La vida vista a los 80 años

Guion para
LA VIDA VISTA A LOS 80 AÑOS
(Mesa redonda en el Ateneo de Madrid el 16/2/2022)

Prefacio

El 1 de mayo de 1934 Santiago Ramón y Cajal cumplía 80 años y 24 días después fechaba su manuscrito titulado El mundo visto a los ochenta años. Impresiones de un arterioesclerótico, que sería editado, en 1941 (poco después de la muerte de Cajal), por Espasa Calpe. Yo tengo la séptima edición (leída, releída y acotada) que conservo como uno de los libros más queridos de mi biblioteca.
El verano del año pasado, ya cumplidos los 80, en una de las ocasiones en que ojeé el libro, alguna de mis notas al margen me hizo pensar en la oportunidad de proponer en el Ateneo un ciclo de charlas (semanales, mensuales, bimestrales…) de aproximadamente una hora y media a realizar en una de las salas del Ateneo, a cargo de socios que hayan cumplido o ronden los 80 años de edad y abiertas a socios y visitantes. Me parecía una forma tan modesta como sincera de homenajear a uno de los hombres más grandes de nuestra historia, cuyo legado y ejemplo siguen siendo patrimonio nacional. Y muy útil para la Docta Casa: una serie de testimonios de personas octogenarias de diversos orígenes, ideologías y circunstancias personales, pero, naturalmente, en plenas facultades intelectuales, enriquecerían el acervo del Ateneo y posibilitarían la convivencia entre tendencias y generaciones.
Lo comenté con algunos consocios y, enseguida, se sumaron a la idea Milagros Salvador y José Manuel Delgado. Por diversas circunstancias y a pesar de nuestros esfuerzos (sobre todo los de Milagros), el proyecto quedó reducido a una mesa redonda dentro de las actividades de las secciones de Ciencias Sociales y Africanista y que solo se podría celebrar ya entrado el años 2022.
Aquí estamos, pues.

En cualquier caso, creo que el acto resultará interesante y positivo, aunque solo sea porque estimulará a muchos consocios a (re)leer la maravillosa obra de Cajal. Y en ese caso estoy seguro de que coincidirán conmigo en las muchas y ricas enseñanzas que contiene. Sobre todo, en mi modesta opinión, la más importante: que un hombre, una persona, a cualquier edad y mucho más en el tramo de su vida cuando se mira a sí mismo, debe hacerlo también, y sobre todo, a su alrededor, al género humano en su conjunto.
Por eso sería tan importante que, bien en nuestro querido Ateneo, bien en cualquier otra entidad similar se recogieran diversos testimonios de personas de diferentes origen, condición y circunstancia y se conversara con ellos. ¿Se imaginan que tuviéramos ocasión de escuchar a una selección inteligentes de octogenarios lúcidos (médicos, profesores, artistas, empresarios, trabajadores, políticos…) con itinerarios vitales muy diversos, sus reflexiones, sus preocupaciones, sus consejos…?

El guion de este artículo es completamente personal (aunque, por supuesto, no intransferible: quien quiera puede utilizar este modelo o sus partes). Al principio pensé en dividirlo en cuatro partes, coincidiendo con las cuatro estaciones del ciclo solar: las cuatro estaciones en la vida de un octogenario:

• La estación de los descubrimientos, los sueños… y los miedos. (Cómo sobrevivir en una familia perdedora, pobre y no armónica.)
• La estación de las pasiones, las determinaciones (decisiones)… y las frustraciones. (elección revolucionaria, militancia en un grupo marxista-leninista, cárcel; autocrítica y abandono de la militancia; formación de una familia; actividad cultural).
• La estación de las cosechas… y las autocríticas (la modesta cosecha en el mundo del Libro; autocrítica permanente).
• La estación de los legados… y los perdones. (¿Qué legar, por qué y a quién debo pedir perdón?)

