La segunda oportunidad

En alguna medida la vejez es una maravillosa segunda oportunidad. Parecería como si, al llegar a las últimas curvas del camino, uno pudiera ver de nuevo muchas de las cosas que enfrentó en la juventud y, en esta ocasión, corregir o modificar el comportamiento y alcanzar nuevas cotas de humanismo, nuevos valores. Cuando uno afronta, en la vejez, cuestiones profesionales, familiares, ideológicas, políticas… habiendo tenido ocasión de superar las torpezas que conlleva el ímpetu juvenil y habiendo alcanzado la calma necesaria para sentir y pensar profundamente, parece que todo se hace más claro: en el ámbito familiar, aprendemos a amar más y mejor, apreciamos la belleza y vitalidad de los jóvenes que se incorporaron a nuestra familia, percibimos intensamente la vida que irradia de los niños que nacieron, nos sentimos más cerca de todos los familiares, incluso los lejanos; en el ámbito ideológico y político, si actuamos inteligentemente, captamos mejor la relatividad de todos los ideales y todos los intereres, rechazamos más las mezquindades de los profesionales de la manipulación humana y, al tiempo, evitamos las miserias de la ambición, la ira y el rencor… En esta etapa de la vida, si sabemos aprovecharla, podemos disfrutar de la belleza que la luz tamizada del ocaso proyecta sobre todas las cosas y podemos abordar con alegría el hecho ineludible de que se acaba la jornada pero, al tiempo, la certidumbre de que  la noche dará paso a un nuevo día lleno de luz y calor.

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7 respuestas a La segunda oportunidad

  1. ¡Buenas noches, José María! Ha sido un placer conversar contigo, y ahora, descubrir tu “librosyabrazos”. Me ha encantado la apreciación de la vitalidad que reflejas aquí, y en tu “Balbuceos”, cómo equiparas éstos con la tarea humana de dar nombre a las cosas para definirlas. Un abrazo, hasta pronto, Susana.

    • ¡Gracias, Susana! Veo que has leído, con interés, mis notas y que me animas a seguir escribiendo… A ver si las buenas vibraciones de anoche se mantienen y hasta se incrementan y colaboramos para hacer cosas maravillosas para los niños… Abrazos. JM

  2. Toney Molmar dijo:

    Es magnífico leer esto pero me temo que es un ejercicio poco frecuente en la práctica. La sabiduría de la vejez es un viejo anhelo clásico y salvo pequeños trucos de supervivencia, muchos están más cerca de la amargura, el olvido o el miedo. Es una suerte poder conocer a uno de los pocos que constituyen excepción y un deseo de que el ejemplo cunda y esas personas en la etapa final de la vida piensen que, a pesar de todos los sufrimientos, la vida es maravillosa y merece la pena ser vivida.

  3. ana calle dijo:

    Creo que Toney tiene toda la razón. Y yo también me considero muy afortunada por el hecho de conocerte, me parece maravilloso que haya personas como tú.

    Un abrazo desde un Berlín otonial,

    Ana

  4. Fany dijo:

    Una visión muy positiva de la vejez; deseo que no sea solo literaria sino tu práctica vital.
    Creo que la vejez es como el viejo olmo que cantó Machado;en la corteza carcomida por el tiempo y la experiencia, salen brotes, retoños de un verde tierno, que nos sorprenden y alientan al sentir que aún estamos vivos.
    Un abrazo.
    Fany

    • Cierto, querida Fany. Y bueno es que aprendamos a hacer como el poeta sabio: pasear despacio y mirando atentamente a nuestro alrededor, descubrir en el olmo viejo, y en la vida, «la gracia de tu rama verdecida»…

  5. Amelia Romero dijo:

    He leído tu carta a María. Me ha parecido atrevida, casi blasfema (!!), con lo que te podría colocar en el punto de mira de los creyentes sin tacha. Aunque parezca mentira seguimos rodeados de bienintencionados a los que podrías molestar. Cuidado, ellos están convencidos que con el sacrificio de María se han glorificado todas las mujeres (ja,ja,ja) y que ella está encantada de seguir ahí arriba, en los altares. Yo, por el contrario te felicito por intentar abrirle los ojos. Creo que no llegarás a ninguna parte, sólo espero que las mujeres que te lean sepan recoger tu mensaje. Salud. Amelia Romero

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