóvenes el simbolismo y significado actual de la obra, fotografiar el abrazo entre Silvia Marsó y la presidenta de su entusiasta Club de Marsonistas…

No trato de hacer aquí una crónica de la obra aunque supongo que mañana la prensa especializada nos hablará de cómo la adaptación de Galán ha enternecido la figura de la madre, cómo la ajustada dirección de Vidal consigue una puesta en escena completamente actual y cómo los intérpretes cumplen perfectamente su papel en las figuras de Tom (Alejandro Arestegui), Laura (Pilar Gil), Jim (Carlos García Cortazar),  y, sobre todo, Amanda (Silvia Marsó); una Silvia Marsó que en cada una de sus actuaciones, en cada escena, nos demuestra que posee una riqueza de registros como las mejores actrices del rico teatro español de todos los tiempos, por lo que, como ocurrió en Yerma o Capitalismo, hazles reír, por señalar dos obras tan dispares, el personaje pasa a ser Yerma/Silvia Marsó o Silvia Bombón/Silvia Marsó y la actriz deja su sello imborrable junto a la obra del creador; así, en esta ocasión, Amanda/Silvia Marsó.

En el escenario, una familia clásica norteamericana de la época posterior al Crack del 29… de todas las épocas. Crisis económica, mala comunicación intergeneracional e intrafamiliar, el cine (y sus añadidos, como hoy serían las redes sociales) como sueño mitad estimulante, mitad adormecedor; el eterno anhelo judeocristiano de que vendrá alguien de fuera a salvarnos… Y en las butacas, tres generaciones de personas que, me atrevo a afirmar, tendrán en sus vidas familiares muchas de estas cuestiones: crisis económica, fragilidad social, ausencia de roles tan necesarios como un padre justo y cumplidor de su papel (¿el Estado norteamericano de aquella época? ¿Nuestro Estado de hoy?). Y en el escenario y en la gente que lo ve la misma necesidad, la imperiosa necesidad de gritar menos y argumentar mejor, la implacable necesidad de atenerse a las lunas, a los mesías posibles, la vital necesidad de superar los complejos de inferioridad, la generosa necesidad de combatir los demonios familiares… ¡la hermosa necesidad de una alianza de generaciones, donde jóvenes, maduros… y ancianos, podamos superar rencillas estériles, unificar esfuerzos y encarar la salida de la crisis (de esta y de todas las crisis) con inteligencia y amor!

Como dice, en una escena magnífica, Jim O’Connor, «el pretendiente», el problema de Laura, el problema de nuestra juventud, no es su ligera cojera (¿qué joven no tiene todavía un andar vacilante?) sino su falta de seguridad, su dependencia de una madre protectora pero incapaz, su angustia por la ausencia del padre (¿Estado?) poderoso, su oscilación entre las ilusiones inconsistentes y las frustraciones desmesuradas.

Tennessee Williams (ayudado aquí por adaptador, director e intérpretes) nos deja un final triste pero al tiempo lleno de ternura; la ternura que, torpemente (entre gritos y tennesseequimeras), ha estado poniendo la madre para sacar a sus hijos adelante; la ternura entre los dos hermanos, y la ternura (fugaz) del «pretendiente». Ternura, amor, que también necesitaremos los que estamos a este lado del escenario en este rol (complejo, no simple) de espectadores; pero, además, necesitaremos inteligencia, fortaleza de espíritu, voluntad, coraje… Y todo ello será más fácil conseguirlo si personas de diferente edad (y diferente condición social) sabemos establecer una sólida alianza.

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BNE

BNEEl Boletín Oficial de las Cortes Generales – Congreso de los Diputados, en su Serie A: Proyectos de Ley, publicó ayer las Enmiendas al Proyecto de Ley reguladora de la Biblioteca Nacional de España. Creo que merece la pena leer el proyecto y las enmiendas. Y yo quiero hablar de las de los nacionalistas vascos y catalanes.

Enmienda 13
El Grupo Parlamentario Vasco, en el art. 3 (fines y funciones de la BNE), propone obsesivamente, sustituir la palabra España por el Estado Español (recomendando frases de tanto rigor académico, histórico y político como las diferentes culturas del Estado Español), y llegando incluso a borrarla de su nombre en el párrafo 2. c), para evitar que se lea algo tan ofensivo como «y acercar la Biblioteca Nacional de España a la ciudadanía». Para que no quepa duda de cómo ven ellos España y lo español, propone, en el párrafo 3. de ese mismo artículo, introducir, en la frase «el patrimonio bibliográfico y documental español» entre documental y español, del Estado, sin duda para así poder reducir la nación y la cultura españolas a un ente político y administrativo… al que se pueda acusar luego de invadir, conquistar, robar, etc., etc.