Pero, al final, me he decidido por el siguiente sumario:

• Los agradecimientos y los perdones
• Los achaques, los valores y los placeres
• Los compromisos y las tareas
• La vida en familia y la vida en sociedad
• Mundo – España- Ateneo
• Vida, muerte y transcendencia

Quizá les pueda parecer un guion pretencioso y subjetivo pero no se preocupen porque intentaré ser (como decía alguna vez en mi lejano y corto periodo de docente) sencillo y sincero, discreto y sugerente. En todo caso, para quien quiera saber más de mí, le sugiero visitar mi blog «Libros y abrazos».

Los agradecimientos y los perdones

Agradecimientos
(Por falta de tiempo y por el tema que tratamos señalaré solo a los mayores)

• Mis adorados viejos
◦ Mi abuelo materno (el único que conocí).
◦ Mi padre, que me dio la inocencia, y mi madre, que me dio el coraje: juntos me enseñaron a sobrevivir.
◦ Paulino García Moya y Pichi, camaradas honestos que me enseñaron mucho (por ejemplo a leer a Karl Popper o a no sobrevalorar el mundo sindical).
◦ Angelita Zamacois, una vasca arquetípica, casi hermana.
◦ Leonor Machado, la sobrina preferida de Antonio Machado, que me recitaba, de memoria, versos de sus tíos y su padre y con la que tengo entrañables anécdotas.(1)
◦ La abuela de mi novia argentina, que tenía fama de cascarrabias pero que a mí pareció la más interesante de las cuatro mujeres (abuela, madre, hermana y novia).
◦ Mi «novia» Julia, que murió en mis brazos pero que estuvo peleando hasta el último momento por su querida «Casa del Actor».
◦ Mi vecina Carmen, centenaria asturiana, llena de vida y encanto.
◦ La abuela de los indios zoe, que aceptó que filmaran su hermoso desnudo y su masaje con el cámara de TVE.
• Mis admirados escritores, que siento tan cercanos
◦ Ramón y Cajal, por supuesto.
◦ Don Benito Pérez Galdós (gigante del que hemos celebrado aquí hace poco su centenario), don Marcelino Menéndez y Pelayo (Los heterodoxos; ¿cómo es posible que una directora de la BN retirara su magnífica estatua?) y don Jacinto Benavente, cuyos ecos de su velatorio en la SGAE (a la subida de la colosal escalera de Bernini en el Palacio de Longoria) todavía estaban presentes cuando entré a trabajar, como botones, en la SGAE.
◦ Bertrand Russell, que nos dejó un hermosos lema para vivir: «Tres pasiones simples, pero abrumadoramente intensas, han gobernado mi vida: el ansia de amor, la búsqueda del conocimiento y una insoportable piedad por el sufrimiento de la humanidad.» Y que supo, al fin, encontrar el amor a nuestra edad (después de presumir de innumerables conquistas a lo largo de su vida).
◦ Rafael Alberti, que me recitaba de memoria las Coplas de Jorge Manrique (en uno de los viernes de «huevos y patatas fritas», con Jacobo Muchnick o Pepín Bello, María Luisa y María Asunción).
◦ Rosa Chacel, Carmen Bravo-Villasante y Concha Zardoya…

• Admiro profundamente a los médicos humanistas. Por ejemplo al médico vasco don Pedro Bilbao Ecera (1909/1992) que practicaba la máxima hipocrática («Que tu medicina sea tu alimento, y el alimento tu medicina.») y aconsejaba a sus pacientes: «Andar dos horas al día por lugares libres.» o al médico catalán don José de Letamendi (1928/1897), que aplicaba a sus pacientes la décima del poeta y clérigo Francisco Gregorio de Salas (1729/1807).(2)

