Viernes 1de marzode 2019 Toda la mañana limpiado y acondicionando la habitación… y saltando por entre los obstáculos del portal en obras cada vez que tengo que salir a la calle. Sigue leyendo →
Todo parece indicar que mañana se producirá en Madrid, a mediodía en la Plaza de Colón, una concentración-manifestación gigantesca y con gran repercusión en la política española… aunque en este incierto febrero las sorpresas, positivas o negativas, están a la orden del día.
Convocada por el Partido Popular y secundada inmediatamente por Ciudadanos y Vox (los tres partidos que han logrado expulsar al PSOE del gobierno autonómico de Andalucía en las elecciones de hace un par de meses) y significativas organizaciones como Sociedad Civil Catalana y personalidades como el exembajador Chencho Arias o el periodista Carlos Herrera. Significativo también el anuncio que hizo ayer el exministro socialista José Luis Corcuera: «Me acabo de comprar una bandera para ir a la manifestación». También es importante señalar que tanto Felipe González como Alfonso Guerra han endurecido sus críticas directas a Pedro Sánchez.
Serán las organizaciones civiles quienes encabezarán la manifestación y leerán el manifiesto final. SCC ha fletado un autobús de Barcelona a Madrid pero no creo que los viajeros tengan el mismo protagonismo que tuvieron el 8 de octubre de 2017. Realmente, aquella jornada quedará en la historia como una de los cuatro movimientos (los otros tres serían el discurso del Rey, la fuga de miles de empresas, y la acción de los jueces) que pararon el golpe de Estado y al propio «procés». Aunque hay que decir que Rajoy hizo todo lo necesario para reactivarlo y por eso estamos peor que hace un año.
También el actual Gobierno de España hace todo lo necesario que el «procés» no se interrumpa ni se debilite y, con el chantaje de la independencia, los golpistas sigan recibiendo privilegios y prebendas. Así que es necesario que nos movilicemos contundentemente y no caigamos en las trampas que nos propone Sánchez y su PSOE.
Mañana, pues, a la calle y, el martes, a manifestar, a través de las redes sociales y por todos los medios legales, nuestro apoyo al tribunal que juzga a los golpistas.
No hay muchas certidumbres últimamente en España pero quizá sea especialmente incierto el mes que acaba de llegar.
No tiene mucho prestigio Febrero en nuestro Romancero (la gran enciclopedia de la sabiduría popular, sobre todo la que germina y florece en el mundo rural), el mes más corto del año: «Febrero, Febrerín, el más corto y el más ruin.», pero sí se destaca su carácter tornadizo, imprevisible y alocado: «Febrero al revés que enero.». «Febrero, veletero.», «Febrerillo, el orate, cada día hace un disparate.» Estas perlas del saber adquirido con la honrada experiencia en el campo nos sirven también a los urbanitas. Habrá que estar muy atentos a ese carácter tornadizo, imprevisible y alocado que tiene nuestro actual gobierno, en concreto, y la Política, en general.
¿Dará comienzo, en las mejores condiciones jurídicas, el juicio del Tribunal Supremos a los 12 acusados (y en prisión preventiva) de intentar un golpe de Estado? De momento, ya están de nuevo en las cárceles de Madrid (aunque trasladados y aposentados con privilegios especiales) y se dice que el día 12 será la primera sesión (con el seguro revuelo en las calles) y gran expectación internacional, donde no todos los medios han dado pruebas de objetividad sino todo lo contrario. Sin duda, es el juicio más importante de cuantos se han celebrado en el actual régimen democrático de España y su resultado condicionará la evolución de nuestro país.