Enmiendas 25, 26 y 27
El Grupo Parlamentario Catalán está preocupado con la pluralidad (preocupado, se entiende, en Madrit… porque en Cataluña es todo lo contrario: está muy preocupado y muy ocupado en que todo, desde el idioma al pensamiento, sea único, excluyente) y propone que donde se dice, en la exposición de motivos, «es el lugar donde se guarda la memoria…» se diga es uno de los lugares; y donde se dice «Como centro depositario del legado cultural de España […]» se diga Como uno de los centros… Entiendo que lo que se pretende con esto es oficializar un poco más la bilateralidad y la igualdad entre las distintas instituciones (obsesión de los catalanes pseudoindependentistas) del «Estado español»; y para que no quepa duda también coincide con el PNV en proponer, para la exposición de motivos, la fórmula las distintas culturas del Estado español: consecuentemente con esta pretensión, en la justificación de la propuesta de enmienda, se concluye: «Como centro depositario de un gran legado cultural, la Biblioteca Nacional de España debe ser una muestra del carácter plurinacional del Estado español.»

 La verdad es que, una vez más, me reafirmo en mi idea de que España es una gran nación, con una  especial capacidad para soportar la erosión permanente desde dentro (desde las  instituciones que costeamos entre todos los ciudadanos y que dedican sus mayores recursos a destruir el país) y la torpeza de muchos de sus gobernantes y legisladores… porque la guinda de todo esto es que el propio Proyecto de Ley comienza su exposición de motivos empleando, de forma torpe e inoportuna, la famosa fórmula de «Estado español», que en otro contexto podría ser neutra pero que en este se convierte en un eufemismo que será luego utilizado como arma arrojadiza por los que niegan la nación España e, incluso, la legitimidad de su Estado (como ha ocurrido con el cambio de nombre de Instituto Nacional de Meteorología a Agencia Estatal de Meteorología).

Sí, a pesar de todo, una gran nación, con grandes instituciones, como nuestra magnífica Biblioteca Nacional de España, que espero que, con la ayuda de cuantos la respetamos y amamos, con la decongreso todos cuantos se esfuerzan cada día en que funcione mejor, se mantenga firme, limpia, bella, abierta y segura, capaz de seguir custodiando, al servicio del presente y del futuro, uno de los grandes tesoros de nuestra civilización.

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La ILE y Bansia

fgriosSede (restaurada) de la Insitución Libre de Enseñanza. Quinta de Paseo del General Martínez Campos, 14. Martes, 14 de octubre de 2014. Primer acto público, tras las obras de recuperación y remodelación de la antigua sede, la que fuera casa de Giner de los Ríos y de su ahijado y sucesor Manuel Bartolomé Cossío. Presentación del taller «Lectura y creación de signos en el mundo contemporáneo» a cargo de José Antonio Millán (lingüista, editor, traductor, articulista y escritor). que, en esta presentación conversará con Roger Chartier (profesor, historiador y escritor).

La Institución Libre de Enseñanza fue fundada en 1876 por algunos seguidores del «maestro de maestros» don Julián Sanz del Río (1814-1869), introductor de krausismo en España,  y que enseñó a sus alumnos (de los cuales el más destacado fue don Francisco Giner de los Rios) a ser honestos para ser libres, a oponerse a cualquier dogma político o religioso que fuera contrario a la razón y a la libertad, aunque al hacerlo se arriesgaran, como así fue, a ser represaliados por el Poder. La Institución contribuyó decisivamente a los intentos de regeneración de la política española de finales del siglo XIX y principios del XX; por sus aulas de la Residencia de Estudiantes pasaron los mejores profesores (Giner de los Ríos, Azcárate, Salmerón, Figuerola, Cossío, Jiménez Fraud…) y los alumnos con más inquietudes y deseos de comprometerse en esa regeneración (desde distintas ideologías y experiencias personales) como la mayoría de los que luego serían conocidos  como la Generación del 27 y sus epígonos como Miguel Hernández o Gabriel Celaya.

