Yerma

Teatro María Guerrero de Madrid – 10 de enero 2013 – Yerma, de Federico García Lorca – Dirección de Miguel Narros – Intérpretes principales: Silvia Marsó, Marcial Álvarez e Iván Hermes – Música de Enrique Morente.

Yerma/Federico. Quizá sea necesario tener un alma impregnada de feminidad en un cuerpo con genitales de varón para comprender el drama de una mujer que desde que se sintió tal se preparó para traer hijos al mundo y se encuentra «seca» y despreciada; quizá sea esta condición del autor, esta capacidad para comprender el alma femenina, lo que ha hecho que Yerma, junto con las otras dos obras de la trilogía lorquiana (Bodas de sangre y La casa de Bernarda Alba) esté considerada como uno de los más hermosos alegatos contra el menosprecio hacia la mujer, contra el dominio del machismo sobre la sociedad entera. Yerma/Federico se transforma así, alcanza a ser Yerma/Tierra (sedienta y anhelando ser anegada y fecundada); Yerma/Fuego (en la sangre y en el sueño); Yerma/Agua (alimento, cauce, luz… pero también tormenta y aguacero); Yerma/Viento (viento en campo abierto para transportar las semillas y viento en las casas cerradas para volver locos a sus impotentes moradores).

Yerma/Miguel. La labor de un director avezado, capaz de superarse a sí mismo y, coordinando y dirigiendo un equipo técnico y artístico de gran categoría, traernos a Lorca y presentárnoslo lleno de fuerza y de actualidad, en un escenario capaz de contener el mundo.

Yerma/Silvia… Yerma/belleza: cuerpo joven, claro, lleno de luz, haciéndose hueco y nido, «llaga perfecta» para recibir el cuerpo y el alma del varón, buscando desesperadamente su destino de «hacedora de hombres». Yerma/fuerza, para enfrentarse al cerco levantado por el marido y el vulgo, por el frío y la avaricia, por la envidia y la lástima, capaz de romperse una y otra vez las alas contra los barrotes de la jaula, capaz de gritar por encima de todos los muros, buscando la libertad. Yerma/fragilidad, sometida a todos los vaivenes, vilipendiada, asustada. Yerma/víctima: incapaz de revelarse a sí misma, incapaz de rebelarse plenamente y golpeando, hasta romperse las manos, la única puerta que quiere atravesar (familia, «honra») para llegar a la maternidad, incapaz de aprovechar otras puertas o ventanas que, incluso en el sórdido ambiente en el que se mueve, le son ofrecidas… Yerma/tragedia, pasando del blanco al gris, de la risa al llanto, del anhelo del hijo al asesinato del hijo… Silvia/mujer, cercana y delicada y, al tiempo, Silvia/actriz (gran actriz), transformándose en Yerma, dominando el escenario y llevando a todos y cada uno de los espectadores la tragedia para que ellos comprendan que la tragedia, cualquier tragedia que se dé en cualquier tiempo y lugar, en cualquier persona, es la tragedia de lo humano, la tragedia de todos y cada uno de nosotros.

Silvia

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