• Personajes ancianos de ficción que me dejaron una huella imborrable.
◦ Nonno, el viejo poeta de La noche de la iguana, que nos regala un hermoso poema antes de morir(3);
◦ El sabio triste de Memoria de mis putas tristes (Gabriel García Márquez), que aprende a amar a las 90 años y, con ello, se libera de sus miserias (explicar por qué es un texto excelente)(4);
◦ Matt Drayton (Adivina quién viene esta noche, de Stanely Kramer, con guion de William Rose) que resuelve el gran dilema de su vida buscando el amor en su memoria,
◦ Y, sobre todo, el Dios de José Luis Cuerda, de Así en el cielo como en la tierra, que refleja, en clave de humor pero magistralmente, la posición compleja del poder, de la herencia, de la familia… todas las angustias humanas, y que acaba leyendo a sus enemigos para intentar comprender sus errores.
• Tres personajes reales maravillosos, tres héroes a los que me gustaría parecerme un poco:
◦ Gerónimo (la dignidad),
◦ Dersú Uzalá (la mejor relación entre el hombre y la tierra)
◦ y, sobre todo, Mandela (el mayor héroe de nuestro tiempo).

• Rasgos comunes a mis ancianos adorados: vitales, animosos, sentenciosos (convencidos), amicales (afables, amigables). Resistentes y perseverantes: se adaptan a las circunstancias aunque fueran las más terribles, se muestran tolerantes (aunque a veces puedan parecernos un poco cascarrabias)… y no rechazan aprender permanentemente.
• Cajal nos lo explica bien: «En suma: se es verdaderamente anciano, psicológica y físicamente, cuando se pierde la curiosidad intelectual, y cuando, con la torpeza de las piernas, coincide la torpeza y premiosidad de la palabra y del pensamiento.» Santiago Ramón y Cajal: El mundo visto a los ochenta años. Impresiones de un arterioesclerótico, Madrid, Espasa Calpe, 1960(7.ª ed.), p. 20. E insiste, advirtiéndonos: «La congelación del pensamiento, más horrenda que la misma inexistencia.» Ibíd., p. 41.

Pero también siento una gran admiración, una inmensa gratitud por jóvenes que han pasado por mi vida, sobre todo aquellos que se marcharon en la plenitud de la vida pero dejando una huella indeleble. Entre todos, especialmente Miguel Hernández, al que no pude conocer en persona (conocí a su viuda, a su hijo y a su nuera, a sus nietos…), pero he estudiado mucho y, sobre todo, sentido muy cercano. Miguel es ejemplo de pasión por la vida, de compromiso hasta el sacrificio (lo cual es muy conocido) pero también de capacidad para aceptar la derrota y, en vez del rencor o el odio, ejercitar la autocrítica (lo que casi nadie conoce o reconoce). Capaz de buscar, en los momentos más dramáticos de la vida, los tres refugios del hombre: la familia, la patria, el yo profundo.

Perdones

Necesito hacerme perdonar muchas cosas. Por perezas, egoísmos, miedos o estupideces, en no pocas ocasiones cometemos errores que perjudican a nuestros allegados y a la gente en general. Este tema es delicado y quizá poco oportuno para tratarlo públicamente, pero haré un par de consideraciones que me parecen de interés para el objetivo que persigue esta mesa redonda.
• Por voluntarismo, por un idealismo inmaduro sustituí, en mi juventud, el fervor religioso por el fervor marxista-leninista (ideología dominada por el dogmatismo y el supremacismo) y con ello, aunque lo hice con la mejor intención y sin beneficio material, sin duda perjudiqué a personas de mi familia y mi entorno. Aunque nada más caer en la cárcel ya intuí las causas y los efectos de ese tremendo error, me costó mucho esfuerzo y demasiado tiempo comprenderlo y, consiguientemente, pedir perdón por ello.
• Por parecidos defectos y quizá también por mi especial carácter, cuando me decidí a formar una familia no lo hice con la imprescindible reflexión previa y la necesaria generosidad. Como consecuencia de ello no estoy demasiado orgulloso de cómo lo hice y, consecuentemente, debo pedir perdón a mi mujer y a mis hijos.

