Laura F. de San Martín de la Vega

2016-11-05_2041

Me hubiera gustado conocerte, Laura, no por la prensa, que ha destacado la terrible tragedia de tu muerte prematura y absurda, sino en persona: aprendo mucho de los adolescentes y creo que también a ellos les gusta aprender algo de mí. Realmente la primera juventud y la primera senectud tenemos, aunque a algunos les pueda parecer una tontería, muchas coincidencias: en ambas edades se da una peculiar tensión entre nuestros deseos y nuestra realidad, entre nuestros impulsos y nuestros miedos; en ambas edades se da una especial dualidad cuerpo/mente que nos desazona y nos perturba no pocas veces…
Pero ha sido imposible esta conversación que me hubiera gustado tener contigo: hubiera querido preguntarte por tus ideales, por tus sueños, por tus proyectos, por tus preocupaciones… y, sobre todo, cómo era posible que con esa edad ya tuvieras frustraciones airadas y adicciones letales. La muerte ha hecho imposible nuestro diálogo pero no impedirá que yo siga haciendo preguntas. Preguntas a tus profesores sobre qué tipo de enseñanza estamos impartiendo; a ese estúpido adulto que se prestó a conseguir alcohol para unos niños; a los mequetrefes de tu pandilla sobre cómo pudieron dejarte tirada inconsciente en el suelo durante 40 minutos; a tu Ayuntamiento y, en general, a todas las autoridades egoístas que nos gobiernan, sobre cómo es posible que, en vez de conformarse con recurrir a los duelos posteriores, no se tomen medidas para evitar el obsceno espectáculo de unos niños drogándose con alcohol u otros venenos en lugares conocidos… Pero sobre todo, Laura, me gustaría poder preguntar a tus padres cómo no advirtieron los síntomas de tu desorientación, cómo no ejercieron su sagrado deber de vigilar, proteger, educar a los hijos cuando son pequeños. Preguntas a la sociedad entera (en la que me incluyo, por supuesto) de cómo estas muertes inhumanas como la tuya no nos hacen reflexionar, no nos llevan a poner en primer plano unos valores como la alegría sana, la familia ordenada, la disciplina necesaria…

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6 respuestas a Laura F. de San Martín de la Vega

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