Santiago y la gente

¡La gente, las buenas gentes! Las personas sencillas que, habitualmente, se mueven por intereses e ideales «vulgares», que viven de forma sencilla, que pugnan por consumir un poco más o por dominar en las discusiones sobre fútbol, que se dejan atraer por los «famosos» de la tele, que rechazan las grandes discusiones sobre profundas cuestiones filosóficas o históricas… las gentes de «abajo», que son menospreciadas por los «intelectuales», por los poderosos, por los instalados en la parte de «arriba» de la sociedad, esas gentes que son explotadas por los grupos ociosos y parasitarios, que son manipuladas por los politicastros, nos dan, cuando llega la tragedia, un ejemplo supremo de compasión, de solidaridad: ellos acuden a socorrer al que sufre, ofrecen, de forma sencilla y espontánea, sincera, su sudor y su sangre, lloran con él, lo abrazan y consuelan, se olvidan de sus pequeños intereses y se convierten en grandes ejemplos de generosidad. Sea el 11-M o el 25-J, cuando la gente del pueblo encuentra la muerte masiva y estúpida, el dolor intenso, se encuentra, a la vez, con la gente «normal» que, antes que ninguna minoría «elevada», acude en su ayuda y le da el abrazo que necesita… ¡La gente, las buenas gentes! Una lección de humanidad que todos deberíamos aprender.

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