Aron Ralston

(Nota previa. He recuperado, gracias a mi hijo mayor, este texto que escribí hace 17 años (firmado con mi pseudónimo literario y quizá expuesto en alguna conversación virtual), y me parece oportuno, dado los tiempos que corren, incorporarlo ahora en mi blog. El texto está fechado el 17 de mayo de 2003 «en recuerdo de mi madre, mujer de mucho coraje, que hoy cumpliría 101 años.» Wikipedia tiene una entrada con buena información actualizada sobre Ralston, su hazaña y su vida.)

Aron Ralston, un solitario montañero norteamericano de 27 años, pasó cinco días colgado de una montaña de Utah, donde había quedado con su mano derecha atrapada por una gran peña, hasta que consiguió, con la mano izquierda y una navaja, romper el hueso (para lo cual hubo de retorcerlo hasta que quebró), cortar la carne y, dejando allí su miembro amputado, recorrer 10 km andando para pedir ayuda, salvando así su vida… Es claro que el ser humano, determinado a sobrevivir, puede llegar a proezas más extraordinarias e increíbles que las que nos cuentan los fabuladores…
Es muy difícil que nosotros, el que suscribe y los que lean esta divagación, nos encontremos en una situación igual. Hay una posibilidad entre muchos millones de que alguno de nosotros vayamos completamente solos a la alta montaña, que un desprendimiento nos atrape una mano y que tengamos la otra libre, una navaja y nos nos veamos obligados a amputarnos el miembro herido para escapar a la muerte … Pero hay muchas posibilidades, una inmensa mayoría, de que en alguna ocasión, en algún momento de nuestras vidas nos veamos obligados a hacer uso de los valores que salvaron la vida del deportista estadounidense . Porque Aron es un hombre joven y fuerte, pero sin duda debe su supervivencia mucho más que a esas cualidades al coraje, a la voluntad, a la firme decisión de salvar la vida aún a costa de dejarse pedazos de su cuerpo en el empeño…
Así nosotros, cuando hemos decidido dejar atrás la ciudad en la que hemos nacido y nos hemos hecho personas, o la profesión en la que empleamos nuestros mejores esfuerzos juveniles, o la persona que aparecía como la pareja con la que compartíamos el Paraíso, o la familia que hemos formado con la idea de madurar, envejecer y morir en ella… En estos casos, algo de nuestro cuerpo, de nuestra alma, se queda enganchado allí y hemos de amputar para salir. Y es muy probable que el proceso sea tan doloroso como el que tuvo que soportar Ralston…
Hagamos, entonces, acopio de valor, pongamos en tensión toda nuestra fuerza interior: utilicemos hábilmente nuestra mano libre, retorzamos el brazo hasta quebrar el hueso, abramos la navaja, cortemos pacientemente aguantando el dolor, hagamos el imprescindible torniquete para evitar la hemorragia fatal, dejemos el trozo de nuestro cuerpo (de nuestra alma) como presa de la piedra que nos atrapó, marchemos por el camino que nos lleva a otras personas y pidamos ayuda… Sobreviviremos.
¿Sobreviviremos?
(17 de mayo de 2003)

 

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1 respuesta a Aron Ralston

  1. J. Gustavo Catalán dijo:

    Sobreviviremos. Incluso tras la amputación, voluntaria o forzosa, de algunos de nuestros sueños…

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