Los achaques, los valores y los placeres

Cajal dedica la primera parte de su libro a darnos una maravillosa clase sobre la salud en la vejez. Bien pensado, es hermoso llegar a esta edad, tan llena de achaques pero en la que los valores y los placeres adquieres una naturaleza especial.
A pesar de mis muchos achaques (que sería aburrido detallar aquí), cada día me siento más convencido en mis ideales, de los valores y disfruto más con placeres que ahora sé dosificar mejor. Naturalmente, ciertas cosas nos están prohibidas por muchas razones: no podemos tener muchas prisas ni muchos ardores (dos anécdotas: anécdota de la joven que no querría y el viejo que no podría y anécdota de la noche intensa para acabar, en una multicopista «vietnamita», «El libro negro») pero, a cambio hoy podemos sentir todo el placer de degustar una obra de arte, de valorar cuánto vale una sonrisa o una caricia que no sabíamos apreciar hasta que no hemos llegado a la senectud (seguro que los que estáis de nuestra edad sabéis bien de lo que hablo…). Y, si nos fijamos bien, los ancianos que tenemos en nuestro entorno o los que nos encontramos en los medios, en su gran mayoría suelen ser personas felices, agradables… (véase a los que estamos en esta mesa). Es como cuando vemos un paisaje al mediodía, cuya luz intensa nos abruma o cuando lo vemos ya en el atardecer y podemos aprehender todos los matices.

Los compromisos y las tareas

También en este terreno la vejez tiene sus ventajas. Si uno ha llegado a esa edad en paz consigo mismo y con su entorno, sus compromisos serán mucho más firmes que los de su juventud, más selectos, más reflexionados y, como consecuencia de la experiencia acumulada, más tolerantes y empáticos, más firmes pero menos pretenciosos.
Naturalmente, hay que rechazar cualquier pretensión de sustituir el culto a la juventud que practica nuestra sociedad por el culto a la senectud. Se trata, como siempre que la sociedad quiere avanzar, de saber combinar todas las fuerzas que se encuentran en los seres humanos, sin supremacismos, sin que el beneficio de unos conlleve el sacrificio de otros.
Seguro que no lo he conseguido del todo pero, por mi parte, desde hace muchos años intento ser menos imperativo que en los tiempos juveniles, cuando me obstinaba en prevalecer sobre mi oponente y tenía más vehemencia que argumentos. Ahora intento ser más razonable y, con ello, más convincente.
Aquí, una «cuña publicitaria». En el terreno profesional, también intento mantener una actividad útil para la sociedad. Mi pequeña editorial sigue produciendo una docena de libros al año, mantengo un catálogo de más de 300 títulos vivos, una revista trimestral (Aprender a Pensar) que creo está cada día más reconocida… y sigo intentando la incorporación de nuevos autores y colaboradores valiosos.

La vida en familia y la vida en sociedad

Es evidente que una de las cosas que los tiempos actuales nos han traído es una modificación profunda de la familia, de los identidades y los roles de sus miembros…
Se ha dicho muchas veces que si pudiera visitarnos alguien que hubiera muerto hace un siglo, por muy culto y experimentado que fuera entonces, quedaría asustado de los cambios que se han producido en los medios de transporte, de comunicación, de producción y distribución de mercancías… Pero quizá donde se sintiera más espantado sería ante los cambios producidos en la familia, una de las instituciones que han sufrido una mayor revolución.
Por supuesto, opino que bienvenidos sean los avances que acaben con tantos injusticias y abusos que se han cometido, sobre todo con la mujer. Pero, cuidado, no caigamos en errores de un progresismo fantasioso que puede encubrir nuevas injusticias.

