Lunes 3 a domingo 10 de abril de 2016

Lunes

Vera me recuerda por la mañana que hoy hace 50 años de mi primera detención y Elisa me envía un correo, también en relación con ello: «lo esencial es que disolvamos cárceles interiores.» He colocado un twit con una frase de mi escrito de hace siete años («Frente a cada arenga para encender la injusta guerra, miles de palomas vuelan para escribir sobre los cielos mensajes de paz.» (1966/2016) ) y también el texto completo en Facebook, que han leído, con agrado, varias personas. Me viene bien recordar y es interesante que la gente lea ese texto… pero estoy intentando escribir algo que refleje mi estado de ánimo hoy: al fin y al cabo, una efemérides de 50 años no deja de ser importante.

Comida con José Enrique Gil-Delgado (… Y Shakespeare leyó el Quijote), Carlos Mora (un nuevo libro con tintes autobiográficos) y José Manuel Delgado. Estoy preocupado con la calidad de lo que se está publicando, en general, y lo que está publicando Ediciones de la Torre… Después, charla de sobremesa con José Manuel.  Las dificultades de la vida en familia. El asedio de la mediocridad. La disminución de las fuerzas. La situación social (y cultural) tan poco halagüeña…

Martes

Jornada normal. Bastantes visitas en el blog y algunos comentarios elogiosos de la entrada «Volver a los 25».i

Miércoles

Sesión en la Asociación Prometeo de Poesía que, tras la muerte de Juan Ruiz de Torres, dirige su mujer, Ángela Reyes (también poeta). En la segunda parte, homenaje a Juan en la magnífica voz de Pepa Castañer. Juan realizó hace años un «Inventario Relacional de la Poesía en Español» con más de 5.000 poetas en lengua española. Doy este dato para enfatizar, a continuación, lo difícil que es, en un territorio tan grande y tan fecundo como es el de la poesía en español, conocer a fondo ese territorio (para lectores, críticos, profesores, editores…) u obtener un reconocimiento (para los propios poetas), que no dependa del marketing, de los lobbys intelectuales o políticos o la mera casualidad.

Jueves

Homenaje a Amalia Martín, jubilada el año pasado, después de 37 años de (muy eficaz) actividad en el Gremio. Los salones del Centro Riojano se llenan de veteranos y amigos. Foto «histórica» con la homenajeada, la actual presidenta, Rosalina Díaz Valcarcel, los expresidentes Fermín Vargas, Juan de Isasa, Emiliano Martínez y yo mismo (ausentes Erick Ruizcon el que tuve siempre buena relación– y Javier Cortés, que completarían la lista de todos los presidentes que hemos pasado por el Gremio (hoy Asociación de Editores) durante estos años de Amalia en la Secretaría General. Buen ambiente y muchos reencuentros: aquí están los «adversarios» en las juntas directivas por las que pasé, y algunos de los «aliados» como Miguel Ángel Otero, Alejandro Sierra, José María Arizcun o Ramiro Domínguez… Aquí, los colegas amables y los difíciles, el pequeño recuerdo de las pequeñas miserias que todo colectivo humano conlleva y los grandes recuerdos que una profesión tan maravillosa me ha proporcionado a lo largo de tantos años. Espero no haber tenido nunca envidias o rencores significativos… y diría que puedo asegurar que si los hubo desaparecieron y que hoy queda la ternura por los que se fueron (Amalia recuerda a algunos en sus palabras de agradecimiento) y la solidaridad con los que siguen intentando, con sus intereses y sus ideales, mantener una actividad difícil pero de la que es casi imposible desprenderse… En algún momento, el salón del Centro Riojano podría parece una estampa de «moribundia» (Ramón Gómez de la Serna tiene un maravilloso libro con el título de Automoribundia) con tantos miembros de la tercera y hasta de la cuarta edad y la nula presencia de jóvenes… pero hay que superar esta impresión porque el oficio de editor, contra viento y marea, persiste y se renueva mucho mejor que otros. Creo que fue Carmen Calvo (cuando era consejera de la Junta de Andalucía, antes de ser nombrada ministra de Cultura) la que me dijo, en uno de los corrillos que se forman tras los actos institucionales, que los editores teníamos unas relaciones entre nosotros y dentro de los gremios que para sí las quisieran otros muchos sectores que ella, por su cargo, conocía bien; según ella había podido apreciar, los navajeos en el mundo del Libro eran mucho menores que en otros sectores industriales. Coincido con esa opinión… aunque me gustaría que fueran todavía mucho más pequeños.