¿Se acabará la pesadilla venezolana, será por fin defenestrado Maduro y la oposición (a cuyo frente está hoy el reconocido por la mayoría de los países, presidente interino Juan Guaidó) será capaz de superar el creciente y sangriento enfrentamiento civil, aislando a los chavistas y comenzando una etapa de reconciliación nacional? De momento, vemos la buena señal de que sus corifeos podemitas aquí están bastante callados y poco activos (como buenos oportunistas sin principios, últimamente se dedicar a ocultar o matizar sus falaces y grotescos elogios a la «revolución bolivariana» para evitar en lo posible que la derrota de Maduro los afecte aún más que sus mezquinas peleas internas y acelere su debacle. Por otra parte, hay que decir que el Gobierno Sánchez ha estado bastante torpe e incierto en la evolución de la crisis en Venezuela (no hay que olvidar que Zapatero, compañero y modelo de Pedro Sánchez, ha mostrado una equidistancia, de tipo Bentrand Duguesclin, hasta el último momento), pero no tendrá más remedio que reconocer a Guaidó. Por supuesto que no podemos olvidar los intereses e injerencias de las potencias como EE UU (verdadero promotor de la proclamación de Guaidó) y Rusia o China (hasta ahora sostén del régimen de Maduro), pero es muy probable que los hechos consumados vayan en la dirección democrática.
¿Se consolidará el cambio en Andalucía y el gobierno bipartito –PP-Ciudadanos, apoyado críticamente por Vox–, neutralizando el contraataque de PSOE y Podemos, desarrollará acciones de regeneración política y desarrollo económico y social? Falta hace… pero recordemos que estamos en el mes de la veleta.
¿Estamos ya en campaña para las elecciones municipales, autonómicas y europeas de mayo? La clase política, por supuesto que sí… pero bien haremos los ciudadanos de a pie, la gente del común, en ir tomando notas de cómo evolucionan las diferentes fuerzas políticas, con tantos intereses en estas elecciones, de cómo nos presentan sus propuestas, generalmente, con más contenido de mercadotecnia que de política.
En todo caso, aunque la situación nos cause zozobra, confiemos (también con el Refranero): «Febrerillo loco, marzo ventoso, abril lluvioso, sacan a mayo florido y hermoso.»
Viernes 1de febrero de 2019 He llegado muy tarde del funeral por Juan de Isasa. La iglesia de Colegio del Pilar –la ampliación («la sucursal» la apodan con sorna entre ellos) de la calle Reyes Magos que hicieron los pilaristas hace un par de décadas– estaba repleta (unas 650 personas) y los 16 sacerdotes oficiantes y el buen coro en directo daban una gran solemnidad al acto. Sigue leyendo →
Cambiamos de año pero no cambian los grandes temas. Las grandes cuestiones que atraviesan, condicionan, nuestra sociedad globalizada, los problemas del mundo que tanto dolor causaron el año pasado (guerras, migraciones salvajes, destrucción de la naturaleza, grandes fosos entre grupos humanos, antagonismos entre culturas y civilizaciones…), permanecen y aunque cambien de apariencia o de intensidad, sin duda permanecerán este año… y los siguientes. Fijémonos en algunos.
Parece que seguirán avanzando los nacionalismos y los caudillismos (que se alimentan mutuamente y que tienen raíces y causas muy profundas), como demuestra el afianzamiento de Trump en Estados Unidos (325 millones de habitantes), el reciente triunfo de Bolsonaro en Brasil (200 millones de habitantes), la acumulación de poder en Rusia (145 millones de habitantes) por parte de Putin… por no citar el complejo caso de China, con sus casi 1.400 millones de habitantes obedientes al poder casi absoluto del Partido Comunista de ese país.
Otro asunto determinante en el mundo son las migraciones, cada vez más numerosas y complejas: miles, millones de personas se desplazan huyendo de la guerra o del hambre, buscando na vida mejor, y producen un incremento de un negocio que siempre ha existido pero que ahora parece cobrar mucha mayor importancia: la gente que se dedica a «gestionar» esos movimientos de masas y no solo las mafias que trafican criminalmente con ellos, sino también las élites políticas que en los países de origen manejan la emigración y en los países de acogida manejan la inmigración.
