La muerte más digna

Tumba Jaime VeraOjeando la prensa esta mañana me encuentro con un hermoso artículo de Jesús Nieto Jurado en el diario Sur, donde hace un emocionado homenaje a su abuelo, recientemente fallecido. He dejado mi comentario, también emocionado: «¡Una muerte digna, dolorosa como todas pero digna! Alguien que lo ama, retiene lo mejor de su obra y la prolonga y los que lo presenciamos de lejos nos acercamos y nos compadecemos… Y todo ello nos ayuda a todos a comprender mejor la muerte y, así también, mejor la vida.»

En estos últimos años me ha tocado ver muy de cerca la muerte de personas cercanas, no familiares directos pero sí personas por las que sentía gran cariño y no poca admiración; por citar solo las más recientes: casi a mi lado murió Angelita Zamacois y en mis brazos, Julia Trujillo; sentí muy de cerca la muerte, prematura, de Rafa Rueda o la de Sara Valcárcel, la de Eleonor Domínguez, la de Begoña Martínez, la de Juan Rodríguez, la de Juan Ruiz de Torres, la de Antonio Herreros (el «Papá-montaña» de Ana Cristina)… En noviembre, Marcos Ana y, hace pocos días, Isabel Escudero y José Ángel Casado. Tengo también en mente, como es natural, muertes más lejanas pero siempre presentes, como las de mis padres o personas con relaciones muy estrechas…
Ahora que se habla tanto del derecho a una muerte digna (asunto delicado donde los haya) se me ocurre pensar que la muerte más digna será, justamente, aquella donde la persona que se va, se va sabiendo (o sintiendo en su interior más recóndito) que deja obra y vida detrás de él, descendientes biológicos o generacionales, memoria y espíritu, amor. Una muerte digna que nos ayuda, a quienes nos quedamos aquí, a valorar más y mejor la vida y nos ayuda a pensar en nuestra despedida, cuando tenga que llegar, con calma y el renovado propósito de ser antes que tener, de haber pasado por aquí de forma fugaz pero esforzada, con más generosidad que egoísmo, más alegría que tristeza, de sentirnos parte activa del ciclo vida-muerte-vida.

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2 respuestas a La muerte más digna

  1. SUSANA ROSIQUE DIAZ dijo:

    Qué bellas reflexiones, José María, siempre es un placer leerte. Ojalá hubiera más personas generosas y preocupadas por el legado que dejan a su paso a la humanidad, y menos personas obsesionadas con “tener”. Un abrazo fuerte!

  2. librosyabrazos dijo:

    ¡Gracias, Susana! Ya sabes que comprobar que los amigos me leen con generosidad me estimula mucho para seguir manteniendo el blog con la mayor calidad posible. Abrazos con mucho cariño.

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