La de(con)strucción del Estado de las Autonomías (I)

DehvcPFWkAEinJiAyer, al filo de la medianoche, publicó Pedro Sánchez, presidente del Gobierno de España, el siguiente tuit: «Después de 7 años, hoy se ha reunido la Comisión Bilateral Generalitat-Estado. Esto supone la recuperación de la normalidad institucional y el diálogo democrático. Tenemos un proyecto para #Cataluña en España y este #Gobierno ha comenzado el camino para hacerlo realidad.» (el subrayado es mío) que ha tenido, hasta las primeras horas de la tarde de hoy, unas 2.200 respuestas, unas 800 retuits y más de 2.000 «me gusta». Como esperaba, muchos de los comentarios que he leído de personas a las que sigo en la Red son muy críticos y, por otra parte, mi experiencia me dice que en las respuestas predominan las matizaciones y las críticas y en los retuits, los elogios.
Me interesa comentar los tres subrayados.

1. Comisión Bilateral. Parece claro que entre los muchos graves errores que el tiempo ha demostrado que cometieron el Congreso de los Diputados (controlado entonces por el PSOE) aceptando el texto final del Estatuto de Autonomía de Cataluña que se votó en referéndum el 15 de junio de 2006 (en el que participó sólo el 48,85% del censo y que obtuvo el 73,24% de síes; es decir, sólo 1.899.897 de ciudadanos de los 5.310.103 con derecho a voto, el 35,78%, aprobaron el texto) y el Tribunal Constitucional que (¡cuatro años más tarde!) corrigió e interpretó el Estatuto, uno de esos errores reiterados fue aceptar como título del art. 183 «Funciones y composición de la Comisión Bilateral Generalitat-Estado», porque aunque en la redacción del mismo se precise que se trata de establecer «el marco general y permanente de relación entre los Gobiernos de la Generalitat y el Estado» y aunque en la interpretación del TS se siga claramente «Así pues, la relación entre la Generalitat y el Estado “central” no cabe entenderla como una relación entre iguales, pues el Estado siempre ostenta una relación de superioridad respecto de las comunidades autónomas» (el subrayado es mío), a pesar de todo esto, aceptar ante fanáticos separatistas una relación bilateral sin condiciones entre las dos instituciones, es causa de ulteriores y múltiples equívocos y abusos.
Aunque sin duda todo lo anterior es conocido por el actual Gobierno, lejos de poner el énfasis en que la Generalitat es parte del Estado, obligada a cumplir la Constitución y sus leyes y subordinada al Estado, el orden del día de la reunión, la escenificación y el relato posterior (solo aparentemente contradictorio) ha ido claramente en el sentido que entiende la bilateralidad el separatismo y, sin duda, facilitará el incremento de equívocos y abusos… y las correspondientes chulerías de los separatistas.
Para dejar las cosas en su sitio, no hay que olvidar que los gobiernos de Mariano Rajoy no solo no combatieron aquellos equívocos y abusos sino que –por cobardía, indolencia, corrupción o mera estulticia– los propiciaron peligrosamente, sobre todo con una aplicación del art. 155 de la Constitución que –ahora se ve claramente– solo ha favorecido al golpismo.

2. Normalidad institucional. No especifica Sánchez cuándo se perdió la normalidad institucional y el diálogo democrático pero por el contexto de su tuit (y las diversas críticas que ha venido haciendo a Rajoy desde que asumió y –tras un breve paréntesis– recuperó el poder en su partido) todo parece indicar que la normalidad se perdió al menos desde que el PP llegó al Poder, a finales de 2011. De entonces acá se han producido desafíos increíbles de la Generalitat y movilizaciones de una parte creciente de la ciudadanía, diadas y declaraciones oficiales contra España; oficinas de la Generalitat en numerosas capitales del mundo, financiadas por el Estado, dedicadas a denigrar groseramente a nuestro Estado y nuestra Nación; declaración, ilegal, de la «República Catalana» por el Parlamento de Cataluña; dos referendos ilegales (realizados por la fuerza y con engaños) y en claro desafío al Estado y al Tribunal Constitucional… y, sobre todo, un acoso permanente a instituciones, representantes democráticos y ciudadanos en general no separatistas hasta fracturar a la ciudadanía en dos partes irreconciliables. Especial mención merecen los ataques brutales a los símbolos nacionales y los insultos al Jefe del Estado. Una auténtica revolución (Revolución de la Sonrisas para los separatistas, Revolución de la Mentiras para mucha gente, entre la que me cuento).
En este contexto –que se mantiene, reforzado, por la actual Generalitat– Torra (siempre ostentando su condición de presidente de la Generalitat), se permite acudir a la entrevista en La Moncloa exhibiendo el lazo amarillo golpista, realizar una rueda de prensa internacional conjunta con el fugado de la Justicia Carles Puigdemont para denigrar a todas las instituciones españolas, declarar que Felipe VI no es el rey de los catalanes, es decir le niega su condición de Jefe del Estado y, con ello, la existencia misma del Estado en Cataluña…
Todo lo anterior exige que digamos sin ambages: es totalmente falso y miente descaradamente quien diga que se ha recuperado «la normalidad institucional y el diálogo democrático.»

3. Un proyecto para Cataluña. ¿De verdad el PSOE y su líder tienen un proyecto para Cataluña en España? ¿Un proyecto que pueda ser asumido por otras fuerzas constitucionalistas y que haga desistir a los separatistas de su siniestro plan de destruir el Estado español, la Nación española, para así poder montar su nación y su estado propios? ¿Y en qué consiste ese proyecto socialista?: ¿la nación de naciones (que Sánchez postulaba hace poco tiempo)?, ¿la reforma de la Constitución en un sentido federal? (¿más federal que ahora, asimétrica, a la carta?… La ministra Batet habló ayer, después de la reunión bilateral, de «lealtad federal»)… En fin, esperemos ese programa detallado y razonado, a ver si nos convencen… Pero tenemos el derecho a plantearnos una pregunta más: ¿No consistirá el plan, una vez más, en la política de «apaciguamiento», privilegios económicos y de todo tipo para los separatistas, desprecio a la mitad de la población catalana…? ¿No consistirá en mantener (y financiar) el «procés» para mantener la corrupción económica y sobre todo política en España, las ambiciones personales, el abuso de Poder?
En todo caso, estemos atentos a ese «proyecto» y analicémoslo como se merece si se hace público.

2018-08-02_1425

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