Nuestro siglo pasado, el complejo y turbulento siglo XX, consiguió dar pasos gigantescos en la igualdad sexual, en liberar a la mujer de la supremacía del hombre… pero estoy seguro de que a mucha gente les preocupa un ultrafeminismo que puede desnaturalizar esos avances.
Como sin duda les preocupará también determinados abusos que se cometen con los ancianos, que se merecen un respeto especial y, sobre todo, con los niños: su felicidad depende mucho más que de una vida acomodada, de la atención, el ejemplo, la disciplina, la forja de su carácter…

Mundo – España – Ateneo

Dentro de poco será difícil encontrar personas lúcidas y activas que hayan vivido la mayor parte de su vida en el siglo XX y habrá que recurrir a los libros y otros medios de información para comprender este siglo… pero ahora todavía es posible: los que hemos nacido y crecido, sobre todo, en ese siglo podemos aportar una visión razonable, apoyada en la experiencia personal y en la reflexión serena.

Mundo

Naturalmente, cuando miramos el mundo, por muy globalizado que lo veamos, «nuestro» mundo, el que podemos comprender mejor, tiene su centro en lo que llamamos «Occidente».

• El siglo pasado se publicaron 5 novelas distópicas, todas ellas advirtiendo del peligro de totalitarismo que se cernían sobre Europa.

1984, de George Orwell: la manipulación de la información y la violencia brutal y totalitaria.
Un mundo feliz, de Aldos Husley: la manipulación diabólica de la infancia y la droga sobre toda la población.
Farenheit 451, de Ray Bradbury : la manipulación de la TV combinada con la destrucción del Libro.
La naranja mecánica, de Anthony Burgess: la violencia intrasocial. (Por cierto, Kubrick se permitió cambiar el final en la versión cinematográfica, para hacerla más inquietante.)
◦ Las cuatro eran tributarias de Nosotros, de Eugheni I. Zamiatin que, como reconocen ellos mismos, influyó directa y decisivamente en la obra de Orwell y Husley y sin duda, indirectamente, en las otras dos.(5)

• Desgraciadamente, todas estas obras, y otras muchas que están a nuestro alcance, no han perdido vigencia: las mayoría de las denuncias que hacen las podemos ver aquí y ahora… Y, en relación con ello, las grandes amenazas que se ciernen sobre la humanidad.

◦ Globalización, globalismo, poderes fácticos y poderes ocultos, etc.… Destrucción de instituciones (físicas y socio-jurídicas y valores morales);
◦ Cambio climático, por mucho que sea un tema manipulado y controvertido(6).
◦ Qué fuerzas reales se enfrentan actualmente y qué puede pasar en las próximas décadas: bloques y posibles alianzas. ¿Hay algo de verdad sobre el «gran reseteo»?

• ¿Qué hacer? ¡Mucha calma, vista larga y paso corto! Seleccionar bien la información que nos llueve cada día. Averiguar cuál es la contradicción principal y el lado principal de la contradicción. Buscar la raíz de los problemas pero, en cambio, evitar cualquier radicalismo, cualquier extremismo en la soluciones… Y sin pretensiones totalizantes (totalitarias); como decía Dubsek, cuando intentaba servir a su pueblo: «Hacer algo».

España

«Me duele España». El primero que pronuncia esa terrible frase es don Miguel de Unamuno cuando es destituido de su cargo de vicerrector de la Universidad de Salamanca por la dictadura de Primo de Rivera. Después la utilizan otros muchos intelectuales y políticos, por ejemplo, el hijo del propio dictador y, recientemente, Pablo Casado en el Congreso de los Diputados. La frase responde a unas circunstancias que acometen recurrentemente a España… pero también, a una característica trágica de nuestro carácter nacional. Somos así, apasionados y tremendistas, tanto para la fiesta como para el drama.
Yo me la aplico también, sobre todo en algunas cuestiones que me parecen determinantes, aquí y ahora.