O el cambio climático, que ya nadie se atreve a negar y que, a pesar de los numerosos estudios y congresos que se dedican a ello, nadie parece poder pararlo.
Pero debemos centrarnos en España y en el principal problema que desde hace décadas y sobre todo en los últimos años condiciona el normal funcionamiento de la sociedad, aflora rencores y frustraciones y pone en peligro la propia soberanía e integridad nacionales. Esto, por supuesto, afecta a toda la ciudadanía y nos obliga a todos y cada uno a tomar posición.
En efecto, el acoso creciente al Estado por parte de algunas administraciones autonómicas y municipales, lo ha debilitado hasta tal punto que no se puede negar sin mala fe o grave ignorancia que el Estado es residual (excepto para allegar recurso económicos y servir de chivo expiatorio) en gran parte del territorio nacional (especialmente en Cataluña, pero también en Baleares, Valencia, País Vasco, Navarra…). Causa y efecto de ello es una clase política desmesurada, con creciente tendencia a los privilegios y las corruptelas y dentro de la cual ha fraguado un Gobierno sostenido por separatistas y populistas sin escrúpulos a los que (desde la toma de posesión tras la moción de censura de finales de mayo del año pasado) no solo no combate sino que ayuda, en una actitud que muchos califican de traición, siguiendo (y superando) en eso al anterior Gobierno, que tampoco quiso defender al Estado. Por supuesto que nuestra sociedad tiene otras muchas cuestiones –económicas, sociales, culturales, morales…– que nos afectan y nos reclaman atención. Pero solo se podrán resolver dentro de un Estado con poder y autoridad, respetado por todas las instituciones y por la ciudadanía, es decir, un Estado mucho más fuerte que el que tenemos ahora. Naturalmente, a esta situación no se ha llegado de golpe ni sin involucrar, por activa o por pasiva, a fuerzas políticas y económicas, instituciones de diversa índole, medios de comunicación, periodistas y docentes, funcionarios, muchas personas que por una razón u otra (intereses mezquinos, ignorancia, rencores, sectarismo…) han seguido la tendencia o, al menos, no se han enfrentado a ella.
Por supuesto que también ha habido, y cada día más, muchas personas de los sectores que he citado antes y de la ciudadanía en general, que se han comprometido, y siguen dispuestos a hacerlo, en la defensa de nuestro Estado, de nuestra Constitución, de nuestro régimen democrático.
Y por supuesto que también hay, y tenemos que enfrentarnos a, otros problemas graves pero ninguno tan grave como el peligro de destrucción del Estado y todos ellos solo resolubles dentro de un Estado respetable y respetado.
Martes 1 de enero de 2019
Comienza un año que, en mi opinión, tendrá grandes similitudes (las cuestiones fundamentales con las que se enfrenta nuestro país y el mundo no cambiarán gran cosa), pero la forma de abordarlas, al menos en España, sí será bastante diferente. La crisis no es solo de la sociedad sino también y sobre todo de la clase política. Habrá que intentar transformar la irritación en discernimiento, buscar a los afines, ayudar a los desconcertados, alertar a los tibios , y sobre todo, desenmascarar a los cínicos que se aprovechan de la situación. Sigue leyendo →
En
la película El discurso del Rey,
Tom Hooper, Reino Unido,
2010 (con guion de David
Seidler),
con la gran eficacia didáctica que ofrece el arte cinematográfico,
se explica la enorme importancia que puede tener un discurso de un
rey
en una situación crítica.
