Jueves 1 de febrero de 2018
Sigue el espectáculo que sostiene el secesionismo. Ahora se habla de una presidencia de la Generalidad simbólica para Puigdemont para poder elegir «legalmente» un presidente efectivo. El prófugo sigue armando follón (aunque los mensajes que le pillaron decían que el «procés» ha fracasado) y cada día encuentra la manera de provocar titulares de prensa; el de hoy que ha alquilado una mansión en Waterloo (4.400 euros al mes). Por eso he compartido en Facebook la entrada de anteayer («Hipótesis»). Sigue leyendo
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Cada vez me inclino más por la hipótesis de que la verdadera estrategia de los catalanes nacionalistas –devenidos en separatistas que amenazan recurrentemente con golpes de estado implícitos o explícitos– es mantener un show permanente, que les permita seguir reclamando privilegios y beneficios, legales o ilegales, del Estado y del Mercado.
reció un texto que escribí hace casi 20 años sobre una película que tuvo entonces mucha resonancia:
Aunque yo la he visto hoy, fue el pasado sábado 30 de diciembre de 2017
Tras tres meses frenéticos donde toda España ha vivido una crisis sin precedentes en nuestro régimen democrático (aceleración del «procés», rebelión en el Parlamento y el Gobierno catalanes y rebelión en las calles, convocatoria ilegal y realización tramposa de un referéndum de autodeterminación, declaración unilateral –y con posterioridad sedicentemente «simbólica»– de independencia, aplicación «suave» del artículo 155 de la Constitución…), después del discurso del Rey denunciando sin ambages la rebelión y de una movilización –en Cataluña y en toda España– de miles y miles de personas proclamando insistentemente su defensa de la soberanía y la unidad nacionales, había que esperar al resultado de las (innecesariamente precipitadas) elecciones autonómicas.

