(Apa
reció un texto que escribí hace casi 20 años sobre una película que tuvo entonces mucha resonancia: Mi nombre es Joe (My Name is Joe), Kem Loach, Reino Unido, 1998, guion de Paul Laverty, con diversos premios, entre ellos el «Espiga de Oro: Mejor película» en el Festival de
Valladolid de ese año. Una historia de alcoholismo y otras drogas… y de regeneración. Lo reproduzco tal cual, suprimiendo la dedicatoria, que hoy estaría fuera de contexto.)
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Aunque yo la he visto hoy, fue el pasado sábado 30 de diciembre de 2017
Tras tres meses frenéticos donde toda España ha vivido una crisis sin precedentes en nuestro régimen democrático (aceleración del «procés», rebelión en el Parlamento y el Gobierno catalanes y rebelión en las calles, convocatoria ilegal y realización tramposa de un referéndum de autodeterminación, declaración unilateral –y con posterioridad sedicentemente «simbólica»– de independencia, aplicación «suave» del artículo 155 de la Constitución…), después del discurso del Rey denunciando sin ambages la rebelión y de una movilización –en Cataluña y en toda España– de miles y miles de personas proclamando insistentemente su defensa de la soberanía y la unidad nacionales, había que esperar al resultado de las (innecesariamente precipitadas) elecciones autonómicas.


Siempre que puedo converso con mis amigos y conocidos, colegas y vecinos sobre el problema central al que se enfrenta España en estos momentos: el secesionismo catalán (y sus cómplices en el País Vasco, Valencia, Baleares y otros lugares).