En
el filme de Hooper el rey es Jorge VI, que ocupó la Jefatura del
Estado en la Gran Bretaña
entre
1936 y
1952 (tras la abdicación de su hermano Eduardo VIII, que renunció
al trono 325 días después de acceder a él para poder casarse con
la norteamericana, dos veces divorciada, Bessie
Wallis Warfield,
y cuya grave
tartamudez
le
hacía
casi imposible hablar en público)
y la situación crítica, la necesidad de pronunciar una arenga
patriótica, en
1939,
dirigida a las fuerzas armadas, tras la declaración de guerra entre
la Alemania nazi y el Reino Unido…
¿Alguna
coincidencia con el mensaje navideño que anoche dirigió Felipe VI a
todos los españoles? Creo que sí. Desde luego, la
fecha,
los
personajes, la autoría y la responsabilidad , el motivo, la fecha,
el contexto político y social, la audiencia y la expectación… son
muy diferentes; y, sobre todo, son totalmente diferentes, antagónicos
incluso,
el Gobierno que estaba detrás del
rey británico y el que está detrás del rey español.
Pero
hay coincidencias: la
alocución es
solemne y determinante:
un
fallo en la dicción, un simple matiz positivo o negativo puede
influir en miles de personas; el
orador se dirige a un auditorio invisible e
indeterminado y no puede recibir, ni mientras está hablando ni
posteriormente (por mucho que hagan los especialistas y los estudios
demoscópicos), información suficientemente fidedigna
de
cómo son
recibidas sus palabras… y, sobre todo, ninguno de los dos jefes de
Estado pueden hacer otra cosa que hablar porque las prerrogativas
ejecutivas, el Poder, no está en sus manos sino en manos ajenas.
II
En efecto, el jefe del Estado de un reino con un régimen de Monarquía parlamentaria no puede hacer otra cosa que hablar, sus armas son las palabras: no tiene ministerios con miles de funcionarios ni Boletín Oficial del Estado… Palabras, solo palabras (con algunos gestos que puedan corresponderse con ellas) que, además (aunque en el caso del mensaje navideño tenga mayor iniciativa y autonomía) no dejan de ser palabras controladas por el poder ejecutivo y, lo que quizá es más importante, por unos medios de comunicación social que, en su mayoría, están controlados o influidos muy poderosamente por fuerzas políticas poco propicias a fortalecer esa monarquía.
Pero Felipe VI, hasta hoy (siempre según mi criterio, claro, y en el bien entendido de que no hay, tras el discurso, chalaneos u otras conspiraciones), maneja bien esas armas limitadas de que dispone. Como todo buen estratega, sabe cuándo debe poner sus tropas –sus palabras y gestos– en disposición de avance, de consolidación de una posición ganada… o de una retirada táctica a posiciones más seguras. Él sabe (siempre según mi…) que su histórico discurso de 3 de octubre del año pasado, enfrentándose valientemente al ataque de los rebeldes sediciosos en Cataluña y el consecuente mensaje navideño de ese año, reafirmando la necesidad y la obligación de que la administración del Estado en Cataluña volviera a la senda constitucional, él sabe, porque pudo experimentarlo directamente, que el Gobierno entonces presidido por Mariano Rajoy (en un acto que muchos han calificado de cobardía y no pocos hemos calificado de traición) permitió la fuga del jefe de los golpistas y su consiguiente campaña internacional de desprestigio del Estado Español, maltrató a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, permitió que los Mossos d’Escuadra y los chiringuitos de agit-prop se rearmaran y la rebelión se hiciera más cínica y victimista al tiempo que más arrogante… En definitiva, la cobardía o traición (quizá ambas cosas a la vez) facilitó la reorganización del secesionismo y neutralizó en gran medida la reacción que alentó el discurso del Rey.
Por eso (siempre según…) el Jefe del Estado dispone sus palabras navideñas de este año de forma que se evite una nueva denuncia directa contra el secesionismo catalán –que, además, pondría en evidencia que el nuevo Gobierno, ahora presidido por Pedro Sánchez y empeñado en un juego de «diálogo humillante», está cayendo en mayor cobardía o mayor traición (quizá ambas cosas a la vez) y provocaría una crisis institucional incontrolable– pero poniendo el énfasis en la necesidad de respetar la Constitución y, dentro de ella, de mantener una convivencia que asegura el normal funcionamiento de la sociedad.