• La Transición traicionada (la clave de todo lo que nos acontece… siempre, claro está, en mi modesta opinión). Sé que es tema polémico… pero llevo años pensando en él y me gustaría que se pudiera realizar un debate aquí en nuestro querido Ateneo, sereno y productivo.

◦ Se niega «De la Ley a la Ley» y la reconciliación nacional (que venían in-tentando las personas más lúcidas de los vencedores y los vencidos) o se utiliza de forma falaz u oportunista.
◦ Se desmesura la clase política y se debilita la estructura y la autoridad del Estado.
◦ Se pervierte la democracia y se cae en la demagogia. (Citar a Aristóteles y su análisis sobre los tres sistemas de Gobierno.)
◦ Se generaliza la corrupción.

• Se debilita la soberanía (por arriba, Comunidad Europea, y por abajo, regiones separatistas) y el orgullo nacional: la frágil España. Otra vez Cajal: «No es que me asusten los cambios de régimen, por radicales que sean, pero me es imposible transigir con sentimientos que desembocarán andando el tiempo, si Dios no hace un milagro, en la desintegración de la patria y en la repartición del territorio nacional.» Ibídem. p. 15
• La educación se ha escorado y degradado (LGTBIQ, falta de autoridad…) La lengua común se ve acosada (por los nacionalismos) y colonizada en las ciencias y en los medios de comunicación (por el inglés).
• La población: envejecimiento e inmigración distorsionada (en cantidad y en calidad).
• Hay un proceso permanente de infantilización a nivel familiar y docente y a nivel social con un Estado paternalista.
• La economía: deuda desorbitada; producción desequilibrada; dependencia energética excesiva.
• Nuestra política exterior y de defensa: mucha gente se teme que la OTAN (dominada por EE UU) está más interesada en su expansión hacia el Norte (para lo cual utiliza soldados españoles) que en proteger nuestras fronteras Sur o descolonizar Gibraltar (¡una colonia británica en suelo español!)…

• ¿Qué hacer? En primer lugar, rechazar cualquier tipo de arbitrismo, de voluntarismo, de aventurerismo y, sobre todo, de egocentrismo: podemos hacer poco pero haremos menos si pretendemos «dirigir a las masas»(7). En segundo, hay que aprender a respetar al oponente, sea enemigo o adversario, porque despreciarlo es la forma más rápida de perder la batalla(8). En suma; seamos modestos: no pretendamos levantar el mundo con una palanca, conformémonos con hacer lo que de forma poético-simbólica nos dijo José Martí: plantar un árbol (el trabajo bien hecho), escribir un libro (comprender un poco lo que es la vida) y traer un hijo a este mundo (comprender qué es el devenir).

• De estas premisas se derivan (insisto, en mi modesta opinión) la siguiente: hay que huir como de la peste del indentitarismo, del tribalismo, de cualquier tipo de maniqueísmo; frente a tanto relativismo y nihilismo como padecemos, ante la tentación permanente del pesimismo, hay que mantener las tres fortalezas (que ya cité antes) donde el ser humano se refugia cuando la tormenta, la tragedia, parece arrasarlo todo: la familia, la patria y nuestro propio yo, nuestra alma, donde, si sabemos buscar, encontraremos fuerzas poderosas que se han ido acumulando desde nuestra infancia.
• Cajal también nos ayuda en esto, indicándonos el camino recto. Nos lo recuerda su nieto incluyendo una cita muy oportuna en el libro que escribió sobre él: «Amemos a la patria, aunque no sea más que por sus merecidas desgracias.»

