Análisis DAFO – España 2014

dafoHace seis o siete años el entonces Director General del Libro y Bibliotecas, Rogelio Blanco, me pidió que fuera a La Rábida a participar en un encuentro internacional (una de las muchas actividades sobre nuestra lengua y nuestra actividad editorial que organizaba el Ministerio de Cultura de entonces) y, como me quejara del poco tiempo de que disponía  para preparar mi intervención (además de mi insuficiente preparación sobre el tema), me dijo algo así como «No te preocupes, lo harás muy bien. Utiliza el DAFO, que te permite ser sucinto y claro.» Yo no había estudiado el método DAFO en la carrera pero recordaba haberlo utilizado alguna vez, a principio de la década de 1970, en mis tareas de ejecutivo de empresa, porque, en efecto, constituye un buen guion («sucinto y claro») para debatir la situación de una empresa o un proyecto. Y como, en alguna medida, aunque es mucho más, la situación de un país puede ser contemplada como un proyecto, una hermoso proyecto colectivo, se me ha ocurrido aplicar el DAFO para tratar de explicar mi opinión sobre la situación actual de nuestro país. Naturalmente, el inteligente lector verá que, así como a una empresa es fácil aplicarle la matriz DAFO, a un proyecto nacional es más difícil y puede ocurrir que no queden tan diferenciados los elementos internos y los externos. En todo caso, bueno será tener en cuenta que, como todo guion, el DAFO nos pide reflexión y debate.
Debilidades
– Estructura económica y social muy desequilibrada (por ejemplo, demasiado énfasis en la idustria turística). Debilitamiento (deliberado) de nuestro sector agropecuario. Excesivas diferencias entre los potentados y las clases trabajadoras. Consumo, en algunos sentidos, absurdo.
– Sistemas educativo y judicial demasiado politizados, que los hace inestables e insuficientemente eficaces.
– Estado débil aunque muy grande y costoso o viceversa: 19 estructuras de poder territorial e infinidad de instituciones con muchas funciones artificiales o duplicadas y que, en no pocos casos, discuten la Autoridad central. Privilegios para la «casta política» (diputados, asesores, etc.) mientras que hay escasa atención a los servicios públicos (defensa, seguridad, sanidad, servicios sociales… y, sobre todo, educación e investigación).
– Escaso patriotismo nacional y exacerbación de las identidades pre-nacionales y tribales. Encuestas recientes advierten de la escasa actitud de compromiso con la patria, con España (mientras en algunas autonomías se dedican ingentes recursos a sembrar el desprecio o la hostilidad hacia la nación y la lengua españolas).
– Debilitación de los principios y valores básicos y deslizamiento hacia el materialismo grosero (consumismo, admiración por los «famosillos» y desdén por las personas de la Ciencia y la Cultura).
– La adaptación de la tópica picaresca española a las nuevas formas de vida ha producido demasiados abusos, perversiones y corruptelas y, lo que es peor, demasiada tolerancia frente a ellos en una gran parte de la ciudadanía.
– Clase política con insuficiente cultura y con demasiados truhanes en su seno, cuyas fechorías quedan impunes en muchos casos.
– Como causa y efecto de todo esto, una excesiva corrupción económica, social, política, y, sobre todo, intelectual (impera más el simulacro que el hecho, la apariencia que la realidad).
Amenazas
– La fundamental es la que constituye el desafío secesionista catalán (y el vasco, agazapado tras la cuasiderrota de la ETA) que lleva décadas sembrando el odio a todo lo español y que en los últimos años está utilizando descaradamente la estructura del Estado que controla para destruirlo. Una secesión de la naturaleza que se plantea nos llevaría, por su fuerza centrífuga, a una crisis nacional de envergadura y consecuencias imprevisibles.
– No hay que despreciar la amenaza que representa la excesiva (y, en ocasiones, torpe) burocratización de las instituciones europeas que pueden organizar nuestra economía o nuestra cultura a su antojo.
– Por otra parte, el poder creciente de las grandes corporaciones «transnacionales», tanto financieras como industriales, de comunicación, etc., pone en peligro la real independencia nacional y la capacidad política de nuestro gobierno.
– El desánimo, la indolencia de gran parte de la población que, por intereses mezquinos, por cansancio o simplemente por estupidez, deja que los problemas nacionales se hagan crónicos y aparentemente insolubles.
– El oportunismo, la tendencia a pactar, por intereses a corto plazo o meramente partidistas, despreciando los principios más elementales, y que posibilita que los problemas nacionales se pudran.
– Especial amenaza es que nuestra juventud se deje arrastar a la molicie y la relajación, propiciando así la pérdida de valores fundamentales y muy concretamente el optimismo, la alegría de vivir… pasando de un estado de abulia a otro de «indignación atolondrada» y viceversa, en cuyo caso podrían ser marionetas en poder de los traficantes de quimeras y los demagogos.
Fortalezas
