Ernesto Cardenal

Conocí y traté durante algunos días a Ernesto Cardenal (Granada, Nicaragua, 20-01-1925 – Managua, 01-03-2020) a principios de 1990, con motivo de la edición en nuestra colección Alba y Mayo Poesía, de una buena antología con los poemas más accesibles para niños y jóvenes, preparada por Jesús Ángel Remacha e ilustrada por Carmen Sáez. Hasta donde yo recuerdo (no era hombre de trato fácil) no mantuvimos ninguna conversación profunda sobre su trayectoria revolucionaria sandinista (aunque acabaría saliéndose del Frente Sandinista por graves divergencias con Andrés Ortega) ni sobre su activo papel en la Teología de la Liberación (que le costaría la suspensión a divinis por Juan Pablo II, aunque poco antes de su muerte Francisco la anuló).
Pero sí recuerdo muy bien una anécdota que no he contado hasta hoy: habíamos acordado con un periodista de un medio nacional, que se sometiera a una sesión de fotografías en la entrada del Hotel Claridge y acabó muy enfadado porque consideraba que el fotógrafo estaba haciendo demasiadas fotos.
La obra poética de Cardenal, extensa y compleja, es buena. Merece la pena estudiarla. Y la persona, hasta donde yo he podido saber, un magnífico ejemplo de esa izquierda que fue perdiendo valores e ilusiones durante todo el siglo XX. D.E.P.

 

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