Veraneo

…Y los conejos silvestres huyendo a grandes saltos entre los arbustos ante la presencia intrusa de un paseante y su asustada perrita urbana. …Y los alborotos y cuentos de las activas nietas. …Y los cumples de los pequeños, con juegos y cantos. …Y las cigüeñas en la torre de la iglesia. …Y las noches estrelladas. …Y el olor de la tierra agradecida. …Y el mar, de día y de noche, con su lenguaje cósmico. …Y el vecino que te saluda alegre unas horas antes de sufrir un accidente que le causará la muerte dos días después. …Y los valles y las montañas del Sur. …Y la magnífica higuera ofreciéndonos sus frutos en la amanecida. …Y los naranjos, repletos de frutos en agraz. …Y el reflejo del astro rey orlando las sierras. …Y la charla distendida y evocadora con los amigos de hace más de 50 años. …Y Bertrand Russell intentando explicar las mil y una cuestiones sobre el Poder; y Mercedes Gallizo recordándonos que hay decenas de miles de presos en nuestras cárceles, la inmensa mayoría de los cuales deberían ser sustituidos por los grandes ladrones y estafadores, que tienen medios para burlar la Justicia; y Jane Austen con sus bellas historias sobre la «posesión compensada»…

…Ahora que el verano ha comenzado a despedirse, hagamos una breve pero emocionada remembranza de estas cortas y estimulantes vacaciones. Y volvamos, desde Ortigosa, desde Torrevieja, desde Alhaurín el Grande, al asfalto, a la prisa, a las aglomeraciones… Pero sigamos atentos: la Vida, la Belleza, también pugna aquí por mostrarnos el camino: en el tronco talado de una avenida, una hermosa rama se revela contra la muerte del árbol y lucha por sobrevivir. En el cruce de dos calles con abundante tráfico, una muchacha desarrapada y con gesto adusto, descansando de su labor de limpiaparabrisas, nos muestra lo bella y alegre que podría ser de contar con una tarea más gratificante. En el piso elevado de una casa de la periferia, desde donde se puede contemplar toda la capital, una jovencísima pareja ha dejado a su bebé dormido en el sofá y se funden en el beso, llenos de promesas y entusiasmos. La amiga casi nonagenaria, amable y lúcida, habla de los problemas de su edad sin ningún derrotismo, aunque con una cierta melancolía… Sí, conservemos en la memoria estos días que se han ido, sintiendo la gratitud por la maravillosa geografía de nuestro maravilloso país y la amable gente que, en todas partes, nos acoge con cariño. Y miremos hacia adelante. Con los mejores propósitos, con el ánimo renovado.

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