Evitando el «cuerpo a cuerpo», que sería muy contraproducente en la actual coyuntura y propiciar la acumulación de fuerzas dirigiéndose a todos, pero con especial énfasis a los jóvenes (aunque me pregunto si no ha habido una cierta desmesura en los halagos a esta generación e insuficiente referencia a la necesidad de que se comprometan con su país) que son los obligados a hacerse cargo del futuro.
III
Merece
la pena dedicar unas palabras a la puesta en escena del mensaje, que
considero muy eficaz por dos detalles aparentemente secundarios pero
muy significativos: la foto de la princesa Leonor leyendo el artículo
1 de la Constitución, en el solemne homenaje que se rindió por sus
40 años de vigencia, y la habitual colocación de la bandera
nacional junto a la de Europa… pero con una casi imperceptible
preeminencia sobre ella. La nación y sus símbolos con total respeto
a todas las diversidades internas y lealtad a las organizaciones
supranacionales pero como centro y eje de toda la acción política.
Ni más, ni menos.
Conocí a Julio Llamazares, en 2003, en el homenaje que se le hizo en Soria a Avelino Hernández, poco después de su muerte.
Yo había editado el libro (breve pero intenso) de Avelino Donde la vieja Castilla se acaba (y algún otro) y habíamos hecho una buena amistad. Cuando le comenté a Julio que su gran novela La lluvia amarilla me había deslumbrado desde su primer párrafo me dijo que había comenzado a escribir la novela nada más acabar de leer el libro de Avelino… ¡Orgullo de editor! Yo había contribuido modesta pero meritoriamente a que un gran escritor escribiera uno de los relatos más impresionantes sobre la dramática despoblación del centro de la península y la terrible soledad que conllevaba.
Luego he leído algunos otros textos de Llamazares pero nunca llegué a ese grado de admiración que su «lluvia amarilla» me produjo. Hace pocos meses propuse su lectura en el grupo Amigos Lectores de mi barrio y volví a leer, con especial emoción, la obra y, incluso, escribí una entrada en mi blog («El odio transmitido») a partir de otro párrafo deslumbrante de la novela.
Digo todo esto para que se comprenda mucho mejor mi reacción al leer su artículo de ayer en El País sobre los sorprendentes resultados de Vox en las recientes elecciones autonómicas en Andalucía y concretamente en El Ejido: (https://elpais.com/politica/2018/12/03/actualidad/1543851289_718405.html.) En mi modesta opinión, un ejemplo de cómo se está tratando el fenómeno Vox en los medios «progres». Veamos:
Con poco rigor en los datos: «El Ejido, el municipio almeriense en el que el partido ultraderechista Vox ha obtenido el mayor porcentaje de votos es la mayor población española sin librerías. La última que quedaba cerró en 2015 por falta de rentabilidad, así que los 89.000 ejidenses censados, si quieren leer, tienen que comprar los libros en Amazon o desplazarse a Almería a buscarlos.» Simplemente consultando en Internet se ve que hay librerías-papelerías, el departamento de Librería de El Corte Inglés ¡y 5 bibliotecas publicas!
Con un lenguaje maniqueo, estereotipado y superficial: «El caldo de cultivo del racismo, la xenofobia y el miedo al diferente, junto con el temor a perder el nivel económico alcanzado (no pidas a quien pidió ni sirvas a quien sirvió, decía siempre mi madre) y una incultura ancestral que los coches de alta gama y los relojes de oro macizo no borran, han convertido el mejor de los tiempos de un país en el peor, por lo menos en lo que a calidad humana se refiere.»
