Interrogantes

¿Por qué no me estremezco? ¿Por qué ante tu presencia no se enciende todo mi cuerpo como antaño?… ¿Por qué al rozar tus senos, en el abrazo amigo, no vuelo al infinito? ¿Por qué no te suplico, como en tantas ocasiones, que me permitas la caricia rendida para sentirme un dios con todo el universos entre sus manos?… ¿Por qué tu beso fresco, buscando ávidamente mi tímida comisura, no activa los volcanes? ¿Por qué el cielo no cambia, no multiplica sus formas, sus colores?… ¿Por qué por vez primera no sufro intensamente por haber perdido tus juegos, tus caricias? ¿Por qué no anhelo ya tus galopadas de medianoche, tus risas matutinas, tu abrazo de hasta luego vida mía?… ¿Por qué al verte radiante en brazos de otro hombre no mato o muero como animal salvaje herido y, en cambio, sonrío dulcemente como cuando un buen padre comprueba que su hija ya es toda una mujer?… ¿Por qué tan graves cambios y preguntas?… Porque, a pesar de todo, me invade la ternura al contemplarte, escruto tu mirada, tus andares, me lleno de alegría al constatar que permanece tu belleza, quizá más grande y poderosa que hace años… ¿Será que el amor, cuando es profundo, domina y atempera las pasiones?… O, quizá, ¿será la senectud que llega sonriente a hacerme comprender que el tiempo y el espacio son siempre relativos, tanto como las emociones, a confirmar que Vida y Muerte no pueden disociarse, van unidas, que no son antagónicas sino complementarias?

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