Alianza de generaciones

cartel

 (con RACH)

Un privilegio asistir a la sesión de preestreno, en el confortable Teatro Fernán Gómez, de la obra de Tennessee Williams El zoo de cristal, que goza con justicia de una alta valoración dentro de la altísima que tiene toda la obra del dramaturgo estadounidense (Un tranvía llamado deseo, La gata sobre el tejado de zinc, Dulce pájaro de juventud…, y tantas otras). El Zoo… ha sido dirigido por grandes directores y ha contado, como es natural, con excelentes intérpretes en importantes teatros de todo el mundo y ahora se estrena en Madrid, en una coproducción de Secuencia 3 y Teatro Español, la versión de Eduardo Galán, con dirección de Francisco Vidal y Silvia Marsó en el papel central de Amanda. Un privilegio y un estímulo ver los últimos momentos antes del estreno, alguna vacilación, el fotógrafo obteniendo algunas instantáneas de las escenas principales… pero, sobre todo, un privilegio estar dentro de un público elegido, compuesto por tres generaciones, ¡con predominio de la más joven! Una excelente oportunidad de comentar con alguno de estos jóvenes el simbolismo y significado actual de la obra, fotografiar el abrazo entre Silvia Marsó y la presidenta de su entusiasta Club de Marsonistas…

No trato de hacer aquí una crónica de la obra aunque supongo que mañana la prensa especializada nos hablará de cómo la adaptación de Galán ha enternecido la figura de la madre, cómo la ajustada dirección de Vidal consigue una puesta en escena completamente actual y cómo los intérpretes cumplen perfectamente su papel en las figuras de Tom (Alejandro Arestegui), Laura (Pilar Gil), Jim (Carlos García Cortazar),  y, sobre todo, Amanda (Silvia Marsó); una Silvia Marsó que en cada una de sus actuaciones, en cada escena, nos demuestra que posee una riqueza de registros como las mejores actrices del rico teatro español de todos los tiempos, por lo que, como ocurrió en Yerma o Capitalismo, hazles reír, por señalar dos obras tan dispares, el personaje pasa a ser Yerma/Silvia Marsó o Silvia Bombón/Silvia Marsó y la actriz deja su sello imborrable junto a la obra del creador; así, en esta ocasión, Amanda/Silvia Marsó.

En el escenario, una familia clásica norteamericana de la época posterior al Crack del 29… de todas las épocas. Crisis económica, mala comunicación intergeneracional e intrafamiliar, el cine (y sus añadidos, como hoy serían las redes sociales) como sueño mitad estimulante, mitad adormecedor; el eterno anhelo judeocristiano de que vendrá alguien de fuera a salvarnos… Y en las butacas, tres generaciones de personas que, me atrevo a afirmar, tendrán en sus vidas familiares muchas de estas cuestiones: crisis económica, fragilidad social, ausencia de roles tan necesarios como un padre justo y cumplidor de su papel (¿el Estado norteamericano de aquella época? ¿Nuestro Estado de hoy?). Y en el escenario y en la gente que lo ve la misma necesidad, la imperiosa necesidad de gritar menos y argumentar mejor, la implacable necesidad de atenerse a las lunas, a los mesías posibles, la vital necesidad de superar los complejos de inferioridad, la generosa necesidad de combatir los demonios familiares… ¡la hermosa necesidad de una alianza de generaciones, donde jóvenes, maduros… y ancianos, podamos superar rencillas estériles, unificar esfuerzos y encarar la salida de la crisis (de esta y de todas las crisis) con inteligencia y amor!

Como dice, en una escena magnífica, Jim O’Connor, «el pretendiente», el problema de Laura, el problema de nuestra juventud, no es su ligera cojera (¿qué joven no tiene todavía un andar vacilante?) sino su falta de seguridad, su dependencia de una madre protectora pero incapaz, su angustia por la ausencia del padre (¿Estado?) poderoso, su oscilación entre las ilusiones inconsistentes y las frustraciones desmesuradas.

Tennessee Williams (ayudado aquí por adaptador, director e intérpretes) nos deja un final triste pero al tiempo lleno de ternura; la ternura que, torpemente (entre gritos y tennesseequimeras), ha estado poniendo la madre para sacar a sus hijos adelante; la ternura entre los dos hermanos, y la ternura (fugaz) del «pretendiente». Ternura, amor, que también necesitaremos los que estamos a este lado del escenario en este rol (complejo, no simple) de espectadores; pero, además, necesitaremos inteligencia, fortaleza de espíritu, voluntad, coraje… Y todo ello será más fácil conseguirlo si personas de diferente edad (y diferente condición social) sabemos establecer una sólida alianza.

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5 respuestas a Alianza de generaciones

  1. Fernando dijo:

    Adelante con la promocion de la cultura y el arte.

  2. Silvia Marsó dijo:

    Precioso articulo y muy interesante , José
    María , gracias por dedicarnos tu tiempo y sabiduría .

    • librosyabrazos dijo:

      Muchas gracias a ti, querida Silvia, y a todos cuantos hacéis que el Teatro, una de las artes más importantes de la Humanidad, siga vivo contra viento y marea.

  3. Pingback: EL ZOO DE CRISTAL en el Teatro Fernán Gómez | madrid es teatro

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