Y, sobre todo, sin el menor análisis de los verdaderos problemas que se plantean hoy en nuestro país: ni una palabra sobre el ataque a la soberanía y la unidad nacionales, sobre el golpe de Estado latente (a cámara lenta dijo Alfonso Guerra) que existe en Cataluña (y que, por tanto es una grave problema que afecta a toda la nación, a todas las comunidades autónomas); nada sobre la chulería permanente, el desprecio grosero por todo lo que sea español, y especialmente andaluz, de los más señalados dirigentes del «procés»… Nada de lo que Vox viene denunciando (oportunamente, aunque se pueda pensar que también de forma oportunista) en su programa, en sus mítines y, antes, en los tribunales a los que ha llevado a alguno de esos dirigentes. Nada de lo que, sin duda, un gran porcentaje de votantes de Vox (casi 400.000 en toda Andalucía) encontraba en este partido y consideraba creíble y no lo encontraba ni veía creíble en otras formaciones políticas, especialmente el Partido Socialista de Andalucía.
Pero, sobre todo, lo más grave en mi opinión es que si la realidad que describe Llamazares fuera la que hay en El Ejido y, por extensión, en Andalucía, si de verdad las causas del triunfo de Vox fueran el racismo y la xenofobia, el miedo al diferente y«una incultura ancestral», la conclusión que habría que sacar, la crítica que habría que hacer es que si después de 36 años de dominio socialista estamos así, bien merecido tiene la izquierda perder el Poder en Andalucía… y en toda España.
En otro de sus libros, Memoria de la nieve, dice Llamazares: «Con la primera palabra nace el miedo y, con el miedo, se incendia la hojarasca del conocimiento y del olvido.» No tengamos miedo a buscar la verdad, no tengamos miedo a reconocer que hemos llegado hasta aquí con muchos méritos y aciertos pero también con no pocos y graves errores. Miremos con cuidado y sinceridad la realidad; busquemos las raíces y los antecedentes; tratemos de comprender el devenir para que no tengamos que sentir jamás la soledad de Andrés en Ainielle ni encontrarnos con una cuna en la que ha anidado una piara de víboras.
La Constitución se fundamenta en la indisoluble unidad de la Nación española, patria común e indivisible de todos los españoles, y reconoce y garantiza el derecho a la autonomía de las nacionalidades y regiones que la integran y la solidaridad entre todas ellas.– Art. 2. Constitución española de 1978
ESPAÑA, NUESTRA PATRIA
Abrazado a tu cuerpo como el tronco a su tierra, con todas las raíces y todos los corajes […]
MIGUEL HERNÁNDEZ
Patria limpia, patria amable, patria bella.
Patria fuerte, patria segura de sí.
Patria libre, sin tiranos,
patria culta, patria cierta.
Patria grande, con mil patrias por ti unidas,
bajo tu abrazo seguro.
Patria franca, con mil montes,
con mil valles, con mil cauces,
con mil puentes, con mil sendas,
con mil costas, con mil cielos,
abiertos a todo el mundo.
Patria canción: miles, millones de voces,
confluyendo en una voz
común para entonar firmes cantos
de libertad y de amor.
Patria huerto para el cultivo de los frutos y las flores. Patria fábrica para transformar la naturaleza, sin potentados ni esclavos. Patria mercado para el intercambio sin atracadores. Patria sanatorio para curar a los heridos y los enfermos. Patria escuela para luchar contra la ignorancia y los miedos.
Patria ágora para que las gentes se comuniquen. Patria verbena para celebrar todas las fiestas, incluido el necesario Carnaval.
Patria templo para los que quieran orar y patria horizonte para los que quieran mirar al cielo sin sumisión y recibir su energía. Patria hogar, construida trozo a trozo, con laboriosa paciencia, para que nazcan y se críen en ella las nuevas generaciones y se defiendan de las tormentas y los depredadores.
Patria cementerio para que los muertos descansen seguros y puedan ser honrados. Patria vieja, patria joven, patria fecunda, con mil generaciones a la espalda y otras mil anunciando su llegada. Patria para rememorar el pasado, vivir el presente y preparar el futuro. Patria río para llegar a todos los mares…
Patria limpia, patria amable, patria bella.
