De cómo la peor paella puede convertirse en el mejor banquete…

(Para AM)

Nos reunimos un grupo de amigos en una casa de Parla y tomamos a risa que la paella ha sido «la peor que hemos comido nunca»… Pero estamos contentos porque hay buen ambiente, «buenas vibraciones». Gentes de distintos orígenes, ideologías, condición y circunstancias, alrededor de una comida, en una casa modesta pero acogedora, donde sólo faltan los niños (si bien están presentes en los comentarios de las enamoradas abuelas), aunque tres perrillos falderos (¡y dos palominos ocupas!) nos traen la ternura de los seres primigenios, puros, espontáneos y vitales. Bromas, abrazos, juegos, charlas sobre lo divino y lo humano.

e influir en el imperio USA. Sí, porque, por una casualidad (o quizá porque algún ser invisible maneja los hilos para que así suceda), a la vuelta de tan extraordinario banquete, veo la película Juegos secretos (Little Children, Todd Field, 2006, basada en la novela, del mismo nombre, de Tom Perrota), que refleja un mundo bien distinto. Un suburbio de clase media de Boston, de casas de bastante nivel, de personas acomodadas, con muchos niños que serán educados para convertirse en renovadores de la clase media USA, verdadera columna vertebral del país, con sus mediocridades pero con sus pasiones, sus angustias, sus adulterios, sus linchamientos, tan comunes en aquella sociedad… Pequeñas tragedias que forman la gran tragedia humana de todo tiempo y todo lugar. No tan distintos al grupito que se reunía en torno a una paella fallida… pero con una gran diferencia: en la casa de Parla la gente nos tocábamos, nos gastábamos bromas, reducíamos al máximo las distancias, nos hacíamos fotos abrazados; alguna pareja bromeaba, dándonos envidia de su gran momento de hacía pocas horas; de pronto, una de las comensales abrazaba a otro; en una de las fotos de grupo apretado, alguno se atrevía a escribir con la «mano deliberada» (Alberti), en la comisura de alguna una petición de cita… Como todavía no hemos alcanzado, en nuestras clases medias, la «mediocre opulencia», como algunos podemos recordar cuando comíamos en Auxilio Social (o en los basureros) o cuando faltábamos al colegio para ayudar en las labores agrícolas, o cuando nuestras madres nos enseñaban (con el mejor método: la práctica) «austeridad, reciclaje y mantenimiento»… por estos pagos tenemos la ventaja de ser más naturales, más humanos. Así que debemos aconsejar a nuestros amigos estadounidenses que se reúnan, con la mínima tensión y la máxima predisposición, para comer paella y que se relajen aunque no les quede el arroz en su punto, para evitar las terribles tensiones contenidas (sexo reprimido, indiferencia ante el vecino, hostilidad contra el diferente, violencia…) que, cuando estallan, pueden arrastrarlos a la tragedia. Por eso necesitan solidaridad, respeto, ternura… y eso lo puede conseguir una paella… aunque sea «la peor paella del mundo», si es compartida en un ambiente de alegría y amistad.

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8 respuestas a De cómo la peor paella puede convertirse en el mejor banquete…

  1. Mi querido amigo Jose Maria, aplaudo tan agradable descripción, haces vivirlo de nuevo y más que nada tu inclinación por lo sencillo, la amistad, la alegria…..así eres tú.
    Un abrazo

  2. Carmen dijo:

    Yo también como paella…

  3. Mamen dijo:

    La paella me ha recordado un arroz que comímos en un merendero de una pedanía de Orihuela y por supuesto a la bella mesonera……..Por cierto hemos conocído a otra en Aljalvir que tambien te habría insipirado alguna que otra bella palabra

  4. Qué razón tienes, José María; en la cultura USA, sobra puritanismo y falta más humor :-). ¡Un abrazo, feliz verano!

  5. La verdad es que la peli me impresionó mucho. Yo venía todo feliz con nuestro sencillo pero (todavía) humano mundo y me encuentro con otro mucho más abrupto y agrio…
    También te deseo buen verano… aunque a lo mejor tengo que pedirte algo para antes de las vacaciones.
    Te llamo un día de estos.
    Abrazos,
    JM

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