La gente recuerda, conmemora, apoya, celebra, enaltece…, más o menos espontáneamente, fechas señaladas. Últimamente se manejan muchas fechas simbólicas, pero siempre fue así. Hubo un tiempo en el que también se conmemoraban (o se prohibían) muchas fechas. Así teníamos el 18 de julio («glorioso alzamiento nacional» se llamó oficialmente al levantamiento militar contra la República), 1 de abril (fin oficial de la Guerra Civil), 1 de octubre (designación del caudillo), 1 de mayo (primero San José obrero y luego, por fin, Día Internacional del Trabajo), 8 de marzo (día de la mujer trabajadora), 14 de abril (proclamación de la segunda República Española), 20 de noviembre (ejecución de José Antonio Primo de Rivera, asesinato de Carrero Blanco, muerte de Franco)… pero no se empleaba la actual notación minimalista. Ahora se dice escuetamente 15-J (para referirse a las primeras elecciones democráticas después del franquismo), 15-M (para referirse al movimiento de los indignados), 25-S (para el movimiento «toma/rodea el Congreso»), etc. Pero de minimalismo en minimalismo podemos llegar a «minimalizar» tanto que sea difícil para la gente del común saber lo fundamental de lo que comprende cada fecha (con sus luces y sus sombras) y fácil para las minorías que manipulan a la población reducir esa definición o etiqueta a un mero sentimiento de odio o de afirmación excluyente. Sobre todo si se trata de fechas referidas sólo a una parte del territorio nacional: Galicia (25 de julio), Andalucía (28 de febrero) Cataluña (11 de septiembre) donde es mucho más fácil reducir todo el simbolismo de la fecha a un maniqueísmo absurdo.
Quizá por eso soy partidario de estudiar o pensar en la historia no tanto por fechas únicas sino por periodos de tiempo que nos permitan algo más que un sentimiento primario de odio, de orgullo, etc. Por ejemplo, el 14 de abril que nos recuerda el nacimiento de una República que no pudo ser, nos obliga a pensar en esos años del 31 al 39 y en todo lo que pasó para que no pudiera ser. Por ejemplo, el 15-J nos anima a analizar el largo, complejo, esperanzador, y muy positivo a la postre, periodo de la Transición, que tanta admiración despertó en el mundo entero.
Pero si, por las razones que sean, queremos establecer fechas muy simbólicas, hay tres que me parecen fundamentales y dignas de ser objeto de «españolizar» (es muy esclarecedor que esta palabra escandalice e indigne tanto a los que, con métodos dictatoriales, con gran cinismo y gran deslealtad, «catalanizan» a sus escolares) para todos los educandos de España:
El 19-M, 19 de marzo de 1812, cuando lo mejor de nuestro país, lo mejor de sus clases y sus territorios, se reunieron en Cádiz, no sólo para resistirse al invasor, sino sobre todo para afrontar los problemas de atraso y de injusticia que habían hecho posible esa invasión y dar al país una constitución que transformara a los súbditos en ciudadanos, sujetos de derechos y deberes nacionales y democráticos.
12-O, es decir, 12 de octubre, cuando, en 1492, tres naves que hoy nos parecerían ridículas para atravesar todo un Atlántico llegaron a un continente desconocido y ampliaron política, social y culturalmente el mundo. Desde luego, con errores, atropellos y crímenes pero con un resultado fundamentalmente positivo, con un mestizaje, una «interculturalidad», mucho más humanos que la mayoría de las experiencias comparables.
6-D, es decir, 6 de diciembre de 1978, cuando se establece una constitución democrática por consenso de todas las clases y de todas las fuerzas políticas importantes, nacionales o regionales, que fija unas reglas del juego válidas para la inmensa mayoría de la ciudadanía, un reparto de deberes y derechos evidentemente perfeccionable pero suficiente para, a partir de ahí, acabar con guerras civiles, con enfrentamientos antagónicos de clases o de territorios, que sólo benefician a los mercaderes del odio.
Esas tres fechas, sobre todo las dos últimas, deberían ser, en mi modesta opinión, fechas nacionales de España celebradas obligatoriamente por todas las autoridades españolas e invitar a todos los ciudadanos a disfrutarlas. Mucho más que cualquier otra fecha que quieran celebrar en alguna de las partes de nuestro país o en algunas de sus clases pero que por su carácter no general, no nacional, deben ser menos importantes.
Respeto y honor, pues, para cuantas fechas se conmemoren en las distintas partes de España (siempre que no se utilicen para manipular la Historia, atizar odios o levantar barreras) pero, en primer lugar y sobre todo, respeto y honor por las más importantes fechas nacionales. Honor, pues, al 12 de octubre, fiesta de la hispanidad, fiesta nacional de España. Respeto y celebración obligados por parte de todos los altos representantes del Estado y fiesta para cuantos españoles sientan el orgullo de serlo.
-
Entradas recientes
Comentarios recientes
- Jimmy B en «Los puentes de Madison» – Una reflexión sobre la libertad y la belleza
- Fernando Carratalá Teruel en 403. Noviembre de 2023
- librosyabrazos en 401. Septiembre de 2023
- Fernando Carratalá en 401. Septiembre de 2023
- Fernando Carratralá en 398. Eutimio Martín
Archivos
Categorías
Enlaces amigos
- Número de visitas:
28490 Meta
U