Vicente del Bosque

Vdel BEn la entrevista que el gran periodista Ignacio Amestoy me hizo el domingo 15 de mayo de 2011 en El Mundo, se destacaba mi frase, resumiendo mi admiración por el seleccionador nacional, «Del Bosque, modelo de buen dirigente». En efecto, yo había escrito el 10 de julio de 2010 «¡Reconocimiento y gratitud a Vicente del Bosque, seleccionador nacional del futbol de España, que nos recuerda que este país, además de líderes mediocres y logreros puede dar, da en abundancia, personas sencillas y buenas, excelentes profesionales!» (35 notas del editor y otros escritos, p. 161).
Esta admiración se ha mantenido durante todos estos años aunque quienes me conocen saben que soy muy poco seguidor del futbol y que me interesan más los aspectos sociales y políticos (la Roja ha hecho más por la identidad española que todos los partidos constitucionalistas juntos) de este fenómeno de masas. Por ello me ha dolido especialmente el fracaso de Del Bosque como seleccionador nacional en los últimos campeonatos y me parece razonable que abandone su puesto. Pero aquí ha perdido la ocasión de dar una nueva lección de (como yo decía en la citada entrevista) «modelo de buen dirigente. Modesto, laborioso, perseverante… y la misma reacción humana ante la victoria y la derrota». Quizá llevado por la frustración del fracaso en el Mundial de Futbol de hace dos años y en la Copa de Europa de estos días (y por ciertas críticas ácidas que se le han hecho, según parece, desde las publicaciones o las emisoras más influyentes deportivamente), se ha expresado en público con una inoportuna amargura y acritud y, además, con cierto desdén hacia el otro gran profesional que yo había destacado en mi libro: Iker Casillas.
No es fácil, y lo digo por experiencia, abandonar un proyecto, una empresa, una idea, un sueño, en el que se ha puesto toda la pasión. Tanto si uno lo tiene que dejar porque se le acaban las fuerzas como si es expulsado de ello por sus enemigos, se tiene una sensación dolorosa de haber sufrido una tremenda injusticia, de haber recibido en vez del reconocimiento y la gratitud que creemos merecer, el desdén en el mejor de los casos y el reproche y la ingratitud en el peor. Pero así es la vida: hacemos las cosas con la mejor intención pero no siempre acertamos y en todo caso, no siempre aciertan los que dependen de nosotros. Debemos tomarnos, pues, con la misma tranquilidad los elogios de aquellos que nos dicen que somos maravillosos como los que nos atacan y consiguen defenestrarnos. Como dice Rudyard Kipling, en su famoso poema «If», serás todo un hombre «si triunfo y derrota se cruzan en tu camino / y tratas de igual manera a ambos impostores.» Sin embargo, estoy seguro de que Vicente del Bosque, una vez superado el mal trago de estos días, recuperará su verdadero carácter y se despedirá con la modestia y amabilidad que lo han hecho ser respetado y querido por la inmensa mayoría de los españoles.

España-Italia

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