¡Qué suerte haberte conocido, preciosa e inteligente Nika! ¡Qué satisfacción ver con qué placer jugabas con Yema, dos seres jóvenes, llenos de curiosidad y alegría, con un bullicio contagioso! ¡Curiosidad y alegría! Dos valores que nos regaláis los niños, los recién llegados a este complejo mundo a los mayores, a los que ya nos vence, en gran medida, la fatiga y la melancolía…
Qué admirable tu trato con tu abuela, con tanto respeto como cariño. Qué estimulante ver con qué amor hablas de la mare y de toda tu familia. Una familia compleja y con algunos conflictos, como son en nuestro tiempo (y en todos, si lo pensamos bien) tantas familias, pero donde tú encuentras el ambiente necesario, las imprescindibles energías para crecer sana y animosa, linda y juiciosa, cariñosa y alegre.
Tienes la fortuna de vivir en una tierra y una sociedad no exenta de tensiones y problemas pero hermosa y rica, diversa y culta, con una historia enraizada en la milenaria historia hispánica, con dos lenguas hermosas… Todo ello, sin duda, te permitirá comprender la vida cuando te vayas haciendo mayor y puedas aportar tu trabajo y tus conocimientos para mejorar un poco el mundo que te ha tocado vivir.
Quiero ser tu amigo, inteligente y bella Nika. Quiero seguir recibiendo de ti esos dones que derrochas de alegría y curiosidad… A cambio te ofrezco cualquier cosa de mí que pueda serte útil, mis mejores deseos para tus horizontes y una lluvia de besos y flores.


Se utiliza mucho la frase de Marx glosando a Hegel (en su libro muy citado pero poco leído El 18 brumario de Luis Bonaparte) sobre que los grandes hechos y personajes de la Historia se producen una vez como tragedia y otra como farsa… Tragedias y farsas son dualidades complejas y constantes en la historia humana (que no siempre se presenten tan clara y ordenadamente como podría parecer por la frase del fundador del materialismo histórico) y distinguirlas, y comprenderlas, es tarea también permanente. 
Ursula Ojanen, cuando era agregada cultural de la Embajada de Finlandia y miembro del consejo editorial de nuestra Biblioteca Nórdica (que consiguió excelentes ediciones), me contó que había en su país un dicho muy popular para reflejar el miedo a lo desconocido, a lo ajeno: «Vi de lejos a alguien que venía hacia mí y pensé que era un monstruo; cuando estaba más cerca, pensé que era un enemigo; cuando llegó a mi lado, comprobé que era mi hermano.»
Tras el bullicio, el silencio; tras la presencia entrañable de los niños, la soledad… Hoy, Día del Carmen (Día de la Caudilla, como se dice en el argot carcelario), es uno de los dos días (el otro es el 24 de septiembre, Día de la Merced), en que los niños de los reclusos (hijos, sobrinos, nietos…) pueden entrar unas horas en la prisión y compartir con nosotros juegos y viandas… Se forma así una familia especial: decenas de reclusos conviven durante unas horas, entre llantos y risas, entre recuerdos y proyectos, con decenas de niños, todos amigos y todos especialmente amables… Algunas escenas pasan de año en año por transmisión oral, como la que protagonizó hace pocos años la hija de Lara (un militante típico del PC) de la que se cuenta que la primera vez que entró en la cárcel fue gritando por toda la galería: «Asesinos, asesinos, tenéis a mi padre preso sin ningún motivo.» Yo recuerdo a Violeta y Helios, los hijos de Luis Andrés Edo (educados en Francia por la madre): la niña jugaba conmigo, llamándome «clochard» (vagabundo) por mi barba y mi indumentaria machadiana… Este año han pasado mis cuatro sobrinos: José Manuel, Mariasun, Ana y Pedro Pablo. ¡Qué alegría, que inmensa alegría, qué gratitud hacia mi hermano y mi cuñada, que me los han traído! ¡Qué hermosa fiesta, con preguntas sencillas o complicadas de los pequeños, con alguna lágrima pero muchas risas! Pero ahora la cárcel se ha quedado terriblemente fría y silenciosa, plomiza y triste…
El (lúcido) profesor Carlos Martínez Gorriarán (confundador de Basta Ya y de UPyD) dijo ayer en Twitter que hoy celebraremos
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Como recuerdan los medios de comunicación, hoy hace 20 años que la Guardia Civil encontró el zulo (cavado en la nave de una fábrica de Mondragón, Guipúzcoa) en el que José Antonio Ortega Lara, funcionario de prisiones secuestrado por ETA, había permanecido 532 días. Un zulo es una agujero de apenas dos metros, sin luz natural ni ventilación. Se sabe que Josu Uribetxeberria Bolinaga, su carcelero, se había negado, cuando lo detuvo la Guardia Civil, a decir dónde estaba el secuestrado: «Que se muera de hambre», les dijo. Se pueden ver fotos de aquella época pero no se puede visitar el zulo porque ha sido cegado con hormigón.