Esperando el discurso del Jefe del Estado

031018Tras tres meses frenéticos donde toda España ha vivido una crisis sin precedentes en nuestro régimen democrático (aceleración del «procés», rebelión en el Parlamento y el Gobierno catalanes y rebelión en las calles, convocatoria ilegal y realización tramposa de un referéndum de autodeterminación, declaración unilateral –y con posterioridad sedicentemente «simbólica»– de independencia, aplicación «suave» del artículo 155 de la Constitución…), después del discurso del Rey denunciando sin ambages la rebelión y de una movilización –en Cataluña y en toda España– de miles y miles de personas proclamando insistentemente su defensa de la soberanía y la unidad nacionales, había que esperar al resultado de las (innecesariamente precipitadas) elecciones autonómicas.


Resultado que nos da alguna alegría especial, como el triunfo, por primera vez, de un partido constitucionalista (Ciudadanos), pero también y sobre todo mucha preocupación, porque el bloque independentista revalida la mayoría absoluta y amenaza con volver a poner en marcha el destructivo proceso secesionista. ¿Vuelta a la «casilla de salida»? ¿Cristalización de la fractura irreconciliable de la sociedad catalana?
¿Qué dicen los principales protagonistas de esas elecciones, los líderes de los partidos que competían y, sobre todo, qué dice el responsable (independientemente de que tuviera todas las presiones de poderes fácticos o de las otras fuerzas constitucionalistas como PSOE y Ciudadadanos) de la convocatoria? ¿Aclaran alguno o entre todos la situación? A mí, no; y me temo que a muchas otras personas de condición parecida a la mía (comprometidas totalmente con la repulsa al golpe de estado que intentaron los separatistas y la oposición al «procés»), tampoco. Como está confuso lo que ha pasado está más confuso aún lo que puede pasar.
Arrimadas celebra con orgullo –y sin soberbia– su triunfo histórico… pero no puede ir más allá de esperar que sus enemigos (y los nuestros: aquí hay que hablar de enemigos y dejar la «corrección política» de adversarios para gente que acepte la Ley y no viva del odio) se peleen entre sí. Los líderes secesionistas aumentan su chulería para disimular sus miserias intelectuales y políticas y, sobre todo, mantener a su parroquia drogada. Iceta (con su cuate Sánchez) busca nuevas ocurrencias que le permitan eludir una profunda autocrítica; el pobre Albiol (víctima del «ersatz» del 155) no se atreve a denunciar públicamente las verdaderas causas de su fracaso. No digamos nada de los podemos y los comunes. ¿Y Rajoy? Rajoy es incapaz de hacer la menor autocrítica en público (y parece que también en privado) y, por tanto, su comparecencia de ayer no puede ser más mediocre.
Sabemos que no es fácil, en nuestra sociedad y en nuestro régimen político, ejercer funciones de liderazgo. Hay que estar muy preparado, hay que tener mucha energía y administrarla sabiamente, hay que disfrutar con ese ejercicio y hay que amar profundamente el ámbito en el que se ejerce (en este caso España). No es fácil reunir todas esas condiciones y más en esta «ciudad alegre y confiada», como la definió inteligentemente nuestro olvidado Benavente hace un siglo. Pero es obligado intentarlo y si se constata una notable incapacidad, preparar honradamente el relevo.
El Jefe del Estado, que, por razones de su muy peculiar función, se dirige pocas veces a la Nación entera, tiene mañana un discurso difícil, un «Mensaje de Navidad» nada protocolario. Después de su muy arriesgado y excelente discurso del 3 de octubre de este año, que interactuó consecuentemente con las movilizaciones de la ciudadanía más consciente, denunciando la deslealtad de las autoridades secesionistas de Cataluña, no tendrá más remedio que arriesgarse a definir de alguna manera –con palabras medidas pero no elusivas– cómo ha evolucionado y qué perspectivas tiene la situación que él denunció, con tanto acierto como coraje, hace ochenta días.
Por eso espero ese discurso, a ver si el Rey me aclara lo que no han sido capaces de aclararme los líderes políticos citados y los medios de comunicación que he podido ver, escuchar o leer estos días. Soy relativamente optimista, porque sus discursos solemnes anteriores (el de proclamación, el primero en los Premios Príncipe de Asturias ya como rey, los dos mensajes de Navidad y, especialmente, el del 3 de octubre) me convencieron de que aquel joven que yo conocí y con el que hablé –aunque, naturalmente, con la distancia que impone el protocolo– en diversos actos y ocasiones –y al que sigo con creciente interés– ha alcanzado un nivel profesional y humano adecuado para desarrollar cabalmente su elevada, difícil y respetable función.

 2017-12-23_1856

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4 respuestas a Esperando el discurso del Jefe del Estado

  1. Mª Dolores dijo:

    Estoy de acuerdo con tu comentario, prudente y esperanzador.
    España se ha quedado en silencio con un grito de esperanza que no se atreve a dejar salir.
    Este año a la Navidad le pedimos el deseo de PAZ. de Madurez humana y Unidad.
    Abrazos.
    Lola

  2. J. Gustavo Catalán dijo:

    Certero análisis, y puedo decirlo con mayor propiedad ya que lo leo a toro pasado.

    • librosyabrazos dijo:

      Gracias, amigo. Debería haber escrito, después, otro explicando mis impresiones al ver/leer el discurso del Rey… pero no se me ha ocurrido nada especialmente interesantes y, como ha habido comentarios para todos los gustos…

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