Patria fuerte, patria segura de sí.
Patria libre, sin tiranos,
patria culta, patria cierta.
En las primeras décadas de nuestra Transición, TVE emitía un programa infantil de marionetas y actores disfrazados desarrollado a partir de un famoso programa del estadounidense Jim Hensen, Sesame Street, que aquí se llamo Ábrete Sésamo y Barrio Sésamo. Gran éxito de crítica y público, y personajes que permanecen en la memoria de aquella generación: Espinete, la rana Gustavo, la gallina Caponata, Epi y Blas… Especialmente didácticos la pareja Epi y Blas, que enseñaban, con especial gracia, a los más pequeños conceptos básicos para comprender (y situarse correctamente en) el espacio: arriba y abajo, cerca y lejos, dentro y fuera…
Siguiendo la campaña de las recientes Elecciones en Andalucía he recuperado (¡maravilloso Internet, maravilloso Youtube!) el episodio donde Epi le propone a Blas (que está leyendo un libro donde se explica lo que significa dentro y fuera) hacer un juego en el que Blas leerá el libro y Epi practicará la entrada y la salida, utilizando la puerta del cuarto que comparten… El juego, muy breve, termina con una broma de Epi a Blas… pero deja muchas sugerencias para que los niños (¡y los adultos honrados!) sigan aprendiendo. En efecto, es muy importante saber qué es dentro y qué es fuera, cómo se entra y cómo se sale, quién (y en qué condiciones) tiene derecho a entrar o a salir, quién y con qué legitimidad tiene derecho a decidir quién puede entrar o quién debe ser obligado a salir…
Nuestros políticos deberían practicar ese juego, pero, como ya son mayorcitos, el libro sería la Constitución y la habitación a compartir, España. Intento convencer a mis conciudadanos con argumentos y sin promesas quiméricas, buscando la coincidencia de ideales e intereses: dentro; busco y excito sus frustraciones y su egoísmo, les hago promesas que sé que no podré cumplir: fuera. Me presento a las elecciones con un programa claro, legal y legítimo y acepto los resultados: dentro; rechazo los resultado obtenidos porque considero que merecía mucho más y lanzo una campaña contra el «fascismo», contra el franquismo renacido u otras mentiras: fuera. Juro cumplir y hacer cumplir la Constitución y cumplo mi juramento: dentro; me corrompo y utilizo los derechos y los recursos que me da el Estado para mi beneficio personal: fuera.
Por supuesto, he dicho «nuestros políticos» pensando en aquellos que tienen un mínimo de honradez. Descarto, por tanto, a los canallas que han montado la fábrica del odio, el guerracivilismo y la demagogia más grosera para hacer de la política su (muy lucrativo) negocio personal. En definitiva, antes que políticos son delincuentes peligrosos aunque hayan conseguido anteponer a su nombre el tratamiento de, por ejemplo, Molt Honorable o Doctor. A estos no merece la pena invitarlos a jugar a nada ni, por supuesto, a dialogar sobre nada; ante estos la única cosa a hacer es acumular fuerzas para llevarlos ante la Justicia para reciban su merecido.
Por otra parte, algunos de nuestros políticos prefieren jugar con otro libro, alguno de los manuales sobre asalto al Poder. Si soy un ambicioso-pero-poco-preparado profesor, enlace sindical o joven ocioso, estoy fuera; pero si consigo convencer a mucha gente menos preparada y más cabreada que yo de que la Casta es su enemigo principal y que debe ayudarme a mí, sacrificando lo que haga falta, para llegar al Poder, estoy dentro. Si una vez en el Poder consigo seguir engañando a los que me llevaron en volandas a él ya me puedo comportar como un nuevo rico y disfrutar de los privilegios de estar dentro; si no, puedo intentar vender un relato de victimismo y revancha, que me permita engañar a nuevos incautos, para mantener mi nuevo estatus de nuevo rico.