Ateneo

• Después de 40 años en el Ateneo, con profundo agradecimiento a cuantos lo hicieron posible y lo mantuvieron vivo, me preocupan, sobre todo, tres cuestiones:
◦ No cabe duda de que el Ateneo, una de las escasísimas instituciones bicentenarias que tenemos en España, desde hace bastantes años, sufre una persistente declinación: descenso de socios y envejecimiento; la deuda no acaba de resolverse…
◦ Como ágora de libertad que es nuestro querido Ateneo debe tener debates múltiples y apasionados, pero creo que a veces caemos en la crispación y el politiqueo.
◦ Es evidente que, como toda institución viva, el Ateneo debe tener una constante renovación generacional. Y me preocupa si los veteranos, los que llevamos aquí 40, 50 años, seremos capaces de debatir de forma fructífera con los nuevos llegados, de explicarles que mucho más que recibir un colosal patrimonio (del que se pudiera disponer a su antojo e, incluso, despilfarrar), son receptores de un legado que pueden y deben proteger y enriquecer para, en su día, dejarlo en manos de otras nuevas generaciones.

• ¿Qué actitud tomar? Recurro a las ideas centrales de cuando me presenté (después de muchos años de haberlo evitado) acceder a la Junta de Gobierno como «independiente y conciliador»:

◦ Somos de diverso origen e ideología pero independientes de cualquier partido o grupo de presión.
◦ Queremos menos combates y más debates, más pensamiento y menos enfrentamiento (politiqueo).
◦ El Ateneo tiene un patrimonio magnífico que debe ser protegido con mejor gestión y más transparencia.
◦ No podemos aislarnos y cocernos en nuestras propia salsa: hemos de abrirnos a las nuevas tecnologías, a otras entidades afines y, sobre todo, a la sociedad y, muy especialmente, a la juventud.

Vida, muerte y trascendencia

Sólo nuestra especie tiene el privilegio (y la difícil tarea) de reflexionar sobre esta cuestión. Desde que nuestro inmediato antepasado en la cadena de la Evolución se pone en pie y se pregunta qué son aquellas «hogueras» que se ven en el firma­mento, sin duda se siente confuso. Y desde luego nuestros tata-tarabuelos de Atapuer­ca o Pinilla del Valle, a pesar de su lenguaje y pensamiento rudimentarios se cuestionan todo lo relativo a la vida, a la muerte, a si hay algo después de ella, a si queda algo de nosotros después de que nos hayamos ido.
Nuestros antepasados han ido explicándose todo eso mediante leyendas, sueños, religiones… El primer libro que nuestra civilización ha podido recuperar (y seguro que hubo otros muchos antes), el maravilloso Gilgamesh, escrito 2.750 años antes de nuestra era, nos cuenta cómo el héroe intenta atravesar los muros que hay entre la vida y la muerte para recuperar a su amigo Enkido. También nuestros más cercanos antepasados, griegos, latinos y semitas, consideraron esta cuestión como la central de sus civilizaciones…. Y así hasta nuestros días, esa terrible pregunta triple: ¿Cómo hemos llegado hasta aquí, cómo será el futuro y, sobre todo, cómo no desaparecer del todo cuando mi cuerpo se termine? Cicerón nos dice que la vida de los muertos perdura en la memoria de los vivos; Quevedo asegura que sus cenizas seguirán amando («polvo serán, mas polvo enamorado.») Y todos en esta parte del mundo sabemos cómo resuelve este problema las tres religiones del Libro (judaísmo, cristianismo, islamismo).
Posición personal. En todo caso, la senectud es una edad privilegiada para abor­dar estas preguntas, sin angustia, sin rencores, sin desesperanza. Una edad privilegia­da para hacer (como yo aconsejo siempre a mis amigos cuando cumplen años) «recuentos amables y proyectos razonables». Incluso si tuviéramos que parafrasear al genial Dante y su canto I del «Infierno» («A mitad [al final] del camino de la vida, / en una selva oscura me encontraba / porque mi ruta había extraviado.») tendríamos tiempo, tanto como tiene un joven («Nadie es tan joven que no se pueda morir maña­na, ni tan viejo que no pueda vivir un día más», La Celestina, de Francisco de Rojas) de poner nuestras cosas en orden y dejar un legado tan sincero como modesto (o vice­versa).
Naturalmente, solo si queremos, porque si nos empecinamos en el error, por mucho tiempo que la vida nos dé, haremos recuentos sectarios y rencorosos y proyectos nocivos y fantasiosos. Si hubiera tiempo contaría un ejemplo de esto, relacionado con un personajes contemporáneo tan odiado como idolatrado: Vladimir Ilich Uliánov, pero prometo que haré un escrito sobre ello y lo publicaré aquí también.

