Sorolla

Museo Sorolla. Madrid, 17 de marzo de 2013. Los visitantes vuelven a la Casa- Museo Sorolla. La casa que habitó en la última década creativa de su vida el gran pintor Joaquín Sorolla (Valencia, 1863-Cercedilla-Madrid, 1923). La Primavera se asoma a pesar de la llovizna y la luz, la luz que siempre invocó el maestro valenciano y que supo acoger en su inteligente y hermosa casa-museo, la luz tímida pero resuelta, ayuda a ampliar la mirada. El naturalismo del pintor, el naturalismo en el arte y en la vida, que tanto ayuda al hombre, señorea todo el espacio, desde el jardín que sobrevive al acoso de los edificios rudos y envidiosos que hoy lo rodean, hasta la más pequeña tablilla sobre la que el maestro bocetaba el futuro cuadro; señorea la casa (de arquitectura ecléctica la baratísima y excelente guía y los amables y documentados celadores nos recordarán las peleas de Sorolla con su arquitecto Enrique Repullés pero de eficacia insuperable para el fin que fue levantada) y señorea la pequeña pero bien nutrida colección de cuadros que alberga.

Los visitantes pueden recorrer unas estancias espléndidas, llenas de luz pero también y sobre todo de calor humano, de referencias familiares, de objetos valiosos de inteligente coleccionista —muebles (un brasero tan útil en su tiempo como bello hoy, ¡ese maravilloso sofá con dosel protector y librería íntima!), cerámica (Toledo se derrama en el patio andaluz), libros (¡un poemario del genio JRJ con dedicatoria entrañable!), ¡la paleta y los pinceles del maestro casi centenarios y magníficamente conservados, devenidos en objetos cuasi sagrados!… Los visitantes no pueden ver muchas de las obras mundialmente famosas (más de 2.200 están catalogadas) como los impresionantes murales que realizó para la Spanic Society of America con el nombre de «Visión de España», obras que están hoy en grandes museos del mundo (como el Prado) o en manos privadas, pero pueden contemplar otras muchas, entre ellas algunos de los cuadros más queridos por Sorolla, los más íntimos y personales, los que recogen paisajes y retratos familiares, los que contienen la luz (¡y la brisa… y el viento!) del mundo mediterráneo (una de las cunas de nuestras civilización) en el que se formó el pintor; los cuadros que su inteligente y generosa esposa-musa, doña Clotilde García del Castillo, y su hijo Joaquín (no así las hijas María Clotilde y Elena), cedieron al Estado para ponerlos al alcance de la gente normal; cuadros donde la luz funde a las personas y el paisaje en un conjunto impresionista, como Nadadores, Jávea o Instantánea y cuadros donde las personas reflejan el drama de la vida cotidiana como, por ejemplo, Trata de blancas, Madre o Una investigacióncuadros donde se concentra toda la sabiduría y sensibilidad del artista, todo su estilo, como Pescadoras valencianas y, sobre todo, los dedicados a sus hijos y a su amada esposa.

Un pequeño pero hermoso museo, bien acondicionado y pleno de arte, donde el visitante puede ver la vida y la belleza entrelazadas, el ser humano y su permanente lucha por elevarse por encima de sus miserias, como esa reproducción del poema de Juan Ramón «Mariposa de luz» que adorna una de sus paredes y que, sin duda, refleja también la personalidad de Sorolla: «La belleza se va cuando yo llego / A su rosa. / Corro, ciego, tras ella… / La medio cojo aquí y allá… / ¡Sólo queda en mi mano / la forma de su huida!» El visitante, que no puede dejar de moverse en un mundo rudo y envidioso, agradece que los grandes hombres sigan persiguiendo la luz, la mariposa, la flor, la Belleza… aunque sólo puedan retener en su mano, para compartir con nosotros, «la forma de su huida».

Esta entrada fue publicada en Crónicas, Emociones. Guarda el enlace permanente.

3 respuestas a Sorolla

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.