Sara

Cruzaste el mar y cambiaste de continente. Te alejabas de la pobreza y estabas decidida a trabajar duramente para que tus hijos pudieran estudiar e integrarse en la sociedad de las libertades y la prosperidad posibles. Tus bellos ojos negros buscaban horizontes y tu honesta boca se abría a la sonrisa porque sabías que el futuro sería mejor que el pasado… Todavía no te atreves a enfrentarte a la tiranía del varón, al dominio de todos los varones de tu sociedad; mantienes el  hiyab y todas las sumisiones que puede conllevar pero en lo más profundo de tu ser sabes que la sociedad evoluciona y que los siglos oscuros están periclitando, que tu hija avanzará mucho más deprisa que tú, y que también tú, aun dentro de tu hábito, sentirás cada día tu cuerpo menos prisionero y tu mente más capaz de abrirse a todos los vientos.

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