Viernes

Presentación de la novela de José Enrique Gil-DelgadoY Shakespeare leyó el Quijote en el histórico Salón de Actos del Ateneo [Np]. Demasiadas intervenciones, entre ellas una breve mía reivindicando, como hago siempre que tengo ocasión, el oficio de editor y la importancia del Libro en la comunicación del pensamiento humano. Lucía y María se han ocupado de la venta de libros… pero, desgraciadamente, sólo un diez por ciento de los asistentes han comprado un ejemplar. En un aparte charlo con Antonio Chazarra, vicepresidente del Ateneo, sobre Antonio Buero Vallejo, al que admiramos profundamente ambos, y sobre Jacinto Benavente (me recomienda que lea de nuevo La ciudad alegre y confiada, que, según él, tiene tanta importancia como Los intereses creados). Me promete asistir el lunes 18 al acto en el que yo seré el «prota» (¡qué nervios!). Por deferencia de Daniel Pacheco, que ha intervenido en primer lugar en el acto, expondremos desde el lunes los libros más representativos de Ediciones de la Torre en las vitrinas del Ateneo: esto es importante.

Sábado

«Comida de hermanos». Nos juntamos, en Alcorcón, Manolo y Asun, Antonio y su cónyuge Juan (que forman una pareja muy cariñosa), Pili y su marido Paco, Mary Luz y yo. He quedado muy impresionado de ver cómo está Pili [Np]. El rabo de toro de Asun es mucho mejor que el que sirven en los mejores restaurantes de Madrid… lo digo por experiencia.

Una amiga deslumbrada por Podemos me escribe un correo asegurando que le gustaría vivir en Suecia, ya que en nuestro país no dejan que Podemos lo arregle… He aquí mi respuesta.

«Tienes buen gusto si te gusta Suecia como país donde vivir… Pero, si quieres ser consecuente, debes estudiar las semejanzas y las diferencias que tiene este país con el nuestro. Por ejemplo, Suecia fue, como España, un imperio y luego quedó reducida, como nosotros, a una nación-estado y, también, ambas son monarquías constitucionales con una clara separación de poderes. Suecia tuvo también una posición neutral en las grandes guerras y sufrió como España, épocas de mucha pobreza con fuertes emigraciones. A partir de ahí, hay grandes diferencias y no sólo por la cuestión de la corrupción: Suecia no ha tenido que superar una terrible guerra civil, una dictadura y una transición política llena de traiciones. Los suecos, en su conjunto, no se levantan cada día sometidos a una propaganda política miserable que les plantea si son o no suecos, si hay que despreciar la actual constitución y plantear una de nueva planta, si cualquier oligarquía local puede inventarse naciones diferentes y, con la añagaza del «derecho a decidir», dar un golpe de Estado y quedarse con una parte del territorio nacional… y estimular a otras oligarquías locales a hacer otro tanto. En definitiva, en Suecia, como en la inmensa mayoría de los los países del mundo, hay lucha política entre “izquierdas” y “derechas” (y todas sus variantes) pero no hay partidos políticos cuya principal misión es destruir la unidad nacional, deshacer la construcción nacional de siglos, lo que es tanto como destruir la sociedad que se ha ido conformando (con sus luces y sus sombres pero con sus innegables avances) y plantear una sociedad antagónica con la actual que, en el mejor de los casos, sería una aventura de muy incierto final y, en el peor, una sociedad más injusta aún que la actual. Así que me permito aconsejarte que si piensas en Suecia lo hagas de manera realista porque si lo haces de manera quimérica, en vez de en Suecia puedes acabar en Venezuela.»

Domingo

Homenaje a Juan Rodríguez, muerto hace unas semanas. El acto, planificado y coordinado por el entusiasta Fernando Rojas, se celebra en un pequeño pero encantador local (El Capricho, en Eguílaz, 1, de Madrid). Nos reunimos una treintena de personas de distintos ámbitos: el teatro (a mí me lo había presentado Julia Trujillo), la «noche de las estrellas», la Asociación Prometeo… En todas ellos Juan había cosechado grandes amistades y todos los testimonios de hoy (por ejemplo los de Concha Cuetos, Rosa Correas o Nicasio Auñón, por citar a personas que he conocido hoy mismo) así lo han demostrado. También ha intervenido Silvia Marsó, siempre espléndida, con la que he mantenido una interesantísima conversación sobre la obra que está representando en el Marquina (y de la que ya hablé en su día) o, para ser más preciso, sobre problemas de interpretación [Np]. Nos hemos despedido todos con elogios a la amistad y a la manera de conmemorar la muerte de los amigos… y yo, pensando que algo parecido debería ser un acto en el que mis allegados me despidieran… o, más bien, como hemos hecho con Juan, que no me despidieran del todo.

 

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i No tengo claro si cuando se lea esto dentro de unos años será fácil poder consultar las referencias que se den aquí.

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