Elecciones 2019 (IV)

 

 

 

 

Habla, pueblo, habla

 

Habla, pueblo, habla,
Tuyo es el mañana.
Habla y no permitas
Que roben tu palabra.
Habla, pueblo, habla.
Habla sin temor,
No dejes que nadie
Apague tu voz.
Habla, pueblo, habla,
Este es el momento
No escuches a quien diga
Que guardes silencio.
Habla, pueblo, habla,
Habla, pueblo, sí,
No dejes que nadie
Decida por ti.
(Jarcha, 1977)

¡Sí, por favor, habla, pueblo, habla… hablemos! Habla sin miedo y sin complejos, sin sumisión al nefasto lenguaje «políticamente correcto», sin estereotipos ni prejuicios, sin mentiras: Al pan, pan y al vino, vino. Y hagamos todos, un sincero esfuerzo por entender lo que dices: es un mensaje nada simple, lo sé, pero puede entenderse. Yo quiero entenderlo.
Por ejemplo, en 1977, creo que el pueblo decía que había que reconciliarse entre unos y otros, combinar intereses e ideales, cerrar una etapa, ¡sin despreciarla!, y avanzar lo mejor que se pudiera: ¡la Transición!, otra nueva gesta de España (aunque entonces muchos que, no habíamos superado del todo el dogmatismo, no lo viéramos tan claro), que causó admiración en el mundo.
Más cercano en el tiempo, por ejemplo, en 2011, el pueblo, la gente, dijo: Probemos, a ver si es verdad que dándole mayoría absoluta a la derecha, puede corregir las graves fechorías que ha perpetrado el siniestro («bobo solemne») Zapatero… Y todo parece indicar que la gente no se equivocaba: se equivocó el cobarde y mediocre («funcionario indolente») Rajoy, que no solo no corrigió aquellas fechorías sino que las incrementó (ahí, siempre en mi modesta opinión, mi maestro Gustavo Bueno falló al analizar las capacidades del líder del PP y me hizo equivocarme a mí).
Por eso, la gente, en 2015, vino a decir: NO al epígono de Zapatero y NO al hombre que ha derrochado el poder que le entregó el pueblo; dimitan ambos y que sus formaciones políticas se decidan a realizar con honradez la «gran coalición», paren el peligrosísimo «procés» y regeneren sus degradados partidos… Así lo entendieron muchos políticos de la derecha y de la izquierda (recuérdese que el PSOE echó a patadas a Sánchez y muchos dirigentes del PP reconocían en privado la cobardía y mediocridad de Rajoy). Pero no fueron capaces y el pueblo se vio obligado a elegir de nuevo lo menos malo y mandar un mensaje de nueva oportunidad… Nueva oportunidad perdida porque el «procés», devenido ya en abierto golpe de Estado, se siguió tolerando… ¡y financiando!, dejando a media Cataluña sin derechos y a toda la ciudadanía española, desconcertada; y, por supuesto, sin resolver el otro gran problema del país, la corrupción.
Por todo ello (y pese al valiente paso al frente del Jefe del Estado el 3 de octubre de 2017 y la gigantesca movilización ciudadana de cinco días después) pudo hacerse un 155 falso que, en el fondo, revitalizó a los golpistas. Por todo ello, se produjo la oportunista y cínica moción de censura de 1 de junio de 2018: Sánchez, encabezando un bloque de izquierdas y separatistas, con la etiqueta de convocar elecciones lo antes posible, erradicar la corrupción, desarrollar un diálogo fructífero con «Cataluña» y mucha justicia social… tras de la cual solo había ambición personal y sostenimiento del «procés».
Pero el pueblo (en este caso los inteligentes andaluces) aprovechó las elecciones regionales de diciembre de ese año para hablar y proponer una nueva fórmula: apartemos a la izquierda y demos a la derecha la posibilidad de demostrar que se puede mejorar una gestión basada en el clientelismo y el sometimiento a los nacionalismos disolventes…
¡Pero hay tres derechas! ¡Pues que discutan y se pongan de acuerdo!… Pero discutieron con más oportunismo que rigor intelectual y muy poco respeto por las formas y así, cuando los sorprendió la convocatoria de elecciones, habían desperdiciado una nueva oportunidad y salieron corriendo a buscar, cada uno por su lado, clientes (electores), en medio de broncas y mentiras o medias verdades que, muy posiblemente, favorezcan, sobre todo al bloque (Sánchez, líderes podemitas enriquecidos y separatistas de diferente grado) partidario de mantener el «procés», con el que interactúan. (Por supuesto, no se debe hacer un grosero reparto uniforme de responsabilidades ni olvidar que la lucha política no favorece demasiado el rigor intelectual o moral… pero para el objetivo que se persigue en este escrito no es necesario, creo, mayor precisión.)
Ahí estamos. En una situación compleja y, sobre todo, incierta… ¡Habla, pueblo, habla!

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