
Esta misma mañana me enteré, por casualidad, de que había un convocatoria para hacer un acto a las 12:00 horas en Cibeles en un «Primer Homenaje a las víctimas del Covid-19», con la etiqueta (repetida en las redes sociales) de #VenPorEllos.
He asistido después de ver la página web de la plataforma Solo Unidos, donde aseguran que son «Un grupo de amigos preocupados ante esta pandemia y con la intención de poner su granito de arena en nuestra sociedad.» y destacan los valores de «LIBERTAD, CONCORDIA, FAMILIA, SOLIDARIDAD, RESPETO.» También proclaman sus lemas:
– Por todos los seres queridos que hemos perdido por el Covid-19 que no han tenido una despedida como merecían y que no hemos podido velar ante su muerte.
– Por todos los héroes que nos han cuidado durante la pandemia y por los trabajadores que han permitido abastecer al país durante los momentos más duros del confinamiento.
– Por la salud pública de todos, por la amenaza que están sufriendo nuestros abuelos, por la destrucción de empleo y el tejido productivo del país, lucharemos unidos para recuperar nuestra sociedad.
– Por las familias, para que se mantengan unidas y mantengan el principal motor del país.
Este podría ser un breve resumen del acto:
Buena organización: unas 200 personas ocupan la calzada central de la Castellana entre Cibeles y, casi, la plaza de Colón
Ante de empezar el acto propiamente dicho, se escucha por los altavoces del estrado instalado en Cibeles, con buen sonido a Nino Bravo en una de sus canciones sobre la libertad, y, en persona, un cantautor (Rodrigo Van Heel, venido expresamente desde Galicia), una versión de la canción «Pero a tu lado», que recuerda a los que se han ido.
Comienza el acto con un minuto de silencio, que la falta de tráfico hace más solemne, «para homenajear y “despedirse” de todas las personas que han fallecido a causa de la covid-19» y «reivindicar la memoria de los abuelos”.
Alternando con las palabras de los organizadores –Alberto, Álvaro, Gonzalo y Lucía– ofrecen su testimonio Paloma (que sufrió la perdida de su madre en condiciones especialmente dramáticas), Pilar (que pudo rezar junto a su marido, ya moribundo e inconsciente), el doctor Melchor Álvarez (del Hospital Príncipe de Asturias, que insiste en que tenemos que hacer todo lo imposible para que esta tragedia no se repita), el empresario Javier Antequera (que explica cómo pudo rehacer su negocio de restauración y mantener los puestos de trabajo) y Brígida, una monja teresiana, de 75 años de edad y 30 de experiencia misionera en África (que estuvo al borde de la muerte en el Hospital de La Paz, pero consiguió superarlo y, una vez obtenido el alta, se incorporó, como voluntaria, al hospital de campaña montado por la Comunidad de Madrid en Ifema).
Todas la intervenciones me han parecido sinceras y veraces y aunque sus afirmaciones de estar por encima de las ideologías es muy discutible y el que el hecho de montar nuevas plataformas siempre conlleva el peligro de alimentar ambiciones políticas o empresariales, me parece que merece la pena seguirlos con atención.
El acto se ha cerrado con el himno nacional y, cuando ya nos marchábamos, Rodrigo ha interpretado, muy bien, la canción de Raign (Rachel Rabin, nacida en Londres en 1983) «Knocking on Heaven´s door».
Se está volviendo demasiado oscuro para ver.
Se siente como si estuviese golpeando las puertas del Cielo.
[…]
Esa nube negra está bajando
y yo siento como si estuviese golpeando las puertas del Cielo.

Ha muerto Julio Anguita, que ejerció de máximo dirigente comunista en la última década del siglo pasado y consiguió los mejores resultados para su formación (más del 10% del electorado). Yo lo conocí el 14 de diciembre de 1988, en el entierro de María Teresa León, en Las Rozas (Madrid). Coincidió con la gran huelga general que los sindicatos hicieron contra el gobierno de Felipe González y solo nos reunimos en torno a Rafael Alberti una quincena de personas, entre ellas un matrimonio de apariencia burguesa: la señora saludó a Anguita y lo presentó a su marido: «Mira, Julio Anguita, el Califa Rojo». Julio, que era tímido, la miró fría pero cortesmente (o viceversa), y respondió: «Rojo… no sé… pero Califa, desde luego que no.» Años después, cuando era un personaje respetado por tirios y troyanos, me lo encontré en la cola para recoger la comida en una de las famosas fiestas del PCE en la Casa de Campo pero me limité a saludarlo… aunque quizá debía haber aprovechado la ocasión para suscitar una discusión política. Su honradez y su exigencia de «Programa, programa, programa», su coherencia personal (que mantuvo hasta el final de su vida, no dudando en denunciar la corrupción de tantos socialistas y comunistas) no consiguió detener el deterioro general de su partido y de la izquierda en general, al no haber sido capaz de realizar una autocrítica radical del movimiento comunista. DEP.
A día de hoy, seguimos desconociendo datos de capital importancia. En cuanto al virus, su resistencia frente al aumento estacional de temperatura que se avecina o la capacidad de mutar a tenor de diversas circunstancias. Por lo que a nosotros respecta y entre otras cosas, la duración de una supuesta inmunidad tras la infección, así como la cantidad de afectados toda vez que aún ignoramos –a falta de estudios poblacionales de seroprevalencia- el nº de enfermos asintomáticos y ya recuperados. Con tal escenario, los porcentajes que se reportan sobre incidencia o letalidad son de escaso valor epidemiológico y estimulan en mayor grado la angustia que un conocimiento útil y de valor prospectivo.
en demasía so pena de hacer de la recesión económica una condena, para muchos, aún más difícil de sobrellevar. Así, nada que objetar a la reclusión mientras se dota a los hospitales de cuantos recursos sean necesarios (desde respiradores a EPIs) para asistir a cualquier enfermo grave, aunque no deje de extrañar que, sabida la mayor vulnerabilidad en edades avanzadas, se permita que paseen al perro, como puede comprobarse a diario, provectos ancianos/as.
Con todo, y dure semana más o menos nuestra estancia entre cuatro paredes, próximamente habrá de terminar y es entonces cuando convendrá preguntarse cómo podría organizarse la transición: el retorno progresivo a la normalidad, de modo que no volvamos a las andadas y seamos sometidos a nuevos confinamientos una y otra vez. En mi criterio, y sin que ello suponga el rechazo a otras medidas debidamente argumentadas, sería oportuno:

Hace unas horas diversos medios han confirmado la muerte de José Luis Cuerda Martínez, nacido en Albacete el 18 de febrero de 1947, al no haber podido superar la embolia que sufrió recientemente. Estaba a punto de cumplir los 73 años.