 

Final. Mi buen amigo y excelente profesional José Bello hizo, generosamente, dos grabaciones del acto y las subió a YouTube a disposición de los que asistieron y de los que no pudieron asistir:

– – – – – – – – – – – – – – –
NOTAS
(1)
Por cierto, quizá debía haber intentado averiguar más de unos papeles guardados del «tío Antonio», de los que me habló en algunas ocasiones.
(2)
RECETA SEGURA CONTRA LA HIPOCONDRÍA
Vida honesta, y arreglada,
hacer muy pocos remedios
y poner todos los medios
de no alterarse por nada.
La comida moderada,
exercicio y diversión,
no tener aprehensión,
salir al campo algún rato,
poco encierro, mucho trato,
y continua ocupación.
(3)
Con qué serenidad la rama del olivo
mira cómo declina la luz del cielo,
sin un llanto, sin dolor, sin desconsuelo,
sin un rezo por el sol que se ha perdido.
Pero el árbol, por la noche ennegrecido,
llega a un día en que el cénit de su vida
se extinguirá por siempre,
aunque, enseguida,
de él una segunda historia habrá nacido.
Una historia que ya no será angélica,
un contubernio entre la lluvia y el surco.
Pues cuando al final el tierno tallo
truncado caiga como plomada sobre la tierra,
entre tierra y tallo, en placentera guerra,
una intimidad obscena se establece
y otro árbol brota que sus ramas mece
sobre el deseo corruptor de la tierra.
Y otra vez, la rama del olivo
mira como declina la luz del cielo,
sin un llanto, sin dolor, sin desconsuelo,
sin un rezo por el sol que se ha perdido.
¡Por coraje!, si pudiera hallar un nido
que me sirviera de próxima morada
no únicamente en esa rama dorada,
sino en este pobre corazón estremecido.
(4)
Es uno de los libros que gloso en mi (proyecto de) libro «Posesión y respeto».
(5)
Me hubiera gustado editar, en una buena edición crítica, todas ellas… pero, a cambio he editado (o tengo intención de editar) otras que tienen parecida importancia:
– Germinal y Trabajo, de Émile Zola. Las condiciones inhumanas en que se desarrolló la revolución industrial.
– El mundo es ancho y ajeno, de Ciro Alegría. Las brutalidades de los «criollos» en Hispanoamérica.
– Nuestro padre San Daniel y El obispo leproso, de Gabriel Miró. La denuncia inteligente de la clerecía (citar a Unamuno)
– Escuela de mandarines, de Miguel Espinosa. El Poder por el Poder, ejercido por idiotas y logreros.
– Todas la sangres, de José María Arguedas. La dignidad del trabajo y de los trabajadores.
(6)
(Citar Medinaceli y Gredos, países nórdicos…)
(7)
(Anécdota de «Partido de vanguardia busca base» en la «Revolución de Mayo del 68»)
(8)
(Anécdota de Franco, reconociendo el valor de los soldados republicanos.)
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2 respuestas a La vida vista a los 80 años

  1. J. Gustavo Catalán dijo:

    Me ha parecido un magnífico conjunto de reflexiones que pienso releer. No son hallazgos diarios y vale la pena subrayarlo. Mi más cordial felicitación.

    • librosyabrazos dijo:

      Gracias, amigo. La verdad es que estamos necesitados de este tipo de actos para compensar el exceso de ruido y ocurrencias y la falta de debates serios… A ver si se animan más «octogenarios».

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