Agradecimiento


¡Muchas gracias a todos cuantos me habéis felicitado ayer por mi 80 cumpleaños! Algunos ya sabréis que cuando me toca a mí felicitar (sobre todo si se trata de personas que han llegado a la madurez o incluso a la senectud) suelo emplear una fórmula del «Manual de la amistad» que dice, más o menos, así: «Buena ocasión para hacer recuentos amables y proyectos razonables.» Quizá os guste saber los míos.
Mi recuento amable, comienza con una inmensa gratitud a mis padres (y a sus ancestros) por haberme traído a este mundo, inmenso y maravilloso, y continúa hoy con la misma gratitud por tantas personas que me ayudaron a sobrevivir, sostener mi dignidad y mantener la esperanza. Creo que he aprendido bastante o, al menos, un poco a reconocer mis errores, a mantener una actitud autocrítica (sin tremendismos) y a pedir perdón a quienes no traté del todo bien. Tengo el privilegio de tener una familia y un entorno donde prevalecen los mejores sentimientos y de seguir considerando que, pese a los crímenes y estupideces que ensucian a la humanidad, nuestra especie es maravillosa y su potencia y sus posibilidades, infinita.
El mejor proyecto, creo, es afianzar los valores conseguidos y hacer lo posible por legarlos a los allegados que quedarán y los que habrán de venir cuando yo ya no esté en este lado. Sostener, con tanta determinación como humildad (o viceversa), el amor a la verdad y al trabajo, a la familia, a la patria y a la Naturaleza; el respeto por y la solidaridad con la sociedad; el placer del conocimiento y la cultura; el disfrute de la Belleza… El intento permanente de comprender el Devenir, que nos enseña a sentir, pensar y actuar.
80 años dan para todo tipo de reflexiones sobre el tiempo que ha transcurrido. Quien haya tenido la suerte de leer alguna obra clásica (y deliciosa) como La vida vista a los 80 años, de Santiago Ramón y Cajal o el tratado Sobre la vejez, de Cicerón, lo habrá podido comprobar. A mí me influyeron mucho cuando las leí, durante la madurez, y cuando las he releído hace poco. Ya me gustaría a mí hacer algo parecido… pero, al menos, ahí quedan algunos libritos y otros escritos (como los que contiene mi blog) que espero sirvan a alguien para algo. ¡Los libros! Mi madre me decía en uno de sus poemitas que me enviaba en tiempos de tribulación, que yo era hombre de libros, que los libros eran consustanciales a mi vida. Por eso elegí una profesión tan hermosa como la de editor y por eso sigo viviendo de y para los libros. Que es, por supuesto, vivir de y para las personas.

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