NO a la guerra

Asturias («Paraíso Natural»). Los Valles del Oso, paso entre las grandes montañas y la meseta castellana: el árbol domina prodigiosamente a la piedra y al asfalto; el hombre se adapta al entorno sin intentar destruirlo; en cualquier dirección que se mire, el paisaje sobrecoge y estimula; inteligentes empresarios de tipo medio o pequeño desarrollan un turismo (hasta ahora) humano y ecológico; la gente, afectuosa, ayuda a hacer cada lugar visitado más amable; el Desfiladero de las Xanas («Es más pequeño que el Cares pero mucho más bello», tienen razón), con excelente y baratísima comida casera en Pedroveya… ¡El oso pardo protegido, como símbolo del derecho de la Naturaleza! Arriba, rapaces; en los bosques, los jabalíes; en los ríos, truchas y salmones. Castaños centenarios con bellísimas obras de arte talladas, por el tiempo, en sus troncos. La música sublime del viento entre las ramas o del agua entre las piedras. Uno se siente vegetal, sin pasiones, y hasta mineral, con ciclos milenarios… Pero, de pronto, la realidad humana: en el borde de un pequeño túnel la pintada reclama «NO a la guerra»… De acuerdo: No a la guerra; ¿qué guerra, la primera de Iraq, la segunda, la de Afganistán, las decenas de guerras que asolan el Tercer Mundo con millones de víctimas (¡esos centenares de miles de niños asesinados que componen la alfombra que pisan los opulentos en su siniestro camino hacia el derroche!)? Gritemos con todas nuestras fuerzas: ¡NO A LA GUERRA, A CUALQUIER GUERRA, A TODAS LAS GUERRAS!… Sin embargo, hay que reflexionar: la guerra acompaña al hombre desde las sociedades más primitivas y tenemos que comprender por qué… ¡El reparto! El reparto justo y necesario o el reparto criminal que produce la codicia. Hay que completar la consigna: «NO a la guerra, SÍ a compartir.» ¡Tenemos que aprender a compartir! Tenemos que aprender a compartir el espacio y el tiempo, el trabajo y los frutos del trabajo, los abrazos y los sueños… Tenemos que aprender a hacer un nuevo reparto que supere al de los animales salvajes (quizá el animal más salvaje, hasta hoy, ha sido el hombre); no podemos aceptar que el más fuerte se reserve «la parte del león», pero tampoco podemos formar colmenas u hormigueros (nazismo, estalinismo)… Asturias va quedando atrás, hay que volver a Madrid: en el puerto de Pajares, la bruma dificulta el camino y produce un poco de inquietud; pero enseguida se abre la gran meseta: León nos recuerda que aquí se intentaron las primeras Cortes democráticas (en una u otra medida) de Europa y el famoso dicho castellano se hace presente: «Nadie es más que nadie».

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