Elecciones 2019 (VI)

Comienza la XIII Legislatura de las Cortes Españolas
(Una crónica personal)

Después de ver por televisión la ceremonia de toma de posesión de
los 350 diputados y los 266 senadores, comentar con amigos
los incidentes que se produjeron y leer diversos análisis y
comentarios de los medios de prensa audiovisuales
y muchos comentarios en las redes sociales.

Cuando en febrero de 1970 regresé a Madrid (después de casi 4 años en la cárcel, donde había tenido dos buenas bibliotecas que se quedaron en Soria y en Segovia pero pocos periódicos y revistas), venía con mucha hambre de información periodística. Mi madre tenía preparado un baúl entero de periódicos (atrasados naturalmente) que ojeé con avidez, y empecé entonces una colección de recortes que nunca he logrado sistematizar.(1) 


Pero fruto de esa hambre de lecturas periodísticas fue una búsqueda frenética de todo tipo de revistas políticas, sobre todo del exterior, que no recuerdo bien cómo me agencié pero que me llegaban de distintos lugares de Europa, sobre todo del mundo soviético.
En una de ellas (creo que checoslovaca o polaca) una viñeta, sin palabras, que se me grabó para siempre en la memoria: en el formato que luego utilizó en muchas ocasiones El Roto con el nombre genérico de «Fotomatón» (un cuadrado dividido a su vez en cuatro cuadrados por dos perpendiculares que se cruzan y que se leen de arriba a abajo y de izquierda a derecha). En aquellos dibujos sin palabras el autor, del que no recuerdo su nombre (¿un disidente con coraje, que lanzaba su arriesgada denuncia al mundo entero?) resumía el problema fundamental de la lucha por la liberación de los oprimidos:
Primer dibujo: un grupo de obreros con su indumentaria característica, en actitud reivindicativa y dirigidos por su líder, que golpea la puerta de una mansión, sin duda, la del patrón; segundo: el patrón, vestido lujosamente, abre la puerta y le invita a pasar al líder; tercero: el líder y el patrón departen amistosamente en un sofá; cuarto: el líder sale de la casa e increpa a los obreros ordenándoles volver al trabajo. ¡Genial!
Ese problema fundamental lo aborda, de manera más compleja, Émile Zola en su quizá la mejor novela, y desde luego una de las mejores novelas del realismo/naturalismo, Germinal, con un final abierto a la esperanza… pero preñado de incertidumbres: Etienne Lantier se va del poblado minero de Montsou (donde había llegado en búsqueda desesperada de trabajo pocos meses antes y donde ha participado en una huelga, reprimida salvajemente con muertos, heridos y graves pérdidas) hacia la capital, probablemente a ser un burócrata de la lucha sindical.
Más cerca de nosotros, Eduardo Mendoza (La ciudad de los prodigios) nos ofrece la figura de un pícaro moderno y degradado, Onofre Bouvila, que, desde un origen desgraciado, comienza su carrera repartiendo panfletos anarquistas, pero enseguida descubre que su vocación es ser jefe de matones y delincuentes extraídos de las clases menesterosas y al servicio de los potentados corruptos.
Pero quien de verdad aborda con más inteligencia (y amor por los trabajadores) ese problema fundamental de la lucha contra «la explotación del hombre por el hombre» es José María Arguedas en su novela Todas las sangres(2). En esa obra los indígenas y los cholos peruanos, encabezados por Randón Wilka (un excomunista devenido líder honesto y abnegado), encarnan la auténtica lucha de los trabajadores contra los abusos de los poderosos, la lucha por la dignidad humana, la lucha liberadora, sin victimismos ni demagogias, tan necesaria a los de arriba como a los de abajo. Tan necesaria para quienes obtienen sus ingresos desde la economía privada como para los que lo hacen a través de coches y despachos oficiales (públicos); tan esencial para los que participan en la sociedad con solo su trabajo como para los que la dirigen.

Me pregunto: ¿Cuántos de esos senadores y diputados, sobre todo los que han basado su carrera en la proclamación de su amor por los desposeídos, por la gente de abajo, son como el capataz del «fotomatón»; cuántos se parecen al protagonista de Germinal (esperanzas e incertidumbres) y cuántos asumirían (en contexto bien diferente pero relacionado) el papel de Randón Wilka?
¿Hay algún Onofre Bouvila? ¿Muchos?…

(1) Quizá como le pasó a otro editor, don Alfonso Mangada (Paraninfo), del que me enteré (cuando le hicimos uno de los primeros homenajes Liber) de que acumulaba ingentes montones de periódicos en su buhardilla.
(2) Menos conocida y menos comercial que Los ríos profundos pero mucho más necesaria. Tengo pendiente una crítica profunda de esta obra fundamental.
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