«Preservar siempre la dignidad de todos»

garcia-de-cortazarCreo que ya he dicho en otras ocasiones que leo habitualmente los artículos de Fernando García de Cortázar (Catedrático de Historia Contemporánea en la Universidad de Deusto), uno de los intelectuales católicos más atentos a la situación española. Ayer, con el título de «Los cristianos ante una crisis de civilización», publicó un artículo en el diario Abc haciendo un llamamiento a la conciencia, y a la fe, de los católicos: «Los católicos tenemos mucho que decir ante una crisis que es fractura de civilización, no mero retroceso económico.»

Para afianzar su tesis explica cómo en dos ocasiones históricas el catolicismo se había enfrentado a graves crisis de civilización. «La primera fue aquella en la que el espíritu humanista del Renacimiento generó un tremendo equívoco sobre el concepto cristiano de la libertad del individuo y la adaptación de la Iglesia a la modernidad». «Frente a la crisis protestante, en Trento venció, un catolicismo reformado, que se entregó decididamente a la defensa del individuo forjado por la modernidad renacentista […] la afirmación de una existencia colectiva como cristianos, dotada de una institución inspiradora creada por Jesús, y obligada a orientar las rutas morales de nuestra conducta para preservar siempre la dignidad de todos.» La segunda, cuando en el primer tercio del siglo XX «el totalitarismo [bolchevismo y nazismo*] vertió su lava de barbarie sobre los pueblos, poniendo en grave riesgo el concepto mismo de humanidad, el catolicismo señaló dónde se encontraba la libertad intangible del hombre, dónde se hallaba el alma hecha a semejanza de Dios que no podía vulnerarse.» A pesar de esta afirmación triunfalista, el profesor García de Cortázar no deja de denunciar a «Demasiados intelectuales de la Iglesia que debían haber previsto el mal social ensuciaron la historia del cristianismo con su apocada o entusiasta entrega al despotismo. Pero la fe de algunos católicos dio testimonio.» Y con este respaldo denuncia el silencio de muchos intelectuales católicos en la crisis de civilización que padecemos en nuestros días y concluye con su llamamiento: «Debemos decidir si nos corresponde este silencio ominoso, flanqueado de solemnes llamamientos a una fraternidad a la que no se le exigen concreciones. O lo que se nos asignó, hace dos mil años: la defensa de los débiles, la protección de los humildes, la condena del oprobio y la indiferencia.»
Estoy glosando el, para mí muy interesante, artículo de García de Cortázar no por razones religiosas sino por razones sociológicas, políticas: mi ateísmo es sólido pero mi respeto por las creencias sinceras me lleva a intentar un diálogo honesto con las personas de pensamiento religioso o espiritualista, siempre en el terreno social y político, «de tejas para abajo». (Sigo en esto también a don Gustavo Bueno, QEPD, que estaba muy interesado en la controversia entre protestantes y católicos: él sostenía que era más sólido el pensamiento de la Contrarreforma que el de Lutero). De tejas para abajo, remitiéndonos cada cual a la «autoridad» que creamos másvaticano «competente», sea un dios, un proceso biológico o histórico o cualquier otra… pero partiendo del hecho, elemental, de que somos personas, necesitados, por tanto, de libertad y miembros de una sociedad que debería, como dice García de Cortázar, «preservar siempre la dignidad de todos.» En ese terreno, en la búsqueda, sin sectarismos ni maniqueísmos, de una sociedad más justa, nos podemos encontrar personas de distintas ideologías o creencias, de diferentes recorridos y experiencias intelectuales y vitales.

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  • Tengo pendiente un trabajo sobre estas dos ideologías y experiencias históricas que, en mi opinión, tienen notables coincidencias y fundamentales antagonismos.

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