Carta a mi sobrina, I

Querida sobrina:
En uno de los sitios virtuales de la Red en que coincidimos, me pides que utilice mi veteranía para movilizar a la gente de mi entorno en una reivindicación más importante que la de las pensiones. «[…]a ver si cuando acabe esto, ahora no, ahora sería hacerles el juego a los que manejan esto, mueves a los que quedéis de tu generación y reclamáis la sanidad que se os está negando y que habéis pagado. Más merece salir a la calle por esto que por una mísera subida de las pensiones.»
Gracias por tu ánimo. Al estar en esa privilegiada generación intermedia en que todavía se disfruta de ascendientes pero también de descendientes, puedes comprender (y amar) mejor a la generación de tus padres, a mi generación. En este caso, a la generación que ha sufrido más trágicamente esta dura pandemia, hasta el punto de que se puede afirmar que en este nuestro país, con un «Estado del bienestar» consolidado y con un sistema sanitario reconocido como uno de los mejores del mundo, en este país, en este tiempo, miles de ancianos (¿decenas de miles? han muerto mal atendidos e incluso abandonados; en soledad, sin ni siquiera poder despedirse de sus familiares. Sí, tragedia, una terrible tragedia que si se oculta u olvida será la prueba más evidente de que este «Estado del bienestar» es una carcasa que oculta una sociedad muy deteriorada… pero que si no se olvida pero queda en la memoria como una tragedia que no pudo evitarse será todavía peor porque demostrará que nuestra sociedad ha perdido su capacidad de enfrentarse a la realidad, a la verdad, con principios y valores como razón, dignidad, compromiso, sinceridad, generosidad…
Sí, hay que reivindicar una buena Sanidad, con profesionales motivados y atendidos y con recursos suficientes y bien administrados. Como también hay que reivindicar una buena Educación, una buena Seguridad pública, una buena Política exterior… una sociedad más limpia, más justa, más amable. Hay que criticar, con todo rigor, a la generación que dirige hoy el país en casi todos los frentes, en general, y a la clase política que ostenta (quizá sería más justo decir detenta) el Poder y la Administración, en particular.
Pero, sinceramente, creo que antes de criticar es necesario autocriticarse: individual y colectivamente. Yo vengo intentando hacer esa autocrítica individual desde que comprendí (a finales de los sesenta del siglo pasado) que un confuso idealismo utópico me había llevado a cometer graves errores de pensamiento y de obra… pero lo que interesa destacar ahora es que toda mi generación, esa que entraba con ímpetu en los últimos años del antiguo régimen y en los primeros de la Transición, también está necesitada –siempre en mi modesta opinión, claro– de una profunda autocrítica. Creo que necesitamos que alguien nos señale los graves errores que cometimos en aquella década de los setenta, crucial para todos.
Por supuesto, es muy difícil englobar a todas las personas en un concepto tan abstracto como generación, mi generación, tu generación, la generación de tal año o tal época, pero aceptemos la convención y consideremos que la gente que nos movíamos en uno u otro ámbito en aquella década tan compleja, teníamos asimilables objetivos y comportamientos: generalicemos, la generación que hizo la transición que pasó de o de un régimen político autoritario o dictatorial a un régimen democrático homologado por el mundo occidental.

Justificado pues la razón de este escrito, abordaré de la mejor manera posible, mi aportación a esa «autocrítica generacional», en este blog, en cuanto me sea posible.

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2 respuestas a Carta a mi sobrina, I

  1. Gustavo Catalán dijo:

    A la espera de esa autocrítica a la que tal vez pueda sumarme…

  2. librosyabrazos dijo:

    Estoy en ello… aunque, como se ve, a trancas y barrancas. En todo caso, muchas gracias por el estímulo.

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