– Tenemos una historia riquísima. Llevamos siglos construyendo una sociedad de la que, a pesar de los muchos problemas y errores, debemos sentirnos orgullosos. España fue uno de los primeros estados que superó las divisiones medievales y estableció estructuras más modernas. En León, en los siglos XII y XIII se registra por primera vez en Europa la participación institucional de las gentes del común en la vida política. España proyectó su lengua y su cultura sobre medio mundo y, a pesar de atropellos objetivos y leyendas subjetivas, impulsó decisivamente la entrada de la humanidad en la llamada edad moderna. A principios del siglo XIX (sesenta años antes de que lo consiguieran, por ejemplo, Alemania o Italia) las Cortes de Cádiz establecen un sistema político moderno e integrador. En conclusión, sabemos que no pocas batallas por  establecer espacios de libertad y progreso se perdieron pero también que otras se ganaron.
– Tenemos un territorio grande y fértil. Rico, plural, hermoso. Tenemos agua, viento y sol en abundancia, que pueden darnos energía y una tierra capaz de dar las mejores cosechas.
– La actual población española se ha formado por el cruce milenario de etnias y culturas de todas las partes del mundo; por eso es naturalmente plural y acogera, con muchos menos problemas de racismo o xenofobia que las mayoría de los países occidentales y, como tenemos buenos climas y buena alimentación, somos, en general, laboriosos y alegres… Sabemos que hay mucho de razón en el estereotipo de que somos indisciplinados, chismosos, envidiosos, mitómanos… pero también que somos amables y generosos, que tenemos un sólido humanismo y nunca hemos caído ni caeremos en la crueldad que cayeron otras sociedades asiáticas, africanas, europeas y americanas. Aunque hemos tenido hace 75 años una terrible guerra civil, no hemos participado, directamente, en las dos espantosas «guerras mundiales» ni tendremos jamás genocidios como los de Ruanda o Camboya, como el holocausto de Alemania, como la estúpida crueldad de las algunas dictaduras de Iberoamérica.
– Tenemos algunos grandes intelectuales… aunque nos parecen siempre escasos. Pero tanto en el terreno de las humanidades como en el de las ciencias, muchos de nuestros compatriotas pueden ayudarnos a comprender este mundo… y a disrutar de él.
– Pertenecer a Europa, aunque nos condiciona, también nos fortalece, sobre todo si sabemos mantener nuestra identidad nacional combinándolo con la mejor integración en las estructuras del continente.
– Debemos valorar y defender el respeto internacional que nos hemos ganado por historia de siglos pero, también, porque hemos sabido pasar, en esta época reciente, de un régimen autoritario a uno democrático de forma ejemplar en muchos sentidos y, en estos últimos años, nos hemos enfrentado a la Crisis con menor costo que otras sociedades paralelas.
– Es cierto que nuestros trabajadores necesitan mejor formación y, en muchos sectores, mayor eficiencia, pero somos muy recursivos y capaces de adaptarnos a situaciones difíciles, como han demostrado sobradamente los millones de personas que, en épocas recientes, tuvieron que emigrar por razones económicas o exiliarse por razones políticas.
Oportunidades
Sabemos que toda crisis contiene grandes oportunidades… si queremos aprovecharlas, si neutralizamos nuestras debilidades y aplicamos nuestras fortalezas, si nos enfrentamos a las amenazas con determinación.
– Podemos cerrar el secular cainismo español… o, al menos, debilitarlo considerablemente.
– Podemos regenerar la vida pública; superar esta etapa de las últimas décadas donde se han perdido mucho valores y ha triunfado la corrupción. Podemos conseguir y mantener un Estado fuerte y respetado.
– Podemos recuperar, después de haber dado tantos tumbos en este sentido, una idea nacional (y, por tanto, patriótica) de España, asumiendo su rica diversidad pero también su indivisibilidad. O, dicho de otra manera, recuperar un «orgullo nacional» que sostenga, contra leyendas negras y pesimismos bobos, que ser español es una de las mejores cosas que pueden hacerse en este mundo.
La clave, pues, en conclusión, sería doble: por un lado saber disfrutar de lo que tenemos, aprender a amarlo y defenderlo y, por otro, saber entusiasmar a nuestras nuevasdafo2 generaciones en un proyecto nacional con hermosos horizontes. Nuestros jóvenes han nacido en uno de los lugares del mundo donde se puede ser más longevo y más feliz (a pesar de que hay muchas injusticias que combatir) y tienen la gran oportunidad de consolidar todo lo que hicieron de bien las anteriores generaciones y asegurar para el futuro (a pesar de errores y carencias) un país democrático, próspero, alegre.

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Una respuesta a Análisis DAFO – España 2014

  1. Amelia Romero dijo:

    Siguiendo el blog de José María de la Torre, me doy cuenta de que todavía quedan individuos con capacidad de pensar, discernir y extraer enseñanzas que, a la mayoría, podrían parecerle inadecuadas e inútiles. Me refiero hoy a su última entrega: Análisis Dafo-España 2014. Acertadísimo, no sólo por descubrirnos cuáles pueden ser los fallos de esta sociedad que está llegando a un estado alarmante de abulia, mediocridad, ignorancia, falta de valores, sino también por mostrarnos cuál podría ser el camino a seguir aprovechando todas las ventajas de un país con muchos resortes y oportunidades, rico en sol, tierras fértiles, agua y empatía de sus habitantes.
    Análisis valiente en unos momentos que parece que tengamos que pasar de poner en tela de juicio la actuación de grupos distorsionadores, que se aprovechan de la ignorancia de sus interlocutores que llegan incluso a censurar y autocensurarse con repetitivos discursos de distorsión. ¡Alerta! Aún podemos salvarnos. Aún podemos ir dando otras esperanzas al sentido común, a la racionalidad. En definitiva a ser positivos.

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