La ILE fue declarada ilegal al final de la guerra civil y todos sus bienes incautados… aunque por alguna extraña razón, la fundación Francisco Giner de los Ríos siguió viva (aunque muy poco visible) y pudo conservar libros y otros valores de la ILE y, cuando se consolida la democracia en el nuevo régimen, reclamar la devolución de sus propiedades.

Es impresionante cómo ha quedado la nueva sede, después de años de obras (no exentas de polémicas): se ha respetado la antigua casa; se ha recuperado el jardín, suprimiendo algunas construcciones espurias que se hicieren después de la Guerra, y se ha construido un salón de actos soterrado, para unas 300 personas, de arquitectura moderna pero, según nos explicó en su amable saludo inicial y presentación del acto el actual Secretario de la Fundación (y director de la Residencia de Estudiantes), don José García-Velasco,  respondiendo a los mismos criterios de austeridad, funcionalidad y belleza que siempre caracterizaron a la ILE.

Acto muy importante, como puede apreciarse.  Asistimos a una conversación amena pero profunda (o viceversa) entre dos gigantes de la Literatura (como escritores pero sobre todo como lectores, como estudiosos de esa cualidad suprema que tiene el ser humano de leer, leer según el código del alfabeto y, a partir de ahí, intentar leer, descifrar, todos los códigos complejos que nos ofrece el Cosmos). Y lo hacemos, en un lugar emblemático de la Cultura contemporánea de nuestro país, recuperado para el público, con resonancias de sus antiguos moradores, con la presencia de algunos de sus descendientes… y, sobre todo, con evidencias de que puede constituirse en un lugar que acoja importantes actividades culturales (tan necesarias siempre y especialmente en esta etapa de nuestro país). De casaFGRforma que el espectador sensibilizado puede mirar con similar perspectiva el pasado (para ver aquellos grandes personajes de la lucha por una sociedad mejor) y el futuro (para saber que nosotros, siguiendo a aquellos maestros, podemos «hacer algo», Dubsek dixit).

10441078_10203469111943401_4735803749140601789_nDomingo, 19 de octubre de 2014. Sala AZarte, en la calle San Marcos, 19 de Madrid. representación de la obra Bansia, una historia de crisis-ficción, de Carlos Pontini, interpretada por el propio Pontini, Antonio de la Fuente y Rakel González. Con Música original de «Vengo, toco y me voy»; diseño de iluminación de Javier Gutiérrez; dirección de Juanma Cifuentes, con la ayuda de Rodrígo P. Ferro; fotografía y cartel Raúl Martínez, y producción de Coolturetas. Un local modesto pero muy agradable y que puede representar con toda dignidad el arte milenario (y permanente y modernísimo) del teatro, repleto de público. Excelente interpretación. Pontini nos cuenta una historia  a partir de un hecho real que nos parecería absurdo de no ser porque tenemos suficientes pruebas de lo que es evidente y verosímil y fundadas sospechas de que puede haber ocurrido y puede ocurrir lo que la fantasía del autor añade al drama de las hipotecas, a través de de tres personajes bien representativos de nuestra sociedad. Un trabajador (con trabajo y familia inestables) a punto de ser desahuciado por no poder hacer frente a la hipoteca; un director de banco especialmente (pero no excepcionalmente) corrompido y degradado, y una ejecutiva ambiciosa, predispuesta, a pesar de su juventud, a prostituirse, cuyas vidas se cruzan en una historia de miedos, de asechanzas, de crímenes… Como se ve, nada que nos sea lejano o extraño: la quiebra de la parte de nuestro sistema financiero que había logrado esquilmar las en otro tiempo sólidas Cajas de Ahorros; los ingentes recursos que ha habido que destinar a recuperar esos bancos y la corrupción, el fango, la miseria humana, que se ha puesto de manifiesto con todo ello. Pero aquí también, igual que nos ocurría en la casa casi sagrada de la sede de la ILE, el espectador sensible tiene que mirar con mucha atención al pasado (para comprobar IMG_1834_2que el nuestro es un país donde la corrupción política, económica, humana, viene de siglos), pero también al futuro porque mientras la mayoría de los ciudadanos seamos capaces de abordar esta cuestión con inteligencia, con honradez (y con un poco de humor como el de Bansia), podremos, el país y sus habitantes, seguir sobreviviendo.

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